Canciones y gardenias para Ibrahim
Por Leopoldo Luis
Fotos: Luis Francisco
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| Omara Portuondo a dúo con Miguel Ángel Céspedes |
Ibrahim Ferrer comenzó a cantar antes de aprender a leer o escribir. Su talento natural lo condujo —luego del fallecimiento de su madre— a ganarse la vida de la manera que mejor sabía: cantando. A la edad de 13 años Ibrahim era conocido entre los cantores populares santiagueros. A los 14 —junto con un primo— formó su primera agrupación, a la que bautizaron con el nombre de Jóvenes del son. Luego transitaría por conjuntos como Wilson, Sorpresa y Maravillas de Beltrán, hasta finalmente ingresar como cantante en la popular orquesta de Chepín Chovén. En 1953 conoció a Pacho Alonso en Santiago y con él se trasladó definitivamente a La Habana para fundar los legendarios Bocucos, con los que se mantuvo trabajando hasta 1966. Treinta años después —ya jubilado— Juan de Marcos González lo busca para formar el Buenavista Social Club. Ibrahim se entusiasma con la idea. En 1997 obtienen el Grammy Latino. Ibrahim ha cumplido 70 años y se le han abierto —de súbito— las puertas de las más importantes plazas musicales del mundo. A partir de entonces ya no conseguirá librarse del éxito rotundo que lo acompaña más allá de la muerte…
Por eso, en la noche del lunes 26 de febrero, la Sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana se vistió de gala para homenajear a Ibrahim. A partir de una idea de Omara Portuondo y Caridad Díaz (viuda del genial sonero), tomó cuerpo un espectáculo que —bajo la dirección artística y general del maestro Santiago Alfonso— juntó en escena a excelentes músicos cubanos de diversas generaciones, pero que comparten gusto y amor por nuestras tradiciones sonoras más auténticas.
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Eliades Ochoa descarga con Barbarito Torres |
Mientras la gigantesca pantalla proyectaba al fondo imágenes de Ibrahim, los momentos especiales se volvieron una constante en la noche. Desde la Rememoración escuchada en voz de Luis Carbonell, hasta la Candela colectiva protagonizada en los finales, cuando se unieron las voces y los corazones de todos para interpretar ese antológico tema, y pasando por la Descarga de Los Cuatro Fabulosos (Galván y su guitarra que una vez acompañara a los inmortales Zafiros, “Cachao” al bajo, la trompeta del “Guajiro” Mirabal, y la batuta y el trombón de “Aguaje” Ramos)
A Eliades Ochoa —otro que no podía faltar— se unió en algún momento Barbarito Torres, el mago de la improvisación con el laúd, para emprender su propia “descarga”. Por otro lado, escuchar Perfidia en la voz de Omara, secundada por “Cachao”, el percusionista Coello, el piano de Roberto Fonseca y Osiris Lugo al violín, fue otra experiencia memorable. Las de Sexto Sentido, con su fabuloso diseño de voces, nos regalaron otro clásico de todos los tiempos: Aquellos ojos verdes; en tanto El Nene —dueño de una de las voces más plenas de la nueva música popular cubana— se nos apareció con su increíble versión de Bruca Maniguá. Calunga (cantante del Conjunto Folclórico Nacional), el rapero Kelman (nieto de Ibrahim), Yarilú Lugo e Idania Valdés redondearon la entrega.
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| Ana Francis López y Yosdel Sarría bailan Dos gardenias para ti. |
Y como pareciera que se apropiaron de los minutos más sensibles de la noche, no he mencionado —con toda intención— tres interpretaciones estelares. La de Omara Portuondo en Silencio, con Ibrahim Ferrer; la de Ana Francis López y Yosdel Sarría, bailando al compás de Dos gardenias, en la voz del propio Ibrahim; y otra vez la diva del Buenavista Social Club, esta vez a dúo con Miguel Ángel Céspedes en Herido de sombra y Cómo fue.
Gracias Omara; gracias a los familiares de Ibrahim. Y también gracias al Gran Teatro de La Habana, al Instituto Cubano de la Música, a la Agencia de Representaciones Artísticas Antonio María Romeu, a la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y al Instituto Cubano de Radio y Televisión, por hacer posible un concierto como este.
Dos gardenias para ti, Ibrahim, fue el tributo de los cómplices del Buenavista Social Club a su cantante insignia, al ganador de cinco Premios Grammy, quien el pasado 20 de febrero habría cumplido sus 80. Pero fue también el homenaje del pueblo, de la gente simple, de los que continuaremos recordando su voz, escuchando sus canciones y regalándole gardenias, no durante los próximos 80, sino por toda la eternidad.
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