Actualizado el 31 de julio de 2016

Zurelys López Amaya:

La escritura supo acomodarse dentro de mí

Por: . 25|7|2016

"La escritura supo acomodarse dentro de mí. Es el placer, la compañía mezclada de los sucesos más importantes de mi vida. Es la obligación que asumo y respeto como oficio serio."Durante la pasada Feria Internacional del Libro me dediqué a hurgar entre los muchos estantes, procurando encontrar algo nuevo, interesante, en las disímiles publicaciones que se hallaban al alcance del público lector. En esa contienda me adentré en el pabellón de Ediciones Territoriales y allí —quizás por un golpe de suerte— tropecé con Levitaciones (Ediciones Matanzas, 2015), la más reciente propuesta de la poetisa y narradora Zurelys López Amaya.

Tras la lectura de este libro advierto un oficio escritural en vuelo, una estética —dígase lírica, emocional— de gran calibre. Esta autora ha logrado cautivarme desde sus cuadernos anteriores como Pactos con la sombra (Editorial Unicornio, 2009) y Rebaños (Editorial Extramuros, 2010). Pero las prosas poéticas de Levitaciones despiertan, hacen estallar sentimientos multicolores y me dejan ese sabor a luz y brío que sólo se nos revela cuando degustamos la buena poesía. He querido, entonces, establecer mediante la complicidad de esta entrevista, un acercamiento a la mujer/ madre/ poetisa que se desdobla, renueva y levita entre las páginas de su nuevo poemario.

Eres una autora con varias publicaciones dentro y fuera de cuba, y que algunos de tus textos han sido recogidos en diversas antologías y revistas; pero, ¿qué significa para ti este nuevo cuaderno? ¿Cuáles fueron las pujanzas, esos apremios que te condujeron a su publicación?

Cuando termino un texto es como si naciera una nueva vida que no encierro ni guardo en gavetas, una vida que necesita salir a respirar como merece, y aunque a veces esos hijos no sean entendidos o aceptados siguen siendo tuyos. Imagina un poemario donde respiran una serie de textos que se lanzan como héroes al mundo, a ese vacío indetenible. Este cuaderno tiene muchos sentidos para mí aunque, como ya dije, existen trabas para que salga airoso por su cuenta. Cuando se lo propuse a la Editorial Matanzas, o sea, a su director Zaldívar y el equipo, nunca pensé que fueran a aprobarlo tan rápido. Recuerdo que al terminar la reunión del Plan de las Editoriales, él me dio la buena noticia de que su propuesta de mi libro había sido aceptada. Algo inusual en estos tiempos donde un libro puede tardar años en salir, aunque haya sido evaluado de satisfactorio, como uno que tengo hace siete u ocho años en la Editorial de Letras Cubanas del Instituto Cubano del Libro.

Cuando no tienes premios se hace más difícil, no tienes muchas probabilidades de publicar tus libros en editoriales nacionales. Es complicado. Aunque estés propuesto pueden saltar compromisos que te llevan nuevamente a ese “colchón interminable” de la editorial y tu libro descanse por unos años más. También, desde que entregué mi cuaderno allí han pasado tres o cuatro jefes de redacción de poesía. Ahora no sé quién está al frente, pues no le avisan a los autores de los cambios. No creo que haya ninguna atención con los escritores que se encuentran a la espera. Nunca hay compromisos con ellos aunque el libro haya sido aprobado. Conozco autores que insisten hasta lograr su objetivo, conozco a quienes dan mala opinión de ti para que tu obra nunca sea reconocida. Yo me mantengo al margen, sin insistir en algo inútil. Es un mundo muy difícil. Esa es la razón por la que ya no entrego mis libros a Editoriales Nacionales…

Tampoco envío a concursos con esa frecuencia como hacen otros colegas. Aunque reconozco que es mi error. Esa es una buena oportunidad para que tu obra sea de alguna manera reconocida y publicada, sea cual fuese la editorial. Sé que un premio de prestigio hace magia para abrir determinadas puertas, pero también sé que la poesía social, que es la que escribo con frecuencia, no es bien aceptada y eso lo sabemos. También todo está en dependencia de la calidad de tus textos y los jurados.

Lo que me animó a publicar este poemario fue el espíritu tierno de mi madre fallecida. Siempre creí en ella, su luz, su magia de probar cada intento me hizo dar ese paso. Hoy hacen dos años que falleció y mientras pasaba su enfermedad entre hospitales y en la casa lo fui escribiendo. Por eso es tan importante verlo publicado. Estoy contenta por la editorial que lo acogió.

Muchos consideran que la poesía no es ruptura sino afluencia, conmutación, que no hay en ella esencias extintas. Partiendo de estas consideraciones, ¿podrías comentar qué de diferente, de novedoso propone Levitaciones? ¿Cuáles aportes concede a tu obra ya conocida, a los postulados poéticos de la isla?

Levitaciones es un mundo peculiar, nada inhabitable ni extraño. Se entra a él como a un episodio realista, a un ágora moderna que sirve para dialogar entre imágenes y metáforas, sin armas de fuego. Lo que propongo es sencillo, caminar y levitar al mismo tiempo en que me cuestiono los paradigmas humanos, para que los lectores cuestionen conmigo el sentido de las cosas que me hacen pensar. La muerte, la vida, el amor, el odio, la naturaleza, y la política de determinados sistemas. Lo que acompaña mis sentidos a la hora de escribir un libro como este es la naturaleza. Ese levitar viene de ella. Lo prefiero así. Es lo que me mantiene viva y escribiendo. Lo vulgar y mediocre me atormenta, pero también aporta porque existo y existen a mí alrededor.

Vivo en mi mundo, comparto lo que me alimenta en bondad, lo que me parece interesante. Lo efímero es el miedo, también lo que sucede sin un sentido, sin despertar en mí ese alimento necesario en una lectura que hago, en la vida que llevo. Mi lógica es la permanencia, la insistencia por vivir.

¿Es este libro inicio, continuidad o terminación de una etapa en tu vida?

Puede ser el inicio de algo que antes no sentía tan cercano, como la muerte. Puede ser la continuidad de una sola forma de pensar sobre diferentes maneras de ver el mundo, de ver la isla. O puede ser la terminación de todo esto que me ha llevado a reflexionar sobre el hombre y su circunstancia para encontrar maneras de sobrevivir. Lo complicado de subsistir es encontrarle un sentido a la realidad que te circunda. Puede ser el cierre de una etapa importante de mi vida.

Al repasar las cuartillas de este poemario descubro un examen sobre esos estados que devienen consecuencia de la interacción vivencial de la mujer/madre/poetisa con su realidad —señalo el tiempo, la espera, la familia, la soledad, la muerte—. ¿Por qué apostar por la poesía para establecer estos análisis y mecanismos, que permiten acaso comprender, mitigar los dilemas del cosmos interior, de lo que acontece en los ámbitos adyacentes?

La poesía también es necesaria para estas cosas. Para marcar lo bueno y lo malo que nos va sucediendo, ablandar temores. Nos sirve de coraza para retener los sucesos duros y tiernos. Ayuda a soltar riendas, a responderte sin enmascarar el sentido de lo que expones, porque nunca deja de ser poesía. Es la interacción de nuestra vida con el mundo exterior lo que nos obliga a salvarnos de la inopia. Es el pensamiento crítico y autocrítico lo que nos lleva a ese instinto poético, es la paradoja del circo que montamos en nuestras vidas.

Somos un gran circo. Sus carpas nos protegen del sol, de la lluvia, del exterior por unos momentos. Llegamos a ser los payasos, los malabaristas, los animales presos en sus jaulas, los domadores, el equilibrista, y hasta el presentador con su altavoz o micrófono anunciando la apertura o el cierre de cada función. Apostar por la poesía es no acomodarse a la idea de ser parte de ese circo, un animal sin conciencia, amarrado o domado por el látigo. Vivir la poesía, dejarla fluir a la manera libre de ser ella misma es lo más hermoso que nos puede suceder.

La familia es esencial en un mundo en el que estamos casi de pasada. Ser mujer, madre, hija, esposa, llevar todo a la vez conspira a veces en contra del tiempo en nuestra creación, pero nos imponemos y el tiempo aparece.

¿Qué lugar encuentra la escritura en tu vida? ¿Eres una autora de profesión o escribes por placer, quizás una mezcla de ambas?

Hace muchos años que dejé de ser solo yo. La escritura supo acomodarse dentro de mí. Es el placer, la compañía mezclada de los sucesos más importantes de mi vida. Es la obligación que asumo y respeto como oficio serio. Es la ilusión de sentirme acompañada cuando llega ese momento de estar a solas con ella.

Cuando tenía diecisiete años, por el año 1986, me sumé a un taller literario llamado “César Vallejo” en mi pueblo natal, San Antonio de los Baños. Allí tuve excelentes asesores literarios. Fui formándome como una joven creadora dentro del grupo, rodeada de autores de mucha experiencia. Me hacían préstamos de buenos libros que sugerían lecturas necesarias para mi formación. Comencé a participar en algunos Encuentros-Debates de Talleres Literarios por el municipio y las provincias del país, obteniendo premios municipales, provinciales y nacionales en diferentes géneros, como poesía, narrativa, teatro y literatura para niños. Eso ayudó a estimular mis inquietudes hacia la literatura y seguir intentándolo. Luego pasé a formar parte de la Asociación Hermanos Saíz hasta que cumplí los treinta y cinco años. Creo que tener asesores literarios bien preparados y escritores de verdadera vocación a mi lado, en todo ese tiempo, hizo que tomara el camino correcto y con la seriedad que merece.

Levitaciones es un mundo peculiar, nada inhabitable ni extraño. Se entra a él como a un episodio realista, a un ágora moderna que sirve para dialogar entre imágenes y metáforas, sin armas de fuego.¿Qué opinión te merece la crítica, la faena publicitaria nacional? ¿Ha sido Levitaciones víctima o beneficiario de estos dos ejercicios tan necesarios, pero para muchos ausentes en el mercado del libro de nuestro país?

Creo que a pesar de la limitada cantidad de ejemplares que imprimen en esta Colección Puentes de la Editorial Matanzas, la crítica ha sido beneficiosa. El libro tuvo su presentación allí y el público lo acogió con agrado. Luego la poeta Yanira Marimón le hizo una reseña que pronto saldrá en la revista La Letra del Escriba, y la narradora Yeney de Armas también escribió una reseña que saldrá en algún momento por la revista Matanzas.

Lo que siento es que sean tan pocos ejemplares y no estén en las librerías de nuestra ciudad, ni en las demás provincias. Pero me siento feliz. Además, el diseño de Yohann E. Trujillo acompaña muy bien el texto. Su trabajo ha sido excelente. Al igual que el de la editora Dianelys Gómez y el equipo de Zaldívar. También la nota de la contraportada escrita por el poeta Roberto Manzano —al cual admiro y quiero— recrea el espíritu del libro.

Por lo demás, mi corta obra ha tenido su crítica favorable. Mi libro Rebaños se reeditó en los Estados Unidos en 2010 y ahora tendrá otra reedición bilingüe por una editorial de prestigio llamada Cubanabooks, también en los EE.UU., que publica solo a mujeres cubanas de la isla y la diáspora.

Desde tu experiencia y contexto de poetisa, ¿cómo valoras la treta poética de los autores más jóvenes? ¿Consideras que sus obras exponen calidad, autenticidad?

Los jóvenes de hoy tienen el poder de lo experimental en la sangre. Tienen dominio de la palabra límpida y segura. No andan con rebuscamientos inútiles, ni se exponen sin un sentido. Sí creo que deben leer más y no solamente poesía. Creo que tenemos un mundo de cosas por descubrir aún y que la lectura los lleva a una mejor escritura. Hay que leer de todo. Lo mismo literatura para niños y jóvenes, filosofía, ensayos, narrativa, tanto de la isla como de cualquier país del mundo. Hay que estar preparados.

¿Cuáles autores se han convertido en referente o ideal para ti como autora? ¿Qué poema de éstos llevas siempre contigo, cerca del corazón?

Desde niña lo primero que leí en poesía fue a José Martí, aprendí sus Versos sencillos y La Edad de Oro. Fueron los primeros libros que me compró mi madre cuando solo tenía siete años. Aprendí sus versos de memoria y así a declamar en público. También leí poemas e historias infantiles de Rabindranath Tagore, cuentos de Emilio Salgari sobre historias fabulosas de faraones que aún conservo, Mark Twain y Las aventuras de Tom Sawyer, Jack London, Dora Alonso, y otros menos conocidos de la literatura rusa. Cuando me vinculé al taller literario ya había leído a Miguel Hernández, a Antonio Machado, a Lorca, a Jaime Sabines, y otros. En el taller me sugirieron nuevas literaturas como la del propio César Vallejo, Eliseo Diego, Manuel Mujica, Kavafis, Baudelaire, Dulce María Loynaz, Antón Arrufat, Lina de Feria, Reina María Rodríguez Arthur Rimbaud, Emily Dickinson, Anna Ajmátova, Walt Whitman, Rilke, Paul Celan, Allen Ginsberg, Manuel Puig, Reinaldo Arenas y otros. Me interesé también por algunos filósofos y aunque existen entre ellos contradicciones, me gustó leerlos. Pero del que me enamoré realmente cuando cayó en mis manos y hasta hoy, fue del poeta portugués Fernando Pessoa, que siempre llevo conmigo. ¿Por qué? No lo sé. Es extraño, desde que lo dejé entrar nunca más ha vuelto a salir.

¿Tienes algún cuaderno en proceso de creación, otro proyecto que estés gestando?

Hay tres libros en proceso de publicación en otros países. Uno es la reedición de Rebaños por la Editorial Cubanabooks de California; una antología de mi poesía reunida en México por Mantis Editores, y otro saldrá publicado muy pronto por la Editorial Polibea de Madrid, en España. He terminado mi primer libro de narrativa, son varios cuentos que vengo revisando desde hace tiempo. Culminé dos libros más de literatura para niños y jóvenes. Uno de poesía y otro de cuentos. En este momento termino un nuevo poemario y reviso una obra de teatro que escribí hace algún tiempo.

¿Cuál palabra utilizarías para atrapar ambas esencias —la de mujer y de poeta— en una sola?

No sé, creo que sacrificio. Desconozco una palabra específica que reúna a las dos. La mujer trae consigo ese ímpetu de solucionarlo todo a pesar de los obstáculos, trae la costumbre del dolor y el cansancio de la vida, trae la vergüenza, la miseria, la fuerza de seguir hacia delante. Ella sabe que tiene que continuar trabajando, luchando con su dolor y cansancio a cuestas para alimentar a sus hijos, a su familia, para llegar a ser alguien al que se le respete en el futuro, para tener algo de qué sentirse orgullosa. El trovador Silvio Rodríguez tiene una canción ―“Mujeres”― que resume todo eso. Me gustan sus canciones. Tienen mucha poesía.

¿Qué libro, qué poema, Zurelys López Amaya no escribiría jamás?

No lo sé. Porque nunca sabemos a ciencia cierta qué escribimos hasta que lo terminamos. Imagínate, ¿cómo podría adivinar algo que nunca escribiría?

Categoría: Entrevistas | Tags: | | |

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