Actualizado el 3 de abril de 2017

Yoss:

El escapismo solo preocupa al carcelero

Por: . 31|3|2017

Este hombre con ropa de camuflaje, melena y botas, confiesa parecerse mucho a sus personajes, pero jura ante lectores paranoicos que nunca ha sido ni un caníbal ni un suicida.Sucedió el mismo año en que una mujer estéril de Long Beach dio a luz tras la implantación de un óvulo fertilizado en otra mujer. Sucedió en el año de la muerte de Johnny Weismüller, campeón olímpico de natación y el actor que encarnaría con mayor éxito el personaje de Tarzán. Sucedió en el año del primer trasplante de corazón en España y cuando la cosmonauta rusa Svetlana Savitskaya realizó su “caminata” espacial.

Sucedió mientras una parte de los terrícolas se regocijaba con los gorjeos puberales de Madonna “Like a virgin”; y en Nairobi mostraba su figura un esqueleto humano de 1.600.000 años. Sucedió el mismo año en que llegó la corriente eléctrica a Punta de Maisí. En ese año, 1984, José Miguel pensó que la ciencia ficción, en Cuba, se había terminado.

En ese momento tenía quince años y era un lector voraz del género. Después de recorrer varias librerías, su padre supo que sería un verano atípico. Durante los próximos meses no habría novedades bajo el rótulo de ciencia ficción y fantasía. José había leído todos los títulos en venta. Parecía el fin del mundo. Parecía el fin —recuerda el hijo, varias décadas y libros después.

La ecuación pudo ser distinta de haber vivido en otro lugar, pero José Miguel Sánchez creció en Cuba y ese mismo año, el año de la distopía orwelliana, comenzó a crear sus propias historias para convertirse luego en “Yoss”, autor de títulos como Los pecios y los náufragos, Se alquila un planeta, Al final de la senda y Condonautas.

“El fantástico tiene una característica muy importante y es que la diferencia entre el público y el creador es muy pequeña. A menudo, los creadores fueron un público entusiasta que un día decidieron escribir lo que tanto les divertía.”

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Parecen muchos pero son apenas 30 ó 35 autores. Son amigos. Publican bastante. Organizan talleres. Entran en un espacio a veces mirado de soslayo por la crítica. Escriben ciencia ficción. Escriben ciencia ficción en Cuba. Confluyen a lo largo de dos décadas en la Colección Ámbar, protagonista de la tercera etapa de auge del género fantástico en Cuba.

“Si en los 60 autores como Miguel Collazo y Ángel Arango protagonizaron la Edad de Oro; y en los 80, la etapa del Premio David y el de la revista Juventud Técnica, la hemos llamado la Edad de Plata, con autores como Daína Chaviano y Agustín de Rojas; entonces esta tiene que ser la Edad de Platino”, nos dice Yoss.

Lo cierto es que comienza con este siglo la recuperación del espacio editorial cubano, después del impacto del Período Especial, donde el género fue navegando tímidamente en ese ámbito, del 2000 al 2007.

“Lo que había existido en los 80 con la Colección Suspenso de Gente Nueva, se retoma luego con Ámbar, especializada en el fantástico y en el policíaco. Los que ya hemos publicado allí, buscamos y proponemos nuevos autores. En ese conjunto coexisten tres generaciones de escritores.”

Y aunque la presencia de autoras ha sido reivindicada a nivel mundial, en Cuba todavía son minoría las mujeres dedicadas esa zona de la literatura.

“Es muy fácil decir al pasar de los años, yo no pequé de eso, pero no podemos olvidar que este es un país machista leninista. Cuando empecé a escribir se hablaba de la ciencia ficción rosa para referirse a la obra de ciertas escritoras.

Desde el principio tuvimos a grandes maestras como Daína Chaviano y Chely Lima. También hubo muchas que escribieron apenas uno o varios cuentos y fueron aplastadas por el machismo literario.”

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Detrás del último coletazo de los 70, estaban él y su generación. Una generación que recuerda esos tiempos donde era muy difícil conseguir un libro de ciencia ficción o una película, los años del reinado del video Betamax. Para Yoss resulta encantador ver ahora la facilidad con que la gente comparte contenidos, la increíble retroalimentación que hay entre los autores y sus públicos.

“Los lectores jóvenes están mucho más al tanto de lo que se publica en el mundo de lo que estaban los lectores e incluso los escritores de ciencia ficción de los 80. Y eso es gracias a la maravilla de los libros digitales, pirateados por supuesto; a la circulación del audiovisual, el anime japonés, o las series de Netflix y HBO.”

También sabe que existe una generación distinta a la suya, que se ha acercado al fantástico desde el hecho visual y luego ha llegado a leer los libros.

“Hay quien conoce los capítulos de Naruto, ha visto la serie de televisión producida por Frank Darabont y basada en el cómic homónimo de Robert Kirkman, The Walking Dead; o la popular serie Juego de Tronos, creada por David Benioff y D. B. Weiss; y solo al cabo de varios años descubren a Julio Verne.”

Y tal parece que ese entusiasmo, no por retroactivo resulta menos contagioso.

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“Para un cubano sin conectividad, pensar en una blognovela o en twitteratura, es casi como hablarle a un ciego de teoría del color. Uno no lo ve pero sabe que existe”, afirma este escritor que ha comenzado a incursionar en el formato de libro-huevo, un avance mínimo de lo que luego traería Internet.

(Recordemos que esos libros presentaban un contenido más interactivo antes de que hubiera gráfica y programación suficiente. El lector podía escoger qué página leería luego, según fuera su interés de modificar la narración.)

“Mi editor me dice que el espacio lógico para una novela como esta es Internet pero en Cuba todavía ese es un sueño mayor. Yo pienso que la verdadera literatura es la que leen los lectores. Si un escritor hace una obra maravillosa que solo puede disfrutar él y tres o cuatro amiguitos de la capilla, eso no es literatura.

“Poco a poco la conectividad está aumentando en este país, mucho más lento de lo que quisieran los jóvenes y mucho más  rápido de lo que quisieran los viejos. Pero es un proceso indetenible.”

El escritor tiene que surfear encima de la ola de lo moderno no sea que llegue el tsunami de la modernidad y lo revuelque, estar al día con las nuevas tecnologías pero sin obsesionarse con ellas, refiere el autor de Leyendas de los cinco reinos y Tropas auxiliares.

“Las blogonovelas pueden devenir fenómenos virales y es gracioso porque cuando se hacen muy populares se convierten en libros. Y se leen como libros en el soporte tradicional, que sigue siendo el espaldarazo, la legitimación perfecta de cualquier esfuerzo literario.”

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En la actualidad, la ciencia ficción y el género fantástico se han convertido en un material indispensable para resistir la realidad. Y por lo tanto, la realidad deviene materia prima para la fabulación. No se puede resistir lo cotidiano sin soñar. No se puede enfrentar nuestra realidad sin la capacidad de mirar más allá, precisa él.

“En cierto momento de nuestra historia prevaleció la idea de la literatura como herramienta. Era más importante construir el socialismo, la lucha diaria, eso de estar pensando en el futuro resultaba demasiado conflictivo. En ese molde no se insertaba la literatura de ciencia ficción. Cómo era eso de que en el siglo XXIV iba a existir el capitalismo cuando el mundo sabía que al capitalismo le quedaba 9, 8, 7, 6, 5…” afirma Yoss.

El tiempo ha demostrado que el fantástico también sirve como pretexto para mirar el pasado y proyectar el futuro. Sirve para pensar en la historia, dice. “Pensar que va a ser de nosotros dentro de diez años, que sería de este mundo si en la batalla naval de Santiago de Cuba hubiera ganado el Almirante Cervera y no la flota norteamericana. Si Antonio Guiteras no hubiera muerto en El Morrillo.”

Yoss habla de la capacidad de analizar el mundo, de revisar posibles cartas escondidas en el discurso de la Gran Historia.

“Esa noción es importante y creo que la nueva generación la tiene incorporada porque si la ciencia ficción es escapista, el escapismo solo le preocupa al carcelero. Hay que generar en la gente la afición por el futuro. Son ellos quienes lo van a construir.”

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Un día de 1984 José Miguel encontró la coartada perfecta para travestirse. Desde entonces no se ha detenido en la escritura. Y cuando no escribe busca posibles historias en cualquier lugar, hasta en una película rusa de ciencia ficción o en otros libros, o sueña que recorre los sitios exactos donde estuvieron Dizzy Gillespie y Louis Armstrong en Nueva Orleans. O canta rock. O escucha a Aerosmith. O deja algún comentario en la web de alguna banda de heavy metal apenas conocida pero que ha seguido durante años.

“Conozco a escritores que les gusta haber escrito en vez de escribir, disfruto mucho el proceso de crear. No me imagino sin la escritura. Si he logrado entrar en editoriales extranjeras ha sido publicando mucho en Cuba, escribiendo aún más.”

Hoy su única preocupación es tener la libertad de contradecirlo todo, hasta a sí mismo. Ser consecuente con el precio de esa libertad. Yoss dedicada mucho tiempo a la escritura. No bebe alcohol ni fuma. Y aunque pocos lo crean, detrás de su apariencia de rockero trasnochado hay también un bailador de salsa, un aficionado a la ópera. Mientras trabaja en la novela El umbral de los dioses, recibió la noticia de que su libro Super Extra Grande es finalista en el Concurso Internacional Philip K. Dick, uno de los certámenes más prestigiosos que tiene como eje la narrativa fantástica.

Hoy su única preocupación es tener la libertad de contradecirlo todo, hasta a sí mismo. Ser consecuente con el precio de esa libertad. Yoss dedicada mucho tiempo a la escritura. No bebe alcohol ni fuma. Y aunque pocos lo crean, detrás de su apariencia de rockero trasnochado hay también un bailador de salsa, un aficionado a la ópera.

Este hombre con ropa de camuflaje, melena y botas, confiesa parecerse mucho a sus personajes, pero jura ante lectores paranoicos que nunca ha sido ni un caníbal ni un suicida.

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