Actualizado el 30 de julio de 2018

No hay que callarse:

Entrevista al poeta panameño Javier Alvarado

Por: . 24|7|2018

Javier Alvarado. Imagen cortesía del entrevistado

Javier Alvarado. Imagen cortesía del entrevistado

Él es uno de los poetas jóvenes más reconocidos en el Panamá actual. Habiendo obtenido algunos de los premios más importantes de su país y también a nivel internacional1, puede advertirse su consagración y entrega al oficio de la escritura. Dotada de un lirismo de alto vuelo y de un estilo que acierta en los entramados de lo neobarroco, la obra de Javier Alvarado (Santiago de Veraguas, Panamá, 1982) destaca entre en la efervescencia poética de su tierra natal.

“El apoyo a la cultura en Panamá es de un nivel bajo. Pudieran editar, reeditar y apoyar con tantas cosas, con tantos recursos que se cuentan, y ni siquiera hay un Ministerio de Cultura, y al Instituto de Cultura le recortan el presupuesto”. Esto manifiesta el autor acerca de un escenario donde Cultura y Estado no sostienen intereses afines. Sin embargo, y muy a pesar de ello, continúa Alvarado erigiendo sus versos, a sabiendas de los retos y bonanzas que el propio acto de escritura arroja sobre su espalda.

Eres un autor joven, cuya obra ha sido reconocida con prestigiosos galardones a nivel nacional e internacional, y que —digamos— acreditan tu trabajo escritural. Desde esta premisa, ¿qué representa, en términos profesionales, ser juzgado como uno de los poetas jóvenes más reconocidos en Panamá?

Para mí ha sido un reto totalmente, debido a que he hecho de la poesía una fe de vida, una profesión, dedicándole mi tiempo por completo. Tengo mis estudios superiores, mis maestrías, pero hasta ahora todo ha sido entregado al arte poético. Eso ha traído frutos y estaciones memorables y también, con el tiempo, otra serie de situaciones. Me he quedado con escasos amigos y tengo que dar gracias a mis padres por permitirme escribir durante todos estos años. Este 2018 cumplo veinte años de escritura, y los premios sí han sido un aliciente y de un gran modo, una medida de dimensionar mi trabajo fuera de mi patria.

Ojalá en mi Panamá la poesía tuviese más valor y el trabajo (no sólo el mío) fuese más potenciado con mayor accesibilidad a las publicaciones y que éstas lleguen a la gente de manera más continua. Cada premio, cada reconocimiento, trae consigo más responsabilidad y más pasión, así lo veo.

Como poeta sueles representar a tu país en diversos festivales de poesía, visibilizando no sólo tu obra, sino al movimiento creativo de tus coterráneos. ¿Cómo asume semejante compromiso un creador joven como tú?

Esta pregunta me lleva a reflexionar sobre lo que hubiese ocurrido si Rogelio Sinán, José de Jesús Martínez, Demetrio Korsi, Demetrio Herrera Sevillano, Esther María Osses, Rosa Elvira Álvarez, Tristán Solarte, José Guillermo Ros Zanet, Moravia Ochoa, Bertalicia Peralta, César Young Núñez, hubiesen tenido la oportunidad en su tiempo de participar de festivales de poesía y dar a conocer su obra con la frecuencia que suelen hacerse y las publicaciones más inmediatas y electrónicas.

Cuando viajo no sólo me quedo con leer y visitar el lugar, sino escudriñar, investigar y adquirir obras de poetas de los lugares donde viajo, y hablar en lo posible de poetas de mi tierra. Cuando empecé a escribir, en 1998, me preocupé por tener libros de autores panameños, pero decidí, además, hacer un periplo y visitar a poetas, novelistas, ensayistas, dramaturgos y cuentistas y tener sus testimonios, vivencias, consejos y frutos de su trabajo de primera mano. Fueron experiencias maravillosas. Creo que debo escribir un libro sobre eso. Me encanta conocer la tradición y ver el trabajo de todos como un gran coro, cada uno con su estilo, pero en continuidad de cierta forma.

En 2013 realizaste una visita a Cuba. ¿Qué quedó —quizás queda— de aquel encuentro?

Mi contacto con Cuba se dio a través de la poeta Moravia Ochoa López, quien fue agregada cultural de Panamá en la isla. En su casa había muchos libros de literatura cubana: José Martí, Reina María Rodríguez, Onelio Jorge Cardoso, Dulce María Loynaz, Nicolás Guillén, Fayad Jamís, Gastón Baquero, Emilio Ballagas, Alejo Carpentier, Eliseo Diego, Virgilio Piñera, Lina de Feria y muchos otros. Quedé fascinado con todo ese material. En 2001, tuve la oportunidad de ir a Santiago de Cuba donde Jesús Cos Causse dirigía el Festival del Fuego; y luego de estar por esos lares, pude conseguir en La Habana, el tomo de la Poesía Completa de José Lezama Lima, y para mi sorpresa el ejemplar estaba dedicado a Cleva Solís, la otra mujer del grupo Orígenes. La poesía de Lezama me abrió universos insospechados, una gran aventura con el lenguaje que se ramifica cada vez que lo releo y vuelvo a él. Tuve un gran anfitrión, Enrique Cirules, de quien tengo gratos y paternales recuerdos.

En 2010 obtuve una mención en el prestigioso Premio Casa de las Américas, en la rama de poesía con mi libro Carta natal al país de los locos, que ojalá se publicara allá. Daba saltos de felicidad. Es un libro muy personal, muy íntimo, desde una saga familiar, y me llena de regocijo que se haya reconocido en La Habana.

Lo del viaje en el 2013, fue una travesía mágica después de mi Premio Rubén Darío y el Nicolás Guillén. Prometí un viaje a la Virgen de la Caridad del Cobre e hice una gira por Cuba: en Pinar del Río di una lectura en casa del poeta Nelson Simón. Me ayudó el poeta Alberto Peraza en el recorrido. Con Nelson y con él, conocí el alucinante valle de Viñales. En ese Pinar fantástico; también conocí a Aurora Martínez, un ser maravilloso y espléndido; y a la escritora de literatura infantil, Nersys Felipe.

En La Habana estuve con Lina de Feria, Nancy Morejón, Pablo Armando Fernández, Retamar, leí en el espacio Azoteas de Reina María Rodríguez. Le doy gracias a la Fundación Hermanos Saiz que me apoyó. Posteriormente decidí ir hasta Santa Clara y Remedios, donde estuve con el poeta Luis Manuel Pérez Boitel.

En Santiago, gracias a Yunier Riquenes, visité a la Virgen y me reencontré con la hija de una querida amiga, fallecida unos años antes y fue un emotivo encuentro. Gracias a ella, tengo un libro de Rafael Alcides. En Holguín, peregriné para conocer a Delfín Prats, que fue una experiencia maravillosa.  Me firmó unos libros y leímos poesía.  Me llevó el poeta Luis Yussef. Di varias lecturas gracias a las filiales de la UNEAC y al apoyo de poetas en esas locaciones. Me hubiese encantado conocer a Carilda Oliver Labra y a Fina García Marruz. Espero poder hablar con ellas.

Cada vez que voy a Cuba, me recreo por su cultura, por su poesía y por las experiencias humanas. Recuerdo una hermosa tarde comiendo helado en el Coppelia con Jamila Medina y con Soleida Ríos; y hasta una experiencia graciosa de un librero gritando por las calles adyacentes al apartamento de los poetas Waldo Leyva y Margarita Sánchez, a las once de la noche, para venderme unos libros y ya todos estábamos acostados.

De Cuba, siempre me quedan experiencias memorables. Quisiera siempre volver y volver.  Espero que sea pronto.

En una entrevista anterior expresaste: “Hay poco apoyo hacia la cultura y hacia los escritores. Panamá necesita ver la cultura como un activo. Ser poeta en Panamá, significa mucho, trabajar en solitario y seguir creyendo en lo que uno hace”. Apelando a esta aseveración me lanzo a preguntar, ¿cómo hace un escritor para insertarse en el canon literario en tu país? ¿De qué manera lo ha logrado el autor que eres?

En mi caso, no sé, si pertenezco a un canon o no, pero supe llegar al oficio, visitando y conociendo escritores (la tradición) y haciendo mi trabajo: leyendo muchísimo y escribiendo; logrando a través de concursos nacionales e internacionales la publicación de mi poesía. Es una carrera a contracorriente, contra todo.

Encuentro en tu escritura la presencia de autores y obras hispanoamericanas y universales, como referentes que sirven de estribo a la misma…

En mi poesía claro que hay influencias y referencias a obras de otros escritores.  Me encanta ejercer una especie de diálogo o recreación con esos escritores, poemas y otras obras. Es fascinante romper esa barrera de tiempo-espacio en la literatura.

La destacada poeta y cronista chilena Carmen Berenguer escribió sobre tu obra: “Es lo que llama mi atención en este joven autor que es Alvarado, que su presencia la realice lúcidamente, como un estudiante de discursos de la gran poesía que cruzan el siglo pasado, con autores contemporáneos”. Al margen de esto, ¿Qué propone —desde la poesía— Javier Alvarado?

Como expresé en la pregunta anterior, me encanta ejercer esos diálogos sin frontera de tiempo ni de espacio. Le agradezco a Carmen Berenguer, esa gran poeta chilena, esa aseveración a mi poesía. Eso de dialogar con los tiempos, con los vivos y los muertos, como un azar de médium, pero no tanto así. La literatura permite esos coloquios y como sigo reafirmando, me encanta escudriñar e investigar autores de antes y actuales, pero con valía. Busco una poesía que comunique, con música, con belleza, con valores estéticos en su propuesta y con fuerza. A eso apelo, en mi caso personal.

¿Cuál rol ejerce el poeta, su obra como medio de expresión y tan ligada a la realidad social/política y humana, en Panamá?

En Panamá hay poca memoria histórica. Se demuelen edificios que son joyas arquitectónicas, los que han saqueado el país se les da casa por cárcel o son reelectos en periodos siguientes. Los historiadores publican sus libros e investigaciones y muy pocos se acercan a ellos. Los sucesos de las huelgas estudiantiles, las luchas por la soberanía en el Canal y el territorio nacional, fueron cantadas por los poetas de la generación del 58 y desde antes por poetas como Amelia Denis de Icaza. Luego Manuel Orestes Nieto habló de agresiones y apelaba a una poesía social desde lo coloquial y lo metafórico. El poeta desde inicios de la República ha tenido esa función y esa relevancia, pero hoy día, esos esfuerzos y esas obras están invisibilizadas. Yo que soy poeta conozco, pero los jóvenes de mi edad y mucho más jóvenes desconocen. Hay mucho trabajo que hacer en ese aspecto. Yo espero que este año se realicen muchos homenajes a la generación del 58. Hoy día, en la poesía panameña, hay una mirada al intimismo, pero también a lo social.   Fluctúan ambas vertientes. La sociedad sigue siendo golpeada y no hay que callarse.

¿Cuáles son —desde tu status de autor/lector— las esencias que definen/identifican la poesía contemporánea que se realiza en los países de América?

Es interesante ver el proceso de las escrituras en América Latina donde los temas son los mismos, pero los tratamientos varían de acuerdo a la corriente estética o literaria seguida por el autor. América es una geografía muy golpeada por aspectos políticos y eso repercute en la literatura.

Somos testigos de cómo otros discursos, otras artes, otros elementos se combinan con la literatura, pero no hay que apartar la calidad. No es hacer por hacer y ahí es donde hay que tener cuidado. Mucha gente cree descubrir el agua tibia o como diría Lezama Lima “la mágica gota de agua” (que para él es el gran trabajo, no es nada fácil) y para esos “descubridores” no es así y apelando a lo que él también dice, me inclino a eso “de que sólo lo difícil es estimulante”, aunque los temas sean sencillos y accesibles en algunos casos.

¿Qué espera Javier Alvarado de la poesía?

Nuevos lectores y su prodigio de siempre, que me habiten las palabras y la belleza.

¿El poeta, como ser que mediante su faena procura —tal vez— sondear-exponer-criticar-salvaguardar la esencia humana y la realidad adyacente, nace o se hace?

El poeta nace con talento, pero se hace, afinando con lecturas, dedicación y trabajo. Ambas cosas. Así lo creo, perfectamente.

Gracias a ti, por esta entrevista, a los lectores de Cuba, donde espero publicar alguno de mis libros. Eso me daría mucha alegría y una enorme satisfacción. Tu pueblo cree en la poesía.

NOTA:

  1. El Premio Nacional de Poesía Ricardo Miró, Premio Internacional de Poesía Rubén Darío, en Nicaragua, Premio Internacional de Poesía Nicolás Guillén, Mención Premio Internacional de Poesía Casa de las Américas, en Cuba, y el Premio Medardo Ángel Silva, a una obra publicada, entre otros.

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