Actualizado el 9 de abril de 2017

Lester Hamlet:

¿Lucas? A mí los premios ya me dan lo mismo

Por: . 24|3|2017

Lester Hamlet: Si hubiera sentido el hambre o el cansancio y no la satisfacción que me hacía cantar entonces, yo no sería un cineasta.Lester Hamlet acaba de cumplir cuarenta y seis años. El día de su aniversario, un domingo soleado en que yo venía de regreso, lo encuentro en la terraza de su apartamento en la Habana Vieja tendiendo la ropa que acababa de lavar. Hay un gesto de humildad, o de extremo cuidado con su trabajo, que borra cualquier vestigio de la pose afectada que algunos le achacan. No hay fiesta ni demasiados amigos en su casa ese día. Solo dos o tres íntimos y su pareja. Yo le digo que no quiero ser inoportuno y él me despeja la duda con gesto natural. En un segundo deja de atender sus quehaceres domésticos y conversamos sin apremio hasta que no tuve más ganas de preguntar.

¿Lester qué te parecen los videos clips hechos por los más jóvenes?

Hay de todo tipo. Si algo veo yo que sucede ahora mismo es que hay mucha pluralidad. Es que la digitalización de la tecnología con la que se hace los audiovisuales permite una mayor diversidad, prostitución…

Democratización

Promiscuidad, intereses que van más alejados de lo cultural, de lo artístico.

¿Pero te parece bien o mal?

Creo que tiene que ver con los tiempos que corren. Tiene que ver con algo, que parece lejano pero no lo es, como que el Presidente de los Estados Unidos sea Donald Trump. Un personaje del mundo empresarial y del espectáculo. La sociedad se va comercializando más y los intereses económicos imperan. Cuando yo empecé a hacer videos clips me gustaba mucho porque era una apuesta estética siempre riesgosa y diferente…

¿Consideras que ya no es así?

En demasiados casos la gente se conforma con tener muy poco y lo consideran videos clips. No hay un concepto estético de base, los mecanismos de promoción cada vez más son alternativos y menos selectivos. También se da el tema internet, que viene con una fuerza increíble y en algunos casos con una visibilidad mayor que la televisión en escenarios internacionales, y dentro de poco en Cuba… Cuando tú subes un video en internet, todo el mundo puede verlo pero nadie puede cuestionarlo. Cualquiera lo graba, lo termina y lo sube. No hay una disquera que lo produzca y que vele por la calidad de sus contenidos. No pasa por otros filtros más allá de lo pago, lo produzco y lo subo.

Ahora todo el mundo hace una canción, suponen que será un hit, y hacen unos videos con unos planos en una cabina de esas que tienen cartones de huevos, lo ponen en blanco y negro o en sepia y dicen que es un video clip. Y yo creo que un video clip es mucho más que eso. Es verdad que es un producto publicitario, pero debe tener una hondura para llegar al espectador y motivar zonas del pensamiento y la observación que de alguna manera te lleven a desear consumir ese producto.

La gente se está conformando con cualquier artículo de promoción donde se pueda escuchar la música. Se ha debilitado la tendencia en la que el clip asumía un rigor estético. Hay casos aislados; de ahí escapa, por ejemplo, Joseph Ros, porque veo en él inquietudes creativas. Quizás Pepe Rojas, en cuyas propuestas veo un concepto estético; a lo mejor se reitera un poco pero hasta yo caigo en eso. Todavía hay quien utiliza el género para hacer arte o para crear. Y otros muchos que ya no. Al final la historia es la que decanta.

¿Se puede hablar de un clip de autor en Cuba?

No. No funcionaría dentro de los propósitos mismos del clip.

¿Por qué?

Porque un clip no tiene que promocionar al director sino al intérprete. Si el director intenta lucirse o hacer una obra de autor a través de varios clips…

Pero

Luis Alberto García e Isabel Santos

Es que aquí no vive Michel Gondry. No conozco a nadie de su talento en este país. Y entender una obra de autor con resultados y experiencias tan irregulares no te establece una obra de autor. Tal vez podríamos decir que haya clips que sean obras de arte.

Yo creo que tanta penuria económica y tantas necesidades dentro del sector de la cultura y la realización audiovisual, es lo que ha determinado que miremos y atendamos los videos clips desde una perspectiva crítica. En ningún lugar del mundo un clip es tan cuestionado. Solo son cápsulas comerciales.

Obviamente hay genios y obras específicas. Por ejemplo, no puedo dejar de nombrar un video como el que Fernando Pérez (“Canción fácil”) le hiciera a Haydee Milanés, en un tema de Marta Valdés. Es realmente una obra de arte. Pero Fernando Pérez es un gran artista. Él apostó por el género y eso es bello.

¿Cómo te relacionas con los mecanismos alternativos de distribución y promoción?

No los entiendo, les doy la espalda. De eso se tiene que ocupar otro. Estamos hablando de promoción en el 2017, cuando en muchas partes del mundo hay una plataforma básica, fíjate, bien básica, que se llama internet. Todavía aquí, aunque avanza, no es suficiente. Entonces eso influye en la competitividad, porque no compartes las mismas plataformas de promoción que otros.

¿Y El Paquete?

Yo lo que tengo con El Paquete es una lucha. Llevo cuatro meses con mi película escondida en una gaveta de la casa y no la presto ni se la doy a nadie porque lo que tengo es pánico de que llegue ahí.

¿Pero tan así? ¿Pánico?

Claro, porque si llega al Paquete no voy a lograr el objetivo para el cual yo la hice.

¿Qué es?

Que la gente vaya a verla al cine. Yo hago películas para contar una historia, pero además para que la gente disfrute en comunión dentro de un cine. El cine es un espectáculo. Y ese espectáculo solo se convierte en eso cuando se ve en una sala con otros espectadores. Cuando mi emoción está compensada por la de los otros. Para mí, es así como debe ser.

¿Estás consciente de que te pudieras estar convirtiendo en un romántico?

Soy un romántico empedernido y no quiero renunciar a eso. Es mi naturaleza.

¿Y con los Lucas cómo te llevas?

Mal.

¿Tan mal?

Respetuosamente.

¿Crees que existe una fórmula “Lucas”?

Tiene que haberla. Y a mí los premios ya me dan lo mismo. No voy.

¿No vas?

"Quedé satisfecho. A mí me cuesta un poquito de trabajo hablar de eso, porque hay una parte que a veces me hace suponer que luzco como muy ególatra o vanidoso, pero la verdad es que la película resultó mejor de lo que yo pensé. Era una película a la que le tenía mucho miedo, aunque esa misma sensación me hizo querer hacerla. Fue una película difícil."No. Ya dejó de interesarme. Me interesa que algún video mío gane premios por lo que significa para el músico al que promocioné, pero para mí ya no. Mira, en otras etapas de la madurez de mis cuarenta y seis actuales años, cogía unos berrinches… Y sentí que fueron injustos demasiadas veces, que no cuidaron mi obra y no la valoraron de la manera que se debió haber hecho, así que un día me dije: No puedo seguir pensando que mi video no quedó bien porque a seis personas no les gustó.

Luego, también yo he sido jurado. No de Lucas pero sí de varios eventos, como Festivales Internacionales de Cine, Muestra de Jóvenes Realizadores, concursos de la Asociación Hermanos Saíz, Festival de Cine Pobre y también sé que no somos absolutamente justos los jurados. Y en esa misma medida dejé de creer en los premios.

¿Pero creíste alguna vez en los premios?

Sí, como no, cuando yo era jovencito me encantaban… Tenía mi colección de Lucas y todos los años los contaba. Y una vez me pasó una cosa de la que hoy me sonrío. El problema fue que tenía ocho premios y se me rompieron tres. Fui a hablar con Cruzata y todo, para que me diera el contacto del artesano que los hacía para reponer mis tres burros. Porque yo decía: ¿Cómo voy a tener cinco nada más si me he ganado ocho? Hasta que un día, cuando tenía catorce, me cansé y los boté. Eran demasiados ya. Pero, fíjate bien, yo apoyo el movimiento.

¿Te parece valioso el fenómeno “Lucas”?

Claro que sí porque todos le debemos algo a Lucas. La primera vez que yo tuve un staff y la primera vez que dije “acción” en mi vida, fue haciendo un video clip. Si la gente empezó a saber que había una persona que se llamaba Lester Hamlet, fue por los videos clips. A muchos de nosotros los videos clips nos pusieron una cara ante el público. Hay que mencionar a Rufo Caballero, porque empezó a desmenuzarle a la gente el fenómeno.

Claro que apoyo el movimiento, pero preferiría que un día digan: A Lester Hamlet no lo vamos a premiar más. A Arturo Santana no lo vamos a premiar más. Ni a Rudi Mora. Ni a Cruzata. Ni a Alejandro Pérez. Ya ellos están hartos de Lucas. Me encantaría.

Aunque no puedo decidir que mis videos dejen de ir a concurso porque los músicos necesitan de esa promoción, tal vez no porque les interesen los premios, pero les es necesario. Y estar en el concurso nos da publicidad. Porque a lo mejor ya yo no creo en los premios pero un músico sí cree que llamarme para trabajar porque soy un director ganador, va a hacer que su video sea mejor. Y por eso me llama a mí y no a un desconocido. Quizás ese desconocido viene con una propuesta mucho mejor que la mía, pero él quiere ir al seguro.

¿A qué artista le harías un video clip sin pedirle nada?

A muchos se los he hecho.

Sí, pero uno que te llame ahora mismo, y bien no haya empezado a hablar ya tú le estés diciendo que sí…

Silvio Rodríguez. Silvio para mí es lo más grande. De los honores más importantes que he tenido en mi vida, y mira que he hecho cosas, fue estar en mi casa y recibir una llamada (Lester se pone la mano en forma de teléfono y dramatiza): Lester? Soy Silvio. ¿Silvio? ¿Qué Silvio? Rodríguez… Me quedé tieso y entonces me invitó a hacer la gira por las cárceles. Y luego pedirme que le dirigiera un concierto en el Karl Marx y le hiciera un DVD con ese material.

Después de eso tal vez empezaron a dejar de importarme otras muchas cosas. Por el respeto que le tengo a él, a su obra y lo que ha significado eso para todos nosotros. Y por ahí mismo entra Pablo (Milanés); Santiago Feliú, con quien tuve el placer de trabajar y hacerle “Marionetas de Cupido” porque me dio la gana… O a Leoni Torres, a quien le hice “A dónde vas”, porque me dio la gana. Todo depende. También hay otros que me tendrían que pagar mucho para que yo me decida a hacerles un video clip. Porque sí, los tengo que asumir como trabajo y tengo que encontrar la motivación en otra cosa y no en la canción.

¿Cuéntame de la película Ya no es antes?

Estamos en promoción. La película está invitada al Festival de Chicago, a finales de marzo y principios de abril. En eso ando por estos días. Iniciando el recorrido.

¿Quedaste satisfecho?

Sí, quedé satisfecho. A mí me cuesta un poquito de trabajo hablar de eso, porque hay una parte que a veces me hace suponer que luzco como muy ególatra o vanidoso, pero la verdad es que resultó mejor de lo que yo pensé. Era una película a la que le tenía mucho miedo, aunque esa misma sensación me hizo querer hacerla. Fue muy difícil.

¿Miedo?

Ya no es antesSí, porque es una película que a nivel de propuesta era muy austera. Solo dos actores, en tiempo real, en un único espacio. Entonces, como fórmula te darás cuenta de que no es muy cinematográfica, porque tienes a dos personas actuando como si la vida fuera eso. Tienes a dos personas moviéndose dentro de un mismo espacio, sin elipsis, nada ocurre dentro de un rato, ni dentro de diez minutos ni hace un mes. Todo es como si fueran noventa minutos reales. Eso me asustaba… y en verdad, son dos actores con los que estás trabajando un tiempo antes, es todo un equipo con el que preparas algo y lo ejecuta durante dieciocho o veinte días… y por tanto debía tener una precisión quirúrgica. Tenía miedo de que algo no fuera a quedar bien porque cualquier cosa podía dañar la verdad que yo quería contar. Por ejemplo, un pelo que cayera en otro lugar te hacía darte cuenta de que eso lo habían filmado en otro momento, un objeto que quedara fuera de lugar, una barba más larga, un maquillaje distinto, una mirada mal hecha hubiera roto el encanto.

Es una película de muchos detalles. También de mucho diálogo, y se complejiza el asunto porque la acción dramática ocurre desde los diálogos, y no hay acción concreta a nivel físico salvo el desplazamiento o la puesta en escena que yo logré inventarme para crear esa sensación de veracidad.

Hasta ahora es mi película más difícil, porque en esta no hay truco, solo dos actores. Siento un placer enorme en que sean Isabel Santos y Luis Alberto García. Por todo lo que eso significa. Si Mayra y Esteban (los personajes) hace años que no se veían y no conversaban y no sabían uno del otro; Isabel y Luis Alberto hacía años que no actuaban juntos, que no tenían esa relación delante de una cámara. Fue muy significativo para mí.

¿Aprovechaste eso?

No directamente, pero es que los personajes que ellos han sido, están en la memoria del pueblo. Fíjate si es así, que en el estreno que hubo para este reciente Festival de Cine Latinoamericano, yo presenté la película de esta manera: Muchas gracias a todos por estar aquí para ver a Isabel Santos y a Luis Alberto García amándose por cuarta vez… Y es que han sido cuatro veces pareja en el cine. Como si el trabajo de ellos en Clandestinos no hubiera sido suficiente, que yo creo que sobradamente lo es, también fueron inolvidables en Adorables Mentiras y en La vida es silbar. Entonces, ya ellos venían con una historia de amor, de transformación física, de adultez en la pantalla, que a lo mejor los espectadores de cualquier otro país no lo sienten tanto como nosotros, por supuesto, pero para el público cubano es un placer y un redescubrimiento verlos juntos.

¿Pudiste comprobar eso?

Recuerdo la función del Yara durante el Festival, cuando subí al escenario después de que el presentador nos anunciara, y yo a mi vez invité a subir a Isabel y a Luis Alberto…  Amén del aplauso que les dio el público, cuando ya ese aplauso acampó, de allá del fondo de la platea, una señora gritó: “¡¡Luis Albertoooo, voy a entregar a Nereida viva!! ¡¡No quiero mentiras después!!”; y aquel cine volvió a caerse por los aplausos. Fue muuuy emocionante la manera en que el público reaccionó y se comportó. Eso me dio la medida de lo importante que es para los espectadores verlos juntos.

Estás contento, se te ve en la cara.

Lo estoy, no me da pena decirlo ¿Tú sabes lo que significa tener la fotografía de Raúl Pérez Ureta? Tienes que saber que pasaron siete años, desde la época en que yo iba a hacer la película hasta que la hice. Y en ese tiempo yo pensé que no lo iba a poder hacer con Raúl.

¿Qué pasó?

Se demoró el ICAIC. En esos años, Raúl enfermó y tuvo una operación muy delicada a corazón abierto, y yo temí y me dije: Ño, me quedé sin trabajar con Raúl. Era algo que yo deseaba mucho. Así que cada día que yo tenía a Raúl Pérez Ureta fotografiando la película, era un privilegio. No solo por el maestrón que es, sino porque hubo un momento en que pensé no sería posible realizar ese sueño mío. Y lo fue.

También pude volver a contar con Harold López Nussa en la banda sonora, Vivian del Valle en la dirección de arte. Todos esos factores hacen que esté muy orgulloso del filme; pero que, al mismo tiempo, haya tenido mucho miedo. Aunque, confieso, estoy muy feliz con el resultado.

¿Qué esperas de la película?

Que emocione y suceda como pasa con algunos de mis filmes anteriores, donde la gente se siente reconocida en los personajes. Espero que se vean reflejadas verdades. Es importante que la gente sienta lo que sentimos nosotros: dolor, desgarramiento, disciplina, respeto, conciencia de lo que estábamos hablando. No es un filme de ciencia ficción. No es una película que hable sobre un conflicto no comprobable o irreal. Es una película que habla de dos cubanos, en el 2017, ella exiliada en Estados Unidos, él habitando todavía en Cuba, que fueron novios y se reencuentran. Esas realidades ocurren cada día. Eso determinó que había que ser muy honesto.

¿Podríamos decir que estás obsesionado con el tema de las distancias y los desgarramientos que ellas traen?

A lo mejor sí, pero no a un nivel consciente. Eso que tú me estás preguntando forma parte de ser cubano. En un inicio, aquí el exilio se veía como la muerte. Yo recuerdo cuando mi papá se fue del país, en el año 80, pensé que nunca más lo iba a volver a ver. Era tan terrible, casi como ver morir a una persona. Claro, hoy esas distancias se han acortado, pero el momento no de reencuentro sino el de la separación de estos personajes, cuando ellos podían suponer que no iban a verse más…

A lo mejor un poco Casa Vieja tiene ese tópico del que regresa, y es la mirada de Esteban sobre la familia; ahora regresa Mayra. A lo mejor es una obsesión, digamos que me he obsesionado con eso cada día de mi vida. Desde mi familia hasta mi entorno más cercano. En todas las casas que conozco falta alguien a la mesa. Unos se han muerto, otros se han ido. Otros se han ido y parece que se han muerto. De manera que el exilio es uno de los fenómenos primordiales para entender la sociedad cubana.

¿Qué proyecto estás incubando?

Tengo varios. Unos un poco más pequeños. Estoy terminando un video clip para Tony Ávila; otro video clip para Yaima Sáez. Estoy proyectando uno para Waldo Leyva… A la vez estoy pensando en un nuevo largometraje que tiene por título Compota. Es una comedia negra sobre La Habana y un mundo un poquito marginado de la sociedad. También estoy pensando mucho en un biopic que tengo escrito sobre Bola de Nieve.

¿Cuál es el argumento de Compota?

Humm…

Aprovecha para dar la primicia…(risas)

Compota tiene que ver con un momento de Cuba, digamos años noventa y algo, que hubo una crisis tremenda con los alimentos y todo estaba muy controlado.

Esa es la historia de nuestras vidas…

Sí, pero yo te hablo de que ahora mismo tú andas con una caja de compotas por la calle y pudiste haberla comprado. Pero en aquel momento, una persona que anduviera con seis compotas que llevaba para su pareja, a la que por problemas de salud le habían recomendado tomar compotas, y al ser mayor de edad no tenía cómo justificar dónde las había comprado porque solo se vendían para niños en la red de alimentos normados… Esta situación desencadena una serie de sucesos que arman la historia. Cuenta hechos reales, no con intención documental sino desde la ficción; eso le sucedió a un amigo mío y estoy escribiendo el guion con Fabián Suárez, el director de Caballos.

¿Qué recuerdo tienes de tu época en el teatro?

La pasión. El teatro te educa sobre todo en la necesidad del sacrificio. Es un arte donde hay que lograr las cosas día a día, en condiciones que la gente ni se imagina. El teatro no es el cine, donde tú te preparas, ensayas y todo, pero realmente es un ratico; vas, filmas tu escena y eso queda para siempre. En el teatro puedes estar semanas, meses, ensayando; y termina la función y no quedan recuerdos de eso. Es un juego con lo efímero, y la recompensa es tan inmediata y tan simple como el aplauso o como la energía con el espectador, la adrenalina… Eso es lo que me da el teatro: el recuerdo de eso. Siempre quiero volver al teatro.

¿Te atreverías a volver al teatro?

Hace algunos años estoy pensando hacer un fenómeno al revés con una obra que se llama Closer,que es un guion de teatro y de ahí sacaron una película. Yo quiero hacer eso aquí, es un sueño que tengo hace tiempo por realizar…

Siempre estoy loco por volver a montar algo para teatro. El teatro es la casa. Me dio el respeto, la disciplina, el trabajo con los actores. Me dio todas las herramientas. Todo se lo debo al teatro.

Si pudieras cambiar algo del audiovisual cubano ahora mismo, ¿qué cambiarías?

Ya no es antes cartelLa ausencia de una Ley de Cine. Cambiaría a muchos de los directivos que rigen el mundo del audiovisual. Cambiaría la centralización de los recursos para hacer el cine. El precio del cine es algo que también debería cambiar. Me parece ridículo que se trabaje tanto para que las personas paguen un peso o dos para ir a ver una película cuando ni con la sala llena alcanza para el salario de los que trabajan en las instituciones. El cine tiene que empezar a autofinanciarse. El cine tiene que empezar a tener un sentido industrial y productivo. El cine no puede ser visto solamente como una necesidad de la sociedad cultural. El cine es entretenimiento, y si dentro de eso hay una serie de valores y de principios con los que tú trabajes y que sostengan tu obra como artista, entonces perfecto… Pero el cine es para entretener, para hacerle pasar un rato a algunas personas que pagan una cantidad de dinero por entrar a un local a ver ese espectáculo. Como mismo lo pagan por ir al teatro o por ir a otro tipo de espectáculo en vivo. Esas son las cosas que cambiaría.

Si yo fuera un joven director de cine y te pidiera que me dieras un consejo, el más cruel.  ¿Cuál me darías?

A los jóvenes artistas hay que entrenarlos en el sacrificio. Nadie te regala nada. Porque tengas dinero y una cámara no quiere decir que puedas hacer una película. Eso no alcanza. Para hacer una película, lo primero que hay que tener es la infinita voluntad de lograr hacer la película. Una película es importante para uno porque te cuesta muchísimo trabajo. Cada pequeño detalle cuesta mucho. Si no entiendes que hacer una película es el centro de tu vida no te dediques a eso, porque no es verdad. A hacer películas se va con todo y se sale sin nada.

Te voy a contar una historia pequeña… Yo terminé Casa vieja el último día que ya no podía más. Terminé la mezcla en Nuevo Vedado, allá lejísimo. Y yo salí de ahí feliz, con una película terminada, y no tenía un peso para virar a mi casa, ni un solo peso. Y yo me fui tan contento cantando desde allá, desde el Zoológico, y bajé por 26 y después por 23, y seguí hasta el malecón y seguí caminando y caminando y yo iba tan feliz, sin un kilo, con tremenda hambre, pero con una película terminada… Si hubiera sentido el hambre o el cansancio y no la satisfacción que me hacía cantar entonces, yo no sería un cineasta.

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