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Memorias de EL CAIMÁN

 

EdiciÓn No. 337
Semana I-IV

La armonía de los elementos
Por Bladimir Zamora Céspedes
Fotos: Enrique de la Uz

Hombre de teatro hasta los tuétanos, José Oriol perfiló en los años ochenta las herramientas que le permitieron muy pronto empeñarse en múltiples acciones culturales en varios puntos de la Isla. Sin negar la validez ancestral del teatro de sala, se encausó desde sus inicios por la armazón de espectáculos dramáticos interrelacionados con los ambientes naturales, donde se celebran las peripecias totales del cubano. Por eso se fue al enclave minero de Moa, interesado en fundar allí Teatro del Este. Y ante la intolerancia e indolencia de las instituciones de allá, que impidieron lograrlo, se estableció en La Habana.
En la capital cubana colabora con el cineasta Lázaro Buría en la realización de la serie La Semilla Escondida.Es profesor de la Escuela Nacional de Instructores de Arte; al mismo tiempo que tutelado por Osvaldo Dragún, participa en talles de la Escuela Internacional de Teatro de América Latina. En esa atmósfera cobra definitiva certidumbre de la necesidad de hacer un teatro fresco, en auténtico contacto con la realidad. Por ello en 1991 echa andar su primera experiencia con un grupo de alumnos en el barrio habanero de El Romerillo. Poco después logra irse con ellos al poblado pinero de Cocodrilo o Jackville, para que hagan allí sus tesis de grado. En aquel sitio donde antaño se establecieron los pescadores ingleses cazadores de ballenas, ellos andaban descalzos, se levantaban en la madrugada, leían poemas de Martí en los claros del alba, se bañaban desnudos en la playa, se cobijaban en los aguaceros… En esa relación especial del grupo y sus individualidades con el entorno, nació Teatro de los Elementos. En la Isla de Pinos estuvieron dos años y desarrollaron una labor creativa de alto valor sociocultural, que todavía está por testimoniarse de manera exhaustiva. Luego, requerido por el entrañable Joel James Figarola, Oriol se fue con su tropa a la comunidad de Barrancas, perteneciente al municipio santiaguero de Palma Soriano, para animar, con su acción teatral, la conservación de la memoria cultural de los descendientes de haitianos que habitan el lugar. Estando ahí, un buen día se miraron a los ojos, y sin mediar muchas palabras, decidieron venir a la comunidad El Jobero, en Cumanayagua, donde casi todos ellos habían nacido.

Oriol: Habíamos empezado la experiencia de El Romerillo en 1991 y, por el 1995, ya estábamos en Barrancas. Los transportes eran escasos y demorados, apenas había que comer durante el trayecto, todo era inseguro, de modo que llevábamos mucho cansancio; habíamos atravesado todo el Período Especial haciendo teatro, desarrollando largos viajes en tren, barcos, patanas, teniendo como único transporte seguro una bicicleta, hasta que un día decidimos que debíamos buscar un centro, y nos dimos cuenta que la mayoría éramos de Cumanayagua y que mi padre había entregado sus tierras a la Revolución cuando los grandes planes lecheros. Razonamos largamente sobre laposibilidad de solicitarle al Estado ese espacio de tierra y ¡qué batalla!… Creo que fueron dos años discutiendo con la Delegación Territorial de la Agricultura de Cienfuegos sobre la conveniencia de que tomáramos o no aquellas tierras, que ya no eran mi herencia personal, sino un patrimonio que le solicitábamos. Felizmente, el Partido en la Provincia y nuestro Ministro nos entendieron y tuvimos una suerte extraordinaria: la Delegación de la Agricultura nos concedió la tierra en usufructo.
La bronca fue contra el director territorial de Agricultura, que no entendía qué hacía yo aquí después de haber ido a Suiza y a Francia, después de haber sido noticia de periódico; le extrañaba que yo quisiera venir para una tierra ociosa, eso a él le parecía como que yo ganaba posición para la aplicación futura de la Ley Helms Burton… pero bueno, en diez años de permanencia trabajando juntos, desarrollando acciones en la montaña que involucraban ambas instituciones, etc, llegamos a ser grandes amigos y estoy seguro que él entiende ahora mucho mejor la función de la cultura en estos lugares tan necesitados de su disfrute.
En el 96 hicimos la primera casa, es esa donde vive Lavinia Ascué, una actriz habanera, que es demás una excelente narradora. Y entonces se empezó a generarla segunda casa, la tercera casa, un anfiteatro que les vamos a mostrar después, y por último entramos en alianza con la Fundación Antonio Núñez Jiménez, que propició la capacitación de todo un desarrollo sostenible de la agricultura, que no fuera química, que hubiera barreras para retener el suelo y que no se fuera la capa vegetal. Hicimos una cocina eficiente que aprovecha mejor la leña que los fogones normales, cocinamos con biogás, o sea, que de la excreta de las vacas fabricamos biogás para cocinar los alimentos; estamos tratando de sacar el agua con molinos de viento y ya tenemos una bomba llamada ariete, que cuando hay un metro de caídala bombea diez hacia arriba. Estamos metidos en una tecnología que es también cultura; lo que pasa es que quizás el divorcio artificial entre las artes y la ciencia no nos permite a veces pensar en eso.
Creo que esta cultura de la naturaleza nos da derecho a oír el canto de un pájaro sin que haya un motor que esté contaminando con su ruido o con sus desechos, o a fabricar un caney de guano aunque ya no sea la usanza; en fin, nos podemos dar pequeños placeres que le están negados a casi la totalidad de los hombres con el tema de la globalización.
Desde que llegamos, la comunidad nos respalda, hay un grupo de trabajo… y me gustaría muchísimo que estuviera aquí Geraidy Brito… si le pudieran avisar… Aquí hay un grupo infantil que ha ido al Festival Mundial de Teatro para Niños, donde estuvo La Colmenita y otros importantes grupos del mundo entero; hace como cuatro años que funcionan, son hijos de los trabajadores y vecinos de nuestra comunidad; recientemente han ido al Festival Latinoamericano de Teatro para Niños. Antes se nombraba Teatro El Bosque, ahora se llama La Yagruma; montaron primero una obra de Ricardo Muñoz Caravaca, que está inspirada en el texto de Asudiansam, y ahora se presentaron con una obra que se llama Romelio y Juliana, de una autora cubana, Blanca Felipe Rivero, graduada del ISA. En la comunidad existe ese trabajo con los niños y eso ha provocado un acercamiento muy especial con sus padres y vecinos, además nuestra empleomanía es casi toda de allí, por lo que hemos hecho una relación casi de familia.
La comunidad empieza a tejer también con nosotros el sueño del desarrollo sostenible; Lupe Véliz de Núñez Jiménez, cuando nos visitó por última vez, nos recomendó sacar el desarrollo hacia fuera, hacer un acompañamiento a la comunidad en sus acciones; de modo que hoy estamos hablando de crear un huerto comunitario en la escuelita, de fabricarle cocinas eficientes a varios vecinos en sus casas, de abordar el problema del agua que es crucial en la zona… creo que se trata de no verme como alguien que vino para redescubrirla, sino de verme como alguien que vino para darle voz a otros y redescubrirlos también… Estoy por ejemplo pensando en Pedro, que es inventor, que ha hecho un vehículo de tres ruedas muy simpático, que él lo llama “La cardiovascular del jobero”; Pedro además hace ballestas, inventa una linterna con un teléfono de magneto, hace fusiles, y como si fuera poco, toca canciones de Matamoros con una guitarra que le regaló Laura Vitier cuando filmó para un documental.
Como te decía,hay inventores, gente que han hecho una mini hidroeléctrica con sus manos, para darle corriente a ocho casas, con recursos que ya estaban desechados, con metales y tanques de los que no se usaron nunca para construir la Central Electronuclear en Cienfuegos. La comunidad está llena de talentos, no sólo para el trabajo infantil; yala escuela está desteñida y da un poco de pena mostrarla, pero la escuela fue pintada por los propios niños con técnica de puntillismo; se trabajó sobre tres paredes en que desarrollaron imágenes sobre el agua porque algunos de los niños no habían visto el mar antes de ir al Festival en La Habana. Además, se trabajó sobre el concepto de cómo imaginaban la ciudad y como era el campo, que es, por supuesto, el que más claro tenían; en este gran fresco escolar aparecen los recogedores de café, los majaes, las jutías, las palomas, un monte… Entonces nos vimos obligados también a pintar la bodega y convocamos para ello a alumnos y profesores de la Escuela Profesional de Artes Plásticas “Oscar Fernández Mell”, de Trinidad; ellos trabajaron sobre un nuevo concepto que no fuera el ya tradicional del letrero con el horario, sino que ahí aparecieran aspectos de la memoria de la zona… una vecina pintó su juego de comedor de un modo muy particular; es decir, que la gente se descubrió a partir de que empezamos a traer escuelas, a insertar los alumnos aquí, a trabajar con ellos… hay un mural que es de un conocido caricaturista llamado Acebo, que está en la primera casa que hicimos.
Otro proceso de acercamiento es el de recibir contingentes de las Escuelas de Instructores de Arte y conducir su experiencia por dos o tres semanas en la zona; no solo hemos recibido gentes de teatro, hemos recibido de todas las especialidades. Hace cuatro años comenzó una relación con un grupo español, que es además escuela de teatro y cine, se llama Viento Sur y radica en Sevilla; con su ayuda hicimos una casa, vienen todos los años por veinte o treinta días, participan con nosotros en la llamada Bienal de Teatro en la Montaña, donde presentan sus espectáculos al público rural.
Este año estamos acariciando la idea de traer al grupo Bread and Puppet de Estados Unidos, para mostrar modalidades de teatro que el campesino y el hombre de pueblo no han visto y que, sin embargo, son alta expresión en el discurso del teatro del mundo. También tuvimos relación con una escuela de Bélgica, que es el Instituto Hortícola de Gembloux, con el que logramos hacer el trazado y las excavaciones del anfiteatro al aire libre… y así nos hemos ido encadenando con cada amigo que llega; igual pasó con CITA de Camagüey, un centro de tecnología especializada que nos regaló una bicibomba donde los niños se divierten dándole a los pedales y lo que están es sacando agua, o la experiencia con Cubasolar, con quien tenemos fuertes alianzas; y recientemente los niños del grupo La Yagruma han ido hasta Bartolomé Masó, en Granma, para la clausura de un concurso de dibujos infantiles relacionados con el sol. Es decir, que estamos tratando de implementar un pensamiento, una manera de ver la naturaleza y de vivir en armonía con ella en un siglo cargado de tecnología; estamos tratando de redescubrir una modalidad donde la comunidad pueda ser el centro del discurso. Mira, ahí viene Geraidy, que es la que trabaja con los niños
Geraidy: Al principio era como un juego con los niños, en el tiempo libre, y fuimos tomando más y más en serio las cosas hasta que nos presentamos en un Festival de Teatro y ganamos un premio de puesta en escena y de mejor obra… entonces ya eso da la medida de que uno va como que dando pasos en lo que pretende hacer en la vida y definitivamente me he tomado muy en serio el trabajo con los niños, creo que me llena mucho.
Bladimir: ¿Y tú has notado qué importancia puede tener para el resto de la familia ese trabajo con los niños?
Geraidy: Sí, es también muy importante para la familia de los niños, porque en este trabajo la ayuda de Oriol como director del grupo y la ayuda también de mis compañeros, no basta; los padres son los máximos representantes de ellos, porque a veces no aparece determinada cosa y ellos lo buscan desde sus posibilidades. Las madres son las que tejen, las que cosen; los padres son los carpinteros, o los que diseñan cualquier artefacto para la escenografía con su rica intuición… y todo sucede así, es como reunirnos todos, olvidándonos un poco de la procedencia y de si tienes mayor nivel cultural o menor, realmente eso no cuenta, lo que importa es la idea y lo que podamos aportar.
Oriol: Lavinia te puede hablar un poco dela experiencia de la narración, en la cual ella llegó haciendo pininos y ha logrado ya un....
Lavinia: Soy narradora oral antes de haber entrado a este grupo, pertenezco al taller de Mayra Navarro, delGran Teatro de La Habana; vine para acá porque siempre me ha gustado mucho el teatro y la naturaleza, y aquí tengo la posibilidad de tener las dos cosas a un mismo tiempo. Traje la experiencia de la narración y un poco de teatro aficionado. Aquí descubrí que no hay movimiento de narradores en el centro de la Isla: hay narradores en la parte occidental y en la parte oriental, pero en el centro no, y tengo en planes consolidar ese movimiento aquí en el centro; al menos empezar a dar los primeros pasos, interesar, darle talleres a la gente, rescatar a esos que lo hacen de manera empírica, que no saben que es una manifestación de las artes escénicas igual que el teatro. Pretendo contribuir a construir el puente, para que ese movimiento coja un nivel nacional.
Oriol: Mira, esta es otra de las actrices del grupo, “Cusa”, María de los Ángeles Agüero.
Cusa: Una de las cosas que yo he aprendido aquí en mi experiencia con el Teatro de los Elementos, es que realmente lo importante no es el lugar, lo importante es la persona, quién realmente es uno y a qué grupo o a qué colectivo de personas uno pretende llevarle el mensaje que uno desea. Estudié en La Habana, cuatro años en el ISA, y recuerdo que aquellos años fueron de gloria, en el sentido de poder ir al cine, al teatro… Soy campesina, llegué a la Habana como en un paracaídas, y no recuerdo haber tenido nunca la sensación que tengo ahora, que es la sensación de plenitud, de saber exactamente dónde estoy, dónde tengo mis piernas y hacia dónde quiero ir. También estuve cuatro años en el teatro Escambray y no recuerdo nunca haber pasado por al lado de un gato y decir: ay, que gato más bonito, o decir mira aquella vaquita, y las cosas me pasaban y yo estaba en la vida como que ciega, no veía más allá de mis narices, y creo que eso lo da la vida, el pasar por diferentes estadíos y finalmente encontrarse interactuando auténticamente con el entorno.
Bladimir: Yo quería, Oriol, que tú le pidieras a alguna persona de las que no son artistas que nos hablara… ¿Cuál es la implicación de esas personas, que son el complemento sin el cual el proyecto no saldría adelante?
Oriol: Bueno, busca a Marisela, que está por aquí atrás.
Marisela: Comencé a trabajar aquí hace tres años y he tenido experiencias maravillosas. Son buenos compañeros de trabajo y, sobre todas las cosas, lo que más me motiva es la paz que hay en este lugar.
Oriol: Marisela es una creadora… ella no lo dice por humildad, pero es de las personas que no se conforma con hacer solo lo que tiene en sus manos: arroz, frijoles y una tortilla. Hace dulces y otros platos para nosotros, sin nosotros darle los recursos. Es una gente siempre atenta, siempre con el detalle. A la verdad, en Teatro de los Elementos a todos los compañeros se nos ocurre continuamente hacer cosas y sugerirles proyectos a los demás. A Alfredo Sánchez Iglesias le pedimos plasmar en porrones los rostros de grandes plásticos y destacados teatristas. El porrón es una prenda olvidada casi por el campesino, es lo que se llevaba al campo para tener el agua fresca. Entonces, es así… después viene alguien y coloca un árbol, una enredadera, después viene otro y pone una orquídea, y la gente ha ido armando esa entelequia que es el Teatro de los Elementos. Me gustaría que Alfredo hablara un poco… Yo he visto en los cuadros de Alfredo personajes que no estaban antes en su pintura; he visto los zanqueros en el anfiteatro de los obreros, pintados en su fresco, y entonces me llama la atención que él también los ha incorporado a pesar de que viene de Santiago de Cuba, donde ya era un artista con reconocido prestigio, ya con un universo expresivo muy conseguido.
Alfredo: Aquí me brindan todo lo que yo necesito para vivir, las dos cosas fundamentales: hacer teatro y hacer plástica. Por eso estoy hoy aquíy pienso seguir aquí todo el tiempo que sea necesario. Aquí actúo, hago diseños para escenografía, hago diseños para vestuario, hago luces, trabajo como un tramoyista, trabajo con todo eso que necesito, que me gusta, que amo, eso y el paisaje de aquí, las personas, los artistas que nos rodean, los campesinos, todo eso me ha dado un gran bagaje para tenerlo dentro de mi obra; por eso mi obra cambió cuando llegué a este lugar. Cambió en temas, en estructura, cambió en todo. Me siento feliz, pienso seguir sacándole provecho a esta tierra, a este grupo, a este entorno que nos rodea.
Oriol: Mira, este es otro actor del grupo, Yannit Pozo...
Yannit: Comencé escribiendo cuentos y mucha gente me decía: “Oye, tus cuentos son muy poéticos, vete para la poesía, que ahí es donde tú vas a dar.” Sin embargo, aquí en Cumanayagua descubrí de verdad el cuento, intercambiando con los miembros del grupo, con este espacio, con este pueblo. Después de más diez años sin escribir cuentos, aquí ya he terminado dos libros. Alfredo decía que había una reorientación de todo su trabajo, a mi también me ha sucedido.
Bladimir: Y tú piensas que este es un proyecto para sentirte sabroso un tiempo y luego partir…
Oriol: Aquí estoy disfrutando la posibilidad de vivir. Este es el sitio donde nací, mi casa está a unos cuantos pasos. Esta tierra es de mis abuelos canarios y de mis padres. Lo que representa para mí volver a la patria es volver siempre a este sitio. Cuando estoy en cualquier lugar de Cuba o del mundo, la memoria se me produce a partir de este lugar. La discusión más profunda con el Delegado de la Agricultura fue cuando trató de darme otra tierra, y yo le dije que aquí había corrientes, fluidos, emanaciones; que yo veía a mi padre ordeñar la vaca y salía desnudo. Era aquí y en ningún otro lugar. Él se convenció que tenía que colaborar dándonos esta tierra en usufructo para el proyecto. Que a estas alturas es patrimonio de mucha gente. Yo creo que esa diversidad es lo que explica la posibilidad de estar aquí consciente de todo lo demás que podamos considerar importante. No estamos aislados del mundo. Estamos mirando los clásicos desde el potrero, en la puerta de la casa. Si estamos haciendo Boccaccio en los campamentos de los recogedores de café,yo creo entonces que la vida no se nos está yendo. Experimentar tan intensamente una corriente culta de alto teatro, me ha brindado espacio material y espiritual para poder construir la comunidad, el sitio ideal para desarrollar el Teatro de los Elementos. Estoy hablando de la dignificación de la cultura.
Las empresas no tienen como objeto social transportar actores ni hacer espectáculos; su objeto es transportar café, viveros de posturas, sacos de harina y entonces, lógicamente, hemos tenido que buscar nuestras propias estrategias. Los espectáculos los hacemos aquí mismo y traemos a la gente o las invitamos. El anfiteatro se nos ha llenado varias veces con los cuentos de El Decamerón. Sin embargo, como es natural, creo en la necesidad de pensar en los recursos que necesita la cultura, precisamente esta es una zona de importancia estratégica extraordinaria, la cordillera del Escambray, que es un tesoro en términos de la memoria de la nación. Aquí se acunaron las guerras libertadoras, aquí está todo un pasado místico y toda una literatura que Samuel Feijoo recogió del legado popular. Aquí se puede palpar lo que Martí llamó “la armonía de la naturaleza”. Esta región tiene una importancia colosal en el contexto de la cultura cubana. Eso jamás nadie lo podrá discutir, por lo cual estoy convencido de que es una obligación del consenso institucional favorecer aquí el ejercicio de la cultura, y favorecer el contacto que otros cubanos, o personas de otras latitudes, quieran tener con nosotros.

 

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