Actualizado el 1 de marzo de 2016

“A los editores nos queda el secreto de cada oración”

Por: . 1|2|2016

Siempre me ha interesado ese otro que se excluye, que no es parte del centro, y no precisamente por su calidad literaria, sino porque no es oportuno, no es factible en ese momento; y es lo que intento componer con esa investigación

Carelsy Falcón Calzadilla es editora de la revista literaria y cultural El Mar y la Montaña en su provincia natal Guantánamo. Es investigadora y ensayista, inquieta en los debates y la opinión sobre los procesos culturales y literarios en Cuba. En junio pasado obtuvo el premio de ensayo Regino Boti con un volumen titulado, provisionalmente, Cartas desde el insilio: la construcción de la herejía desde la subalternidad.

¿Qué significa ganar el premio Regino E. Boti y la posibilidad de publicar tu primer libro en Guantánamo?

Para responder esta pregunta me tendrás que permitir una digresión, pero que al final se lleva el cincuenta por ciento de lo que significa el premio para mí. Resulta que soy muy curiosa, me gusta investigar, ir tras las pistas, levantar alfombras para ver más allá, siempre estoy a la caza de algún otro tema escondido bajo lo que todos ven o conocen. Esa curiosidad me llevó a tropezarme con los estudios queer, que en el mundo tienen más de dos décadas; sin embargo, era una propuesta atractiva y desconocida para mí, y ya sabes… todo lo que seduce se vuelve una obsesión, comencé a buscar información sobre estas tesis, pero mayormente en internet. Resulta que estas teorías están muy emparentadas con los estudios sobre la diversidad sexual, el sujeto gay, lo lésbico, lo homosexual y todas las fobias y tabúes que estos generan; pues nada, en una de esas visitas informáticas que se hacen yo estaba entrando en páginas pornográficas, bueno, por lo menos así decía la sanción que me impusieron para negarme el acceso por un año a la red de redes. Como es lógico, intenté defenderme, decir de qué iba mi investigación, pero oídos sordos y recelosas caras me dejaron una reputación que, a pesar de los años pasados, hace que algunos no me reconozcan aún como una investigadora “seria”. Ahora la historia tiene matices cómicos… y ahí es donde entra lo del premio y sus significados, pues si coincido con muchos que un premio no necesariamente tiene la razón en cuanto a calidades o pertinencia de un texto, coincido también en que al menos sirve para girar la mirada de algunos, que te tengan en cuenta. Por lo menos, espero me ayude a limpiar mi imagen; que aquellos funcionarios sordos de mirada recelosa piensen en mí sin sospechas amargas, que, te digo, pesan como un enorme fardo en estas tierras lejanas.

Creo que significa más para la gente que me conoce, sabe cómo vivo y cómo me apasiona el tema premiado. Significa más para los que padecen mi ausencia porque estoy perdida en algún libro o gastando mi salario conectándome a internet. Vale más para los que del otro lado del océano investigan por mí y se las ingenian para mandarme artículos y libros. Sin embargo, el verdadero premio será la publicación del texto por la editorial guantanamera, conozco el trabajo de mis compañeros, cómo se dedican a los libros; el respeto al autor y a su obra; el trabajo y la discusión en equipo para que queden a la altura de un producto que luego guste, no solo por su contenido. Por eso será un premio real que mis compañeros de trabajo realicen mi primer libro, es garantía de que quedará bien y lo digo alejándome de los chovinismos.

¿Por qué ensayar sobre los jóvenes contemporáneos?

Hay investigadores que prefieren que sobre sus objetos de teorización hayan pasado al menos diez años. Y tienen razón, no hay mejor juez que el tiempo, pero resulta que lo que ha ocurrido en Cuba desde finales de los noventa hasta acá no tiene precedentes y creo que no los tendrá después. Las posibilidades de publicación que se abrieron en el inicio de siglo han impactado en el tempo de la literatura cubana; ahora mismo te puedes encontrar a un joven que sin alcanzar la treintena tiene más libros publicados que cualquier clásico.

Yo creo que un fenómeno como ese necesita acompañamiento urgente, tanto de críticos como de investigadores. Hay muchos libros y autores que corren el riesgo de pasar sin saber que pasaron, hay un público que más que nunca necesita orientación, necesita un norte entre tanta hojarasca, esas son las razones por las que me da desazón la literatura que se está escribiendo hoy en Cuba. Creo que las críticas de hoy podrán ser oportunas a ese futuro que alcancemos cuando pasen diez años.

¿Qué propones en este libro?

El libro ganador del premio Regino E. Boti se llama Cartas desde el insilio: la construcción de la herejía desde la subalternidad, y ya ha recibido su primera crítica: me han dicho que el título es muy largo y tienen razón. Son reminiscencias de la academia, en el proceso de edición veremos cómo lo solucionamos. Es la primera parte de un tema que me tiene realmente seducida y es lo que yo he llamado “las estrategias del subalterno en el proceso literario cubano”. Tiene que ver con algo que le escuché a la doctora Graziella Pogolotti, cuando decía que “La anatomía de los proyectos fallidos revela, en su fragilidad, las corrientes dominantes de la época o, con más exactitud, el clima general y sus tendencias fundamentales”. Es un pensamiento que me seduce y tiene que ver con mis propias agonías.

Siempre me ha interesado ese otro que se excluye, que no es parte del centro, y no precisamente por su calidad literaria, sino porque no es oportuno, no es factible en ese momento; y es lo que intento componer con esa investigación: cómo los otros —que a la par son escritores, es decir que participan desde sus obras relegadas— encuentran a sus públicos, cómo sortean al sistema, a veces rígido, de pensamientos y cánones establecidos, cómo sobreviven —o no— al espíritu de su época y que no necesariamente comparten. Intento construir la anatomía de esos proyectos, algunos no fallidos, otros asimilados por el centro, pero que en algún momento se encuentran o encontraron en los márgenes y que conforman el proceso desde las orillas; quiero proponer la historia de la literatura desde su reverso.

El grupo sería una de estas estrategias, pero en este libro en particular me centro en el grupo Ego, surgido a inicios de los 80, que no participaba del canon de los 70 y que “concurren” desde el “insilio” como única vía para preservar sus creaciones prescindiendo además de las instituciones culturales, que como era obvio los excluía. Tengo identificadas además otras estrategias: la apropiación, el simulacro y el juego; son teorías que me tienen cautiva. Espero que de ellas surjan nuevos textos, y por supuesto otros libros.

¿Cómo ha sido tu trabajo en la editorial?

En la editorial El Mar y la Montaña llevo ocho años y entre las muchas cosas que he aprendido, tengo muy presente la responsabilidad. La edición es trabajo ingrato, ignorado hasta que ocurre algún problema con el libro o revista que has editado. Por eso te hablo de la responsabilidad: en tus manos un autor ha depositado su creación, que ya sabemos es como un hijo, entonces te conviertes en el padre o la madre adoptivos; lo cuidas, lo vistes, en ocasiones lo alimentas, porque en esas discusiones con los autores el libro-hijo se transforma, crece y luego tienes que dejarle ir para que hijo-creación con el padre-autor desanden sus caminos, sus públicos que los reconocerán a ambos y tú te tendrás que conformar con aquellos halagos… o vituperios. En este tiempo he aprendido que en nuestras manos está ese proceso, que aunque debemos conformarnos con el segundo plano, somos los responsables con que libro, autor y el público se reconcilien. Nosotros somos los garantes de que esa concurrencia se haga posible y funcione; esa es nuestra responsabilidad.

A los editores nos queda el secreto de cada oración, cada coma, cada imagen, tabla o color seleccionado; los párrafos que no conocerán porque fueron suprimidos; los títulos anteriores; personajes anulados o incorporados; las conversaciones, siempre polémicas, con el equipo de realización. Los autores ven nacer su libro, nosotros somos los encargados de su crecimiento, de convertirlo en un producto cultural: que sea visualmente atractivo, que se defienda solo en una librería; debemos ser capaces de resumir en una nota sugerente cientos de páginas, conocimientos, anhelos, estilos, personajes; que el libro grite desde los estantes, que alcance a su lector potencial sin la necesidad de su padre-autor, que lo convenza de su utilidad en los diversos sentidos en que un libro puede ser útil.

Si algo he aprendido después de ayudar a concebir tantos libros, de potenciar las mediaciones de las que te comentaba, es que este no es un trabajo para ególatras.

¿Cuánto te aporta trabajar en la revista El Mar y la Montaña?

Imagínate que en estos ocho años he realizado más de veinte números, cada número es un reto: la búsqueda de temas atractivos, actualizados, bien escritos, que tras cada trabajo haya opiniones interesantes, fundamentadas, críticas, polémicas, además conciliar todo eso en un diseño que esté a tono con la filosofía que comparte ese número pero a la par la revista en general, no es muy fácil. Si te digo también que no cuento con un equipo de redactores especializados en temas socioculturales, tengo que rastrearlos y a veces es azaroso.

Por eso mismo este es un trabajo que me exige superación constante, investigación, lecturas; ir tras lo que está en el debate contemporáneo y a la vez seguirle las pistas a la tradición. Creo que la revista a mí me ha hecho una mejor profesional, que respeta los criterios otros, contrarios; gracias a ella he conocido sitios de la geografía cubana, a intelectuales, artistas, personas de a pie, que han llegado a mí a través de ella; todos valiosos, pues me han aportado en ese gran caleidoscopio de inquietudes que soy.

¿Cómo ves la promoción de la literatura cubana en el siglo XXI, con las nuevas tecnologías?

Si te soy sincera, te diría que es una pregunta que me agobia, siento que hemos hablado tanto, teorizado tanto sobre la promoción, ufff, que ya cansa… pero en fin… De la única manera que concibo la promoción es conjugándola con la superación, tanto del que la ejerce como de los públicos, o por lo menos eso es lo que debe suceder en ese proceso, ambas partes deben sentir el crecimiento, el ascenso del conocimiento.

Para lograrlo se necesita que el promotor cuente con determinadas aptitudes y herramientas que tienen que ir perfeccionando; sin embargo, siento que este proceso se realiza sobre muchos tópicos, la mayoría de los promotores emplantillados desconocen o no aplican las técnicas de promoción, no se apoyan en la investigación real de los públicos, del entorno, del producto cultural, de sus autores; no poseen una estrategia estructurada, medible, donde se hagan efectivas las alianzas con otras instituciones, con los medios de difusión, con los líderes de las comunidades; y lo peor es que desconocen el objetivo real de su trabajo, la política cultural para la que tributan y exhiben un gran desconocimiento de la cultura cubana. A veces te encuentras tanta desinformación y desconexión en un profesional que debe —desde la sensibilidad— construir un proceso tan complejo que es desestimulante.

La llegada de las nuevas tecnologías solo ponen al descubierto todo eso, el nivel de desfasaje que tenemos, la falta de preparación, de renovación y actualización de conocimientos. Como te decía al inicio, sin superación no puede existir la promoción, nos estamos quedando atrás y desgraciadamente los efectos de esto solo se notan a largo plazo y para subsanarlo también necesitamos de tiempo. Mira lo que ha ocurrido con la crisis de valores a la que nos enfrentamos, es el resultado de la distorsión de conceptos, la improvisación de profesionales para nada preparados, desinformados y desconectados de todo, menos de las estadísticas —la mayoría infladas— que hay que entregar para cumplir.

Las nuevas tecnologías solo nos están gritando que debemos funcionar como un sistema para poder lograr la superación y el gusto de los públicos, hay que crear necesidades de superación espiritual, pero seguimos trabajando desde pequeñas parcelas. Por ejemplo, yo que también trabajo en la universidad, con la carrera de Estudios Socioculturales, veo la falta de integración entre lo que se investiga allí y los programas de las instituciones culturales. En todo el tiempo que llevo trabajando en la editorial, he visto la infinidad de trabajos que nos dicen el desconocimiento de la población de nuestros escritores guantanameros. ¿Y dónde está la estrategia a partir de estas conclusiones, dónde se aplican para revertir eso?

Si no nos afiliamos a otras organizaciones o instituciones, pero a través de una estrategia integradora, concreta, donde la improvisación parta del conocimiento y la investigación y no de conceptos estereotipados podemos irnos buscando otros centros de trabajo.

Eres madre, tienes pareja… ¿Cómo encuentras el tiempo para trabajar?

Tengo una amiga que ve la vida llena de parcelas: la casa, el trabajo, la familia, el amor, y que a cada una hay que dedicarles su tiempo… Yo no soy tan metódica pero trato de equilibrarlo todo: cuando siento que mi hijo o mi pareja necesitan una atención especial, no dudo en dejarlo todo, al final son mis grandes y reales recompensas. Ahora bien, cuando estoy en uno de esos momentos creativos, que obsesionan y pueden convertirme en un verdadero incordio, aprovecho cada instante, ya no solo me entrego al estudio intenso y a la búsqueda de información, cada detalle o conversación me va generando nuevos criterios. Afortunadamente, tengo un hijo y una pareja que me ayudan en esto, van conmigo a la biblioteca o a internet y están en función de lo que quiero, así hasta el diálogo con ellos es una luz para mi trabajo.

¿Cuáles son los valores que admiras en una persona?

En estos ocho años he realizado más de veinte números, cada número es un reto: la búsqueda de temas atractivos, actualizados, bien escritos, que tras cada trabajo haya opiniones interesantes, fundamentadas, críticas, polémicas, Ya nadie se refiere a otra persona como que es honorable; el honor al parecer pasó de moda y, sin embargo, es una de las cualidades que me atraen. Me deslumbra conocer una persona con la que sean innecesarios los papeles o firmas porque cuentas con su palabra y es suficiente. Ufff, solo de pensarlo me desconcierta: contar con alguien así, donde las dudas no pueden hacer mella, debe ser más que gratificante. También admiro la autenticidad, es reconfortante en medio de tanto simulacro.

Por otro lado, si la adolescencia pudiera contemplarse como un valor, en el sentido de que es la etapa de las grandes alianzas, de los amigos incondicionales, de la rebeldía, la pasión con que arremeten contra la vida y sus obstáculos, los sueños a los que aún se abrazan… también la elegiría. Creo que a todos de vez en vez nos hace falta una dosis de tal mejunje.

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