Actualizado el 30 de abril de 2018

Yasbell Rodríguez:

No necesito ser más bella, ni más inteligente, me defiendo con mis armas

Por: . 17|4|2018

Fotografía Alba León Infante

Fotografía Alba León Infante

Los artistas suelen ser vistos como grandes celebridades que nunca te encontrarás en una parada de autobús o en el malecón. Pero Yasbell Rodríguez Valdés, aunque parezca pretensiosa, es una muchacha extrovertida y común, de las que puedes hallarte en cualquiera de esos lugares.

“Las personas suelen encasillarla a una cuando te ven por televisión, sobre todo yo que he tenido un reencuentro polémico con la crítica desde mi salida en Sonando en Cuba. Los cubanos somos así, criticamos mucho, sobre todo al último que llega”, dice y me invita a sentarme.

Conversamos en un parque cerca del malecón. Lleva ropa holgada y tiene el pelo corto y suelto. Está conectada a la wifi, disfrutando el aire fresco.

“Dime qué quieres saber. Tengo que hablar para olvidar las náuseas y antojos de embarazada”, dice sonriendo.

Nunca menciona su paso por el Instituto Superior de Arte (ISA) y así se evita explicar las razones por las que decidió no terminarlo. Pero a tanta insistencia, me responde de forma tajante y sin apocamiento.

“Comencé el ISA en 2006 pero ya había estado en la Escuela Nacional de Arte (ENA) y aquello era como repetir lo mismo. Me di cuenta de que no podía porque el trabajo me consumía mucho tiempo; entonces decidí dejarlo”, afirma.

Después de madrugar, no le era fácil estar sentada en un aula ocho horas diarias; así que aprovechó su título de bachiller para “colarse” en espacios nocturnos como animadora. Entonces llegó la dirección artística de Habana Show, una productora de audiovisuales que organiza espectáculos artísticos.

“Allí encontré lugar para la creación. Éramos actores haciendo un trabajo de clown. Nos dedicábamos a producir materiales audiovisuales para fusionar con otras manifestaciones en los espectáculos.”

“Esto influyó en mi formación. Aprendí a interactuar con el público y logré más habilidad para la improvisación”, afirma.

Pero esta elección es quizás lo que muchos le cuestionan. ¿Una actriz animando cabarets?

Fotografía Alba León Infante

Fotografía Alba León Infante

“Existe todavía el estigma de que en la animación está la superficialidad, pero eso también tiene su magia. Además, se trata de subsistir haciendo lo que uno sabe hacer y yo no sé vender fritas”, añade riendo.

Pero Yasbell apareció en televisión, mucho antes de llegar a Sonando en Cuba. Con solo 14 años estuvo en la aventura cubana Memorias de un abuelo y dos años después, integró el colectivo de Súper Doce; programa musical juvenil de los domingos al mediodía.

Luego llegaron otras propuestas: Freskecito.com, En la vía y pequeños personajes en el caso “Tarará Escala” de Tras la Huella y el teleplay La vida según Nicolás.

Para completar la triada, también apunta en su currículo su paso por la locución en programas radiales.

“Yo fui una de las niñas que se formó en las cabinas de Radio Taíno y Radio Metropolitana. Aprendí y disfruté muchísimo esta etapa y llegué a encantarme por este medio, pero el factor monetario me golpeaba mucho”.

“Eran largas jornadas dentro de una cabina forzando mis cuerdas vocales para un salario miserable y a mí me encanta darme mis gustos”, sonríe.

—¿Y el teatro?

—Yo me gradué con Raúl Martín y Teatro de la Luna, que es un grupo que adoro. Con el transcurso de los años hice poco teatro. Luego apareció la idea perpetua de hacer algo de cine y entonces hice muchos, muchos, muchos castings hasta que “maté el enano” en una película con un director italiano.

—¿Qué sucede en los castings, será una cuestión de (mala) suerte? —pregunto para provocarla.

—No creo que sea eso… De hecho, me siento muy suertuda —dice.

—¿Entonces qué pasa?

—Los nervios llegan a traicionar pese a los ensayos y no pienso que sea solo a mí. A muchos grandes actores y actrices de este país les debe pasar lo mismo porque la inseguridad aumenta los nervios.

“Además, aunque uno tenga talento, debe tener carta de presentación. Si no eres hijo de alguien reconocido o conoces al director o vienes con una referencia, la ansiedad es mayor”, asegura.

Yasbell me comenta sobre su etapa fuera de Cuba, cuando el amor la llevó a Perú tras su matrimonio con el popular cantante Dantes Cardosa, conocido por su paso por la Charanga Habanera.

Su boda fue una de las más “sonadas” en las redes sociales y los medios de comunicación en el país sudamericano. Allá se convirtió en una celebrity, primero en Radio Zona 5, emisora de la orquesta musical Grupo 5 donde trabajaba su esposo.

Después de un año entró en Panamericana Televisión en la conducción de noticieros, y luego vino Chiclayo Construye y Entre Gente, dos estelares transmitidos por América Televisión.

—¿Nunca pensaste en actuar estando en Perú?

—Claro que sí. Me presenté en casting para algunas películas pero siempre decían que debía trabajar mi acento. Me ofrecieron cursos de dicción, pero no estuve de acuerdo, menos sin una propuesta de trabajo segura. Preferí seguir en la radio y la TV defendiendo mi cubanía.

“Dicen que el cubano triunfa en cualquier lugar donde va, por su carisma, y yo probé ese sabor. Fuera de este país, el conocimiento y la formación profesional de los cubanos es muy valorada.

“Al ser una figura reconocida tuve planes de formar una escuela de formación artística donde pudiera estudiaran peruanos y cubanos; pero los castillos pueden derrumbarse…”, dice sin ninguna nota de melancolía.

Su castillo fue uno de esos que cayó. Cinco años después de crecerse en tierras lejanas, tuvo que tomar otra decisión crucial en su carrera. El divorcio la trajo de vuelta a su país, con su esquina y su gente.

“No tuve miedo, sencillamente uno elige y yo elegí con tremenda certeza y madurez”, confiesa.

En Cuba, sin embargo, no se quedó pensando en lo que pudo haber sido y volvió a levantar su fortín.

—Toqué puertas, empecé a buscar trabajo. Eso nunca me dio pena.

—¿Otra vez a la carga en la conducción de espectáculos?

—Sí. Retorné a Tropicana, a Dos Gardenias, y llegó la propuesta para la novela En fin, el mar, que recién comenzó a transmitirse por la televisión cubana. Ahí tengo un pequeño papel durante 30 capítulos”.

—¿Y Sonando en Cuba?

—Yo conseguí el teléfono de Pablo (Paulito FG) y pregunté cómo sería el proceso de selección de los conductores. Había trabajado antes con él, en el lanzamiento de su disco Sin etiqueta y él sabía de mi trabajo en Perú.

—¿Fue fácil para ti luego de tu experiencia en el exterior?

—No había visto la primera temporada, pero escuché las ideas y me pareció un programa genial. Tuve mucha gente evaluándome, midiéndome y volvió el tema del acento. Ahora me decían que tenía muy marcado lo del Perú.

—¿Cómo llevas las críticas?

—Recibo las críticas con buena tinta, aunque han sido pocos los elogios. Yo me siento segura. No necesito ser más bella, ni más inteligente, me defiendo con mis armas y llevo los tacones más altos.

“Dicen que estuve mejor en la tercera que en la segunda temporada. Te confieso que no encuentro ningún cambio sustancial entre una y otra, creo que solo deben adaptarse a tu estilo.”

—Hablando de estilos. ¿Qué sucedió con tu cabello durante la filmación?

—Pasé por un proceso religioso. Cuando comenzó Pá que suene tuve que rasurarme el cabello, y como alternativa construí con mi propio pelo una peluca. Luego Haila María Mompié, mi madrina de religión, convenció al director para lucir mi nuevo look y así filmé la tercera temporada de Sonando…

—¿Crees que estos nuevos programas de participación buscan semejanzas con patrones foráneos?

—No es válida para mí la comparación con la Voz España, la Voz México y los otros concursos a nivel internacional. Sonando en Cuba ha devuelto el espectáculo audiovisual a nuestra TV, que tanta falta hacía; y da oportunidades a los jóvenes talentos.

—Algunos hablan de superficialidad, ¿tú qué crees?

—Para nada. Sonando… rescató la elegancia, los colores, el brillo de esta isla y la imagen de los artistas y conductores que muchas veces son destruidos por una mala visualidad, un mala escenografía. No se trata de superficialidad porque todos queremos ver imágenes agradables y hermosas, y en la televisión eso es lo principal”.

Ahora Yasbell Rodríguez está en una nueva etapa de su vida. A los 34 años le ha llegado la hora de ser madre; por ello ha tenido que rechazar propuestas de trabajo.

Mientras espera que llegue el nombre de su niño a la cabeza, no detiene sus sueños. Yasbell es una defensora del arte y el trabajo, pero también del glamour.

“Estoy dando a luz a finales de mayo, justo en las audiciones de Sonando en Cuba. Siento que sí puedo hacerlo, pero es un tema en el que no he pensado con detenimiento.

“Si no me llaman me quedo con el orgullo y el placer. Si me llaman… pues les adelanto a los televidentes que tal vez no pueda comenzar con los vestidos de sirena ni los tacones bien altos, pero les prometo que termino con ellos”, dice jocosamente.

 

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