ABECEDARIO del arte cubano contemporáneo
Por Héctor Antón Castillo
A: A veces pienso en el arte contemporáneo realizado en Cuba en la década que transcurre. Me detengo ante sus luces y recuerdo ciertas piezas emblemáticas: Muriendo libre (Lázaro Saavedra); Soy hombre. No minimalista (Eduardo Ponjuán) o La realidad absoluta (Luis Gómez). Después evoco el colorido de sus manchas: los artesanos largos de bolsillo y cortos de ideas intentando pasar gato por liebre gracias al mercadeo travestido en arte. Como dijera un joven artista: “Ese pintor quiere estar en Sol y son y en la revista Artecubano”. A esto podríamos agregarle: el señor lo quiere todo sin entregar nada para el desglose de la posteridad.
B:Bienales: una palabra crucial. De cara a un muro sin vista al mar, se borran las ciudades que intentan colmar el alcance de una palabra. Venecia, Sao Paulo, Shangai o Liverpool sucumben ante el hechizo caótico de La Habana. Entre sueños y pesadillas, protagonismos y omisiones, la Bienal antillana deviene el orgullo insular de quienes perduran en el tiempo a contrapelo del espacio y sus muecas: Juan Francisco Elso y José Bedia, Kcho y Tonel, Lázaro Saavedra y Flavio Garciandía. La Novena Bienal (marzo-abril 2006) pudo vanagloriarse de un desequilibrio medular: la ilusión de la ciudad-maqueta sustituyendo a la realidad de la urbe como performance en estado puro. Claro: las dinámicas de la cultura urbana se debaten entre el movimiento y la quietud, las ideas que sustentan la plataforma ideológica de las metrópolis y su reproducción en imágenes. Lo que no se concibe es una perspectiva curatorial articulada desde lo público y reducida a lo privado de sus paredes disponibles.
C: Criticar significa cuestionar lo salvable del incendio de la mala memoria. El ejercicio del criterio es un recurso de la inteligencia para exorcizar demonios como el miedo y la guataquería. Hay críticos que tienen un precio adquirido en el trayecto de una carrera. Otros poseen un valor atesorado por una obra donde el riesgo se torna un desafío contra el éxtasis de la longevidad. De ello se deriva una paradoja: pueden existir críticos jóvenes de sesenta años y ancianos críticos que no llegan a los cuarenta.
CH: Chago Armada (1937-1995) es una de las exclusiones que matizan el Diccionario biográfico de las Artes Plásticas, de Ursulina Cruz Díaz (Editorial Pueblo y Educación, 1999). El creador de personajes como Julito 26 o Salomón recibió un justo homenaje en el II Salón de Arte Cubano Contemporáneo (1998). Este vino a completar las muestras realizadas en Espacio Aglutinador (1995-1996) después de un prolongado silencio expositivo, tal como reconoce la curadora y crítica de arte Caridad Blanco de la Cruz en una reseña publicada en el Catálogo del Salón. Como apreciamos: nunca es tarde si la contracandela institucional es buena.
D: Documentar en soporte fotográfico las acciones es un modo fácil de venderlas. Esto lo sabe el galerista de olfato comercial y provoca que muchos performers terminen confinados en ferias y subastas. Mientras el artista no alcance negociar los derechos de acción sin renunciar a sus locuras, será una presa fácil de galeristas nacionales o foráneos sin interés de construirlos de afuera hacia adentro para sacarles mejor partido.
E: El peligro a desaparecer en el ruido de las estrategias grupales o en el silencio de su fin estimula las iniciativas personales opuestas a la consigna de que “en la unión está la fuerza”. De esta certidumbre saldría un epitafio adelantado: “Prefiero que me olviden a causa de lo solo que siempre estuve”.
F: Fabelo es un notable dibujante. Dicha evidencia incita una pregunta: ¿Acaso es imprescindible convertirse en un instalacionista para ser un artista contemporáneo?
G: Generación 00: término acuñado para intentar una cartografía de emergencias posibles. La mayoría de estos desconocidos tienen todas las de ganar y todas las de perder. Sin ánimo de obviar sus pretextos, el rubro no deja de ser un contrasentido. Partir de cero no puede ser una categoría ni una etiqueta, sino el estado natural del creador ante el espacio vacío reservado para la imaginación. Otra cosa es una promoción incipiente tratando de imponerse y ansiosa de no escuchar más el cuento de los ceros fuera de los billetes.
H: Humberto Castro (La Habana, 1957) logró filmar en las cúpulas del Instituto Superior de Arte sin que fuera reconocido por los estudiantes. A mediados de los noventa, ya el instalacionista neopop de los ochenta radicado en París era un turista más en el contexto del arte cubano. Poco después del curioso incidente, uno de los que pintaba en los talleres se preguntaba: ¿Y quién será Humberto Castro?
I: Institución-arte: refugio para unos y desamparo para otros. Lo que el filósofo y teólogo danés Sören Kierkegaard denomina como “el problema de la elección” le queda chiquito. Pero tras el viejo telón de los emblemas hegemónicos se ocultan esteticismos trasnochados, intereses personales y la disciplina burocrática como antídoto para enmendar futuros errores.
J: Jóvenes: una pausa larga en el libreto de funcionarios, curadores y críticos que gustan de “ir al seguro” para no fallar.
K: Korda, Alberto (La Habana, 1928-París, 2001) personifica al fotógrafo nacido para concebir una sola imagen. A la sombra de su propio árbol, el reposo de la imaginación invirtió los papeles. Entonces la leyenda del icono inmortalizado en el momento perfecto construyó la idea del artista fruto del azar o de la urgencia histórica.
L: Luis Gómez (La Habana, 1968) es uno de los productores visuales que ha hecho de la densidad una virtud. Su impronta ética radica en una perenne lucha contra el mundo. De esa batalla han salido: Quiet Room (2000), La tentación de existir (2001), Nadie escucha (2005) o Los hombres que nunca existieron (2006). En una video proyección como Nadie escucha, aparece un diamante girando solitario en el centro de la pantalla como signo de opulencia y glamour. Pero la repetición del movimiento virtual sugiere un trasfondo de extravío donde confluyen el querer y el poder. La operación revela un proceso cálido cuyo resultado frío propicia una expansión desde su hermetismo.
LL: Llueve sobre mojado si creemos que la supervivencia poética de un artista depende de su contubernio o marginalidad con respecto al marketing de la política cultural de su época. Las asperezas contenidas de Antonia Eiriz (La Habana, 1929-Miami, 1995) retornan de la mano de Pedro Pablo Oliva con la humilde soberbia que otorga la grandeza de los seres hechos para la resurrección según el credo lezamiano.
M: Mosquera, Gerardo (La Habana, 1945): crítico de arte y curador de maleta. Después de cambiar el boom conceptual de los ochenta por el mainstream de los noventa, mira de reojo a la producción visual de la isla. Su libro El diseño se definió en octubre data de 1989. Sus últimas reapariciones habaneras en conferencias y paneles de crítica lo sitúan como un experto en el comentario light de poéticas de éxito contemporáneas.
N: No son pocos los retos pendientes de la crítica de artes visuales cubanas. Uno de estos lo constituye analizar la validez conceptual o contextual de esfuerzos curatoriales ignorados o reseñados de manera epidérmica en su momento de exhibición. Tales son los ejemplos de CDRoom (Coordinado por Frency Fernández), Con un pensar abstraído (Galería DUPP) o Recursos humanos (Colectivo Enema).
O: Orlando Hernández (San Antonio de los Baños, 1953) es el autor de “Por qué ha dejado de entusiasmarme el arte contemporáneo” (La Gaceta de Cuba. Mayo-junio 2004). Se trata de una declaración de principios que padece determinados vicios que fustiga. ¿Quién negaría la probabilidad real de advertir tantas imposturas en el arte cult como en el arte popular? Si al crítico de arte desilusionado no le entusiasma “la exacerbada vanidad y el vedettismo de algunos artistas contemporáneos”, ¿cómo se justificarían sus fábulas destinadas para otro eslabón del mainstream como Carlos Garaicoa?
P: Pedro Vizcaíno Martínez (La Habana, 1966) tuvo que empinarse una botella llena con su propio orine para conseguir su permanencia en Arte Calle después de vender una pieza. Esta licencia significaba una concesión imperdonable de acuerdo a la postura arte-denuncia sostenida por el grupo al que pertenecía. Ya estas locuras parecen extravagancias de otro planeta. Falso o verdadero, el arrepentimiento con orine del artista residente en Miami desde 1993 posee la sonora vigencia de una metáfora irrepetible.
Q: ¿Quién legitima a quién? La precariedad económica en su versión editorial incide en la escasez de catálogos razonados de arte. Eso provoca que deban ser financiados por los mismos artistas. De esta forma, existen libros de Arturo Montoto, Roberto Fabelo, Eduardo Roca Salazar (Choco) o Agustín Bejarano, a falta de los de Eduardo Ponjuán, Tania Bruguera, Lázaro Saavedra, José Ángel Toirac o Ernesto Leal.
R: Rubén Torres Llorca (La Habana, 1957) es uno de los representantes de la diáspora de los ochenta asentado en Miami. “Si pierdo la memoria qué pureza”. Esta obsesión de El hombre incompleto (1989) reaparece una y otra vez en el trayecto de su obra. En el Catálogo de la muestra Modelo para armar (Frost Art Museum, 2005) otra sentencia bordea una de sus páginas: “Todas las noches regreso”. Fulminar el pasado se antoja una utopía para las criaturas hechas a golpe de fragmentos. Agazapada o confesa, la nostalgia como atributo de la soledad sigue siendo el peor tormento.
S:Siempre vuelvo (Galería Habana, 2000) es otra de las oscuras iluminaciones del arte exhibido en Cuba durante la presente década. Belkis Ayón (1967-1999) es el fantasma de la libertad que penetra sin avisar en la paz de los memoriosos. En sus confesiones, leemos: “Para ser hombre no hay que ser abakuá, pero para ser abakuá hay que ser hombre”. Eugenio Valdés Figueroa señala que su discurso está marcado por una conciencia sexual que resulta casi contestataria.
T: Tania Bruguera (La Habana, 1968) es la artista cubana que con mayor radicalidad ha evadido los traumas-cliché del imaginario feminista. El peso de la culpa (4 de mayo de 1997) consistió en comer tierra frente a su casa de la Habana Vieja llevando un carnero muerto colgado del cuello. Tania estaba parada delante de una bandera cubana hecha con cabello humano por ella misma. Como explicó la performer más tarde: el acto se relacionaba con un ritual similar de suicidio practicado por los indígenas de la isla frente a la presión de la invasión española. Ese mismo año del “escándalo silente en Tejadillo 214”, Los Carpinteros emplazaron tiendas de campaña con tierra en el suelo en la II Bienal de Johannesburgo, aludiendo al nomadismo que sucede a las crisis terminales.
U: Uno de los momentos claves en el decenio de los noventa fue la creación de Espacio Aglutinador (1994). David Mateo y Eugenio Valdés han dejado valiosos testimonios acerca de la idea de “transformar un recinto extra-institucional en una 'galería’ de actitudes”. Cualquiera diría que la razón de ser de esta alternativa era el binomio arte-vida que formaban Sandra Ceballos y Ezequiel Suárez. La cuestión no es proponerse imitar una experiencia única, sino de que cada artista pueda concientizar la opción de fundar su propio espacio al margen de estrategias o criterios incompatibles.
V: Volver al tema de la ética no resulta un romanticismo ajeno a la tabla de salvación actual como muchos suponen. El asunto no es pronunciarse contra el mercado y sus bienvenidos estragos. Un estratega astuto sabe que hay distintos modos de venderle el alma al diablo y, mientras menos visibles se hagan las concesiones, la imagen del simulador se mantiene fuera de peligro. Pero ética es cuando se aprende a conservar el encanto de la rebeldía en las buenas y en las malas. Ética es cuando un artista dice NO a todo cuanto implique ataduras poéticas en nombre de vestir solemnes disfraces. Ética es cuando un curador reniega armar su historia con la historia del elenco seleccionado. Ética es cuando un crítico busca a los artistas reacios a la atención que el proceso de su obra requiere. Entre los artistas, curadores y críticos debe prevalecer una tensión que no admita coberturas recompensadas. Esa guerra constituye uno de los signos de una eticidad cómplice y necesaria.
W: Warfarina regada sobre el piso de la Sala Antonio I de Montecarlo es un ejercicio paródico de un alumno de San Alejandro a partir de la institución embarrada con turba y barro de Santiago Sierra en Hannover, Alemania (2005). A propósito, se comenta que el artista-empresario español residente en Ciudad de México no quiere viajar más a Cuba. Ocurre que al realizar la pieza de tres mujeres metidas en cajas de madera por treinta dólares durante una fiesta privada (2000) recibió una alerta. Ante la indignación que provocó el show, alguien le prometió remunerar a varias personas para que le dieran un escarmiento. La negativa del enfant terrible pone las cartas sobre la mesa: el cinismo de una estrategia puede ser directamente proporcional a la cobardía de quien la firma.
X: X Bienal de La Habana (2008): un acertijo para el insomnio de creyentes y escépticos. Si tantos viajeros coinciden en que las bienales no pasan de ser espectáculos mediáticos, por qué romperse la cabeza pensando que nuestra performance se quedará por debajo de las expectativas. Bastante se ganará con su apertura en la fecha prevista. Lo mejor será que los artistas preparen coartadas demoledoras para la ocasión. Por otra parte, sería estimulante la presencia de dos o tres obras de puntería en la muestra principal. Una quimera de lujo podría ser que las exhibiciones colaterales no acaparen otra vez la atención del público y la crítica.
Y: Ya nadie rememora las sátiras a los héroes de Tomas Esson (La Habana, 1963) ni los desahogos performáticos del impredecible “marxista” Arturo Cuenca (La Habana, 1955). Trascender en el arte mediante el desacato político resulta tan pretencioso como hacer de la política un arte perdurable. Son inmolaciones con seguro de olvido garantizado. Una línea del poeta y ensayista Octavio Paz sintetiza la esencia del fenómeno: “El peso del instante que no pesa”.
Z: Zaza del Medio es un poblado de Sancti Spíritus donde nació en 1978 un cruce de zorro y camaleón nombrado Wilfredo Prieto. En el III Salón de Arte Cubano Contemporáneo (2001) enseñó sus garras de astracán: presentó como dossier un listado de novias y jevitas. Colegas de la periferia malintencionados aseguran que sus banderas en blanco y negro son un plagio rotundo. Aunque ninguno ha probado la veracidad de la presunta copia. La obviedad rotunda es que el sueño de todo productor es tener una obra cumbre. Apolítico se eleva por encima de las artimañas de su gestor para aletear o descansar según la intensidad del viento.
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