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Memorias de EL CAIMÁN

 

EdiciÓn No. 339
Semana I-IV

Apostillas a una muestra
Por Andrés Mir

¡Jean-Luc Godard si! —grita un grupo.
¡Jean-Luc Godard no! —le responde otro grupo.
¡Jean-Luc Godard si! —vuelve el primer grupo
al ataque.

¡Jean-Luc Godard no! —insiste el otro grupo.
Llega Jean-Luc Godard y espeta: ¡Corten!
(chiste del folclore cinéfilo)

Muestra Nuevos Realizadores

Buscándote Havana
, de Alina Rodríguez Abreu

Desde hace varios años, febrero acostumbra a despedirse con un evento que constituye —como lo caracteriza Omar González, presidente del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC)— “un espacio permanente para el diálogo y la confrontación artística”. La Muestra de Nuevos Realizadores ha ganado en madurez y rigor, cuestión que parecería paradójica si consideramos su perfil: atender a los más jóvenes creadores de ese complejo arte e industria llamado cine, precisamente aquellos que dentro y fuera de la institución dan sus primeros pasos y, por lo tanto, ambas características serían, más que realidades, metas a alcanzar.
Por supuesto cuando escribo “madurez y rigor”, pienso que la Muestra tiene necesariamente dos polos, no opuestos sino complementarios; uno, concerniente al conjunto de obras presentadas, tanto en concurso como fuera de él, y que conforman el corpus del evento, su esencia. El otro consiste en el proyecto en sí: un organismo que añade espacios de debate, intercambios intergeneracionales, miradas a zonas adyacentes al proceso de realización tales como la promoción y la crítica, y que requiere de un vivo trabajo de producción y organización, por momentos semejante en su intensa profundidad al de un filme.
Testigo ya durante cuatro años de la vorágine que precede, acompaña y clausura estos días desde el espacio de El Bisiesto Cinematográfico, boletín de la Muestra, he tenido la oportunidad de observar el dinámico desarrollo de ambos polos, y sobre todo, cómo esa compleja relación artista-evento varía de matices en cada vuelta de espiral. Es así que me atrevo a describir el desarrollo de estos polos de diversas maneras: mientras la calidad de las obras presentadas oscila entre altas y bajas, puedo constatar una tendencia al afinamiento en esa maquinaria que insiste en reunir talentos y criterios; afinamiento que —para mí— no excluye ciertas carencias que citaré luego. De algunos aspectos del carácter de estas diversidades va el presente texto.

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Espacio para el diálogo y la confrontación artística. Sí. Más, ojalá que permanente. Es de agradecer que durante los seis días del certamen confluyan en las zonas aledañas al ICAIC los realizadores (léase en el sentido más amplio, que incluye desde guionistas y directores hasta editores, sonidistas, fotógrafos et al), para compartir sus obras, y sobre todo, discurrirlas. Pero, inconforme que es uno, solo durante seis días. Es obvio que todo evento siempre es un acto puntual; y a veces se puede tornar más puntual —en tanto todo punto es reducido—, fundamentalmente si los medios de difusión masiva, y en especial la televisión, que debería ser el espacio natural para la promoción de este tipo de materiales, mantienen una casi absoluta ceguera, sordera y consecuentemente, silencio al respecto —ya esto se torna un triste hábito, sobre el cual no quiero abundar. Realizar un festival de esta índole es, de por sí, un reclamo a favor de una ampliación de los espacios de diálogo y confrontación artística, y más, por el carácter de permanencia. Tanto los organizadores como los participantes abogaron en múltiples ocasiones por ello, y quizás resultado de esas gestiones sea la aparición de un espacio en el Centro Hispanoamericano de Cultura, donde se han comenzado a proyectar audiovisuales de la más reciente hornada. Sin embargo, me temo que pese a tan alentadora golondrina falta un buen trecho hasta el arribo de la primavera.

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De golondrinas hablando, fue grato darle la bienvenida en nuestras salas de proyección al filme Mañana, de Alejandro Moya. Cuando la tecnología comienza a dar pasos a favor de los pequeños, debido al drástico abaratamiento tanto de los equipos necesarios para la producción cinematográfica como los relacionados con la copia, multiplicación, distribución y proyección de los materiales, urge la concepción y fomento de una estrategia de promoción de las obras de creadores emergentes. Otros filmes, como Personal belongings, de Alejandro Brugués, Así de simple, de Carolina Nicola y muchos más —entre medio y cortometrajes, tanto de ficción como documentales—, esperan un encuentro con los cinéfilos de todo el país.
Ahora bien, la exhibición de una obra conlleva siempre un despliegue de diversos niveles de crítica —experiencia que se torna obvia tras la proyección de Mañana—, como parte de ese permanente diálogo y confrontación. Ninguna obra puede esperar un criterio unívoco, y mucho menos paternalmente generoso, porque el esfuerzo, por sí solo, nunca es suficiente para la creación de un producto impecable, que sea recibido por todos con fervor. Ante los creadores aparece de pleno el reto de aprender a asumir todo tipo de crítica, sin ofenderse ni entenderse personalmente atacados ante las valoraciones negativas, ya sean justas o inmerecidas. Si como autores exigimos cada vez más participación en el pensamiento de la sociedad y la inserción de ese pensamiento en la dinámica vital de esta, entonces debemos estar dispuestos a ser a la vez pensados y criticados.

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Si algo distinguió la presente Muestra fue el desbalance entre la cantidad y la calidad de documentales y ficción. Se presentaron veintitrés documentales contra diez obras de ficción, cuatro de las cuales eran animados. Ese hecho en sí bastaría para despertar la sana inquietud de cualquier persona con una mínima capacidad de observación. Pero cuando nos enfrentamos al desierto veredicto del Jurado de Guión Inédito, integrado por Senel Paz, Daniel Díaz Torres, Magda González, Leandro Martínez y Fernando Sáez, esa inquietud se torna alarma. Waldo Ramírez, director de la Muestra, expresó en términos generales las carencias que influyeron tanto en la selección de las obras participantes como en el dictamen del jurado: “poco dominio de los recursos imprescindibles (…) para contar historias.”
Es obvio que toda selección devela una señal, tanto para los admitidos como para los excluidos. Se torna una urgencia para los creadores emergentes encarar con mayor rigor el estudio, y sobre todo la aplicación de esos recursos. Concuerdo en ese sentido con Jorge Luis Sánchez, que “para destruir a Aristóteles hay que ser, primera y aristocráticamente, muy aristotélico”.
Es de señalar, un poco a propósito del tema, el reciente manifiesto sobre los derechos de los escritores que lanzó la Federación Europea de Guionistas a principios del presente año: la exigencia respecto al reconocimiento de la autoría no es simplemente un deseo de recabar méritos, sino también la necesidad de asumir una profunda responsabilidad dentro de un proceso que cada día se torna más colectivo.

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Jurassik Cube, de Yimit R. González
Jurassik Cube, de Yimit R. González

El documental protagonizó, como género, estas jornadas. Existen para ello varias razones, que van desde la ya citada influencia del acceso a las nuevas tecnologías, facilitadoras de todo el proceso de producción, hasta la inmediatez que implica la concepción de un documental: obra afincada en una realidad con la cual precisamente los más jóvenes realizadores se van sintiendo cada vez más comprometidos desde una perspectiva crítica. Y pienso que a ese compromiso, prácticamente urgente, quien mejor responde a su vez es el documental, que justo por las características antes mencionadas se torna también la herramienta de mayor libertad a la hora de  buscar recursos, experimentar, dedicarse al serio “juego” del cine, imprescindible en todo aprendiz.
Durante la 5ta Muestra de Realizadores, celebrada en febrero del 2006, uno de los debates más intensos y controvertidos correspondió al análisis de este tema: se insistió, aunque no sin aisladas reticencias, en reconocer —más allá del derecho de los creadores a expresarse— la necesidad urgente de aproximarse a nuestra realidad sin remilgos, objetivamente, desde la sinceridad del pensamiento. Pienso que en ese sentido, aquel debate fue premonitorio de los que hoy se están sucediendo en nuestro país desde escenarios tales como la revista Criterios, Casa de las Américas, el Instituto Superior de Arte. Se insistió incluso en el derecho a equivocarse de todo creador, lo cual no implica una brecha en la exigencia de hacedores o críticos, ni una actitud paternalista por parte de promotores, exegetas o consumidores, sino el derecho a la entrada en zonas de riesgo dentro del campo de la creación, zonas que a fin de cuentas pertenecen por derecho propio a todo artista verdadero. Al decir de Joel del Río, nuestros cineastas más jóvenes “aspiran a descubrir los engranajes funcionales de la realidad cubana e intentan mejorarla”.
Estoy seguro que ese debate ya cosecha frutos, y la 6ta Muestra fue la ocasión propicia para proponernos un indicio de ello, que no se limita a la ya mencionada disparidad numérica a favor del documental. Por supuesto que todavía se arrastran vicios tales como un exceso de didactismo, visiones triunfalistas o parciales, modos de hacer más ligados al “corta y pega” improvisado de los reportajes televisivos; sin embargo, se ha ganado no solamente en recursos técnicos y formales, también en el ahondamiento en lo cotidiano. Me permito citar nuevamente a Joel: “Mientras no ocurra el tsunami planetario de cinismo e indolencia, en tanto quede incumplida la distopía de un futuro poblado por seres humanos completamente insensibles al destino del prójimo, estará el documentalista testigo, observador y juez, en desacuerdo o celebración, denunciando impunidades, con la transparente indignación, o el lírico poder del regocijo, presto a formular sus testimonios (parciales, retóricos, abstractos o poéticos) sobre la evidencia irrefutable de que no ha ocurrido la inundación de egoísmo universal, y que todavía somos capaces de mirarnos, de dialogar, de exaltarnos con ira o placer, y además tratar de entendernos.”

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Hablé de afinamiento y también escribí: carencias. Algunas parciales, otras totales, de concepto. Personalmente, apunto menor cantidad e intensidad en cuanto a trasvase de experiencias mediante los ya habituales diálogos intergeneracionales y clases magistrales, que en años anteriores resultaron más diversas. Convencido de la importancia de alentar ese tipo de actividad dentro de un festival como este, pongo el dedo en la llaga, con el interés de que en próximas ediciones las aguas retomen su nivel.
Además, pienso que la Muestra padece en estos momentos de una carencia esencial. Y me atreveré a plantearlo,  aunque sé que mi criterio sonará —aún a los propios organizadores— bien polémico: se trata de la necesaria inclusión, sin ánimos de duplicar o replicar espacios, de una muestra de video-clips, con su consiguiente análisis.
No se trata solamente de que ese modo de creación sea cada vez más abordado por los participantes naturales del evento, sino que el desarrollo de su discurso se imbrica e influye con creciente intensidad en el resto de los géneros, participando de tal modo en la formación de los cineastas emergentes. Ya se va haciendo necesario el establecimiento de un espacio donde se “piense” el video-clip, más que simplemente promoverlo. Y si ese pensamiento es colectivo, tal y como acostumbra a hacerse en las Muestras de Nuevos Realizadores, tanto mejor.

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Las camas solas, de Sandra Gómez Jiménez










Las camas solas, de Sandra Gómez Jiménez

Una de las observaciones más claras que guardo del evento, es la insistencia con que, desde varios frentes, se promovió el acercamiento y potenciación de la relación nuevos realizadores-institución. Si en un principio me pareció curiosa, cuando no sintomática, la inclusión en El Bisiesto Cinematográfico de una sección donde se presentasen los creadores emergentes, ya fueran realizadores, sonidistas, productores, editores, vinculados laboralmente a proyectos del ICAIC, esa sensación se fue tornando certeza cuando atendí a criterios como el que cito de Jorge Luis Sánchez: “…lo que no debería suceder más es ese pugilato con matices de ignorancia, y de marketing, en que los autores de los últimos filmes realizados, sobre todo, los de largometraje, persisten en afirmar aquí, y aún más, en el extranjero, que acaban de hacer el primer filme independiente de la historia del cine cubano.
“Y yo me pregunto: ¿independiente, alternativo y al margen de qué, de quién, de dónde? ¿Del mecanismo de aprobación de guiones vigente en la industria? ¿De su rígida estructura de producción, incapaz de asimilar filmes verdaderamente de muy bajo presupuesto? (…) ¿O acaso de la mejor tradición de eso en que nos reconocemos como Cine Cubano?”.
Lo cierto es que, si bien por un lado el desarrollo de la tecnología ha posibilitado el desapego cada vez más generalizado en materia de capacidad gestora de los jóvenes creadores —cito este elemento por tercera vez, lo cual de por sí es un hecho para validar su importancia—, también es de notar que estos gravitan alrededor no ya de una, sino de una pléyade de instituciones que en diferentes grados ofrecen coberturas financiera, legal, social, ya sean instituciones docentes, vinculadas a los medios de difusión (Instituto Cubano de Radio y Televisión), o al propio ICAIC. En todo caso, sí debemos estar claros de que es cada vez más descabellado tanto dinamitar la institución como pretender el absoluto de su monopolio. La misión de la institución debe ser la de compartir cada vez más sus funciones estrictamente gestoras, con funciones de captación, apoyo y asimilación de proyectos emergentes, con los cuales establezca una relación flexible de la cual ambas partes salgan beneficiadas.
¿Estaría en condiciones la Muestra de convertirse en uno de los canales propiciadores de tal relación? A juzgar por la actitud de potenciamiento de los vínculos entre creadores y organismo, pienso que sí. Pero lo que no debemos olvidar, bajo ningún concepto, es el superobjetivo que de algún modo ha de impulsar todo este proceso (y reviso la cita anterior de Jorge Luis): el desarrollo de esa versátil y siempre renovada tradición que es el Cine Cubano, su imbricación en el pensamiento, desarrollo y por supuesto, goce cultural de nuestra nación. Corresponde a Cronos y a los sucesivos encuentros que habrán de desarrollarse, la respuesta a esta interrogante que a su vez nos traerá nuevas preguntas.

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