Actualizado el 19 de marzo de 2018

Confidencias de Sussette Cordero:

“Creo que lo único positivo de habitar las dos orillas es la nostalgia”

Por: . 16|3|2018

Fotografía de Ahmel Echevarría

Fotografía de Ahmel Echevarría

 

Sussette Cordero Sotero (Artemisa, 1982) es una poetisa cubana que reside en Panamá. Desde la distancia escribe y aguarda —con fe inquebrantable— ser publicada y leída en su país natal. Poseedora de una voz poética intensa, que apuesta —en general— por el verso libre y los rasgos vanguardistas, esta autora muestra en sus dos cuadernos hasta ahora publicados, una propensión hacia la poesía social, aunque pueden hallarse temas de esencia más íntima.

Sus versos son erigidos desde y con la nostalgia, ese sentimiento que acompaña a aquellos que, desde algún páramo lejano, añoran lo dejado atrás, atesorando siempre un espacio para la esperanza del reencuentro.

«antes fui mar, arena, hoy soy una roca», así se reconoce esta mujer/madre/poetisa que brega—sin claudicar—con ese ir y venir constante, ese estar desde la distancia, donde ha ido mudando su piel para sobrevivir(se) ante la incisión, el adiós, la remembranza.

HAY POESÍA EN TODO

(creo en lo diverso, lo emocional, la naturaleza, los miedos y miserias humanas, en todo ello encuentro alguna señal, una puerta)

En 2016 vieron la luz los cuadernos de poesía Yo maté a Marilyn Monroe (Editorial Guantanamera) y Arar la sombra (Neo club Ediciones), ambos de tu autoría. ¿Qué supone, para una autora joven como tú, la publicación de dos poemarios por editoriales foráneas?

Como se trata de poesía, comenzaré con algo en lo que siempre he creído, y que Baudelaire escribió en De Cohetes, algo que retumba en mi cabeza como un tamborileo constante: “siempre he tenido la sensación del abismo, no sólo del abismo del sueño, sino del abismo de la acción, del ensueño, del recuerdo, del deseo, de la añoranza, del remordimiento”.

He tenido mucha suerte de publicar con estas dos editoriales. En ambos casos, tuve la dicha de trabajar con gente muy seria, personas que han creído en mi trabajo y han valorado cada verso con toda la seriedad posible, y eso me hace muy feliz. Fueron dos poemarios que escribí con paciencia y cuidado. La literatura para mí es algo serio, muy serio. No creo que correr a toda velocidad por la página en blanco me lleve a alguna parte, necesito “el abismo del sueño”, “el deseo”. Tener la oportunidad de que estas dos casas editoras foráneas hayan acogido mi obra ha sido, en ambos casos, una experiencia fenomenal.

Arar la sombra, mi primer poemario, fue un regalazo, así, sin tener otro adjetivo que lo describa mejor. Tenía unas ganas enormes de ver el libro publicado y que la gente lo pudiese tener. Me encanta lo que ha sucedido con esos textos. Mucha gente, entre amigos y desconocidos, lo ha comprado y siempre encuentro un mensaje de amor/odio en mi bandeja de entrada. Ha sido maravilloso. El segundo, Yo maté a Marilyn Monroe, también es un libro que me ha dejado incontables emociones; mujeres de todas las latitudes, amigas casi todas, se han visto reflejadas en él, y eso para una autora joven como yo, es gratificante. Estoy muy feliz; solo tengo dos libros publicados, pero llevo a cuestas la alegría de tan buenos resultados.

Aunque puede percibirse en estos cuadernos una propuesta estilística —digamos— sostenida, hay en ellos contrastes temáticos que los diferencian, yendo de lo íntimo/personal a lo público/social…

No me gusta repetirme, incluso no llevo a la mesa lo mismo dos días seguidos. Odio eso. He tenido problemas para armar la estructura de los libros, porque tengo tantas cosas escritas y casi ninguna se parece, es un lío. Pero cuando hay alguna temática que me aborda y apasiona, como es el caso de las emociones personales, o de carácter social, pues arranco y no me detengo, me desbordo, pongo en ello todo mi pensamiento y criterio, o el criterio de algún personaje que me parezca interesante, no todo en mi poesía tiene que ver con lo que soy. Hay autores que habitan sus textos siempre, yo no, a mí me gusta la interacción con las pasiones, pero les temo. Así que en ocasiones me invento algún personaje, uno que escribe después de fregar, cuando la niña duerme y el esposo ronca.

¿Cuáles son los referentes poéticos que (in)fluyen en la obra de Sussette Cordero?

Esta pregunta podría no tener final, Milho. Cuando tienes una abuela como la mía, todo es poesía. Y cuando tienes una madre que solía acumular libros en un closet cerrado, peor. ¡Yo era una niña cuando descubrí a Martí, Baudelaire, Nazim Hikmet! Imagínate que en aquel closet había unas hojas amarillentas, con algunos poemas de Nazim Hikmet mecanografiados. Era un paraíso.

Comencé a leer a los clásicos, creo que por ahí comenzaron mis influencias. Luego descubrí a Dulce María Loynaz, Pessoa, Octavio Paz, Rilke, Rimbaud, Lezama, Virgilio, Juan Carlos Flores, Fina, Angel Escobar, Lydia Cabrera… te dije que no tendría final. También hay que tener en cuenta que yo estudié música, Dirección Coral específicamente. He transitado por muchas facetas del arte; música, danza, teatro, fotografía, he sido pionera exploradora en ese sentido. Y aunque la literatura me atrapó más, conocer un poco de cada una de estas cosas me ha permitido abrir mi espectro, encontrar maravillas que inspiran, saborear también los sinsabores que puede traer amar el arte. Todo lo que brilla no es oro.

Pero todas estas incursiones han sido referentes, las Artes Plásticas sobretodo; soy una apasionada en ese sentido, puedo estar horas mirando un cuadro de Tomás Sánchez, o frente a una pieza de Cirenaica Moreira. Siempre encuentro un punto de partida, una señal, una herida, un grito. Y me funciona, me empuja a la hoja, o a la computadora. Y luego está fregar, ¿puedes creer, Milho, que el contacto con el fregador me inspira?, y que conste, odio fregar… Quizás sea el contacto con el agua, soy hija de Yemayá. Tiene que ver también con la manera en que el mundo me conecta con la literatura. Hay poesía en todo. Es lo que entiendo.

Y creo en lo diverso, lo emocional, la naturaleza, los miedos y miserias humanas, en todo ello encuentro alguna señal, una puerta.

LA SINCERIDAD

(No me interesa ser comprendida, en cambio, sí me importa mucho que en mis textos la gente descubra que soy sincera)

¿Te consideras una autora que asume una pose, una moda en relación a la escritura?

Jamás. No tengo poses en mi vida. Mi obra es de circunstancias.

¿Cuáles son —desde tu percepción— esos visos que otorgan un sello a tu voz autoral?

La sinceridad. No me interesa ser comprendida, en cambio, sí me importa mucho que en mis textos la gente descubra que soy sincera. Si digo que la piedra me habló, es porque en verdad lo hizo. Si grito que mi espalda está quemada de soles de otras latitudes, quizás sea porque he correspondido al mundo y el mundo me ha castigado. Yo creo que lo que realmente me define, o define mi literatura, es que el verso sea carne, lengua, o leche, lo que sea que el mundo me prohíba. Siempre me resistiré a mentir.

Siendo que eres una poeta emergente, me lanzo a preguntar, ¿cómo encuentras, dentro del canon literario de tu promoción, una identidad propia, un espacio para tu obra?

Antes mencioné lo serio que es para mí el tema escritural. Lo tomo tan en serio que busco hasta los detalles más pequeños. Es una pena, una muy grande, que hasta el momento no haya tenido espacio para ser escuchada en mi propia tierra. En Cuba tendría tantas cosas que decir… Lamentablemente no ha sido posible. Creo que a las editoriales no les ha interesado lo que escribo, algunos en Cuba llegaron a aconsejarme que dejara de escribir: eso no es lo tuyo, no eres buena, incluso algunos me dijeron: vuelve a reescribir esos poemas, eso nadie lo entiende; Pero yo soy una roca, antes fui mar, arena, hoy soy una roca. A mí hay que golpearme muy duro, Milho, muy duro, de lo contrario, difícil es que alguien pueda derrumbar el muro que soy. Y mi obra también es un fruto de esos malos augurios, en parte lo agradezco.

LAS DOS ORILLAS/ LA NOSTALGIA

(Creo que lo único positivo de habitar las dos orillas es la nostalgia)

Actualmente resides en Panamá, aunque parte de tu vida ha transcurrido en Cuba. Más allá de eso, ¿cuánto aporta a tu perfil creativo el hecho de habitar/crear desde las dos orillas?

Ha sido difícil para mí. Más allá de mis intereses personales, el amor, la maternidad, Panamá me ha dejado un mal sabor con respecto a la literatura. No puedo participar en concursos, porque sólo pueden hacerlo los propios panameños, nadie me toma en cuenta porque no quieren competencia, vivo lejos de la capital, que es donde único se hacen algunas pequeñas cosas por la literatura. Creo que lo único positivo de habitar las dos orillas es la nostalgia. Es tan buena que me llevó a escribir un tercer libro de poesía: Eslora, un cuaderno que todavía pulo antes de entregar a una editorial, la cual no es cubana, claro.

Habiendo publicado tu obra en casas editoras extranjeras, cualquiera podría preguntarse, ¿le interesa a la poeta que eres publicar en su país natal? ¿Es esta una preocupante en tu futuro inmediato como creadora?

Esta pregunta creo la he respondido en todas las anteriores, pero sí, me interesa que en Cuba pudiese ser publicada mi poesía. Soy tan cubana como la croqueta, más que los mogotes de Viñales y Varadero, soy Espada y Concordia, chancleta y mar.

 DETRACTORES

(aunque tu luz no sea incandescente, o apenas seas una pequeña luciérnaga, intentan apagarte)

¿Cómo enfrentas una opinión negativa sobre tu obra? ¿Te inquieta la manera en que pueda ser recibida por parte de algún lector? 

Como dije antes, soy difícil; pero siempre que prime la buena fe, incluso el cariño, no me importa ser criticada. Es parte de esto, de escribir y que algunos no entiendan, no puedes darte y que todos sepan quién eres, eso es imposible. Algunos lectores me dicen: estoy en tus versos, esa es mi vida, o: esa es mi calle, esa fue mi infancia, otros me han dicho: Oye, Sussette, no entiendo ni papa, vieja, pero con ese tono cariñoso, de no querer herir. Y me gusta que eso suceda, más también tengo detractores, como todo buen ser humano, que no soportan que otros brillen, y aunque tu luz no sea incandescente, o a penas seas una pequeña luciérnaga, intentan apagarte. Me ha sucedido, pero en mi caso, como estoy y publico fuera de Cuba, no soy un peligro, así dijo hace poco un amigo, uno de los buenos. No me preocupan esas cosas. Cada quién cuide su hígado.

¿Cuál de tus poemas publicados te ha dejado más expuesta —como persona y mujer— ante la mirada ajena?

Uno de mis poemas está en varias antologías y en mi libro Yo maté a Marilyn Monroe, se trata de Jasad, ese poema es muy carnal, muy femenino. Quizás marca un tiempo en el que me enamoré de muchas cosas, de un hombre, una ciudad, un tiempo nuevo, y por eso creo que de todos mis textos es el que más deja ver a la mujer que soy.

 LA POESÍA

(La poesía es como un altar y, a sus pies, yo)

¿Qué es la poesía para Sussette Cordero, cuál lugar ocupa en tu vida?

Si buscas en un diccionario o en la enciclopedia, encuentras que la poesía se concibe como expresión artística de la belleza por medio de la palabra. Yo me pregunto: ¿Acaso en lo feo no puede haber poesía, no puede decirse de manera fea algo hermoso?, por ejemplo: ¿qué bolá mi alma?

La poesía es como un altar y, a sus pies, yo.

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