Actualizado el 14 de enero de 2017

Vivir con las botas puestas

Por: . 12|1|2017

La escena cubana metalera se encuentra hoy con muchas más posibilidades que hace algunos años atrás. Hay que ser objetivos, valorar, construir y no destruir. Todas las bandas deben estar unidas sin importar la tendencia del metal que desarrollen porque, al final, esta es una lucha en la que todos estamos involucrados.La vida nos va entregando filosofías. Aprendemos a vivir entre el renunciamiento y la persistencia. Porque si bien en ocasiones aceptamos lo inevitable, desde las partidas más íntimas hasta cierres que generan las controversias culturales, también desenvolvemos la capacidad de ingeniárnoslas para que siga existiendo aquello en lo que creemos. Esa sería, digamos, la filosofía de la resistencia.

Mi entrevistado es un hombre que ha conformado su historia en torno a esa posición. Por ello, puedo jugar con el título de un libro de Alex Jorge y, de paso, decir que este escritor holguinero y Omar Vega, mi interlocutor, son más que coetáneos; ellos han estado juntos y perseverantes en la evolución de la escena metalera en esa zona del oriente de Cuba. Como cuenta Omar: “He dedicado gran parte de mi vida a esta escena, desde finales de la década del noventa, cuando comencé a realizar la publicación impresa Turbulencia, que con sus 12 ediciones se conoció a nivel underground en toda la isla y en varios países, y luego de la desaparición del fanzine por no tener dónde sacar las copias, continué apoyando con un nuevo proyecto, Subtle Death, en el cual soy editor, realizador y diseñador. Este nuevo trabajo lo comencé en el 2007”.

A mi buzón de correo ha llegado ya el número 52 de Subtle Death, con entrevistas e informaciones sobre bandas de metal cubanas y extranjeras, la mayoría pertenecientes a ese circuito subterráneo al que se entra, como decía Zappa, sin coordenadas lumínicas. Porque se trata, sobre todo, de una red de personas agarradas al sueño de que su cultura sobreviva, a pesar de los disímiles obstáculos que pone cada tiempo. Pero, si aun en años anteriores los esfuerzos de los fanzineros trascendían las fronteras nacionales, la práctica se mantiene en un escenario más favorable —al menos desde la posibilidad del contacto— no solo para publicaciones sino para proyectos de creación musical. De ahí que se espere un nuevo CD de Mephisto, la banda pionera de black metal en Cuba, liderada por Alex Jorge, a partir de la labor de Omar Vega como productor y el contrato obtenido con el sello mexicano Concreto Records.

En este ámbito mi entrevistado también ha sido incansable. En el 2001, logró que visitara el país la alineación norteamericana Requiem; en el 2012, la ecuatoriana Likaon, la cual enfrentó al público metalero de las Romerías de Mayo, evento cultural de Holguín. Ha contribuido con grupos como Mortuory, Moan, Kasbeel, Complot, Stroessner y en la organización de festivales y grabaciones.

“Siempre he defendido y apostado por la escena cubana —dice—. Quiero ver la pasión que aún tenemos los de la vieja escuela en los ojos de la nueva generación, porque la vida continúa para evolucionar, no para estancarse y retroceder”.

Precisamente en esa historia nos introducimos a partir de una entrevista digital. Yo andaba en busca de los orígenes del metal cubano y de su desarrollo en Cuba. A pesar de lo que se ha publicado sobre el tema, en varios sitios y no solo en La Habana están “las raíces móviles” de esta cultura en el país; la gente que ha tenido en lo esencial al metal como música de fondo y durante décadas desandan su territorio, ya sea de manera simbólica o literal, con las botas puestas. Tras la conversación, está el desafío de seguir contribuyendo con nuestra escena, comprender cómo se ha ido construyendo la identidad de metaleros y metaleras y hallar caminos que alumbren en el alma de la cultura cubana, la diversidad de géneros que hacen su música.

Según la literatura existente y opiniones de rockeros y metaleros, en Cuba las raíces más recientes del metal se encuentran en los 80, cuando suceden los primeros contactos con el heavy metal y la música de Deep Purple, Kiss, AC-DC. En Holguín, ¿por qué medios acceden a esa creación internacional?

: “He dedicado gran parte de mi vida a esta escena, desde finales de la década del noventa, cuando comencé a realizar la publicación impresa Turbulencia, que con sus 12 ediciones se conoció a nivel underground en toda la isla y en varios países...La década de los años 80 fue maravillosa. De hecho, fue cuando comencé a escuchar música rock. Estando en mis estudios secundarios es que comienzo a oír los primeros acordes del heavy metal, bandas como estas que mencionas y otras como Led Zeppelin, Van Halen, Black Sabbath, Judas Priest, Iron Maiden, etc. Diría que el principal medio en esa época fueron las emisoras norteamericanas que en esta región se podían sintonizar, no muy bien, pero nos dio la posibilidad de mantenernos un poco informados sobre el acontecer del mundo del heavy metal; también por alguna que otra revista extranjera que llegaba acá a la ciudad. La emisora provincial en escasos programas radiaba algunas bandas de aquella época.

En los años ochenta surgen grupos en Cuba que marcaron la escena del metal y de los que aún se comenta. Fue una época de muchas dificultades ya que el rock no era asimilado en su totalidad por los medios, un período de mucho trabajo y sacrificio. Dar un concierto implicaba una serie de gastos, y en la mayoría de los casos con instrumentos y audio en malas condiciones. Así se desarrollaron varios festivales de rock, algunos de los cuales hoy se han convertido en importantes eventos y en el que toda banda cubana desea participar.

A nivel internacional, a partir del heavy metal se dio paso al desarrollo de una cultura musical, reflejada también en lo estético y modos de socialización, desde donde comenzó a conformase la identidad metalera, sin deslegitimar al rock, pero reconociendo diferencias. ¿Cómo se vive en Holguín este proceso de disección entre el rock y el metal?

Sí, ese rompimiento y distanciamiento se reflejó aquí. Los que escuchaban metal se agrupaban entre ellos, y los del rock más suave como el hard rock, el glam, etc. también formaron sus grupos. Existía ese conflicto de que el verdadero rocker era el que escuchaba metal extremo. Se calificaba a los seguidores de otros sonidos más suaves como comerciales. Hubo sus conflictos, pero al final siempre nos llevamos muy bien. Los que escuchábamos rock, fuera la tendencia o subgénero que fuera, teníamos una gran unión y nos ayudábamos entre todos. Con los que escuchaban otro tipo de música como el break dance había sus confrontaciones, no era una buena relación. Siempre hubo conflictos y peleas. Era algo ya cotidiano ver una pelea de rockeros con pandillas detractoras del rock.

Los seguidores del metal, pues, se destacaban a simple vista por el modo de vestir, apariencia, comportamiento, la socialización. En general era muy underground el modo de ser de un metalero.

¿Cómo comienzan a reflejarse las tendencias más fuertes como el speed metal, el thrash, el death metal, el black metal, el doom?

En la década de los noventa comenzaron a llegar a Holguín rockeros de otras partes de la isla, al tener referencia del movimiento metalero que se estaba gestando en esta zona oriental. Estos rockers traían nuevas grabaciones de bandas desconocidas para muchos, bandas con sonidos más extremos, dígase death, thrash, doom, black que, de inmediato, comenzaron a gustar acá y ganar seguidores. La emisora local de radio lamentablemente no difundía estas tendencias tan fuertes. Estas bandas de metal más extremo estaban en un gran momento de esplendor. El thrash y el speed metal fueron en ese tiempo lo que más se escuchaba, tuvieron un gran fervor y la ciudad de Holguín se convirtió en referencia para toda la isla, la mayoría de las bandas cubanas querían siempre presentarse acá.

¿Qué circunstancias contextuales favorecieron o limitaron la creación de esta escena?

El rock en todos sus géneros y tendencias siempre ha sido considerado como una corriente musical contestataria, rebelde y nunca sujeta al control por ningún sistema económico y mucho menos político. Gran parte del rock tiene un enfoque social basado en la realidad del país de donde provenga una banda, denunciando, hablando de los problemas propios y destapando una realidad social que por lo general es injusta y desequilibrada. Muchas bandas a nivel latinoamericano y mundial se han consolidado a partir de su mensaje directo y sin pelos en la lengua, diciéndole a cada gobierno cómo destruye vidas por doquier y cómo nuestros países empeoran su calidad de vida, mientras unos pocos se enriquecen a costa del trabajo que pasa el resto de la población. Esto no es nuevo para ningún amante del metal que por lo menos lleve más de diez años inmerso en esta música, sea del país que sea.

Al comenzar a escuchar esta música, el rock, la gran mayoría sabíamos su enfoque social y su discurso lírico. Aquí fuimos rechazados por algunos sectores en aquella época, criticados, etiquetados de drogadictos, antisociales, extravagantes, con desviaciones sexuales.

En esa época la policía de aquí, en mi ciudad, le cortaba el cabello a los rockeros que encontraban en los parques. Esto lo presencié yo mismo. Fuimos mal mirados y vivimos momentos muy desagradables. Nos han convertido en el grupo de amantes de todo lo mal hecho. Hemos tenido que convivir muchas veces en el mismo ambiente que nos rechaza, haciendo una existencia contradictoria.

¿Cómo fue ayudando la relación entre los metaleros a conformar una cultura del metal?

Gracias a esa unión que existía entre los metaleros se llegaron a lograr grandes metas. Y muchos de estos metaleros trabajaban en sectores de la cultura y con duro batallar se consiguió realizar conciertos, peñas de rock, e hicimos ver a ciertas instituciones de la cultura que el rock, el metal, puede ser parte también de nuestra cultura. En Holguín existen, como en toda Cuba, diferentes movimientos, por así decirlo, con gustos variados dentro del metal. Esto es algo que va creando esa cultura metalera.

Las primeras bandas que se formaron acá fueron de metal extremo, desde los ochenta hacia adelante. Morbo, Destrozer, fueron agrupaciones que marcaron ese período; S.O.S., una agrupación que en aquel entonces hacía una especie de rock punk, tuvo muchos seguidores. Mephisto fue la primera banda en hacer black metal en nuestro país, a fines de los años 90, y marcó un inicio importante en la escena cubana. También teníamos más espacios para conciertos y peñas; eso favoreció que muchos rockers se trasladaran a Holguín. Recuerdo aquel primer festival que se organizó aquí en 1998, fue puramente de metal. Si en alguna medida las décadas de los ochenta y noventa en Holguín fueron intensas, se debió al compromiso de todos los rockers con la escena metalera.

Nuestra escena se forma o se construye como cualquier otra en cada rincón de la isla, por el amor, la pasión hacia esta música, el metal. La gran cantidad y variedad de bandas con las que hemos contado han permitido que se consolide una excelente escena. Varias publicaciones underground han motivado y han dado a conocerla. Se ha caracterizado por la unión, tanto entre bandas como público. Era impresionante ver la dedicación y vocación por el metal en medio de una época ciertamente adversa.

¿Cómo lograban la conexión con la escena internacional?

La conexión con la escena internacional fue muy amplia. Siempre a través de la correspondencia. Por este medio de las cartas contacté con muchas bandas, realizadores de fanzines, seguidores del metal de varias partes del mundo. Así, muchos en toda la isla pudieron entrar en contacto con la escena internacional. Si te llegaba una revista para estar al tanto de lo que realizaba tu banda favorita, pues circulaba de mano en mano, al igual que si te enviaban un casete, lo escuchábamos todos y lo compartíamos. Gracias a esta interacción con la escena internacional recibimos mucho material para escuchar y leer, informarnos. También a través de contactos personales con turistas y extranjeros que llegaban acá y a los que les gustaba el metal; siempre con riesgo de ser sorprendidos por las autoridades.

¿En ese tiempo había muchachas que seguían el metal? ¿Cómo se insertaban en la escena?

Sí, eran muchas las chicas seguidoras del metal, con las que podías entablar conversación sobre temas de rock y mostraban conocimiento. Había más libertad y locura. Ahora también se insertan, pero en su mayoría están más para los músicos y la onda grupi.1 Vas a un concierto y encuentras muchas chicas con sus escotes, vestidas de negro para resaltar… y al final, ni escuchan metal. Pero las hay metidas de lleno en la escena, fieles a este sonido.

¿Qué sitios frecuentaban en Holguín?

En la década del ochenta, los espacios eran pocos para escuchar nuestra música. Nos encontrábamos en casas de amigos, en parques a riesgo de ser reprimidos. En los noventa nos brindaron muchos espacios en la ciudad donde nos reuníamos para escuchar nuestra música; entre ellos, el Club Atlético, Club Cuatro Gatos, Discoteca Calle Habana, la Casa de Cultura, la Casa del Joven Creador de la Asociación Hermanos Saíz (AHS). Los sábados en la noche, en las actividades se ponía en aquella “guagua de la música” algún que otro tema de heavy metal. Desde hace algunos años el Gabinete Caligary se ha convertido en la casa de los rockeros en Holguín, centro que quieren cerrar en la actualidad.

¿Cómo han logrado mantener la escena?

No te niego que contamos con un sector del público que busca fuerza en la unión y siempre insisten en el tema del apoyo a la escena nacional, y con mucho trabajo y esfuerzo responden como pueden. Sin embargo, hay otro sector que por desgracia es bastante numeroso y bajo un manto y una consigna esconden una mala actitud, criticando y dándole de lado a nuestra escena, con malos comentarios. En relación con años anteriores, las bandas se han superado y la exigencia es cada vez mayor. Han salido grupos con muy buenas propuestas. En años anteriores todo era más sencillo, pero a pesar de las dificultades, se tocaba con el alma, con lo que hubiera. El tema era sencillamente tocar. Aunque por supuesto, todo evoluciona con el tiempo. Hoy contamos con una Agencia Cubana de Rock, pero lamentablemente está en la capital y apadrina las bandas de su ciudad, ¿y las restantes bandas del país?

Antes existía más acercamiento entre grupos, lo cual se aprecia menos hoy. Pero a pesar de esto nuestra escena se ha mantenido y pienso que perdurará mucho más, así lo ha demostrado el tiempo. Holguín siempre ha sido la capital del metal en esta parte oriental de Cuba.

¿Por qué a pesar de la diversidad musical de Cuba, el metal también entra para quedarse y formar nuestra cultura?

La conexión con la escena internacional fue muy amplia. Siempre a través de la correspondencia. Por este medio de las cartas contacté con muchas bandas, realizadores de fanzines, seguidores del metal de varias partes del mundo. Así, muchos en toda la isla pudieron entrar en contacto con la escena internacional. La música como expresión artístico-cultural es un producto de las condiciones generadas en la sociedad. El rock surgió de determinados conflictos sociales, y aún hoy se rige bajo estos signos. Como en todas partes, aquí también la juventud de la época buscó en esta música una forma, un modo de expresión, de identificación. La temática de las letras jugó su papel. A los jóvenes de la época que comenzaban a escuchar el metal, época algo rebelde, les atrajo siempre esta rebeldía que se manifestaba en cada agrupación metalera. Teníamos nuestros ideales y visiones, esta música y su cultura nos permitían ser de un modo más contestatarios.

¿Cómo crees que pudiera evolucionar la cultura metalera en las condiciones actuales? ¿Qué recomendaciones harías?

La escena actual cubana no está en su mejor momento. Es cierto que contamos con un buen público que acude a los conciertos, pero se necesita mucho más apoyo, hay que identificarse con las bandas. He tenido la oportunidad de escuchar muchísimos discos de bandas extranjeras, producidos por sellos reconocidos internacionalmente, y créeme que no exagero cuando digo que su propuesta queda por debajo de muchas de las nuestras.

En Cuba, algunas agrupaciones se han profesionalizado y al no vender se han visto en la obligación de elaborar un repertorio comercial para poder tener una entrada económica. Es lamentable que suceda esto.

Se ha formado una gran cantidad de bandas, pero la mayoría no llega a consolidarse por todas estas cuestiones: no poder adquirir instrumentos, no tener dónde ensayar ni grabar con calidad y a un precio justo. Siempre hay miles de dificultades y obstáculos.

Contamos con muchos festivales nacionales a lo largo de toda la isla, al igual que con festivales internacionales que nos traen muchas bandas de un espectro musical muy variado. Hay que trabajar aún más en la organización de estos eventos.

En varias ciudades existen algunos programas radiales que le dedican una pequeña sección o espacio al rock, pero son pocos. Y en la televisión es muy escasa la promoción y difusión. Hay algunos programas, pero en su mayor porciento lo dedican a lo internacional. La prensa escrita no da la suficiente información.

Ya con el transcurso de los años, algunos sectores se han abierto un poco, pero quedan ciertas instituciones que aún mantienen una postura negativa con respecto al rock. La Asociación Hermanos Saíz sí ha apostado por la escena cubana. Esta institución ha apoyado y organizado muchos conciertos, festivales y otros eventos dedicados al rock en Cuba.

¿Cree que la escena es un medio fundamental para mantener viva la cultura del metal en Cuba? ¿Por qué?

Mira, pienso que si no fuera por esta escena, la cultura cubana estaría en pésima forma. Y no solo la escena del rock. En todas las ramas de la cultura cubana existe un sector al que bien podríamos llamar underground, ya sea dedicado a la trova, hip hop…La cultura se transforma y se mantiene en un país mediante la generación de subculturas que provocan un intento de cambios.

La escena cubana metalera se encuentra hoy con muchas más posibilidades que hace algunos años atrás. Hay que ser objetivos, valorar, construir y no destruir. Todas las bandas deben estar unidas sin importar la tendencia del metal que desarrollen porque, al final, esta es una lucha en la que todos estamos involucrados.

 

Nota

1. Seguidoras de una banda que eligen tener relación con varios de sus integrantes.

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