Actualizado el 30 de mayo de 2018

De casinos, libros, un ciclón y todas las mujeres:

Conversando con Luis López Nieves en Santo Domingo

Por: . 28|5|2018

En la Ciudad Colonial de Santo Domingo (Luis López Nieves y el autor de la entrevista)

En la Ciudad Colonial de Santo Domingo (Luis López Nieves y el autor de la entrevista)

Los escritores y los casinos tienen mucho en común, pienso en esta mañana de marzo que Luis López Nieves me invita a recorrer el casino adjunto al Hotel Crowne Palace de Santo Domingo y cuenta la historia de “las Tres Mosqueteras”.

Cuando él advierte, nomás entrar, que los juegos no le interesan ni tampoco derrochar fortuna, primero creí yo que fuimos ahí por la típica manía de curiosear del escritor de raza; pero entonces empezó a hablarme de tres señoras que solían salir juntas y cometer sus travesuras, ganándose el epíteto de las Tres Mosqueteras; y de que esas mujeres eran su madre y las hermanas, quienes a veces empleaban la tarde en irse al casino; y comprendí que López Nieves quería revivir una leyenda familiar.

“A las otras dos les encantaba, pero a mi madre no. A ella le preocupaba cogerle el gusto y quedar arruinada. Por tanto, mientras sus hermanas apostaban bastante, mi madre solo cambiaba 5 dólares y jugaba en las tragamonedas, consumiendo de gratis durante las horas que allí pasaba los sándwiches y jugos que el casino provee para retener a los jugadores”, evoca el autor del popular relato Seva; y en ese instante recuerdo la noche que tuve en las manos ese libro suyo y no lo abandoné hasta llegar al final, y que la novela El corazón de Voltaire me atrapó durante un día entero de lectura ininterrumpida, mientras la siguiente El silencio de Galileo, algo más extensa, me absorbió totalmente por un par de jornadas; en tanto que la aún inédita, Toda la sangre del mundo, cuya versión en proceso me concedió el privilegio de leerla, el doble de larga que la anterior, más de 400 páginas, se robó cuatro días completos de mi vida.

Como si sus libros estuvieran repletos de sándwiches y jugos, López Nieves es el tipo de escritor con mañas de casino, que sabe de trucos para dejar a los lectores aferrados a la lectura. Por eso, al descubrirlo en 2007, le hice una primera entrevista para la revista El Caimán Barbudo y puse mucho empeño en colocarlo al alcance de mis paisanos lectores. Por suerte, en los años siguientes, Seva vio la luz editado por Casa de las Américas y El corazón… y El silencio… tuvieron ediciones cubanas por la Casa Editorial Abril. Todavía hay un par de libros suyos de cuentos, Escribir para Rafa y La verdadera muerte de Juan Ponce de León, desconocidos en Cuba

Tras once años de amistad y colaboraciones, sobre el pedazo de la isla La Española nombrado República Dominicana, tengo delante a Luis López Nieves y manejo la idea de entrevistarlo nuevamente. Pero es cosa difícil, a esta altura, porque puede que ya nos conozcamos demasiado; y porque a este Premio Nacional de Literatura de Puerto Rico le han realizado más de cien entrevistas. ¿Habrá alguien que no sepa que el muy jocoso de Luis dice que no es supersticioso porque la superstición da mala suerte? O que él se hizo escritor porque no canta en la ducha, no baila ni de alegría y tampoco sabe dibujar. Que es un animal nocturno para el que “la vida empieza tan pronto se pone el sol. Lo demás es prólogo”. Que de niño quiso ser astrónomo aunque no sabe por qué y dedicó una novela al más famoso de todos (Galileo Galilei) sin que le gusten siquiera las matemáticas…

Cualquiera está enterado de que Luis conoció personalmente a Julio Cortázar, cuando tenía sólo 23 años y estudiaba Literatura en Nueva York, y que el autor de Rayuela leyó un cuento suyo y elogió su talento. El impacto del encuentro con la  celebridad impregnó los cuentos fantásticos escritos por López Nieves en su etapa de primerizo (recopilados en Escribir para Rafa, de 1987), pero él luego tomó consejo del propio argentino y decidió “matar a papá”. Aunque se acepte “hijo de Cortázar, nieto de Franz Kafka, biznieto de Stendhal y tataranieto de Miguel de Cervantes” y relea mucho a esos autores, le espanta la idea de imitar a nadie y cree que eso sólo puede evitarse estando bien enterado de lo ya escrito.

Por tal razón fue que fundó la Biblioteca Digital Ciudad Seva, una página digital donde ha puesto miles de cuentos clásicos universales a la vista de futuros escritores, muchos de los cuales, además, reciben las clases que imparte en la Maestría de Creación Literaria, un programa instituido por él mismo en la Universidad del Sagrado Corazón de San Juan.

Lopez Nieves me había pedido que le trajera algún clásico ruso publicado recién en mi país. A él le gustan los clásicos antes que los contemporáneos y ahora le ha dado por engullirse toda la literatura clásica rusa. Como mismo en la época que lo conocí se estaba leyendo —releyendo más bien— a todos los franceses. Pero tuve que decirle que no podía complacerlo, pues los únicos clásicos últimamente editados en Cuba eran 1984 de George Orwell, y el Rojo y Negro de Stendhal.  Se rió, le costó creerme que había hablado en serio, porque recordaba las ediciones de Huracán que compró en su primera visita a Cuba, en los ochenta del pasado siglo. La industria editorial cubana no vive sus mejores tiempos, tuve que explicarle. A continuación me preguntó qué libro estaba leyendo yo, aunque sabía que iba a mencionarle algún autor norteamericano actual. Le devolví la pregunta y me dijo que leía una historia de China. Lo de su interés por China me sorprendía, pero no que fuera de un libro de historia.

De sobra se sabe que Luis consume libros de historia a raudales y los lee como si fueran novelas o cuentos pues cree que la Historia es el sexto género literario. De ahí que sus ficciones revelen una obsesión “por el rescate de verdades históricas, tanto a nivel colectivo como personal” no sólo porque, como ha dicho, “hoy día las personas ni conocen los nombres de sus bisabuelos” sino también para arrebatarle a los poderosos el “relato oficial” de la historia con el que buscan manipular a los pueblos. Ese es el origen de su concepto de “historia trocada”, puesto en práctica desde Seva, texto de 1984 que lo lanzó a la fama en su país y donde él se cuestiona “muchos supuestos ‘datos’ que nos predican desde niños sobre la invasión norteamericana de Puerto Rico en el 1898”

(En un ensayo que publiqué hace algún tiempo sobre la obra de López Nieves, argumentaba yo que tanto ese cuento largo como sus novelas “ciberepistolares”, El corazón y El silencio…, podrían calificarse de “ucronías extrañas”, un caso atípico dentro del subgénero de la “historia alternativa” en el que la premisa de modificar un hecho del pasado no provoca una línea del tiempo distinta y paralela, y en cambio, nos conduce directa y paradójicamente al mismo presente que conocemos).

Hemos salido del casino y nos sentamos a la entrada del vistoso Crowne Plaza ubicado frente al mar, en el paseo del malecón de Santo Domingo. “En este hotel, —me cuenta—, cuando aún se llamaba Quinto Centenario, nos casamos Mara y yo”. Así me entero que la estancia en este lugar no es gratuita y que estoy participando de una celebración. Mara Daisy Cruz está a su lado; ellos son inseparables: siempre que he visto a Luis, ahí está Mara. En una entrevista reciente, el boricua de 68 años cumplidos en enero dijo que “si tuviera que renacer volvería a vivir la vida como la he vivido: como lector y escritor. Es poco lo que cambiaría. Bueno, mira, se me ocurre algo: me he casado cinco veces. Con lo que ahora sé, buscaría a mi esposa, Mara Daisy, para casarme con ella desde el principio y llegar con ella a la vejez, porque he descubierto que es la mujer de mi vida. Eso yo no lo sabía cuándo me casé la primera vez a los 21 años de edad. Tuve que pasar por cuatro matrimonios para llegar a Mara”.

Luis López Nieves y su esposa Mara Daisy Cruz en la Catedral Primada de América.

Luis López Nieves y su esposa Mara Daisy Cruz en la Catedral Primada de América.

Mara cursó la Maestría de Creación Literaria, es también escritora y fue la creadora de la revista literaria Letras Nuevas. No le pregunto a Luis, pero intento imaginar cuánto de ese sentimiento por la esposa fue germen de su última novela, la que no ha salido aún por cuestiones editoriales. Toda la sangre del mundo, al contrario de lo que su título sugiere, no es novela de vampiros. Y aunque sea la historia de un amor que perdura una eternidad, sus personajes no son inmortales. Tampoco la palabra “amor” se menciona nunca, ni una sola vez en toda su extensión; y fue hecho adrede porque, según el autor, “es fácil decir ‘te amo’. El reto es demostrarlo con acciones… durante dos mil años”.

López Nieves lleva el pelo pulcramente alisado hacia atrás, acentuando las largas entradas y la grisura del cabello, pero cae en su cuello a manera de una melena corta que le rebaja la edad, en complicidad con el atuendo de pantalones cortos y pies calzados con sandalias. Casi es mediodía, luce hermoso el cielo sobre Santo Domingo, y yo sudo a mares, por el calor y porque no se me ocurre qué pregunta original hacerle al escritor. Pensando, de pronto, en el buen tiempo que hace, me acuerdo del email angustiante que Luis me envió hace unos meses. “Supe por primera vez el significado de la palabra supervivencia”, decía ahí, y se me alumbra pedirle que hable de su experiencia con el María, ese ciclón tremendo que cayó en septiembre sobre la vecina Puerto Rico, muy poco después de que uno similar en nombre (Irma) y fortaleza asoló la isla de Cuba.

“Vivo en el piso once de un edificio con planta eléctrica, pero el huracán María tuvo la gentileza de mandarla al carajo. Por tanto, me quedé sin luz, ni agua ni ascensor. Los primeros ocho días fueron los más fuertes. Al terminar la tormenta, y salir a las calles, todos andábamos como zombies. Mirábamos la destrucción a nuestro alrededor y como no había radio, Internet, periódicos… no sabíamos qué estaba pasando en el resto del país y en el mundo”.

“Comenzó entonces la ‘etapa primitiva’, porque los días se nos iban buscando comida y agua; o sea, supervivencia básica, mantenernos vivos. En pleno siglo XXI, cuando nos creíamos en el tope de la cadena evolutiva, y luego de (en mi caso) seis décadas dando por sentado que para tomar agua se abre una pluma y para comer se abre la nevera, pues luego de seis décadas todo eso se fue a la mierda, y para tomar agua había que hacer fila durante largas horas y para comer comida caliente había que recorrer la ciudad en busca de un negocio abierto.

“Tenía que subir los once pisos varias veces al día con galones de agua y bolsas de comida. El calor en nuestro apartamento, que está diseñado para aire acondicionado central; era insoportable…”

“Ya no soy un niño”, confiesa Luis, y ante esa, “la prueba más terrible de mi vida”, optó por salir de su país y marchar adonde sus familiares y amigos le ofrecían ayuda, en Nueva York, ciudad en la que permanecería un mes alojado. La reapertura a mediados de octubre de la Universidad del Sagrado Corazón (donde es “escritor residente” y catedrático) lo compulsó a regresar aunque la situación siguiera caótica en su isla.

“A mi apartamento le llegó la luz al final de noviembre (el huracán fue el 20 de septiembre). Luego comenzó un periodo muy inestable. La luz se iba y venía. Con Internet igual, nunca estaba seguro de si iba o no a tener. A pesar de estas circunstancias, Mara y yo fuimos de los que mejor estábamos, porque en febrero todavía un 50% del país no tenía energía eléctrica. Pueblos enteros, sobre todo en la montañas de Puerto Rico, tenían que beber agua en el mismo río en que lavaban ropa. Fue como volver al siglo XIX”.

En la tarde de ese día habrá una actividad del Taller de Escritores Dominicanos en la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña, a la que hemos sido invitados. En esa cita, me tocará ofrecer una charla sobre literatura cubana actual y presentar Isla en rojo e Isla en rosa, compilaciones de cuentos en las que participé como antologador. Por su parte, Luis López Nieves disertará sobre sus libros y la Biblioteca Digital Seva y recibirá la admiración de los escritores aprendices del país en que estamos de paso. Con el pretexto del diálogo y la literatura, habitantes de las tres grandes islas hispanohablantes del Caribe vamos a terminar haciéndonos las fotos del abrazo fraterno.

Pero antes de que todo esto pase, bajo la marquesina del hotel donde celebró sus últimas y decisivas nupcias, López Nieves me va a revelar hacia donde se encaminan actualmente los pasos del escritor:

De izquierda a dercha los escritores Rafael Grillo, Rodolfo Báez y Luís López Nieves quien ofreció una charla a los narradores de Santo Domingo en la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña. Foto Racso Morejón

De izquierda a dercha los escritores Rafael Grillo, Rodolfo Báez y Luís López Nieves quien ofreció una charla a los narradores de Santo Domingo en la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña. Foto Racso Morejón

“Tengo dos libros de cuentos en etapa avanzada. Uno se llama Últimas palabras, en el que invento o modifico las últimas palabras de personajes históricos famosos, en el lecho de la muerte. El otro es Reescritura, libro presuntuoso porque consiste en mi propia versión, modernizada, de cuentos famosos que me gustan mucho. Pero esos dos libros los tengo un poco postergados porque he estado trabajando una nueva idea que me apasiona…
“De pronto comprendí que me he pasado toda la vida intentando comprender la sicología del sexo femenino. De hecho, la mente de las mujeres me interesa mucho más que la de los hombres. Cuando voy a una fiesta, siempre prefiero conversar con las mujeres porque suelen ser más estimulantes. Por eso me vino la idea de escribir un libro que sencillamente se llamará Mujeres. Todos los cuentos protagonizados por mujeres. Y mi desafío es ver en qué medida logro comunicar mi convicción de que las mujeres realmente no necesitan a los hombres, mientras que nosotros no podemos vivir sin ellas.”

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