Actualizado el 26 de agosto de 2015

Néstor Siré:

Entre Banksy y el socio de la esquina

Por: . 11|8|2015

...la cosa fue que yo encontré uno de los grafitis que nadie sabía dónde estaba, por suerte de la vida y porque yo estaba buscando, y finalmente encontré uno de sus personajes Gangster Rat...Me estaba esperando en el lobby de la Casa Editora Abril cuando me avisó el custodio de su presencia. Llegué hasta él de buen humor. En lugar de tenderle la mano le brindé la brocha que traía en mi siniestra con el ánimo de que corroborara por sí mismo el rollo en que me encontraba todavía. Rió. Le pedí una hora de prorroga y se volvió a sentar, pulcro, vestido de un blanco impecable. Alardeó de paciencia con desenfado. Di la espalda y me reincorporé a embarrar otra vez la brocha.

Fide nos había convocado para pintar ese lunes la sede de nuestra redacción. Era la una de la tarde y no habíamos terminado. Aproveché su mera presencia para un descanso en la faena. Me permití algunos brochazos más, mientras les comunicaba a los colegas que la campana me había salvado. Tenía una entrevista pendiente con este creador a propósito de la 12na. Bienal de La Habana, y aunque la propuesta del Fide fue lapidaria: “Dale la brocha y que se ponga a pintar con nosotros chico”, en media hora ya estaba disfrazado de periodista. Grabador, cámara fotográfica, libreta de notas y mi siempre fiel e inseparable pomo de agua bajaban del sitio en que tan bien se está detrás de mi espalda.

Conversar con Néstor Siré es una agonía que se disfruta. El tiempo pareciera pugilatear con uno y el espacio, luego de expandirse, suele contraerse cuando pasan los primeros quince minutos de conversación con este joven y decidido creador. Caminábamos raudos calle abajo, sin saber por qué, con un sol encima que te aplanaba contra las polvorosas calles de la Habana Vieja, y dentro, una ansiedad que palpitaba por terminar de llegar al café que me había propuesto, cuando me soltó el primer tropel de palabras, tan pronto como doblamos el parquecito Albear con rumbo a Empedrado.

“Es aquí”, me dijo casi saltando de la acera hacia el umbral del café. Lo seguí presuroso despojándome el sombrero y la mochila, y ocupamos la primera mesa a la vista. Entró directo al asunto, con las mangas al codo, como se dice, y esa ansiedad por expresarse que gozan los jóvenes. Casi no me dio tiempo sacar el grabador. Me adecué a sus urgencias con relativa prioridad y dispuse los aperos encima de la mesa. Obturé record, y callé en principio.

“Entonces compadre, viene la Bienal, te mete las obras en la calles, la gente no las encuentra, se ponen muy bravos. De momento se desorganizan un poco las cosas. El equipo este no funcionó bien para la proyección, o la gente llegó un poco más tarde como las cosas normales de un evento que pretende salir a la calle y que tiene que tener el doble de control. Se descontrola un poco; y eso ha sido de las cosas que han sucedido. Y por otro lado tiene como una contrapartida, con un evento como Detrás el muro, lo del malecón, y Zona franca, en La Cabaña, con sus obras organizaditas, que tiene a los artistas metidos dentro de las galerías, pero que nada tiene que ver con el Salón Central y eso acapara a toda la prensa. No siendo el Salón Central, está muy lejos de lo que hoy en día yo creo que debe ser el arte, está muy cerca de lo que pudiera ser una feria para vender. Yo no siento que sea el objetivo cultural del país, pero tampoco es el objetivo del Salón Central de la Bienal y la gente que lo organiza, que es el Centro Wifredo Lam, pero nada, eso acapara a todos los medios, en Cuba sobre todo, y de momento todo el mundo cree que eso es la Bienal. Y eso está súper lejos de lo que es la Bienal”.

Casi no coge aire, me permito otra  bocanada de silencio, abro el diafragma de mi perseverancia para su desahogo. Este muchacho está atorado con cosas que le incomodan del evento y no las ha podido soltar. Reajusto el performance de la entrevista.

Nos cambiamos de mesa, dejamos la céntrica y circular por una ancha, amplia y democrática. Procuré quedar de cara a mi interlocutor, le permití sentarse de frente al tragaluz. Hicimos el despliegue de laptop, cámara, grabador, catálogos, procuré un ángulo que me permitiera tomar alguna que otra instantánea. El ambiente de café, esa atmósfera de artistas y propensos a la cafeína que en una tarde de finales de  junio, imbuida todavía en lo que muchos consideran el jadeo de la Bienal de La Habana se prestaba para acopiar datos y degustar un exquisito cappuccino. Él prefirió un expreso. Los sorbos fueron de verdadero deleite.

Le pregunto por su formación como artista, como videasta, trae el estereotipo de algunos de ellos y puedo percibir, a partir de sus habilidades, hasta su manera de expresarse, que conoce los tics de esta disciplina con suprema destreza.

“No, yo lo que estudié fue artes plásticas. Empecé siendo pintor, pintando muchísimo como todo buen camagüeyano…”

No llegué a saber bien si para distraer mi atención de la cuestión de su formación y pasar la página, o porque en verdad necesitaba mostrarme uno de sus proyectos, lo cierto es que de súbito me muestra una imagen en pantalla. Se vira directo para mí y todavía señalando con el índice el ordenador, me pregunta si había visto aquello que me mostraba.

Todo para vender, Banksy en la habana, y justo debajo de la preposición, el nombre de mi entrevistado abría la nueva interrogante que consumiría el reto y el resto de nuestro diálogo.Ante mí una imagen, más que atractiva, para poner bajo sospecha, enmarcado en madera y pendiente de dos cáncamos, un grafiti que dejaba ver una ratica negra con gorra, sobre fondo verde y una grabadora en la mano. Algo roída la figura, o más bien restaurada, y acompañada por un anuncio que despierta las ansias del más avezado coleccionista, del más trémulo curioso: Todo para vender, Banksy en la habana, y justo debajo de la preposición, el nombre de mi entrevistado abría la nueva interrogante que consumiría el reto y el resto de nuestro diálogo.

“¿Has visto sobre esto?”

Le respondo que no, nada más ver la imagen. Con absoluta orfandad.

“Esa fue otra de las obras que hice para la Bienal. Te voy a pasar la información también”, y comienza a salvar en mi memoria flash los ficheros del material.

“No sé si has oído hablar de un artista que nadie sabe quién es, que se llama Banksy

“¡Sí, cómo no, el grafitero!”, salto con cara de ¡albricias!, “vi el documental también”.

“Viste el documental, perfecto, así es como casi todos nosotros lo conocimos. La cosa es que Banksy estuvo en Cuba en 2004, cuando Banksy no era Banksy. Entonces la cosa fue que yo encontré uno de los grafitis que nadie sabía dónde estaba, por suerte de la vida y porque yo estaba buscando, y finalmente encontré uno de sus personajes Gangster Rat, tapado con una capa de pintura, prácticamente completo. Entonces le di un tratamiento de restauración como si fuera un mural, con el apoyo de los técnicos de la oficina del historiador, y lo que hice fue apropiarme de esa obra, levantando el fragmento de pared en la que se hallaba el trabajo, aplicando la técnica de stacco: consistente en remover la capa de pintura que soporta la imagen, para hacer otra obra que hablara sobre mi opinión del mercado del arte”.

Se acomoda como quien va a partir a un itinerario largo, mira en derredor y regresa su atención hacia mí para ofrecerme con lujo de detalle su viso noticioso.

“La Bienal se viene a preparar en un momento en que los ojos mundiales están sobre Cuba, en las relaciones Cuba-USA; un montón de coleccionistas apoyando el arte cubano, como la Fundación Farber, Nina Menocal. De momento toda esa gente está dando vueltas por Cuba, comprando arte y diciendo públicamente que este es el momento de comprar arte cubano. Yo no creo realmente que eso sea lo que se necesite, o sea, que yo o tú vendamos no va a ser un gran cambio para el arte cubano. Lo que más necesitamos son coleccionistas interesados en lo que es el arte cubano, pero no en comprar cualquier cosa como si fuera comida rápida, sino en generar un espacio, una institución para la ayuda, de becas; generar un contacto de comercialización que conecte a Cuba con Europa o Norteamérica. Pero es un poco cheo que yo, que soy un artista joven, que no está metido en el mercado del arte, haga una obra que critique ese mercado del arte. Entonces es como ´tú de qué me hablas si no sabes nada de eso´. Entonces lo que hice fue apropiarme de la obra de Banksy y generar una propia que sea un caramelo para los coleccionistas: ´el único Banksy vivo en Cuba´, una restauración de ese Banksy, zafarlo, ponerlo en una galería, buscar los precios de Banksy en internet y ponerlo en venta durante la Bienal.

La pincha está valorada en cuarenta mil dólares, que es un precio barato para ser un Banksy, y con el eslogan ´el único Banksy en Cuba´, la obra se llama Todo para vender, que fue una exposición que se hizo en los años ochenta y que tenía que ver con ese mercado del arte cubano en aquella época.

Mi propuesta tenía una sola limitación: sea quien sea el que compre la obra no puede sacarla de Cuba, o sea, esa es mi opinión sobre el mercado del arte: si tú estás interesado en verdad, compras la pincha, pero genérate un espacio dentro de Cuba, si no, no me interesa el dinero. Es una obra que se mueve por muchos canales al mismo tiempo, es ´La obra para la Bienal´, aunque no es la obra con la que estoy participando en el Salón Central. Es la obra que solo puede existir durante la Bienal. Porque hay todo un fenómeno social dentro del mundo del arte y yo doy mi opinión sobre eso como un gesto propio”.

“¿Dónde estuvo expuesta esta obra?”, le pregunto rompiendo mi propia concentración de su relato, procurado adquirir más datos de ella y de su concepción a partir de la apropiación que Néstor realizara de la obra de un creador controversialmente cotizado y polémicamente anónimo.

“Estuvo en una exposición que se llamó “Nano”, en la galería Teodoro Ramos, del Cerro, pero la idea de la obra es generar noticia. No todo el mundo sabe que Banksy estuvo en Cuba”.

Lo entrecorto porque tengo la percepción de que algunos podrían sentirse timados, se lo hago saber con esa mezcla de duda y seguridad que me arroba y con el marcado interés de extraer zumos de autenticidad de este relato. Abre un video y se solaza en su explicación.

“Este video viene a ser como la documentación de la pincha, y este es el sitio web donde yo lo encontré. Aquí encontré que Banksy estuvo en Cuba y este señor, DJ Jon Carter, escribió un texto diciendo que él vino con Banksy, estuvo en Cuba y en Jamaica”. Muestra una nueva imagen con otra página web donde encontró más testimonios del paso del artista grafitero por el malecón habanero. Finalmente me muestra un video de la obra desde el momento en que la localizó…¡hasta que la desprende de la pared!

Néstor me describía procedimientos, técnicas, materiales, utilería, que fueron materializando, además del sentido, el hecho en sí de la apropiación de la obra. Detalle por detalle, “pedacito por pedacito”“Yo encontré el lugar por esta foto, miré los adoquines, me di cuenta que era la Habana Vieja, porque decían que era en La Habana, pero no en la Habana Vieja. Busqué un lugar que tuviera un guardacantón en la esquina y los adoquines y lo encontré; luego, esta cosa de quitar un Banksy y venderlo en una galería se hizo en Londres en 2011. Un grupo de coleccionistas hicieron una exposición que se llamó Stealing Banksy.  Zafaron diez trabajos de las paredes y los vendieron en una subasta. Banksy estuvo en total desacuerdo con eso, porque él va en contra del mercado, pero igual, el mundo del arte lo hizo, y lo más fuerte fue que el mundo del arte lo compró también. Todas las obras se vendieron.

...aplicamos la técnica de stacco: consistente en remover la capa de pintura que soporta la imagen, para hacer otra obra que hablara sobre mi opinión del mercado del arte”.Entonces de momento eso es el  mercado del arte, un grupo de gente que en gran medida especula, es totalmente manipulable y se mueve por dinero. Yo no creo que eso sea positivo para el arte. Entonces la idea con esta obra es hablar sobre ese procedimiento y manifestar mi opinión en contra de ese procedimiento, pero al mismo tiempo utilizando parte del propio procedimiento. Al final es solo un gesto, porque es muy difícil que la obra se venda, ahora, no es que no se venda, no, no, no, la intención es ponerla en venta, por una colección legal, por medio de contrato”.

“Es que eso no es una obra patrimonial”, le reto.

“No, pero…con el certificado de autenticidad  yo nunca pierdo el derecho como artista de la obra, y yo no estoy vendiendo la obra de Banksy, yo estoy vendiendo mi obra. Es mi obra con el material del Banksy”.

Nos detuvimos en el video, infiero que con la marcada intención de que yo comprendiera y pudiera ver el proceso de restauración, apropiación y finalmente de montaje de una obra de Néstor Siré con un grafiti de Banksy, a la par, Néstor me describía procedimientos, técnicas, materiales, utilería, que fueron materializando, además del sentido, el hecho en sí de la apropiación de la obra. Detalle por detalle, “pedacito por pedacito”, para resaltar sus palabras. A estas alturas de nuestra conversación la desesperada pregunta no se hizo esperar: “¿Has entrado en contacto con Banksy?”

Entonces lo que hice fue apropiarme de la obra de Banksy y generar una propia que sea un caramelo para los coleccionistas“La idea mía en principio fue generar un contacto con él antes de hacer la obra, para tratar de ofrecerle una colaboración. Como él es una persona que nadie sabe a ciencia cierta quién es, tú no contactas nunca con él, no hay manera de contactarlo. Entonces la idea fue, ok, vamos a hacer el trabajo y que él contacte conmigo”.

“Hasta ahora no has recibido contacto”, le pregunto afirmativamente.

“No, ahora, he tenido la suerte de que primero Cuban Art News, revista digital importantísima en Cuba, muy bien colocada en internet, cuyo editor es Abelardo Mena, que es un crítico importante de los años ochenta, y uno de los que colabora con la colección Farber aquí en Cuba, escribió el primer artículo sobre esta obra y de ahí en adelante fue un viraje. Tú escribes en internet Néstor Siré-Banksy, y no te da tiempo de leer todos los artículos que hay.

Al final es solo un gesto...“La noticia reventó tanto que me invitó la gente del Granma a hacer un artículo, cosa para mí muy irónica porque no es la obra con la que estoy participando en la Bienal, pero de momento es la más mediática. Entonces el mundo del arte es muy mediático, y la intención de que sea mediática también es parte de la idea misma de la obra, o sea, vamos a hablar un poco de cómo funciona el mundo del arte, que lamentablemente lo hace así.

“Pablo Picaso tiene este pensamiento: ´Los malos artistas imitan, los grandes artistas roban´, entonces Banksy cogió una piedra, rayó el nombre de Pablo Picaso y puso Banksy. Yo los rayo a los dos y pongo Néstor Siré…”

Aprovecho que se concentra en los pormenores de lo anecdótico de este pasaje para tomarle algunas imágenes. Relata la galería en que se realizó la muestra, me pasa también la información de todo cuanto me está contando, incluyendo los sitios web que autentifican sus palabras, noto en su estado de ánimo a un artista pulsado por una consecuente dosis de vanidad, movido por ese sentido de lo que puede significar el todo por el todo desde el que se mueve la percepción de un creador.

“Y cómo tú estás seguro de que realmente es un Banksy?”, se pregunta a sí mismo, “bueno, vamos a empezar. Estos grafitis fueron hechos en 2004, cuando Banksy no era Banksy. En Cuba prácticamente nadie lo conocía. Él hizo cuatro series de su trabajo central, o sea, los Gangster Rat , que son las raticas estas, la niña con el globo flotando que es otra de sus obras clásicas. Entonces, de momento, si no fue él quien estuvo en Cuba en esa época, fue el socio de la esquina allá en Londres que conocía su trabajo. Por otro lado, muchas páginas web autentifican su trabajo aquí en Cuba como que sí fue él quien los hizo, y esa es la manera en que se autentifica Banksy hoy en día. La manera en que se ha autentificado su obra es desde su página oficial, pero ese sitio web no existía en 2004, entonces hoy en día es muy fácil hacer con una plantilla una obra, o vas a un lugar de estos y lo haces digital. Pero entonces no era fácil y bueno, si Banksy no era Banksy, para qué alguien lo copiaría en aquella época ¿no?”, es una pregunta que se hace Néstor para reafirmar sus certezas, aunque todavía tiene el margen de esperanza de que el propio Banksy se manifieste sobre el reconocimiento o no de esta obra. “Por una cuestión deductiva llegamos a la conclusión que era él. Por otro lado, la información que está puesta en internet data de 2004, o sea que autentifica que fue él, luego, la obra ha ido ganando en circulación y varias personas han confirmado que efectivamente es suya”.

“¿Y si compraran la pieza?”, lo sonsaco a boca de jarro. Lanzo mi desafío procurando otro gramo de seguridad en sus pretensiones con la pieza. Su ánimo se dispara hacia sus intenciones y de un tirón me responde con absoluta seguridad: “¡Perfecto!” Así me dice entre jubiloso y determinante, para de inmediato darme detalles que más bien huelen a proyecto bien intencionado.

“Pero no pueden sacarla de Cuba”, me dice resuelto, “tienen que hacer una institución aquí en Cuba, tienen que poner una galería, tienen que hacer algo, pero aquí…”

“¿Pero cómo tú garantizas que alguien te compre una obra que no es patrimonial   y no la pueda sacar de Cuba?”

“¡Ya!”, riposta triunfal, “como te decía, yo no pierdo el derecho de autor sobre la obra. Para venderte una obra te la tengo que vender con un certificado de autenticidad. Ese certificado no es más que un contrato. En el caso de las personas que hacemos videos, cuando yo vendo uno yo te pongo específicamente en qué tipo de equipo tú lo puedes reproducir para presentarlo, o qué condiciones debe tener el lugar donde lo expongas. Dentro de esas condiciones yo genero la condición de que no pueda salir de Cuba, como un término de autentificación de la obra, o sea, la obra fuera de Cuba no es obra mía ni obra de Banksy. Para que se mantenga como lo que es tiene que quedarse dentro de Cuba”.

“¿Y hasta ahora ningún museo en Cuba se ha interesado por esa obra?”, indago.

“No, cosa que para mí sería genial. Yo la dono, pero para que la pongan en una sala, no para que la metan en un lugar donde se eche a perder o se la robe alguien después. Aunque te digo sinceramente, yo creo que las obras de arte en un museo están muertas, yo me voy a las galerías… me voy a la sociedad, compadre, no sé…”, me dice con la impetuosidad propia de su edad, para recalcarme de inmediato y muy centrado: “El arte está en todos lados”.

Obra Siré-Banksy: Yo la dono, pero para que la pongan en una sala, no para que la metan en un lugar donde se eche a perder o se la robe alguien después.Nestor Siré es una tormenta de ideas él mismo. Casi doy por terminado este encuentro pero no apago el grabador, él se dispara solo. No sospecho siquiera su próximo proyecto. De lo que me permite entrever su hemorragia de palabras, ideas, aspiraciones puedo dar fe que cuando termine el bar que me confesó está haciendo con un tío, con el que sí está ganando dinero, acometerá otro nuevo y polémico proceso de stacco desde esa perspectiva del arte sui géneris que propone para cuestionar eso que él define como “el espacio público, el entorno en su nivel más cotidiano”.

“Te voy a hacer una carpeta que diga Néstor…”

“¿El socio cubano de Banksy?”, lo interrumpo entre irónico, risueño y concluyente…

“Sí, aunque no me contacte”.

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