Actualizado el 3 de noviembre de 2015

Ramon David:

Razón y criterio

Por: . 21|10|2015

En la adolescencia empecé con un acercamiento no tan serio o comprometido, y fusilaba notas, me enseñaban canciones o pedacitos de instrumentales y me aventuraba a acompañar a otras personas que quisieran formar algún cuchún. Ramón David nació en Bayamo, pero muy pronto se lo llevaron a vivir a Maffo, muy cerca de Contramaestre. Este joven tiene sangre de trovador de antaño. Le ha cantado a los temas universales que nos interesan a todos, y en su voz se dan como propias las más redondas composiciones de la trova tradicional cubana. Ojalá muy pronto su ser y su gracia sea por lo menos del conocimiento de todos los cubanos.

A todo niño, o a la mayoría, le llama la atención la sonoridad de la guitarra. En mi casa, casi todos los fines de semana se reunían amigos de mi abuelo a jugar dominó y a escuchar a un trío llamado Alba, integrado por unos viejitos lindos de mi pueblo (Misael Fonseca, Gastón y Oscar, más Cachao), que entre jugadas, ron y música, la noche en algunas ocasiones les quedaba corta.Este es el momento más claro que tengo de mi niñez.

En la adolescencia empecé con un acercamiento no tan serio o comprometido, y fusilaba notas, me enseñaban canciones o pedacitos de instrumentales y me aventuraba a acompañar a otras personas que quisieran formar algún cuchún. Todo este interés fue en la Escuela de Instructores de Arte “Pepito Tey”, de Santiago de Cuba. Yo era de la especialidad de teatro, y aunque varias veces me fugaba de las clases, como animal de costumbres tenía como hobby la guitarra. Fue de hecho el teatro quien me vincula seriamente y me hace verla de otra manera. Recuerdo que hubo una obra  que significó mucho para mis amigos y para mí. Se llamaba “El compás de madera”, y unos de mis personajes era un estudiante que tocaba guitarra; además vivía haciendo parodias, imitando a profesores… En fin, para el teatro la  guitarra era mi mayor recurso, sin embargo hoy se han invertido los papeles

Ingreso en el  Servicio Militar. Lo que me hizo pasarlo un poco agradable fue el instrumento. Ahí conozco a un capitán llamado Silvio, que empieza no solo a moldear mi afición a la trova, sino que organiza una serie de períodos trovadorescos, partiendo de la Nueva Trova. Estos fueron los que notablemente me hicieron verla como una vanguardia. Ignoraba lo que fuera notorio u hostigante. Todo lo que había logrado o formado era simplemente un descubrimiento en mi persona,  un nuevo gusto del cual me alegro, porque así no me salté etapas de la música cubana con sus historias y otros personajes de Latinoamérica. Empezaba a escoger el sentido de lo que quería; además tenía suficiente tiempo para escuchar todo tipo de sonoridad vieja o nueva. Fue un proceso que me hizo conocer y darme visión, tacto, y sobre todo a amar y defender lo que con el devenir de los años se volvería identitario.

Nací en Bayamo y después me alejé a cincuenta kilómetros hasta Maffo, Contramaestre. Comienzo con Cachao, que principalmente fue el que me bautiza con sus composiciones y la manera muy peculiar de rayar la guitarra. Aunque años más tarde aprendí en la escuela, fue él quien despertó mi curiosidad y el mundo de la música. A él le debo mucho, porque a sus noventa años todavía compone y sigo bebiendo de esa savia.

Cachao fue el primer hombre que vi con una guitarra. Misael era el hombre que tocaba desde un son hasta un instrumental. Tocaba mucho Rapsodia Húngara. Y Gastón con el canto. Actualmente he incorporado composiciones de Cachao a mi repertorio, del cual estoy orgulloso porque mediante su música conoces la historia local del pueblo, con una sabiduría popular rica en sus acervos, etc.…. Qué Dios lo bendiga y le siga dando fuerzas. Ya es el único que existe del trío y lo debemos cuidar como gallo fino.

Otro que no puedo dejar de mencionar es a Frank Martínez. Comenzamos juntos en esto y aunque hoy reside en la capital, tuvimos experiencias buenas y malas que influyeron en nuestra formación. Ah, también esta Rafael Moreno, que de vez en cuando tira sus notas y nos regala esas canciones épicas. Está Abdel Cabrera, que por un buen tiempo toca junto conmigo. Es el músico que toda orquesta quiere tener. Multiinstrumentista, muy serio y presiocista en el trabajo, es la persona a la que no se le escapa ningún detalle. He contado con Eduar Encina. Ha sido desde la literatura tan valioso como Cachao, a la hora de componer la intención, los métodos… Ha escrito canciones para mí. A partir de este proceso, de estas inquietudes, se formó el proyecto Trovadura, con el grupo de rock Metástasis, donde el discurso musical se vuelve directo y muy alternativo. No tuvimos la difusión necesaria, sin embargo fue una etapa que nos hizo medir y saber hasta dónde podíamos llegar.

Poco a poco, mi gusto por la trova y todo lo que estuviera relacionado con ella fue cobrando magnitud: el grupo chileno Juana Fe, Habana Abierta, Alí Primera, Leonardo García, Santiago Feliú, Sosa, Frank Delgado, Roly Berrío, Freddy Laffita, Vivanco, Gerardo Alfonso, Fito Páez, Sabina, Aute, Víctor Manuel y Ana Belén, Varela y el descomunal  Joan Manuel Serrat.

Mis primeras canciones son de 2005, cuando empiezo a rondar la AHS. Primero empecé con la poesía. Lo mismo declamaba un poema, hacía magia o cantaba una canción, hasta que un día decidí musicalizar poemas de autores de mi pueblo. Al principio me resultó muy difícil porque tenía que crear y no me gustaba la idea de que alguna melodía se pareciera a la de algún conocido. Soy de los que se pasan meses con una melodía en la cabeza o con la letra de una canción embrionaria. Me gusta darle oficio a lo más reciente que tenga en producción. Desde siempre lo he hecho. Nunca he sentido ni la más leve pena al subir al escenario.

Lo de iniciarme como trovador fue en 2006 en la Feria del Libro de Contramaestre. Ahí empecé a cogerme en serio la cosa y después tú sabes, cantaba lo mismo en una tribuna y hasta en una despedida de duelo. Se soltó el loco. Lo mío era cantar, a tal punto que le daba más importancia a la música que otra cosa.

He sido un poco afirmativo con el tema de los desamores y a la supervivencia de todo el ser cuando es abandonado. No me gusta ser un llorón y dado a que he sido discursivo con las tonalidades menores, me gusta utilizar ritmos y géneros musicales que no sean densos sino guarachozos; aunque uno suele ser mordido por un tipo de canción dolida, ya digamos por una etapa significativa, y no puedes escapar porque se vuelve tan necesaria como la vida misma.

Ese hecho es muy particular en mí pero me gusta ironizar un poco sobre las rupturas o conquistas de las relaciones. Otras particularidades de lo que hago es sobre lo cotidiano, lo social. En estos momentos estamos viviendo una época difícil, violenta, y la manera de decir y criticar lo mal hecho es mediante la música. Todavía hay instituciones que no creen en la juventud y se retractan de la boca pa´ fuera, o sea, nos atienden pero no nos entienden. La problemática del  asunto está en que los jóvenes, que son la punta de lanza de esta nación desde el punto de vista artístico e intelectual, todavía no gozan de un espacio y difusión en la actualidad.

Tampoco niego los  espacios que nos hemos ganado y el apoyo de estos organismos, sin embargo hay cosas que todavía no son respetadas y entendidas. Soy un joven que se preocupa por su país y el hecho de estar dónde me tocó decir las cosas no me amilana, al contrario, me hace más resistente y seguro de lo que quiero. En mis temas también he incursionado en el doble sentido. Pienso que es una de las formas que caracterizan al cubano, y te hace la vida más agradable, además es una de las maneras de hacer pensar.

Mi encuentro con la trova tradicional es muy precoz, la estoy escuchando desde temprana edad. He oído lo mejor de lo tradicional, pero los tipos duros, que me muero con ellos, son Sindo, Corona, Los Compadres, Matamoros, María Teresa Vera y Barbarito Diez. Creo que la vieja trova no pierde su originalidad desde su génesis, y es por eso que adopto algunos códigos de ella para lograr un desenlace seguro. Ahora, todo esto va acompañado de sus toques, utilizando modulaciones y otro tipo de formato, donde la canción se modifica. Es un como un país: entre más lo caminas vas conociéndolo más.

De hecho, las canciones que me han salido últimamente se vinculan con lo tradicional. Parte de mis composiciones responden al son, al changüí y el danzón. Me he propuesto recuperar estos géneros porque muchos de mi generación no le han dado la importancia que han tenido, y no llegan a situarlos en los peldaños de nuestra cultura, quizás por desconocimiento o negación. Lo triste de todo es que escuchan y aprueban a algunos artistas que dicen ellos que están cimentados con la música cubana y sus raíces, poniendo el nombre de nuestro país bien alto, cosa que es mentira porque lo que hacen es una mala copia de nuestra música.

La mayoría ignora muchos diamantes que ha tenido Cuba, y al no escucharlos se quedan incompletos. También otra de las atrocidades es tener en la preferencia lo internacional. Generalmente lo que ven como bueno y es lo más soez y retórico que escuchan. No estoy en contra de eso sino del consumo de la bobería; que nieguen y vean lo cubano como secundario y de segunda mano.Cuba tiene malos esquemas y enfoques pero también los tiene buenos, y es por eso que de manera muy sutil utilizo elementos de lo tradicional para mantener y sobre todo inducirlo a otra generación. Reza un dicho que “un pueblo no se puede olvidar de sus muertos. El pasado es un trampolín al futuro”.

Sí, conozco a otros jóvenes amantes de lo tradicional. En el centro del país hay un mulato con buena sandunga. Su nombre es Yuri Giralt, que junto con su hermano Yacer, laúd y guitarra se complementan. Oye, te hablo de un laudista de 26 años, que lo mismo toca piezas de Matamoros que de Bach. En Ciego de Ávila está Massiel con el grupo Motivos Personales. Con qué delicadeza y empaste de voz cantan esas mujeres, además con guitarra, bajo y claves se ven más femeninas todavía. En Las Tunas está Iraida Wiliams. Esa negra viene con una onda espirituana y del son santiaguero. Nunca había visto a una mujer que le gustara tanto la  improvisación. En Guantánamo está Yoyi. En Santiago hay un guantanamero llamado Pedrito, muy estilista con el changüí, el guaguancó; y sobre todo está Reynier. Qué negro para tocar la guitarra como lo hacían los grandes, qué cadencia y limpieza para rayar un son… Eso te da una prueba ferviente de que sí hay juventud que siente por la música cubana.

¿Para el futuro? Espero más criterio y razón, y que cuando mire hacia atrás, en vez de reírme, tenga que hacer más.

 

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