La fortaleza del cine pobre
Por Rafael Grillo
Decir que el Festival Internacional del Cine Pobre está “al pie del cañón” es una metáfora justa, aunque sea más popular que culterana; pero no otra corresponde a la ética y estéticas que propugna. De igual modo es una imagen literal, por la cercanía de los sitios en que transcurre a la vieja batería de Fernando VII que antaño protegió a la Villa de Gibara ante las incursiones de los ladrones del mar. Y además funciona para representar, como en una matriz de marketing, las fortalezas que hacen de este un Festival cada vez más consolidado y necesario.
Cine Pobre, expliquemos, es un concepto y un hecho tangible; es una estrategia, un modo y una proyección hacia delante. Cine Pobre es alternativa, y tal vez la única posible para la mayoría de este mundo. Es la posibilidad de los catapultados afuera por la noria de la Historia, de las piezas sin encaje en el primer rompecabezas del Tercer Milenio. Y la posibilidad de los que, aún estando dentro, puerta a puerta con los que reparten el pastel, se quedaron con la boca abierta. Es “el chance”, la oportunidad mínima, de hacer un cine que muestre “la verdad verdadera”, porque falsas verdades hay, cualquiera lo sabe, “verdades” que se construyen, que se montan sobre escenarios bien clonados. Estamos en una era donde ya ni siquiera vale eso de “una imagen vale más que mil palabras”: llegó la computadora, el digital, la realidad virtual; ahora todo es representable, todo puede ser simulado.
Cine Pobre, prosigamos, es malecón, es dique, para contener el tsunami arrasador de la globalización. Es trinchera de resistencia, línea que quedó al frente cuando se retiraron los hombres de Panfilov. Es adarga contra molinos de viento en holograma y ogros de carne y hueso. Y es pieza de artillería enfilada sobre el flanco débil del contrario, que lo tiene: nadie es perfecto, ni siquiera “los malos”.
Cine Pobre, continuemos, es sagacidad, “la chispa” de David y de Meñique, la inteligencia contra la pared, el sastre que conduce al Rey a posar desnudo ante la mirada del pueblo. Es un maestro de aikido que devuelve el golpe con las propias energías del oponente. Digital que paga con Digital. Globalización del hombre unidimensional, de la cultura de masas blandas y vacas locas que va por lana, por dinero fácil, y sale trasquilada en Globalización de la Solidaridad, multiplicación de la Diversidad, lógica de cooperación en lugar de competencia.
Cine Pobre, digamos al fin, no es Cine Pobre. Esa es una máscara, como la del Zorro. Él es el verdadero Cine Rico. Cine Pobre tampoco es un cine Otro. El Otro es Hollywood, el Universo paralelo que ni los físicos alcanzan a encontrar, la distante Nebulosa de Andrómeda, la Ilusión perdida, el onanismo de un Gran Arquitecto, sexo en grupo de cuatro gatos.
Mientras que Cine Pobre es fotograma en que aparezco yo, abrazado a todos los demás, a los millones de convivientes en este Barrio Cuba. En este Barrio Tierra.
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