Actualizado el 14 de febrero de 2018

Cosas para contarle a Mick Jagger

Por: . 12|2|2018

el premio Calendario posibilita que mi obra se ponga en el lapso de un año a dialogar con el público.

Imagen cortesía de Yeney de Armas

Yeney de Armas se ha colado como un duende en el mundo de la literatura durante este último par de años. Ya ha ganado varios reconocimientos y se mueve con igual precisión en el mundo de la narrativa para adultos (hasta ahora ha sido premio Calendario por el libro Rapsodia bohemia y premio Eduardo Galeano por el cuento Encuentre las doce diferencias) y la literatura infantil-juvenil (ha obtenido la Beca Dador por el proyecto de libro Un mundo allá afuera y fue premio Eliécer Lazo por el cuento Primos). Respondiendo a su cariño por las tablas (no las de multiplicar), incluso fue Jefa de Sección de Artes Escénicas en la AHS de la Habana. Por eso ahora le hacemos esta entrevista y tratamos de hacer preguntas originales y un poquito divertidas, porque la literatura, al fin y al cabo, es música para los sentidos y alimento para pensar, pero, en el fondo, también es entretenimiento y diversión.

 

¿Cómo va la cosa? ¿Y de qué hablamos realmente cuando hablamos de la cosa? (Pista no. 1: la cosa es la literatura)

La cosa… bueno, la cosa tiene cuatro patas y la cabeza al revés. Al menos, así la veo. No sé de qué se habla realmente cuando se habla de la cosa, pero cuando pienso en ella, me tiemblan las piernas. Imagínate, un libro publicado y otro en proceso y todo en menos de un año. Eso sin contar todos los que tengo en cola para leer.

¿Qué te gusta más: la carne de cerdo, la de ternero o el helado de fresa? En otras palabras, ¿Qué género literario prefieres: el infantil-juvenil, la dramaturgia o la narrativa para adultos? Por favor, también especifica por puntos o por comas qué es lo que te atrae de la literatura infantil-juvenil, de la dramaturgia y del helado de fresa.

Cuando hablas de comida es difícil concentrarse en otra cosa. Pero haré un esfuerzo. Los géneros vienen como las recetas: a veces es mejor hornear y otras freír. Cuando una historia llega, los géneros me permiten encontrar la mejor forma de contarlas. La dramaturgia me convierte el texto en acción, lo dinamiza. Con la literatura infantil intento acortar brechas comunicacionales entre el ahora y el yo que voy dejando atrás. ¿Sabes lo qué es el arroz con mango? A veces eso también me pasa. Porque hay platos que necesitan hornearse y después pasar por grasa caliente. Vamos a dejarlo ahí que se me derrite el helado de fresa.

Cuando sueñas por las noches, ¿lo haces en colores o en blanco y negro? Quiero decir, cuando se te ocurre una historia, ¿se te ocurre entera y te sientas a escribirla, o se te da por partes y esperas a que se complete para escribirla? ¿La guardas tres meses en una gaveta para después revisarla o no? Y también, cuándo sueñas por el día, ¿lo haces en colores o en blanco y negro?

Algunos escritores aconsejan engavetar las historias y después revisar y revisar. En parte estoy de acuerdo y en parte no (todo no puede ser helado de fresa). No creo en engavetar, pero sí creo en revisar. Hay historias que siento deberían ser leídas en su momento, si no pierden sentido. No creo que Lennon antes de sacar Instant Karma se haya preguntado si debía engavetarla. ¿Qué hubiera sucedido si por seguir esta regla la hubiera lanzado al mercado después de Imagine? Sin embargo, la premura no puede hacer de la obra cualquier cosa. Muchas veces, una idea por su complejidad no sale a la primera, o le falta algún elemento, un verbo, una imagen, un diálogo, algo qué le dé el espíritu o el cierre que deseamos. Entonces debe esperar donde sea que la pongamos. Al final, todos estos procesos están ajenos al lector. Cuando ellos ven la historia, no se preguntan cuánto tiempo estuvo cogiendo polvo o cuántas adiciones y sustracciones tuvo. Ellos van a otro ritmo. Así que me parece que la cosa es más de complacencia personal. Ya me lo adelantabas en tu pregunta, algo así como soñar en colores o no.

4) Tu libro que ganó el premio Calendario se titula Rapsodia bohemia, a la manera de una canción de Queen. Pero también hay una noveleta de Sergio Cevedo con ese nombre. A la hora de los mameyes, ¿Queen o Sergio Cevedo? Dicho de otra manera: ¿Qué autores o artistas te han influenciado para llegar a ser Yeney de Armas, la escritora? ¿Qué canciones oyes para inspirarte y cuáles oyes cuando estás triste? ¿Qué películas y/o obras de teatro te gustan?

Oye, aquí me preguntas cómo cinco cosas a la vez. ¿Sabes lo que es hablar como los locos? Veré si puedo responderte coherentemente. Uno: El Libro. A Queen los escuché antes de conocer a Sergito. Me brindaron ese background de metales y letras potentes. Después Sergito me dio esas clases inolvidables en el Onelio y aunque no he podido leer su Rapsodia Bohemia, su libro de cuentos La noche de un día difícil hizo que me reencontrara con el rock y los inadaptados. Así que Queen y Sergio Cevedo. Los dos y sin que falte ninguno.

Dos: Las influencias. Antes leía de todo. Iba al teatro sin parar y los audífonos no salían de mis oídos. Pero con la falta de tiempo he sido más selectiva. Cuando descubro un autor intento leer varios de sus textos. No sé por qué, pero si me gusta mucho a veces con uno de sus libros no me es suficiente. En general, debe decirme algo, no solo por la historia si no por la manera de contarla. Me encanta desarmar el texto como hacía de niña con los juguetes. Descifrar el cómo se llegó ahí o la solución encontrada para decir algo en específico. Me ocurre también con la música, el cine y de forma especial el teatro. No puedo hacer lista, porque son muchos. ¿Cuántas páginas puede tener esto?

¿Te consideras parte de un grupo literario, o algo parecido a una generación? En caso de que pienses que no eres parte de nada ¿Te gustaría pertenecer a un grupo literario, a uno de música o uno de teatro? ¿Qué instrumento tocarías? Y ya que pregunto eso, ¿escribes a mano o directo en el teclado de una PC, máquina de escribir o Iphone de última marca? ¿Tienes alguna hora en específico para trabajar?

Escribo en lo que aparezca, pero por si acaso siempre trato de andar con un bolígrafo y una libreta de notas, no vaya a ser que el móvil se quede sin carga y en la casa no haya electricidad para encender la PC. No me considero parte de ningún grupo literario. Me parece que ahora existe una especie de vacío generacional. Fuera de la parte cronología (fecha de nacimiento, edad), no hay nada más que nos una a los jóvenes que estamos emergiendo ahora. Para mí es una pena, porque la historia literaria cubana ha tenido muy buenos grupos literarios que han aportado muchísimo. Me hubiera encantado por ejemplo pertenecer a los Novísimos. Disfruto ese sentido de responsabilidad creativa que observo al leer cosas de esos autores. Es como encontrarle un plus a la creación. Con los textos de algunos escritores de la Generación 0 también me identifico. Ese desenfado en la manera de narrar y la inclusión de códigos de otros lenguajes como la música, el cine o los videojuegos me resulta muy atrayente. Pero yo llegué tarde a esa también. Así que, como no pertenezco a nada, probablemente te siga el consejo y haga las audiciones para ser la voz líder de algún grupo metalero.

¿Qué temas te gusta tocar en tus historias? ¿Cuáles no te gustan?

No me gustan los vivieron felices para siempre. Hay muchas maneras de vivir feliz y nadie tiene el derecho a revalidar o imponer un ideal de felicidad. Los creadores tienen la ventaja de, a través de su obra, romper fronteras comunicativas que a veces de persona a persona es difícil. Entonces, creo que esa ventaja se debe aprovechar para hablar de lo que a veces duele o molesta, pero está ahí. No estoy hablando de obras depresivas, pesimistas o fatalistas. De eso nada. Hablo de otro tipo de literatura nada complaciente, que se parece más a la vida real, como El club de la pelea de Palahniuk, Desgracia de Cotzee o Trilogía de New York de Auster, entre otras.

Ganaste una beca Dador en el género infantil-juvenil, y justo ahora no se me ocurre una pregunta asociada a esto. ¿Podrías, para ir haciendo tiempo, decir a rasgos generales de que trata tu proyecto Un mundo allá afuera? Y de paso, ¿de qué trata Rapsodia bohemia?

Un mundo allá afuera intenta recrear la vida de una niña semiadolescente, si es que ese término existe. Es esa edad difícil en la que se está abandonando la infancia pero todavía no se asume la adolescencia. El reto para mí ha significado contar la historia desde el punto de vista de la propia niña, sin caer en los clichés literarios que comúnmente se suelen utilizar. Narrar las relaciones que van surgiendo entre ella y su amor platónico (un chico mayor), su madre autoritaria y su padre ausente sin perder el vuelo poético. Por su parte, Rapsodia Bohemia se mueve en otros resortes. Va en busca de una polifonía de voces o (al menos) de temáticas. La soledad, el abandono, la vejez, la pérdida y sobre todo las frustraciones. Los personajes, en su mayoría mujeres, luchan constantemente con ese deseo de querer hacer y no poder o, en el afán de hacer, terminar haciendo otra cosa. ¿Parece un trabalenguas? Por si acaso te adelanto que un libro y otro no tienen mucho en común, aunque ya el público dará su propia versión; así que mira a ver qué tú me preguntas.

Ya pensé en una pregunta. ¿Qué sientes al ganar un concurso? ¿Por qué concursar? ¿Crees que hay muchos concursos literarios en Cuba o en realidad son muy pocos?

Sobre los sentimientos no te voy a hablar. Ya los he ido diciendo en el momento de cada premiación y repetirlo ahora sería remarcarlo de forma mecánica. Así que espero no te importe que me concentre en el final de tu pregunta. El propósito de concursar me lo he replanteado varias veces. En ocasiones, en cuanto termino de escribir una historia. Me pregunto si será “concursable” y, a veces, si no estoy muy cansada, le doy otra lectura poniéndome en posición de posible jurado. Esto está condicionado por las ventajas que te dan los concursos. Por ejemplo, el premio Calendario posibilita que mi obra se ponga en el lapso de un año a dialogar con el público. Además, plantea una visibilidad para mí como autora dentro del mundo literario. Este tipo de concursos que apoyan la creación (sobre todo, si es como en este caso, que imparten un impulso a la creación de los que comienzan), me parecen muy bien. Ahora, lo que no creo saludable es que sea esta la vía más expedita y eficiente para que un autor pueda poner a dialogar sus obras o pueda ser tomado en cuenta. Me parece que, a la larga, eso puede crear deformaciones escriturales. Para quién escribimos entonces, podría ser la interrogante; para el público común o para otros escritores miembros de un jurado. Sé que estas cuestiones ya se están debatiendo y eso me alegra. El creador siempre debe cuestionarse y replantearse; si no deja de crear y comienza a reproducir.

Esta es la parte en que te pregunto si posees algo parecido a consejos para gente que comienza a escribir  o un manual para ganar concursos que puedas vender más o menos baratico. ¿O tal vez una especie de decálogo escritural, un top ten de algo o preferencias gastronómicas?

No tengo nada de nada. Solo anotar que prefiero la fresa por encima del chocolate.

No me gustan los vivieron felices para siempre. Hay muchas maneras de vivir feliz y nadie tiene el derecho a revalidar o imponer un ideal de felicidad.

Imagen cortesía de Yeney de Armas

¿Qué le dirías a Mick Jagger si te lo encontraras por La Habana? ¿Cómo le contarías sobre tus próximos proyectos, por ejemplo? (Pista no. 2: este es el fin de la entrevista. Por ahora.)

Proyectos siempre hay muchos y, por lo general, seguir escribiendo siempre es uno; ya sea un cuento, una novela o una obra de teatro. A Mick Jagger lo vi de lejos y no tuvimos tiempo de conversar. Él bailaba y cantaba Sympathy for the devil mientras yo la tarareaba a unos metros del escenario. Pero, para su próxima visita a La Habana, quizás ya yo sea la voz líder del grupo metalero y pueda ser la telonera de su concierto, o simplemente abrir el espectáculo con un cuento preparado para la ocasión.

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