Actualizado el 26 de diciembre de 2016

Dalila León:

Esa cotidianidad que casi siempre pasa inadvertida…

Por: . 19|12|2016

Cuando escribo me guía la intuición creadora, la necesidad de comunicar algo; por eso el sujeto lírico casi siempre se ajusta a mi propia voz,  pero esto no me impide reflejar o improvisar temas con múltiples referencias.Los poemas de Dalila León son enérgicas espigas en un campo poblado de arbustos antiguos. El viento las mueve y ellas resisten la danza incorporándose a la corriente. Su cuaderno Sin buenas nuevas obtuvo el premio El Girasol Sediento en 2012 y desde esa fecha el libro estuvo descansando en el sueño inmóvil de las trabas burocráticas. Los poemas, de manera general, son piezas estables, con temas familiares; hay aparición de lo social y del amor ausente. Tienen escasas imágenes poéticas, ganan en la supresión de adjetivos innecesarios y navegan entre la incógnita de los días y los deseos poderosos.

—En una entrevista anterior afirmaron que tus versos (breves, transparentes, sinceros) te imitan demasiado. ¿Estás de acuerdo con eso? Lo digo porque no siempre la poesía es totalmente autobiográfica…

—Mi poesía es sincera, contemplativa, coloquial y sensitiva como yo. Quizás por esto los lectores crean que mi poesía es autobiográfica; y no es así, claro, mis poemas responden a experiencias, dudas, sospechas o visiones que alcanzo diariamente. Cuando escribo me guía la intuición creadora, la necesidad de comunicar algo; por eso el sujeto lírico casi siempre se ajusta a mi propia voz,  pero esto no me impide reflejar o improvisar temas con múltiples referencias.

—¿Por qué estudiaste Economía? ¿Fue leyendo que decidiste escribir?

—Me gradué de Economía por estudiar algo. En esa época me preparaba para entrar a la Academia de Artes Plásticas de Trinidad. Realmente, siempre disfruté pintar y aún lo hago; quizá por eso mi poesía es tan fotográfica, intento captar y reflejar la fugacidad del paisaje (la belleza de lo triste), esa cotidianidad que casi siempre pasa inadvertida. En los talleres de artes plásticas tuve la suerte de conocer a amigos que guiaron mis lecturas pues, aunque era una lectora voraz y ya escribía, no tuve una orientación acorde a mis quince años.

En ese tiempo leí mucha narrativa y teosofía… Poe, Hesse, Blavatsky o Annie Besant, imagínate. Fue gracias a esos amigos que descubrí y estudié a Rimbaud, Verlaine, Baudelaire, Casal, Lezama, Eliseo Diego, Fina, Novás, Barnet y muchos más; entre ellos a uno de mis favoritos: T.S. Eliot. Él influyó verdaderamente en mi decisión de cambiar el pincel por la pluma.

—De Bon Apéttit dijiste: “El sujeto lírico prácticamente soy yo viendo, observando, captando, tirando fotos”. ¿Se mantiene esa perspectiva en Sin buenas nuevas?

Bon Apéttit es un cuaderno sincero y sensitivo. Memorias de fragancias y sabores van tejiendo cada verso hasta conformar una especie de menú de la vida; es un libro que dediqué a la familia cubana. Las referencias más visibles nacen, evidentemente, de la cotidianidad que absorbo y represento como instantáneas de paisajes que me alcanzan. Sin buenas nuevas también es un poemario muy sensitivo, pero en este caso es más casual. La mayoría de los poemas son los primeros que escribí hace algunos años; son contemplativos, quise que llegaran a lectores jóvenes para compartir experiencias, miedos, desamores o dudas propias de la edad.

—Sé que te identificas con la literatura japonesa, y eso se advierte en tus poemas. ¿Solo esa te interesa, formalmente hablando?

—Amo y respeto la literatura japonesa porque influyó mucho en mi obra, sobre todo en la época en que escribí Sin buenas nuevas. Aún no sé cómo me atreví a presentar en el cuaderno siete haikus; la juventud es realmente atrevida. En general, leo y disfruto toda buena literatura, no me afecta su origen, pues para escribir debes amarla como un todo. En ese sentido, amo y me identifico con todos los buenos libros.

—Dijiste que te gustaban las parábolas, pero observando el lenguaje en tus poemas, estos tienden a ser más narrativos que líricos…

—En mis poemas, el sujeto lírico se beneficia de su voz coloquial y narratológica para comparar o comunicar sensaciones. Específicamente utilizo la sencillez del lenguaje para lograr imágenes efectivas, que el lector reconozca, comprenda y, quizás, recuerde.

—Hay una tendencia en la poesía cubana realizada hoy por los jóvenes a hacer poemas de crítica social. ¿Por qué la practicas tú?

—Creo que la poesía social siempre ha estado presente en la poética cubana. Puedes calificar a la poesía como social, amorosa o mística, pero al final es un todo: un cosmos que se escribe porque alguien en alguna parte (joven o no) tiene algo que decir. Mi poesía intenta reflejar cuestiones trascendentales que han marcado a los poetas: el amor, el desamor, la muerte, el temor, el olvido, los recuerdos…  Quizás, lo que varía en mis textos son las referencias en que me apoyo para escribirlos.

Categoría: Entrevistas | Tags: | | |

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