Actualizado el 19 de junio de 2017

«Transformar el sistema de comunicación no depende solamente de los periodistas»

Por: . 14|6|2017

Raúl Garcés Corra pareciera demasiado joven para ser Decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de la Habana. Nunca antes alguien tan fresco y audaz había tenido la inmensa responsabilidad de gestionar procesos académicos, administrativos y estudiantiles en una de las sedes históricamente más creativas e inquietas de la UH.Raúl Garcés Corra pareciera demasiado joven para ser Decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de la Habana. Nunca antes alguien tan fresco y audaz había tenido la inmensa responsabilidad de gestionar procesos académicos, administrativos y estudiantiles en una de las sedes históricamente más creativas e inquietas de la UH. Heredero de la impronta de Julio García Luis -aunque muchísimo más pragmático- Garcés intenta poner al día a la práctica política con la reflexión académica desde la universidad cubana. Asimismo, es un entusiasta cómplice de sus alumnos y cuando su pequeño hijo le deja un minuto para sí mismo, entonces recuerda sus mejores tiempos como periodista radial o analista de política internacional de la televisión. A veces confiesa que le gustaría  volver a esos días. Muchos, entre los que me incluyo, esperamos ansiosos.

Esta entrevista tiene más de dos años. Desgraciadamente todavía padecemos de los mismos problemas.  Por eso considero que ahora más que nunca interesa reflexionar con una de las voces autorizadas en el país, acerca de los desafíos de mayor urgencia en el periodismo cubano contemporáneo.

¿Qué importancia le concede a la ética en el periodismo actual?

La ética tiene una importancia crucial en la autorregulación del periodista, en su apropiación de una cultura profesional y de una rutina que le permita tomar decisiones, en correspondencia con los valores de esa cultura profesional, siempre asociada a un contexto sociopolítico específico.

La ética,  dicen  los  teóricos,  tiene  varias  dimensiones: una empírica, donde se aplican claves propias del campo a estudios de caso determinados, una filosófica, heredera del pensamiento filosófico que, muy tempranamente, intentó discernir entre las categorías del bien y del mal, y por ese camino, construir una columna vertebral axiológica, y, por último, una dimensión normativa, asociada a los mecanismos de regulación y a los propios códigos de ética.

Creo  que  el  periodista  tiene  que  apropiarse  de  una  articulación  de  las  tres dimensiones.  Debe constantemente  preguntarse  a  sí  mismo  cómo actuar en un momento determinado, en  un caso determinado, respondiendo a una  práctica profesional determinada. Al mismo tiempo, debe apropiarse de una visión  normativa,  que  es  lo  que  un  código  de  ética  regula,  y  de la tradición filosófica que sostiene los valores de la cultura profesional, enraizada, en el caso  del periodismo, dentro de una historia y un contexto específicos .

¿Cómo valora el papel de los códigos deontológicos para el periodismo en tiempos de Internet? 

RC_2Creo  que  los  códigos deontológicos han sido  subestimados,  subvalorados muchas veces. Un autor que ha abordado estos temas, Hugo  Aznar,  dice en  un  ensayo que  los  códigos  de  ética  no  sirven para  nada y  en  realidad  es  una  provocación,  porque  obviamente  los códigos  de  ética sirven  para mucho, excepto  cuando  se  convierten en papeles engavetados,  o  cuando no son  referentes de  consulta  de  una organización  periodística.

Nosotros  tenemos  que  lograr  que  los  códigos  de ética  sean  marcos  regulatorios  de  la  actuación  profesional  y  tenemos  que lograr  que los periodistas los conozcan no solo para saber lo que se les viene encima  en  caso  de  que  su  comportamiento  no  se  apegue  a  la  ética,  sino también  para  saber  de  qué  mecanismos  disponen  para  exigir  la  ética periodística.  No  solo  exigirla  en  el  ámbito  estrictamente  periodístico,  sino también exigírsela a las fuentes y al entorno social donde nos  desenvolvemos.

En  el  ámbito  de  Internet  todo  es  más  difícil,  porque, potencialmente,  periodistas  no  somos solo los  graduados de Periodismo.  En  el  ámbito  de Internet  cualquiera  puede  ser  generador  de  contenidos,  cualquiera  puede copiar  y  pegar  un  texto.  En  la  medida  en  que  se  vaya  asentando  un pensamiento  un  poco  más  interpretado,  más  sereno  en  torno  al  impacto  de estas  tecnologías  en  nuestras  sociedades,  se  podrá  saber  cuáles  son  los límites de lo posible. Ese es un mundo en construcción.

Pero, en todo caso, ese mundo en construcción es una extensión simbólica del mundo real.  Los  límites de lo posible en Internet están marcados, en cierto sentido,  por los  límites de lo  posible  en  el  mundo  real.  También  en  Internet  difamar,  no  verificar  las fuentes, ser inexacto en  las cosas que se dice, mentir,  burlarse de otro con  el propósito  de  agredir  su  dignidad,  son  violaciones  éticas  que progresivamente deberían encontrar un marco regulatorio.

¿Considera que el código deontológico en Cuba está lo suficientemente actualizado? Si algo le faltara, en su opinión, ¿qué sería?

Creo que el código de ética se ha actualizado. He participado en varias discusiones profesionales donde salen a la luz violaciones éticas que son sancionadas, en el ámbito moral, utilizando las herramientas que el código de ética provee. En  la  medida  en  que  la sociedad  transforme  su sistema de comunicación y forme profesionales que se autorregulen más,  va a ser más necesario un código de ética activo, que se utilice activamente, que se presente en las organizaciones para fortalecer los mecanismos de autorregulación.

Creo que al código de ética de la UPEC le falta una reflexión más asentada  en torno al impacto de la tecnología  y  qué  puede  ser  violación  ética  en  el  ámbito  de  lo digital  y qué puede no serlo. Opino que nos hace falta regular  en torno al tema de  la  propiedad  intelectual.  En  Cuba  existe  un  acercamiento  todavía  muy preliminar,  muy  básico,  al  tema  de  la  propiedad  intelectual.  Cualquiera reproduce un artículo o un video de otro sin atribuírselo, y eso no tiene mayores repercusiones.

En un entorno de discusión sobre acceso abierto, gobierno abierto e información abierta, todas estas cosas están en discusión, pero en todo caso requieren en muchos casos marcos regulatorios.

Tiene  que  haber,  probablemente, una  reflexión  más madura  y  más  articulada con lo que  va a  ser el futuro  de  nuestro  sistema  de comunicación.  No  pienso que  en  el  futuro el sistema de comunicación cubano sea exactamente como el de hoy, donde hay un predominio de formas estatales de comunicación. Creo que ya estamos asistiendo a la transición hacia un sistema de comunicación público, donde el Estado tiene un peso esencial, pero la producción cultural e informativa proviene de otras muchas vías, algunas cooperativas, o individuales. Lo estamos viendo en la blogosfera, o en los productores audiovisuales, o en otros actores cuya generación de contenidos tiene gran impacto.

El papel del Estado, tal vez, no sea tanto en el futuro producir comunicación a través de los medios que gerencia, sino convertirse en una instancia articuladora de plataformas de comunicación múltiples  y  disímiles,  que  sean  funcionales  al  proyecto  político nuestro. Significará un cambio cultural importante que tendrá necesariamente una expresión en los futuros códigos de ética.

En  conjunto  con  una  ley  de  prensa  y  quizá  otros  marcos  normativos como  una  ley  de  transparencia,  etc.,  ¿qué  otras  condicionantes, profesionales  o  no,  serían  necesarias  para  hacer que  ese código  o esas prácticas profesionales sean más cómodas, eficientes? 

RC_3Como  ya  he dicho antes,  una ley de prensa tampoco va a ser la panacea de nuestras vidas. Será una solución en el sentido que nos proveerá de un marco regulatorio que proteja la información como un bien público y a los periodistas como indagadores en torno a esa información, pero creo que tan importante como una  ley de prensa  es  generar  un  ambiente  social,  cultural, periodístico  que  facilite  la  información  como  bien  público  y  movilice  a  la ciudadanía en función de exigir la información y entenderla como bien público.

Hay  que  trabajar  en  profesionalizar  a  los  periodistas.  Hoy  hay  una  parte  del sector  que  no  está  profesionalizada, que  no  sale  de  las  aulas  universitarias, que no tiene herramientas en algunos casos indispensables para enfrentarse al ejercicio  profesional.  También  hay  que estimular un  activismo ciudadano que contribuya  a exigirle  al sistema de  comunicación  pública  que sea  funcional  al  propósito  de  comprender  la  información como bien público.

Transformar  el  sistema  de  comunicación  no  depende  solamente  de  los periodistas, ni únicamente de una ley de prensa. Depende de la sociedad toda, de las  fuentes  que  tienen  que  tener  su  papel  y comprender  que  esta  es  una sociedad donde la transparencia y la información se necesita para un modelo de socialismo próspero y sostenible.  Depende  de los periodistas, porque tienen que ser cada vez más inquisidores,  porque somos naturalmente  profesionales incómodos, a medio camino entre lo que quiere la opinión pública y lo que dicen las  fuentes o lo que dicen los  funcionarios, las personas que  trabajan  en  los ministerios, etc. Pero creo  que  también hay un papel que le toca a la ciudadanía, que es el papel de exigir, de participar.

Para participar hay que comunicarse y para comunicarse hay que formar parte de un  sistema de comunicación. El cambio cultural pasa por el hecho de que todos comprendamos, incluida la ciudadanía, los ministerios, las  entidades, las instituciones, que un socialismo próspero y sostenible pasa también por encontrar formas novedosas, funcionales, estéticamente atractivas, para potenciar el papel de la comunicación y su función como plataforma articuladora del consenso social.

Ese consenso se articula mejor sobre la base  de  participar,  comunicar,  dialogar  y  tratar  de  buscar entre todas las verdades  un punto  que nos sirva a todos, o por lo menos a la ciudadanía  conscientemente activa,  para avanzar en el camino del proyecto político cubano.

¿Considera  que  existen  nuevos  dilemas  éticos  profesionales o hay  un agravamiento de los tradicionales, de los que usted mencionaba?

RC_4Creo  que  existen  nuevos  ámbitos,  aunque  en  general  los dilemas  éticos  siguen  siendo  los  mismos.  Probablemente  han  cambiado los escenarios  en  que  esos  dilemas  se  expresan  y  no  excluyo  la  posibilidad  -la pregunta  me  toma  por  sorpresa-  de  que  también  existan  algunos  dilemas nuevos.  En la era de la sociedad red, de la sociedad de la información, cuando Wikileaks publica cables potencialmente escandalosos pero al mismo tiempo de interés público, tenemos que volver a dar la discusión  sobre los límites, y comprender que los límites dependen de los contextos, de situaciones específicas. Lo que es posible dentro de una coyuntura o en un escenario, puede que no lo sea en otro. Es una discusión que no se resuelve con letra muerta, sino con la participación activa de todos nosotros.

Una contradicción que es culturalmente propia de esta época es que podemos publicar más que  nunca y justamente  en nombre de  esa  libertad  de  publicación  podemos  publicar  más  basura  que  nunca. Presumimos,  como  decía  Saramago  en  uno  de  sus  textos,  de  que  estamos muy informados, creyendo que estamos muy informados pero sin posibilidad de distinguir muchas veces lo relevante de lo intrascendente, o sometidos a un bombardeo que limita nuestras capacidades de interpretación.

Sigue habiendo dilemas éticos entre periodistas y fuentes, en torno a cuál es la conducta que deben tener los  periodistas frente a cada uno  de los escenarios donde  se  desenvuelven,  sigue  habiendo  problemas  éticos  en  los  fraudes, en las  difamaciones,  en  el  tratamiento  inexacto  de  la  información,  en  la no verificación  ni  contraste de las fuentes, etc, pero  todos esos problemas  éticos se  presentan,  se  agravan  y  toman  nuevas  formas y nuevos desafíos  en los nuevos contextos.

Todo el mundo puede  decir  lo  que  quiere en la práctica,  y como  todo  el  mundo  puede  decir  lo  que  quiere, la red está llena de información sin valor ninguno, como también está colmada de información trascendente. Tenemos que desarrollar más que nunca las competencias para interactuar con ese entorno.

¿Cree que el  periodismo cubano está listo para lidiar con estos dilemas, con estos problemas en general?

¿Cuáles problemas?

Los  de  la profesionalización,  los  de la  ética, los del ejercicio profesional.

RC_5Creo que estar o no listos o preparados… no me gusta mucho la respuesta en blanco  y negro, sí o no.  Creo que  es un camino y si me preguntas si los periodistas están preparados,  pienso que  hay caminos y contextos que nos ponen en un mejor escenario para dar la batalla por un nuevo sistema de prensa. Creo, al mismo tiempo, que existen obstáculos casi antológicos como la sicología de plaza sitiada, la vulnerabilidad de la capacidad de los directores de medios para decidir editorialmente en torno a lo que se publica, determinados niveles de desprofesionalización en la prensa…

El nuevo escenario de las relaciones con Estados Unidos nos pone frente al desafío de reaccionar cada vez con mayor inmediatez, con más profesionalidad, preservando la diversidad y pluralidad de nuestro discurso, diferenciando la comunicación oficial de la comunicación pública, que no son la misma cosa.

La historia de la nación cubana, al menos en los últimos cincuenta años, ha tenido que generar respuestas en medio de situaciones límites, frente a determinadas circunstancias que han obligado a potenciar las capacidades de nuestro capital humano para generar esas respuestas.

Tenemos que aprender, en las nuevas circunstancias, a construir una relación con los Estados Unidos capaz de mantener nuestra independencia, nuestra soberanía, y al mismo tiempo un discurso público suficientemente hábil, atractivo, diverso, como para generar y reproducir el consenso logrado todos estos años por la Revolución cubana.

¿En qué punto está la academia frente a estos escenarios nuevos?

La academia intenta ser  un poco más protagonista. Estamos  generando  un nivel de investigación en la facultad mucho más relacionado con la demanda de la investigación social en el  país y relacionado con los problemas que el país está enfrentando. No se estudian temas  intrascendentes, sino diría que algunos son, incluso, cada vez más osados.

Hay  temas  cada vez  más articulados con los problemas del país y con la esfera pública dentro de la cual nos insertamos y hay cada vez una  mayor  demanda por  parte del país,  expresada  en  las prácticas  laborales, en los  proyectos, en la necesidad cada vez mayor de ubicar nuestros estudiantes  dentro de la administración pública, el sistema empresarial, gobiernos locales, etc. Estamos intentando integrar competencias de las tres carreras en función de proponer a la sociedad soluciones integradas, que puedan repercutir favorablemente en un ecosistema de innovación.

¿Quiere decir que hemos conquistado el cielo por asalto? Creo que no.

La academia tiene también que repensarse a sí misma y modificarse a sí misma en función de vencer  los  desafíos  que  tiene  por  delante.  La  academia  está  también  metida dentro  de  su  propia  burocracia,  dentro  de  muchos  mecanismos  que conspiran contra la posibilidad de dedicarle tiempo al pensamiento, absorbida en prioridades administrativas que desgastan o aplazan prioridades científicas.

Muchas veces está sometida a un pensamiento disciplinar, por carreras, y necesita de una visión y una práctica que tienda a gestionar la ciencia desde la interdisciplina.  Nos pasa aquí mismo en la facultad, así que imagina cómo será a un nivel más macro.

Ahora, por ejemplo, estamos construyendo una relación con la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI),  con  el  Instituto Superior de Diseño Industrial (ISDI), entre otras instituciones,   que  es  el  resultado  de la demanda de las propias instituciones; la Fiscalía General de la República, la Asamblea Nacional, el INDER, el Ministerio de Comercio Interior, por solo mencionar algunos.   Ellos, tal vez sin proponérselo, nos  han obligado  a  unirnos,  pero  la  academia  por  sí  misma  muchas  veces  no  ha desarrollado o no ha alentado lo suficiente los caminos que permitan construir esa  unidad  desde  dentro. La academia  no solo va a tener que multiplicar su impacto hacia afuera, sino pensarse más  hacia  adentro, y poner el pensamiento teórico al servicio de los desafíos que tenemos por delante.

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