Actualizado el 10 de noviembre de 2016

Alberto Salcedo Ramos:

El reportero que no investiga es como el atleta que no entrena

Por: . 9|11|2016

 

Alberto Salcedo Ramos: El periodismo permite ejercer una veeduría sobre los poderes públicos y sobre los gobernantes, en general. Yo he dicho que la crónica no puede ser eternamente un género para contar historias periféricas sobre seres excluidos.

Fotografía tomada de The New York Times

Alberto Salcedo Ramos es, junto a Leila Guerriero, Alejandro Almazán o Martín Caparrós, uno de los autores más leídos de la crónica latinoamericana en los últimos años por los estudiantes de la Facultad de Comunicación de la Universidad de la Habana. Los mismos estudiantes que, graduados o no, se han lanzado a escribir y a fundar, para intentar ser consecuentes con una poética que intenta escapar al efectismo sensiblero de la crónica dominante en el periodismo cubano actual.

Después de leer a Salcedo Ramos queda la sensación de que cualquiera de estas historias nos pasan por el lado todos los días y no siempre sabemos verlas y aprovecharlas. Incluso, a veces las aprovechamos y nos quedamos en la epidermis del primer ángulo que se presenta. Hay una maestría en contar una historia compleja y lograr que se lea de manera sencilla y quede al alcance de las impresiones humanas más potentes.

Eso no lo logra todo el mundo, tiene que ser alguien con el talento y oficio de este periodista colombiano que ha sido ganador del Premio Ortega y Gasset de Periodismo por su crónica “La travesía de Wikdi”, cinco veces del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar y Premio de la Cámara Colombiana del Libro al Mejor Libro de Periodismo del Año por De un hombre obligado a levantarse con el pie derecho y otras crónicas. Con estas credenciales cualquiera pudiera pensar que es una persona inaccesible, pero es todo lo contrario, este maestro de periodistas accedió inmediatamente a contestar las preguntas de El Caimán Barbudo por la vía rápida de este pasillo electrónico que es internet.

¿Qué lecturas, autores, influyeron en Alberto Salcedo Ramos cuando era niño y adolescente?

En la infancia y en la adolescencia leí poco porque crecí en la casa de un abuelo ganadero e iletrado que no sentía aprecio por los libros. En mi casa sólo había los libros de texto que pedían en el colegio. Empecé a leer literatura durante los años de la escuela secundaria. Quedé enganchado con Hamlet y con Crimen y castigo, pero me aburrió Cien años de soledad, porque me extravié en ese montón de nombres repetidos. Llegué tarde a la lectura, digo, pero desde entonces no he querido ser otra cosa que lector. Escribir es la literatura convertida en un oficio que suele ser tortuoso. Leer, en cambio, es algo más libre y placentero. Incluso te digo algo: lo que disfruto no es escribir sino leer, tiempo después, lo que escribí, y hacerlo como si lo hubiera escrito otro”.

¿Qué importancia usted le concede a haber nacido en una ciudad caribeña como es Barranquilla?

El Caribe determinó, en parte, mi relación con las palabras. He dicho que además de vigilar su precisión, me preocupo por juntarlas con una cierta armonía. Si expresan la idea con exactitud pero no tienen consonancia entre sí, están mal puestas. En el Caribe necesitamos que lo que decimos, de manera oral o por escrito, suene bien. El Caribe también me impone sus atmósferas, sus colores, su ruidaje, sus tambores, sus maracas, sus mitos. En el Caribe el mar no es, simplemente, paisaje, sino una especie de líquido amniótico que no abandonamos jamás, así vivamos lejos, en una ciudad sin océano y sin costa. En el Caribe la palabra se paladea, se regodea en sí misma. Luego están los temas: somos más de Tánatos que de Eros, pero eso no quiere decir que no seamos propensos a la melancolía.

¿Cuán importante es para usted la investigación, el reporterismo, en una crónica?

A mí no me interesa un periodismo narrativo flojo en su investigación, así esté escrito con gran calidad estilística. Quiero un balance entre la forma y el fondo. Yo he dicho que el reportero que no investiga es como el atleta que no entrena: luce mal. Los datos deben ser completos, oportunos, veraces, contrastados y, sobre todo, reveladores.

¿Ha leído periodismo narrativo cubano? ¿Conoce Cuba?

Bueno, el periodismo narrativo no nació ayer. En Cuba ha habido cultores notables, que van desde Martí hasta Carlos Manuel Álvarez, pasando por Leonardo Padura. Recientemente he descubierto a una muchacha que me parece portentosa, Mónica Baró. No conozco la tradición de ustedes tanto como quisiera, pero me he maravillado con varios de los narradores que he conocido. Por otra parte, sí he ido a Cuba, y volveré en enero de 2017. Estoy escribiendo una crónica cubana pero prefiero no hablar de eso sino esperar a que salga. Casi no me gusta revelar en qué ando trabajando”.

¿Qué impresión le causa que lo llamen en algunos círculos el sucesor de Gabriel García Márquez?

Creo que es simplemente una exageración y un elogio facilista y sin sentido. Sinceramente, no me gusta. Considero que Gabo es el brujo mayor de las letras hispanoamericanas, junto con Borges. Jamás incurriría en la ridiculez de compararme con semejante genio.

Alguna vez usted ha dicho algo así como que quería, o haría falta, escribir crónicas desde el poder, desde los pasillos del poder. ¿Ya está trabajando en alguna?

El periodismo permite ejercer una veeduría sobre los poderes públicos y sobre los gobernantes, en general. Yo he dicho que la crónica no puede ser eternamente un género para contar historias periféricas sobre seres excluidos. Hay que atreverse a meter la lupa bajo las alfombras de quienes rigen nuestros destinos. De nuevo te digo que prefiero no hablar mucho de los temas en que ando trabajando”.

¿Cómo valora el otorgamiento del Nobel a Svletana Alexievich? ¿Y a Bob Dylan?

Creo que la Academia Sueca ha querido enviar en los últimos dos años el mensaje de que la literatura no es patrimonio exclusivo de los autores de ficción. El Premio Nobel casi siempre desata polémicas. La gente suele fijarse más en las injusticias de la Academia Sueca que en sus aciertos. Por ejemplo, hay mucha gente rabiosa porque le dieron el premio a Dylan y no a Borges. A mí también me parece injusto que no se lo hayan dado a Borges, pero no me molesta en absoluto que se lo hayan otorgado a Dylan. Ahora bien: es cierto que las letras de Dylan, al ser fijadas en un papel, al quedar huérfanas de su voz gangosa y de su fondo musical, no parecen tan sólidas. Pero aun así creo que Bob Dylan es un cantor lúcido y profundo que ha dejado una huella en nuestra época. En todo caso, quizá lo mejor que se ha dicho sobre este tema sea lo que dijo un fulano desconocido en Twitter: Dylan debería aceptar el honor del premio y luego donar el dinero correspondiente a las víctimas de la música de Ricardo Arjona.

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