Actualizado el 16 de enero de 2017

D´Corazón:

No somos mercaderes, decidimos hacer arte

Por: . 14|1|2017

A estos muchachos talentosos se les nota las ganas de hacer música, de esa d´corazón, de la que te mueve el piso, la que quisieras sonando en tu oído cuando estás empeñado en hacer una de esas obras que te cambia la vida. El restaurant está ubicado en la esquina del parque. Por las altas ventanas consigo ver la casa de Diego Velázquez, los bancos y los mármoles de las estatuas, también a unos turistas pasar derritiéndose al calor del mediodía, un pedazo de cielo y las montañas azules que rodean la caribeña ciudad de Santiago de Cuba. Por involucrarnos en una expedición veraniega que nos ha llevado hasta el Oriente cubano, comparto la mesa con dos amigos: Vicente A. Trigo y Alejandro Agüero, ambos músicos, talentosos, trovadores. Ellos junto otros colegas, dieron vida al grupo musical D´Corazón, un piquete que ya probó el éxito con un premio en el CUBADISCO y un video galardonado en Lucas. Durante la plática es Vicente quien lleva la voz cantante, mientras Alejandro opina de vez en vez, sin perder de vista a las santiagueras que pasan cerca de la ventana.

Antes del grupo ¿Eran aficionados o estudiaron música en el conservatorio?

Vicente: Somos egresados de la Academia de Música y del ISA. Lamentablemente, de jóvenes no tuvimos mucho tiempo de estar involucrados en los movimientos de aficionados, que es un espacio muy rico. Los estudios en la Academia te consumen todo el tiempo: es la especialidad, las asignaturas generales, muy exigente; pero cuando salimos de la escuela teníamos muy claro lo que queríamos hacer.

Háblame del grupo, una breve historia de qué hacen, cuál es el concepto…

Surge en el 2009, estábamos estudiando en la ENA, y yo comienzo a componer a los 15 años, en esos tiempos animábamos actividades en la escuela, arreglamos esas canciones que eran muy malas pero ayudan a formar. Audicionamos en el 2009 para una empresa; se pasaron mucho tiempo para darnos respuesta y entramos en el 2011, cuando salimos de la escuela, ya estábamos en una empresa. Teníamos unos temas que se podían cantar.

Un día Israel Rojas nos fue a ver a un concierto y, cuando se terminó, fue y se sentó conmigo. Nos dijo que le gustaría hacer un disco, yo pensé en lo complicado que es hacer un disco, todo lo que cuesta, pero él parece que se dio cuenta de mis dudas y me dijo que ellos lo iban a financiar, iban a asesorar toda la producción del disco. La verdad, yo pensé que la conversación se quedaría allí, no conocía a Israel, pero a los tres días ya estábamos trabajando.

Él me dio mucha libertad de creación, opinaba sobre lo que era mejor pero siempre dejó que fuéramos nosotros lo que decidiéramos, fue una suerte encontrar una gente como Israel yo lo admiro mucho. Al final Bis Music acogió el disco, se hizo y ahí está: fue premiado en el CUBADISCO y uno de sus videos ganó un premio Lucas. Lo que queremos hacer es canción de autor, decir lo que pensamos.

¿Es muy competitivo hoy el mundo de la música?

Sí lo es, pretender que no lo sea es muy inocente. Pero uno a la hora de crear su obra no puede pensar en la competencia. Hay que hacer tu trabajo concentrado en lo que quieres decir, en lo que buscas como autor, con mucho respeto por los demás creadores. La competitividad es parte de cómo enfrentas tu obra. Tienes que hacerlo honestamente.

Por supuesto, como con toda obra de arte, hay quién se identifica con ella y quién no, pero ambos son importantes, porque el que no se identifica te da herramientas para ver en que tienes que mejorar. Uno tiene que darle a la gente una obra creada con toda honestidad. No siento presión por la competencia, somos muy amigos de todos los que hacen música, trova como nosotros, y los que no, aunque no conocemos a muchos artistas, la verdad, hay gente que no conocemos…

¿Cómo decidieron lo que iban a hacer? Especialmente porque apostaron a un proyecto cultural que no es de los mejores pagados…

Antes de proponerte algo en serio, piensas en tu educación, tus valores. Eso viene de la familia, de tus conceptos, de cómo quieres que funcione tu vida. Nací en una casa donde se escuchaba trova, buena música. También estudiar música te da herramientas, pero tienes que tener tiempo, formación, cultura para la poesía. Si intento irme al mercado no va a servir, porque no lo siento, lo que siento es un respeto increíble por la cultura.

Cuando piensas así, eso te hace entender muchas cosas, te da una visión propia de la vida. No nos decidimos por el mercado porque no somos mercaderes. Decidimos en vez de hacer plata, hacer arte, y para serte sincero no vamos a cambiar porque dejaríamos de ser nosotros, defraudaríamos lo que somos, los que nos respetan, a mis abuelos y a mi familia.

Alejandro: Yo en mi casa no tengo una influencia artística muy marcada y suscribo lo que dice Vicente, el mundo del mercado lo que te vende son imágenes sin conceptos. La música mercancía se ha simplificado mucho y nosotros trabajamos con rigor, trabajamos más la esencia de la música, venimos influenciados por la música que estudiamos en la academia.

¿Entonces creen que la academia puede contribuir a la cultura musical?

Frente a los grandes, luego de que te impacten, que se te erice la piel, entonces tienes que despojarte y componer tu propia obra. Vicente: Creo que sí, y también el movimiento de aficionados. Lo importante es dónde está el guía que te ayude a decidir: la Casa de la Cultura, la Asociación Hermanos Saíz… Tiene que existir una guía que te ayude a tomar un rumbo. Sí, la academia hace falta, pero no es indispensable.

Alejandro: A la academia le falta el intercambio con las personas, con los creadores de otras partes. Esos encuentros culturales que se dan en la calle y son tan enriquecedores, están ausentes en la academia

Vicente: La academia te da una herramienta pero es un error encerrarse, no intercambiar con lo que se hace en otros escenarios, interactuar con los que se forman fuera de ella. Eso uno tiene que irlo a buscar si quieres enriquecer tu conocimiento.

Ustedes dicen que prefieren hacer arte que plata, pero hay que pagar las facturas. Este es un dilema tan viejo como el arte…

Vicente: Es complicado. Mira, uno puede decir: “no voy a hacer esto porque no me va a dar un beneficio”. Es cierto, porque uno tiene que pagar la casa, pagar los instrumentos… Pero como ya te dije, nosotros tenemos que encontrar la forma de hacer arte sin caer en la esclavitud del mercado. Y encontrar caminos dentro del mercado, lo interesante es que tú con tu arte puedas estar decentemente en el mercado. Lo que pasa es que si sigues las obligaciones que te impone el mercado, como creador vas para atrás y para atrás. Hoy lo que está sonando es armónicamente muy pobre, eso es lo que la gente está escuchando, arreglos muy pobres, le están mostrando cosas a la gente que no tienen valor como arte.

Yo tengo que mostrar obras con valor para la sociedad, para que los muchachos sepan que eso que están escuchando es la poesía. Te pongo un ejemplo: Los Van Van es música popular, pero lo que hace Van Van es canción inteligente. Y tiene mercado, artísticamente es “un cañón” y representa estéticamente a Cuba. ¿Por qué tenemos que denigrarnos y hacer que los jóvenes escuchen cosas sin valor? Les estamos diciendo: olvídate de pensar, olvídate de la calidad, esto es fiesta… Nos estamos embadurnando de una cosa simplista, banal.

En el terreno conceptual, ¿cómo ves al trovador en la Cuba de hoy?

La trova es la vida. Mira, si quieres saber de la historia de Cuba, perfectamente puedes escuchar a los juglares, a los trovadores de las diferentes épocas, y tendrás un libro de historia. Uno forma parte de un momento histórico y eso hay que respetarlo, nosotros somos un granito de arena en ese momento. La trova ha sido vital en la cultura cubana, y no solo desde el Movimiento de la Nueva Trova, de Silvio para acá, sino también lo anterior, la Trova Tradicional, esos creadores fueron unos adelantados a su tiempo, son clásicos, hacían unas letras excelentes.

Creo que ahora no estamos en un momento bueno para la trova. Pero tenemos que mantenernos firmes, ayudar a más gente en este mundo de la canción trovadoresca y conseguir que la trova sea lo que siempre fue: un género de vanguardia. Hay que crear espacios para llegar a más personas, a un sector ávido de buenas letras, de buena música, que nos está esperando.

¿Por qué dices que no estamos en un momento bueno para la trova?

Faltan espacios, no se aprovechan los escenarios que tienen un público potencial para la trova. Por ejemplo, el de la Universidad, donde se respira un aire intelectual y se pueden crear las peñas y espacios para la trova. A ese público lo están bombardeando con productos pésimos, y le decimos que eso es lo que está de moda. ¿Quién filtra eso?

Estamos en un momento muy complicado. Aunque se dan conciertos con gente valiosa, como los conciertos de Buena Fe, o se hace un Festival de la Trova de La Habana, que fue genial, estremecedor. Ese es el tipo de idea que hace falta; esa fue una idea de Frank Delgado, que un día se levantó y dijo “vamos a hacer este Festival”, una idea tremenda, y fuimos muchos a conquistar ese público que no te conoce, que puede que no sea el tuyo de siempre, pero cuando te escucha y compara, entonces lo será. Van Silvio, Buena Fe, Ray Fernández; va Tony Ávila, va Pedro Luis, y atraen a gente que apuesta por lo interesante, por una buena canción, un arreglo, una poesía que lo estremece y le mueve el piso.

Esos espacios no están; y los que hay, están mal organizados, mal promovidos.

Ahora aparece como una variante la difusión mediante las nuevas tecnologías. ¿Ese mundo es un reto o te facilita la vida?

La tecnología puede ser buena o mala. Tienes que estar a la par de ella, para usarla como medio, como herramienta, pero no como chatarra. Los videos de nosotros están en el paquete, porque hay que mostrarse a la gente, esa es una forma alternativa de mover tu obra y es válida. No puedes tener recelo o no te van a conocer nunca. No puedes negar ese espacio de las tecnologías, si no estás perdido.

¿Qué géneros prefieren trabajar?

Es muy complicado esto de los géneros… A los premios nos nominaron por Trova Fusión, y por Nueva Trova, pero eso de poner límites es complicado. Nosotros podemos usar instrumentos y géneros folclóricos de otros países, hacemos variaciones, creamos con los instrumentos. Creo que nos dieron el premio en Nueva Trova por las letras de las canciones y porque están hechas modo que pueden tocarse solo a guitarra. Claro, con el grupo se arropan, se arreglan y suenan más elaboradas, más fuertes. El grupo se propone estar en la estética de la Trova; y con los arreglos que hacemos, los discos, puede parecer medio raro, pero estamos en la Trova.

Con la llamada fusión se están perdiendo los géneros puros…

Hoy, la verdad, casi no hay agrupación que haga géneros puros, son muy raras, se han perdido, porque hay muchas influencias diferentes; y en una banda con formato de tipo trova, tienes pocos integrantes pero puedes hacer variedad de géneros. La trova te permite mucha libertad, buscar un lenguaje musical muy amplio, empiezas por la investigación de los instrumentos, de lo que quieres…

Parece como si hacer música, fuera un poco hacer ciencia…

Pues sí, la música es también matemática, el solfeo, la armonía, tiene su ecuación musical, todo tiene grado, funciones; cada acorde tiene su lógica, no es azar, es pensada. Hay grandes genios de la música, los clásicos Beethoven, Bach, cuya obra es como una ley científica, es difícil que un pasaje musical actual no se parezca a los que los clásicos hicieron…

Sí, es ciencia, es arte bien pensado, y la creación se disfruta. Eso de investigar sobre un género es una dicha; hay quien cree que sabe de su folclor, de la música cubana, pero también ahí tienes que investigar que estudiar, que conocer. Y si es así con tu música, imagínate lo complejo que es un género de otra cultura…

¿Tienen influencias de otros trovadores?

Hemos pasado etapas de creación donde nos pegamos a otros trovadores, a Silvio, Pablo, y te puedes pegar tanto que un día descubres que estás haciendo una copia muy vulgar. Es natural querer parecerse a los grandes, pero no los puedes imitar sino verlos como una meta; es bueno en la medida que lo veas como un reto, mientras más quieres llegar a su altura más trabajas y practicas, y subes el escalón.

Hemos estados influenciados por todos: luego que ya comienzas a componer, quisieras escribir como Frank (Delgado), como Carlos (Varela), hasta que consigues tu propio estilo. Pero hay que escucharlos a todos, estudiar incluso a autores jóvenes como tú, los que están haciendo cosas interesantísimas.

De otros países escuchamos mucho a Sabina, Serrat, Jorge Drexler, Fito Páez, todo el que haga canción inteligente. Frente a los grandes, luego de que te impacten, que se te erice la piel, entonces tienes que despojarte y componer tu propia obra. Recuerdo en séptimo grado, que me encontré con un disco de Silvio, el Tríptico Vol. 2, fue un mazazo por la cabeza, después no podía tocar un solo tema. Esa vez le dije a mi mamá: “no me vas a ver en una sala de concierto haciendo guitarra clásica”; desde octavo grado, yo dije que lo que quiero es hacer canciones. Para un compositor, en el momento de escribir lo único válido es una hoja de papel en blanco y tu guitarra.

¿Tú (Vicente) compones y haces los arreglos?

La trova te permite mucha libertad, buscar un lenguaje musical muy amplio, empiezas por la investigación de los instrumentos, de lo que quieres…Yo hago las letras y las propongo al colectivo. No es posible pretender que una idea se mantenga sin cambios, el grupo pone su parte, pero ya tenemos una línea. Y entre todos se van agregando instrumentos; en ocasiones, uno de los integrantes hace el arreglo porque yo no estoy satisfecho con el que hice, funcionó así en una canción del último disco… Por supuesto, entre nosotros hay gustos diferentes y eso es lo mejor que puede pasar. Pero hay mucho respeto creativo, vienes con un tema y ellos te dicen: “oye, esto no va a funcionar”, y es difícil oír eso porque es una composición tuya, es tu obra, pero ellos están afuera y son músicos, y te dicen: “ese coro no sirve”, y tienen razón y lo cambiamos.

Con Frank me pasó lo mismo; ya casi con el disco pensado, teníamos un coro muy simple, y Frank en su estudio me dice: “Oye, ese coro está como que muy simple”. Y me pasé la noche sin dormir y terminé cambiando el coro. Con Israel (Rojas) me ha pasado igual; él me dice: “entiendo, pero esta imagen es muy difícil…” Uno tiene que escuchar e interiorizar los consejos útiles.

No les pregunté el porqué del nombre del grupo. Ellos tendrán sus razones. Yo lo veo como una suerte de marcapasos, que busca mantener viva la canción de autor, la música elaborada, la poesía. A estos muchachos talentosos se les nota las ganas de hacer música, de esa d´corazón, de la que te mueve el piso, la que quisieras sonando en tu oído cuando estás empeñado en hacer una de esas obras que te cambia la vida.

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