Actualizado el 28 de mayo de 2018

Entrevista al escritor Carlos Esquivel:

Los soldados son figuras sin nombre, o con un nombre: soldados

Por: . 23|5|2018


Con Carlos Esquivel me ocurre algo peculiar. Hace años conservo su fotografía aparecida en Juventud Rebelde y una y otra vez, al contemplarla,  confirmo mi sospecha: su rostro se parece demasiado al de mi padre ya fallecido. Por ello no es de entrañar que, habiendo conocido el aspecto físico del autor antes de leer su obra, la lectura de su poemario Balada de los perros oscuros me resultara especialmente cercana, siendo este escribidor alguien poco dado a frecuentar la poesía cubana actual. Así, cuando tuve la menor oportunidad, yo, que por entonces andaba sumamente interesado en el punto de vista de los narradores cubanos de fines del siglo pasado y principios del actual al analizar el tema de la guerra, un punto de vista para nada epigonal respecto a los autores de la literatura de la violencia revolucionaria de los años sesenta, decidí abordar a este tunero que ha ganado su espacio en el difícil mundillo literario a golpe de talento y sinceridad. Por todo esto no es de extrañar que la mayoría de mis preguntas tocaran el tema alrededor del que gira el referido poemario, pero no podía dejar pasar la ocasión para que mi entrevistado hablara también un poco de la literatura cubana actual. Así, vía e-mail, como corresponde a este posmoderno universo, fluyeron preguntas y respuestas que por pura pereza dejé reposar durantes algunos años, pero que hoy, al volver a leer, descubro que, como cuando contemplo una vez más la añeja foto de Esquivel, me siguen provocando un vago desasosiego.

El tema Angola aparece en varios de tus libros. ¿Cómo lo ves? ¿Crees que pueda convertirse en una obsesión?

No lo creo obsesivo en mi obra. Sólo Balada de los perros oscuros se lo dediqué completamente al tema. En Perros ladrándole a Dios hay un capítulo en torno a lo que me sucedió en Angola. Escribí sólo dos cuentos que referencian el asunto: “Los agujeros negros” y “Campanario 6”, un cuento que al final deshice.

¿Qué fue para ti la guerra en Angola?

Una experiencia insustituible: después de una guerra uno no es el mismo, no podrá serlo. La guerra te inventa un pasadizo y te empuja hacia él, hacia su enrevesada perdición.

Autores como Ángel Santiesteban o Ray Faxas escriben sobre el soldado en espera (también lo hace Alberto Guerra), o sea, un soldado que no combate de momento y que sin embargo vive la angustia del qué pasará, qué me dices al respecto.

Bueno, cada cual se inventa la guerra del modo que le parece más atractivo y más interesante. Los casos no nacen en los autores cubanos, por supuesto. En los llamados libros épicos o hasta en las novelas de Javier Cercas, por situarme en un punto de referencia cercano, hay disímiles propuestas sobre la situación de un guerrero o un soldado y el complejo mundo interior en que el se debaten las circunstancias del heroísmo y de la sumisión a emociones de otra índole.

¿Por qué ese interés en resaltar la figura materna?

En una guerra lo primero que necesitas es protección, la madre es el objeto sujeto ideal, el único, o casi. La madre es un símbolo igual en toda mi literatura, pero lo es en buena parte de los autores de la generación del 80, donde se perfilaron temáticas y rumbos estilísticos novedosos en la literatura cubana.

En uno de tus poemas hablas del soldado que se masturba bajo la bandera… ¿Cuánto está presente en tu obra la sexualidad en la tropa, incluida la homosexualidad?

Apenas trato el tema de la homosexualidad y no critico a quien lo haga. La sexualidad sí, en varios libros está. Lo que me parece es que en varios autores se convierte en un lugar común, en una forma de gancho y eso predestina el texto, lo hace carcomido por una facilidad perjudicial como propuesta estética.

En Perros ladrándole a Dios sentimos que hay un abismo inmenso entre el soldado y la jefatura… ¿Puedes abundar al respecto?

Es el abismo normal que debe existir entre el soldado y el jefe, dos símbolos ineludibles en cualquier situación, lo mismo literaria respecto al tema de la guerra, que en la propia campaña. El soldado está en escalones inferiores, la muerte más cerca de él, las calamidades rodeándolo, un volcán interior revive con él. Las batallas son ganadas por los jefes. Los soldados son figuras sin nombre, o con un nombre: soldados.

¿Por qué tantas invocaciones divinas? ¿Qué es Dios para ti y por qué lo traes a tu obra?

Calificar eso sería entrar el terreno de las especulaciones, o por lo menos de los estigmas. Por distintas razones, Dios, la figura de Dios, el nombre “Dios” ha estado muy cercano a mí, la religiosidad de mi padre, la humildad de mi madre, las lecturas de enfoques teológicos con éxtasis: siempre me encantó la poesía de San Juan de la Cruz, la de Santa Teresa y de otros autores que servían divinamente al tono de las Escrituras.

Karla Suárez, en su novela Silencios, pone en boca de la protagonista estas palabras: “Me parecía que en Cuba la literatura la escribían los políticos, el resto eran redactores, colocaban signos de puntuación, le daban un título y voilà, la literature. No sé si sería la carencia de un periodismo verdadero, pero se me antojaba que los escritores hacían periodismo”. Nadie contaba historias. ¿Qué crees al respecto?

Estoy casi totalmente de acuerdo. Pero creo que, a pesar de todo, esa literatura de crónica, de periodismo trasmutado, sirvió para dar a conocer procesos sociales bien delicados que se vivían en el país y que el periodismo chato y efímero q

ue tenemos no abordó jamás: eso incluye la guerra de Angola, lo de las jineteras, los balseros, las agudas crisis de familia en el país a partir del llamado Periodo Especial.

¿Qué me dirías si te pidiera una valoración más amplia de la literatura cubana en general y especialmente de la narrativa en tres aspectos: el tratamiento del tema de la guerra, la narrativa hecha por mujeres y la proliferación de la temática gay en los distintos discursos?

Una buena parte de los escritores cubanos están preocupados más por el Mercado, por cómo se podrá vender lo que escriben y han descuidado el aspecto formal, el vuelo de sus obras. Ni siquiera hay una revisión de lo que acontece en la literatura contemporánea, cuáles son las orientaciones estilísticas, los rumbos y aportes significativos. El tema de la guerra tuvo varios autores enganchados a la moda. Algunos, como Ángel Santiesteban y Alberto Garrido, fueron más allá, y perpetuaron una valiosa propuesta de ruptura y apertura a la misma vez. La narrativa hecha por mujeres tiene voces que me perecen muy sustanciales, en primer orden, Ena Lucía Portela y Anna Lydia Vega Serova, Gina Picart, Karla Suárez, Wendy Guerra, y algunas más jóvenes como Mariela Varona y Gleyvis Coro. Lo gay es más peligroso, lo es porque a veces el tema se saturó de rampante erotismo. Lo más interesante lo aportaron autores como Ernesto Pérez Chang, Noel Castillo, Jorge Ángel Pérez, René Coyra, José Félix León, y unos pocos más.

Creo que la literatura cubana actualmente está en un lugar intermedio, a la mitad de lo que puede lograr y con limitaciones (a veces rústicas limitaciones), donde los autores no logran comprender que la literatura necesita de una entrega total y que la obra literaria es sólo una primera puerta en el inefable camino a la trascendencia.

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