Actualizado el 15 de agosto de 2016

Grand Prix Vladímir Malakhov:

Una mano a quienes más la merecen

Por: . 31|7|2016

Entre los días 24 y 30 de septiembre, la ciudad de Holguín acogerá la celebración de un nuevo capítulo del Concurso de Danza del Atlántico Norte y Grand Prix Vladímir Malakhov. La convocatoria a esta edición del certamen, admite la participación de bailarines, coreógrafos y colectivos danzarios de todo el mundo exponentes de la Danza Clásica, Neoclásica o Contemporánea, que competirán en las categorías de interpretación, coreografía y puesta en escena, tal y como ha venido sucediendo desde los inicios en 2014.

A las puertas del tercer Grand Prix, que desde su misma génesis ha atraído sobre sí diversas miradas y generado grandes expectativas en el gremio dancístico, uno de sus principales gestores, Paul Seaquist, empresario y manager de la figura mundial de la danza Vladímir Malakhov, accede a responder nuestras preguntas.

Paul, ¿cuál es el objetivo principal del Grand Prix Vladímir Malakhov?

Desde el comienzo de nuestra relación con Cuba, el propósito ha sido dar una mano a quienes más la necesitan. Recuerdo que durante mi primer viaje a Holguín invitado por Maricel Godoy, hace ya casi cinco años, tuve la oportunidad de ver la compañía CoDanza y llegar a intuir que el talento de los bailarines del Oriente del país era excepcional. Luego, con nuestra primera aventura “Un regalo de Malakhov para Cuba” y el posterior Primer Grand Prix Vladimir Malakhov, esa intuición se convirtió en certeza. Lo he dicho antes y lo vuelvo a decir, la danza nos ha dado todo cuanto tenemos y somos, a Vladimir y a mí; y esta es nuestra manera de corresponder. Hay pocas cosas más nobles y que se sientan mejor que dar, no sólo a quienes lo necesitan sino a quienes realmente lo merecen.

El acercamiento de Malakhov a la danza cubana, a través de la organización del Grand Prix, ocurre fuera de La Habana, donde radican las más importantes agrupaciones y los principales centros culturales para la danza. ¿Por qué?

Mi idea original fue construir nuestro proyecto en La Habana. El inicio de esta aventura comenzó con la intención de asociarnos al Ballet Nacional de Cuba y desarrollarlo junto con ellos. En aquella época, a mi entender, ese paso era el que más sentido tenía, por el estilo danzario de Vladimir Malakhov y el del BNC. Sin embargo, al poco andar y comenzar a comprender las formas de gestión de la compañía, me di cuenta que tanto nuestro proyecto como nuestros modos de entender y vivir la danza, eran opuestos a los del BNC.

¿Y entonces?

Luego hubo posibilidades de desarrollar el proyecto con Danza Contemporánea de Cuba; pero afortunadamente con ellos tampoco fructificó. Digo afortunadamente, porque aunque uno muchas veces tenga objetivos definidos, al menos platónicamente, las fuerzas del destino son implacables y nos ponen en el lugar correcto, en el momento correcto y con las personas correctas.

También en ese tiempo comencé a vivir más en La Habana; y me di cuenta que la oferta cultural era injustamente amplia con relación a la oferta en Oriente, y que la falta de oportunidades, al menos en el mundo de la danza, era categórica. Siempre hemos pensado que hay que ofrecer oportunidades a quienes más las necesitan, no a quienes ya las tienen. Bajo ese prisma, pasó Oriente a ser nuestra central de operaciones.

¿La próxima edición del concurso en septiembre tendrá características particulares, traerá alguna nueva propuesta?

Creo que cuando las cosas funcionan exitosamente, es más sabio mantener los cimientos sobre los cuales se fundó ese éxito. Pienso que la oferta que estamos haciendo es tan completa, y lo digo con la mayor humildad, que resulta difícil, aunque no imposible, mejorarla. Hemos creado una infraestructura a mi juicio súper honesta, que cumple bastantes objetivos.

¿Y cuáles son esos objetivos?

El hecho de tener un festival en el cual se presenten más de diez compañías de diferentes ciudades de Cuba a lo largo de su duración; el hecho de poder contar con la posibilidad de ofrecer talleres de toda índole a los participantes; el hecho de tener a Vladimir Malakhov dictando clases magistrales cada mañana, junto a la propuesta de “intelectualizar” la danza a través de charlas, mesas redondas, clases magistrales de expertos como Noel Bonilla, por ejemplo; me parece que coloca en un escenario de crecimiento a todos los participantes del Grand Prix.

Las ediciones anteriores, a pesar de haber estado abiertas también a la danza clásica y neoclásica, han tenido mayor acogida entre los artistas que cultivan la danza contemporánea. ¿A qué cree Ud. que se debe este fenómeno?

El ballet es un arte que requiere mayores inversiones para su buen funcionamiento y correcta práctica. Es imposible hacer un Lago de los Cisnes, una Bella Durmiente o un Cascanueces, al menos como los concibió Petipá, sin las escenografías y vestuarios que se requieren. Para cada uno de esos ballets se necesita un cuerpo de baile de al menos 30 bailarines con sus respectivas zapatillas de puntas en el caso de las mujeres, y un teatro acorde a la puesta en escena. Debido a la realidad cubana, hay muy pocas compañías que poseen esa holgura económica como para emprender una propuesta clásica de tal magnitud.

En cambio la danza contemporánea, aunque en oportunidades se han montado megaproducciones millonarias, es más asequible para la mayoría. Imagino que el factor inversión tiene mucho que ver con el por qué a nuestro Grand Prix se han acercado en su mayoría, por no decir en su totalidad, propuestas más modernas.

¿Qué sucede con las coreografías y las puestas en escena premiadas? ¿Se les brinda alguna posibilidad importante de circulación dentro o fuera de Cuba?

Me parece fundamental seguir el desarrollo de nuestros galardonados e impulsar sus carreras según nuestras posibilidades a nivel internacional. Hemos tenido el honor de tener a algunos de los ganadores como invitados en nuestras “Galas de Estrellas” internacionales, y haber visto como se roban la atención no sólo del público sino de la crítica especializada.

En este preciso momento, por ejemplo, algunos de los jóvenes merecedores del Premio Paul Seaquist están tanto en Nueva York como en Chicago, aprovechando las becas de estudio otorgadas.

Tenemos, además, como propósito de esta próxima edición, la de agregar las piezas coreográficas premiadas a nuestras temporadas en las compañías que Vladimir dirige fuera de Cuba.

Los premios y reconocimientos de las dos citas previas del concurso han recaído mayoritariamente sobre jóvenes intérpretes y coreógrafos del extremo Oriente cubano, como Yoel González. ¿Qué opinión le merece este particular?

Guantánamo ha sido una sorpresa para nosotros. La calidad de los jóvenes intérpretes y coreógrafos del extremo Oriente nos ha dejado completamente anonadados.

Yoel González es, a mi juicio, uno de los mejores si no el mejor coreógrafo que tiene Cuba en este momento. Nosotros, como Grand Prix, lo pudimos experimentar en nuestra primera versión y luego corroborarlo durante la segunda. Sus propuestas, tanto en dinámica de movimientos como de dramaturgia y temas elegidos para explorar, han sido siempre un acierto. Esperamos ver con qué nos agasajará en esta oportunidad.

¿Cómo ve Seaquist el desarrollo de la danza cubana?

Como ya lo he mencionado en otras entrevistas, me parece que el talento artístico en Cuba es inigualable.  Específicamente en el mundo de la danza que es el que a mí más me concierne en este momento, no es diferente. De más está mencionar nombres como Carlos AcostaJosé CarreñoRolandito Sarabia quienes son de sobra conocidos, no sólo en Cuba sino en el mundo entero.

No obstante, creo que algunos de los mejores bailarines que yo he visto a lo largo de mi carrera los debo haber visto en nuestro Grand Prix: aquellos sin grandes nombres aún, aquellos que han entregado el alma cada noche en el escenario del teatro Comandante Eddy Suñol; aquellos que más que confiar en nuestro proyecto, nos han hecho a nosotros creer y confiar en ellos.

Veo con muy buenos ojos, además, el hecho de que se estén buscando recambios y nuevas fórmulas para reemplazar aquellas añejas u obsoletas. El hecho de ver nuevas compañías acaparando las carteleras de la isla es muy positivo. Acosta Danza, me parece que es una propuesta que se necesitaba, asimismo compañías más contemporáneas como Los Hijos del Director, Codanza, o Médula.

Por lo demás, Cuba está cambiando, y el arte es por lo general el faro que ilumina todo tipo de cambios. Veo que los jóvenes cubanos se están alejando un poco de los formalismos y dogmas preestablecidos y con sana rebeldía comienzan a crear nuevos lenguajes. Y a nosotros nos honra poder ser parte de esos cambios.

Categoría: Entrevistas | Tags: | | | |

Director: Fidel Díaz Castro

Diseño web: Héctor Otero

Relaciones públicas: Racso Morejón

Redacción digital: Editor: Racso Morejón y Darío Alejandro Escobar

webmaster: Racso Morejón

Desarrollador web: Escael Marrero

El Caimán Barbudo © Todos los derechos reservados