Bladimir Zamora Céspedes:
Poesía que nos salva de la pérdida
Por Leopoldo Luis
Foto: Rafael Grillo
Asistir a la presentación de un libro es siempre un hecho memorable, una oportunidad irrepetible de contrastar al autor (la persona), con el producto de su creación (la obra). Tanto más si uno conoce al escritor, al poeta; si lo trata a diario y lo ve desandar el cotidiano trayecto hasta el lugar de trabajo. Si conversa con él sobre asuntos triviales, que nada tienen que ver con el periodismo o la literatura. Si ha tenido la ocasión de escucharle bromear en la quietud de una tarde, mientras la gente deambula sin la menor sospecha, ajena por completo a la sonrisa nuestra, a salvo detrás de los cristales en la redacción de El Caimán Barbudo.
El sábado 14 de febrero, confundidos en el raudal de enamorados que arribó a La Cabaña, llegamos los habituales cómplices de esa tertulia vespertina, que suele reiterarse con precisión asombrosa, más allá de normas y obligaciones. Desde antes de las cuatro, amigos venidos de diferentes puntos colmaron el stand de la Casa Editora Abril. Poetas, a su vez, algunos de ellos. Pintores, escritores. Y claro, trovadores. Todos guiados por la misma brújula: hecho poco frecuente, Bladimir Zamora Céspedes, “caimanero” por antonomasia, acababa de dar a luz un libro.
Pedro Beritán, Ray Fernández, Fidel Díaz y el bayamés Ormán Cala, asistidos por el guitarrear increíble de Arian Ríos, aportaron la infaltable dosis de trova, nunca eludible cuando se trata de Bladimir. El “Son de José”, inspirado en los versos de Lezama y disfrutado en voz de Ray, no dejó sitio a mejor preámbulo.
Segundos después, Norge Espinosa acercaba el micrófono para leer las sentidas palabras de introducción a Los olores del cuerpo, que recoge muchos de los textos escritos por Bladimir “desde la medianía de los años ochenta, y hasta el 2008”, como él mismo confiesa.
“He leído estos poemas con anterioridad. O los he escuchado, en voz de su autor, durante un tiempo que me permito poblar de mis memorias. Volver a encontrarlos unidos en un volumen, donde la voz de Bladimir parece haberlos impreso con una tinta que es la de esa memoria y esas noches, me ha recordado que la poesía es, sobre todo, una manera de salvarnos de la pérdida”, afirmó el también poeta y dramaturgo durante su intervención, para dar paso a un Bladimir que agradeció con voz rasgada la presencia de los suyos, tanto como la de quienes contribuyeron en cuerpo y espíritu a la consumación del milagro que es siempre el nacimiento de un libro. Luego compartió sus poemas, como para que, habiéndolos leído, el privilegio del presentador nos alcanzara a todos.
Asistir a la presentación de un libro es siempre un hecho memorable. Ya lo dije. Quienes lo acompañamos en la tarde del sábado 14 de febrero, tendremos para siempre a un Bladimir distinto, único, capaz de la poesía de alto vuelo como de la franca sencillez que lo alienta a pedir: “llévenme apenas/ con los olores del cuerpo”.
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