Actualizado el 24 de noviembre de 2017

Acercamiento a Maikel Domínguez:

“Soy un obstinado inconforme que lo seguirá intentando”

Por: . 22|11|2017

Maikel Domínguez: “Soy un obstinado inconforme que lo seguirá intentando, porque tengo la certeza de que intentarlo será siempre mejor a permanecer inmóvil”.Maikel Domínguez (Holguín, Cuba, 1989) es un joven pintor cubano radicado en los Estados Unidos. Su obra ya es reconocida y ha sido mostrada en disímiles exposiciones. Aunque cuenta solo con 28 años, ha tenido la oportunidad de estudiar en importantes escuelas de arte como el Instituto Superior de Arte (ISA) y el Royal Institute of Art de Estocolmo, Suecia. Todas estas vivencias nutren la percepción y el trabajo del creador y han ido perfilando el camino hacia una identidad propia.

“Nueva Pintura”, “Conceptualismo bello”, son algunas de las definiciones que ha recibido su trabajo y, si bien ciertos críticos han intentado clasificar su estilo creativo, el artista prefiere mantenerse lejos de las etiquetas y apostar por “lo abierto”, aun a sabiendas de las bonazas que trae el formar parte de determinado grupo o concepto.

“Soy un obstinado inconforme que lo seguirá intentando, porque tengo la certeza de que intentarlo será siempre mejor a permanecer inmóvil”. Esta es la convicción de un creador que se sabe parte de una época, un tiempo, una realidad que muta constantemente, y cuya obra es reflejo y rescate de sí mismo.

¿Cuándo descubre Maikel Domínguez su interés por el arte? ¿Cuáles fueron tus primeros acercamientos a este medio?

Aun cuando pueda parecer un cliché, siempre quise ser pintor. De niño pasaba todo el tiempo dibujando, siempre fue un refugio. Tengo una tía que, por aquella época, en la que yo tendría alrededor de 4 años, se inventó un negocio que consistía en pintar ropa. Recuerdo su pequeño taller lleno de plantillas, pinturas y un penetrante olor a pintura de aceite. Aquello era algo muy improvisado e ingenuo, pero desbordado de belleza. En el patio, los cordeles atestados por sábanas gigantes con cientos de flores estampadas. Me recuerdo adormecido con aquel increíble espectáculo. Allí comenzó todo.

Desde hace algún tiempo radicas en los Estados Unidos. Partiendo de esta realidad, ¿cuánto han aportado a tu obra la formación que has recibido en Cuba y tu estancia en otro país?

El Arte es gozar con la subjetividad del artista. La pintura es una experiencia vital de intimidad, auto reconocimiento e infinito placer. Me es imposible prescindir de ella puesto que me ofrece la posibilidad de expandir mi universo.

Full Of Pollen

En Cuba hice la Academia, que fue una etapa muy importante en cuanto a la formación. Comienzas a estudiar Historia del Arte y un poco de Literatura. De algún modo te armas de una base técnica y teórica que resulta imprescindible.

Luego llegó el ISA. El día que supe había logrado entrar al Instituto Superior de Arte, fue uno de los más felices de mi vida. No es nada fácil clasificar en esa matrícula y para muchos, como en mi caso, se convierte en una obsesión. Mi estancia en el ISA fue una época única. Vivir en sus residencias, trabajar en las cúpulas, ver a tanta gente haciendo cosas distintas, las críticas en los talleres… Amo ese lugar. Todo lo que allí sucede crea una atmósfera ideal, al menos así fueron mis horas en aquel centro. Creo que existen muy pocos lugares como ese y le tengo mucha nostalgia.

Después tuve la suerte de ir a estudiar a Estocolmo. Fue la primera vez que salí de Cuba. Fue un viaje físico y mental, radical de un extremo a otro. La escuela fabulosa, con unas condiciones increíbles y una filosofía muy abierta. Sobre todo, me impactó el país, su cultura, clima y estructura social. Suecia estableció un punto de giro en mi vida y mi obra.

Ahora vivo en los Estados Unidos, otro sistema completamente distinto que también está marcando mi trabajo.

Cada una de estas etapas están estrechamente ligadas a lo que son hoy mis cuadros. Mi obra tiene una esencia muy íntima, impregnada por mis vivencias. De algún modo veo mi trabajo como una especie de relato testimonial.

En la faena que realizas puede apreciarse un examen —casi obcecado— que encumbra al cuerpo como metáfora, encausando tu quehacer artístico…

El cuerpo ha sido una constante en mi trabajo; y más que el cuerpo, lo humano. Me interesa mucho poblar mi mundo con estos personajes de los que me apropio.

Sovande

El cuerpo ha sido una constante en mi trabajo; y más que el cuerpo, lo humano. Me interesa mucho poblar mi mundo con estos personajes de los que me apropio. Simbólicamente reproduzco una relación de poder que ya existe en nuestra realidad, solo que aquí el control está en mis manos. Al mismo tiempo se trata de una auto representación psicológica. Estoy enfocado en el equilibrio formal y emocional dentro de mis piezas. Mis protagonistas se encuentran suspendidos entre dolor y placer. Me apasiona la idea de lograr atrapar un perfecto equilibrio de contrarios. Pretendo condicionar un estado límite sin llegar a desbordarme.

En un artículo del Nuevo Herald 1, el crítico de arte Alejandro Condis expresó acerca de tu obra: “Domínguez se inserta en esa generación de jóvenes artistas cubanos, que lideraron un atractivo cambio dentro de la isla, que fue conceptualizado bajo el nombre de Nueva Pintura. Se trata de un grupo interesado en obras de estética impecable, comercial y muy retiniana, que gusta de los grandes formatos. Son piezas que, aunque costosas, universalistas y muy fashion, no abandonan cuestionamientos inteligentes. Podríamos asegurar que nos encontramos ante una especie de conceptualismo bello”. Tomando en cuenta esta mirada, me atrevo a preguntar, ¿acepta el creador que eres esta —digamos— definición en lo concerniente a tu labor creativa? ¿Cuáles costos o beneficios traen consigo —para el creador y su obra— el ser incluido en un grupo/movimiento/concepto?

No me gustan demasiado las “definiciones” porque prefiero lo abierto, y no me conformo con catalogar algo que puede ser mucho más complejo. Estoy de acuerdo con la idea de Condis como esbozo general, que se personaliza a medida que te acercas a cada artista.

Cada generación tiene sus particularidades, solo que unas tienen la suerte de ser más protagonistas que otras. Formar parte de un “grupo” tiene la ventaja de que tu trabajo sea visible en determinado momento. Luego aparecen las “etiquetas”, las “cabezas de venas” y los infinitos “remix”. En mi caso, aunque consciente de las similitudes que comparto con otros artistas que también forman parte de este fenómeno, la naturaleza de mi trabajo obliga a mantenerme por un sendero particularmente mío.

Apelando a tus vivencias, ¿cómo puede insertarse un joven dentro del movimiento artístico contemporáneo?

El mundo del Arte, en todas sus esferas, forma un sistema muy complejo y exclusivo. Nos guste o no, se trata de una maquinaria elitista y discriminatoria. En muchos casos se trata de estar en el lugar y momento correcto. Juegan un importante papel, los “contactos” entre curadores, críticos, coleccionistas, galerías, museos, revistas y una infinidad de cosas, todas ajenas a la obra en sí.

Sin embargo, soy optimista y aun creo que el compromiso, rigor, disciplina, honestidad y pasión que pongas en tu obra, siempre será la mejor de las credenciales.

¿Cuáles referentes han influenciado ese diálogo que estableces, en cada trabajo, con el universo creativo?

Yo soy eterno fanático de los clásicos, los grandes maestros —casi todos— son para mí imprescindibles. Sin embargo, tengo una especial afinidad con el Romanticismo, sobre todo con la obra de Theodore Gericault. Podría decir que La Balsa de la Medusa es una de mis pinturas favoritas. Por otro lado, me identifico mucho con el Expresionismo y la subjetividad con que aborda la naturaleza del ser humano.

Aun así, los verdaderos referentes de mi obra están en lo cotidiano. Utilizo mis experiencias y obsesiones como combustible en cada una de mis piezas.

¿Qué es el arte, la pintura para Maikel Domínguez?

El Arte es gozar con la subjetividad del artista. La pintura es una experiencia vital de intimidad, auto reconocimiento e infinito placer. Me es imposible prescindir de ella puesto que me ofrece la posibilidad de expandir mi universo. Cuando pienso en mi relación con el Arte y la pintura me descubro ante la mayor de mis pasiones.

¿Algún nuevo proyecto en que estés enfrascado actualmente?

Estoy trabajando para un show personal que llamaré Full of Pollen y se presentará a mediados del 2018. También me interesa mucho un proyecto que estoy gestando en conjunto con Lisyanet Rodríguez. Esta será la oportunidad de potenciar el diálogo que existe entre nuestras obras.

¿Cómo percibes tu propia obra, dentro de las nuevas tendencias que rigen estos tiempos de redes sociales y visiones tan discordantes sobre el mundo?

Soy optimista y aun creo que el compromiso, rigor, disciplina, honestidad y pasión que pongas en tu obra, siempre será la mejor de las credenciales. Ciertamente estamos siendo testigos de una especie de cambio de era. Los adelantos tecnológicos en todas las esferas están acelerando, de manera sorprendente, todos los procesos que nos rodean, especialmente lo que respecta a la información y las comunicaciones. Acceder al mundo a través de un teléfono celular es ya un estilo de vida para muchos. Inevitablemente formo parte de esta realidad y como en todas las épocas y para todos los artistas, mi obra es la tabla de rescate a la cual me aferro.

Si existiera algún sitio, un país, un hombre perfecto en forma de cuadro, ¿en cuál de tus lienzos lo hallaríamos?

De algún modo mi obra pretende encontrar ese espacio ideal que todos añoramos. De antemano me es clara la imprudencia, sin embargo, no me siento condenado al fracaso. Soy un obstinado inconforme que lo seguirá intentando, porque tengo la certeza de que intentarlo será siempre mejor a permanecer inmóvil.

NOTA
  1. Cfr. El Nuevo Herald (http://www.elnuevoherald.com/vivir-mejor/artes-letras/article58213618.html)

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