Adigio ensaya sobre la esperanza
Por Leopoldo Luis
Fotos: Juan Carlos Romero
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| De la serie “En casa blanca”. Obra I |
Diecisiete piezas de reciente factura y concebidas en acrílico sobre tela conforman la muestra personal que Adigio Benítez inauguró en la tarde-noche del pasado viernes 23 de febrero en la galería Villa Manuela de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) con sede en la calle H, entre 17 y 19, El Vedado.
Adigio, quien el pasado mes arribó a los 83 años de edad, mantiene la vitalidad creadora que le hizo merecer, hace 5 años, el Premio Nacional de Artes Plásticas, por el conjunto de una obra en la que predominan el riguroso dominio de las formas y la expresión de una realidad signada por la fantasía, acudiendo a un lenguaje impregnado de profundo lirismo.
Contrario a lo que sucede con muchos creadores que, habiendo recibido reconocimiento por su obra, vuelven sobre sus propios cánones en una suerte inevitable de cliché, Adigio Benítez se renueva constantemente y devuelve sus primigenias influencias surrealistas y cubistas en asombrosa conjunción con las tendencias más contemporáneas de la visualidad.
Se ha afirmado —pienso que con razón— que la obra pictórica de Adigio comenzó a desplegar señales de esa armonización con la posmodernidad a partir de muestras como Plegables simulados, de fines de los 80. De alguna manera, a partir de Plegables… el artista ha vuelto una y otra vez a replantearse su noción de cuanto le rodea, en constante regodeo lúdico que mucho debe a su propio imaginario, pero sin apartarse demasiado de esa morfología propia del arte ancestral del origami (tradición japonesa de plegar el papel con fines decorativos) a la que se asomó por vez primera hace más de 40 años. En Ensayo sobre la esperanza, título de su recién inaugurada exposición, Adigio insiste sobre esta técnica, afincando en sus figuraciones bidimensionales todo un universo estructural que pareciera no encajar en el plano y se desborda de la tela para ir al necesario encuentro de la volumetría.
La realidad se re-enmascara en obras como “Títere”, que centra su rejuego en las dobleces de la figura, y “El sueño”, donde capta el reposo de una niña al cuidado de una gran paloma blanca con las alas cruzadas sobre el pecho. El motivo recurrente de los reptiles plisados de “Ella y el caimán” reaparece ahora en “Diosa indiana” y en “Esperanza, Ángela y Caridad”, pieza esta enriquecida con nuevas especies de animales “flexibles”. Pero serían, posiblemente, las obras que integran la serie “En casa blanca” las que mejor aprehenden el hálito esencial de este “ensayo” de Adigio. En ellas la recreación de la figura femenina se da en estrecho nudo con otro elemento iconográfico de la cotidianeidad: la casa; y las telas parecieran apropiarse de señales conocidas que el artista restituye con estremecedora carga de simbolismo y poesía.
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Adigio en compañía de Jorge Risquet |
Un artista de la talla de Benítez acaba siempre superándose a sí mismo y sobreponiéndose a su herencia insoslayable de satisfacciones y desconciertos. Así, cada nueva vuelta en la espiral se empina sobre la anterior para sumar la dimensión estética del hombre y del creador que lleva en sí. Su nueva propuesta no denota resumen —pienso—, sino continuidad, porque Adigio “ve con ojos de futuro; desde la inconformidad por nuestra imperfección de hoy nacen las nuevas ideas de su arte, especie de ensayo sobe la esperanza que nos incita a pensar en la plenitud de una vida nueva…”
Adigio Benítez nació en Santiago de Cuba en 1924. En 1949 se graduó en la Academia de San Alejandro y, todavía sin aventurarse a pintar, recorrió un camino similar al de Abela o Girona, incursionando con éxito en la ilustración y la caricatura política. Desde 1942 pasó formar parte del Partido Socialista Popular, colocando desde tan temprana fecha su arte al servicio de los ideales de emancipación social. Con el triunfo de la revolución, Adigio accedió a los espacios de difusión y en 1962 tuvo su primera exposición personal en la entonces Galería de La Habana, titulada Óleos, dibujos y poemas.
Mantiene dos exhibiciones permanentes en el Mueso Nacional de Bellas Artes y, además del Premio Nacional de Artes Plásticas 2002, ha sido distinguido con el Premio Nacional de Enseñanza Artística 2003. Es Presidente de Honor de la Asociación Internacional de Artes Plásticas, Profesor de Mérito del Instituto Superior de Arte, y miembro del Consejo Nacional de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.
El Lente de Richard
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