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Memorias de EL CAIMÁN

 

EdiciÓn No. 341

Rock del Caimán
Por Leopoldo Luis
Fotos: Richard

A Franto
In Memoriam

INTRO

1. Concierto inaugural en la Tribuna

Concierto inaugural en la Tribuna

Muchachas y muchachos, la mayoría entre los dieciocho y veintidós años, cruzaban en grupos la avenida para acercarse al muro. Era difícil hallar un puesto sobre la serpenteante barrera de concreto, en donde generaciones de cubanos buscaron el desvelo o la paz, al ritmo de los proverbiales cambios de humor del mare nostrum caribeño, ora apacible, ora irritado, pero fascinante siempre.
Eché una caminata breve, inspeccionando el terreno. Hace años que dejé de asistir a conciertos multitudinarios. Tal vez por la edad. Pero si quería escribir un reportaje decoroso sobre el Caimán Rock, tendría que circunstanciar la información, ponerle vida. En la Tribuna todo estaba dispuesto. Dos columnas de bafles flanqueaban la plataforma, y la batería remedaba el panel de mando de una nave sideral. Los espectáculos de rock me produjeron siempre esa impresión entre cósmica y alucinante. En ambos extremos, sobre pantallas gigantescas, proyectaban a los clásicos: Anthrax, Megadeth, Faith No More. No pude eludir el recuerdo de los viejos tiempos: Eskoria, Límite y Sectarium en el patio de la Casa de Cultura de Sagua. Sergito, el promotor incansable. Ni siquiera soñaron una tecnología como esta…

EL ÁRBOL (GENEALÓGICO)

Caimán Rock inscribió su partida de nacimiento en los registros de la cultura cubana allá por el año 2003. Al repetirse con frecuencia bienal, esta del 2007 vendría a ser su tercera edición, ahora con el apellido de “Internacional”. Para Luis Morlote, presidente de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), es el “festival de rock cubano por excelencia, porque representa la conclusión del circuito de eventos y festivales que organiza la Asociación, antecediéndole el Ciudad Metal de Santa Clara; el occidental Pinar Rock; el Atenas en Matanzas; y el RockaSol de Cienfuegos”. Unas veinte bandas se presentarían a lo largo de cinco días: once de la capital, ocho de las provincias, y una de Panamá. El evento teórico en la Sala Villena de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), con la moderación de Carlos Fornés. Las tardes en La Pérgola del Ministerio de Cultura, para los amantes del rock menos pesado; mientras los seguidores del metal extremo contarían en horario nocturno con el Salón Rosado de La Tropical. La inauguración el 17, y la clausura el sábado 21 de julio, en la Tribuna Antimperialista José Martí.

LA TRIBUNA

—Chlover ganó el premio en Cuerda Viva, como banda más popular. Fue una encuesta que hicieron, o algo así. Me parece bien. Es una manera de medir los resultados. La mayoría de los detractores del metal no tienen ni idea de lo que están oyendo. No pueden distinguir un sonido de otro. Tú eres periodista, ¿no? Habla de esas cosas…
—Muchas de estas bandas mezclan estilos, ¿entiendes? Ligan el death con el thrash o con el black metal. Muy pocas suenan ciento por ciento puro. Si afinas el oído te darás cuenta que Hipnosis viene del grunge en lo melódico. Ahí tienes The chosen one, ¿has escuchado ese disco? Lo que pasó con ellos en el 2005 fue algo sin precedentes, el éxito del clip y todo lo demás…
—Hipnosis juega con la visualidad. No hay otra banda que tenga su proyección escénica. ¿A qué me refiero? Fanny y Atty se preocupan por el diseño de sus vestidos. No usan pantalones, se maquillan, no se dejan atrapar por la supuesta masculinidad del rock. Mira los pinchos del baterista. Esas cosas cuentan, porque quien viene a un concierto no lo hace sólo por la música; para eso se quedaría mejor en casa oyendo el disco. El espectáculo es una suma de cosas que suceden al mismo tiempo, y la experiencia visual es importante.
—Desmaya, que esto va a empezar. ¿Qué más te puedo decir? Sí, claro, Hipnosis y Chlover son una buena elección para inaugurar esto…
—Quizás debieron invitar a otras bandas. No recuerdo un concierto como este en la Tribuna y creo que podía haber más músicos y menos policías…

LA PÉRGOLA

Hipnosis

...Hipnosis

Tengo un disco de Dimensión Vertical, regalo de Odalys, la amiga de Cojímar. Es una compilación que incluye “Dust in the wind”, de notable sabor a Kansas. Hay quienes critican esa cualidad mimética del grupo, sin llegar a entender jamás la verdadera esencia del cover. Están el primer día en La Pérgola, junto con Red X, en un loable intento por expandir el espectro generacional de los asistentes. Predominan las canas nostálgicas, pero hay jóvenes en el auditorio.
Han colocado la consola bajo la fronda del árbol y la gente ubica sillas de plástico por todas partes. Muy cerca de las seis, cuando la lluvia ceja por fin en su amenaza, los de Dimensión se lanzan al rescate de temas legendarios como “All right now” de Free; “We’re an american band” de Grand Funk; y “American woman” de los Guess Who. A Eddy, el guitarrista, no le haría mal bajar un tono cuando canta; se esfuerza demasiado en notas altas. Pero reproduce con precisión milimétrica. Red X no apareció nunca.
A Gens le corresponde la segunda tarde. Ocurre lo mismo, porque debían compartir con un grupo de Cienfuegos, Bouquet, que no llegó. Ya no es el mismo Gens, han pasado los años. Sólo Carlos Rodríguez Obaya se mantiene en la alineación, a cargo de la percusión. Dirige el proyecto y le acompañan nuevos instrumentistas. Viajan a la época dorada del rock, versionan piezas antológicas. Tienen material propio. Ofrecen una muestra de su reciente trabajo con la música de Ñico Saquito. Algunos ya le endilgan un calificativo: rock montuno. A Carlos no le disgusta. ¿Se justifica el término? El tiempo dirá la última palabra, pero la propuesta no deja de ser interesante.
El tercer día se cumple el programa. Esperaba el momento de apreciar en vivo a las dos agrupaciones invitadas. “Tesis de Menta no es una banda de cover”, aclara Roberto Perdomo; mientras Beatriz sortea los escollos vocales del zeppeliano “Black dog”. “Ángel en soledad”, en la línea del blues; “Hombre X”, más heavy; y “Motivos”, excelente canción, confirman el sello personal que se advierte en las composiciones de Tesis, y dan pie a que el guitarrista Jesús Sanabria despliegue su virtuosismo.
Mágnum aborda el cover desde otra perspectiva, escogiendo temas mucho más recientes. Son músicos jóvenes, que sienten más de cerca a The Cranberries o Metallica. Sin embargo, la versión de “Rock’ n’ roll” de Led Zeppelin, o el enérgico “Rockin’ in the free world” de Neil Young, brotan con auténtica renovación, a pesar de sus años. El potente sonido de la guitarra de Mágnum y las notables cualidades de su vocalista dejan servido el plato para la última jornada.
El sábado se presenta lluvioso, pero antes de las cuatro La Pérgola es un hervidero, con Sociedad Havana Blues y Qva Libre en cartelera. Como cada tarde, Tony emplaza su cámara de aficionado, procurando ganar altura. “A la gente le da por brincar con Qva Libre”, dice alguien. Los de Sociedad no defraudan su nombre; hacen una suerte de rock’ n’ roll fusionado con ritmos y sonoridades bluseras. Me recuerdan el rock sureño de Molly Hatchet o Stevie Ray Vaughan. En “Mulata”, de acento latino, invitan a Carlos y a Pitaluga, del staff de Qva Libre, en trompeta y congas. Hacen “Stormy monday” y anuncian una opera–blues para el próximo año.
Con Qva Libre no hay casualidades. Empiezan por pedir a la gente que se acerque. “No podemos tocar con todo el mundo sentado”. Hacen un rock muy particular, con mucha influencia funky y hip hop. Todo se revuelve en derredor con “Resistencia y reciclaje”, su tema recurrente. Recrean “Bacalao con pan”, el gran éxito de Irakere. Es una banda de mayor formato, con sección de vientos, y habrá que esperar todavía por la necesaria difusión de su trabajo. Bajé hasta la parada de Línea con el deseo incontrolable de escribir lo siguiente: “Qva Libre tiene que estar en lista cuando se hable de la mejor música cubana alternativa de siempre”.

EL COLOQUIO

Carlos Fornés, conductor de Sabarock en Radio Cadena Habana, rememoró la llegada del rock’ n’ roll a Cuba, a partir de 1956, y su largo y tortuoso recorrido. Arrancaba un evento teórico que sesionaría durante tres días en la Sala Villena de la UNEAC, comenzando con el tema de la promoción. “En los 80 Camilo Egaña, Alexis Triana y yo, creamos una sección dedicada el rock en Alma Mater. Usábamos ilustraciones de Emilio Valdés”, recuerda el periodista Joaquín Borges–Triana, y continúa: “Pero al rock cubano sigue faltándole su correlato teórico; a los musicólogos no les interesa. Y el vacío promocional lo han llenado los fanzines, de modo más reciente los ezines, que resultan esenciales para entender la historia de ese género musical en Cuba: La polilla; El punto ge; Los que soñamos por la oreja…”
Para Juan Camacho los proyectos personalizados de radio han jugado un papel importante, desde el histórico Sorpresa de Chucho Herrera hasta los diversos programas que han salido al aire después, Disco Ciudad inclusive.
Atty González, guitarrista de Hipnosis, presenta su proyecto en solitario, acompañada a la guitarra por Eduardo Hernández (de Anima Mundi). Cierra Pilgrim, dueto santiaguero cuyo alto nivel artístico recaba una atención mayor de medios e instituciones.
Sobre rock, literatura y fanzines gira la sesión del jueves. La azarosa vida de Jarrock de café en voz de su editor, Tony González, con largos años dedicados a la promoción del género. Yoss, escritor, considera que su generación —de “los novísimos”— apostó por la inserción definitiva del rock en la literatura cubana. La idea de Escritos con guitarra, antología de cuentos cubanos sobre rock que preparó con Raúl Aguiar, surgió porque ya existía un corpus narrativo suficiente. Ahora trabajan en el segundo volumen, que probablemente titularán Heavy mental, con relatos que abordan el testimonio ficcionado. Luis Manuel Molina nos remonta después a los 60, con versiones de Beatles y Doors.
El viernes, última jornada teórica, Orlando Cruzata diserta sobre el rock en el audiovisual cubano: “Actualmente se realiza más de un centenar de clips cada año, pero el rock sigue siendo mal visto en la televisión; se le asocia con el enemigo, aunque sea una idea que va quedando atrás. Sin embargo, el rock permea toda la música cubana: trova–rock; poprock; metal, fusión. Hay de todo”. Y apunta: “Tienen que crearse mecanismos para la realización de clips de música alternativa. Las agrupaciones de la llamada ‘música popular’ tienen ventaja, porque consiguen financiación. Pero bandas como Chlover y Golden Popeye’s Theory han producido sus clips con recursos propios. Algunas de esas producciones independientes han llegado a la TV, con muy buena calidad. Lo principal es trabajar, generar ideas”. Y Bilko Cuervo, realizador: “El video de Escape ganó un premio Lucas sin contar con grandes presupuestos. Es que una idea cinematográfica no es tal mientras no se convierte en una idea de producción. El clip es sin duda el espacio audiovisual más revolucionario en Cuba, con múltiples estéticas y una democratización del lenguaje. Todo merece un espacio, desde el kitsch hasta lo más experimental”.

LA TROPICAL

Chlover

Chlover

Durante tres noches, en el Salón Rosado de La Tropical se han dado cita jóvenes de pelo largo, t–shirt negro, piercing y tatuaje. Algunos llevan la cabeza rapada, pobladas perillas adornando el mentón. Otros no exhiben atributo alguno que les identifique como rockers. Igual podrían pasearse por un concierto de salsa sin llamar demasiado la atención. Es el encanto de la variedad. Mis oídos ya no están en condiciones de asimilar la estridencia de las bandas que aquí se presentan, lo confieso. Me habrían acusado de “fresón” y de “sopero” hace unos años. Pero ya no siento vergüenza de exponer mis preferencias melódicas. Hay quienes llaman a eso “madurez”. Para otros es “ponerse viejo”. Esta es la sede oficial del Caimán Rock, donde se disparan cientos de metros cúbicos de adrenalina cada noche.
El miércoles 18 el elenco lo integran Congregation, de la capital, y Blinder, de Santa Clara. Los primeros con un estilo muy cercano al death metal. Llevan poco más de cinco años trabajando esa línea y han grabado un par de demos: Scream of death y Dead future, hasta donde conozco. Apelan al formato tradicional: bajo, guitarra y drums.
Blinder data de un poco antes, 1998, a partir de la desintegración de Médium, siempre con el vocalista Eric Domenech como figura visible. Incursionan también en el death, pero las sonoridades thrash son apreciables. El uso de teclados y máquinas de ritmo han marcado interesantes momentos en el quehacer de esta banda que ha sido incluida en, por lo menos, dos importantes antologías: Cuba Underground, producida por el sello Opción sónica/Dark side, y Territorio Libre, editado por la AHS y el Instituto Cubano de la Música en el 2003.
El jueves concierne a otra banda villaclareña, Cry out for, compartir el escenario con Médula. Los que “piden a gritos” vienen sonando desde hace siete años, en un inicio signados por la impronta del nu–metal, para derivar luego hacia un estilo que fusiona tendencias extremas como el death, el black, el gothic o el heavy. Médula, de Pinar del Río, se aproxima un tanto al hardcore, pero sin apartarse de la esencia “thrashera” de la banda, a la que viene ciñéndose desde su debut en el año 2004.
Mephisto y Escape: protagonistas de la noche del viernes. Los primeros vienen de Holguín, donde han permanecido trabajando durante toda una década. Se les reconoce como la banda que introdujo el black metal en Cuba. El clip realizado a “Lord Draculia” tuvo amplia difusión televisiva hace unos tres años; y su tema “Symphony of wolves” fue incluido también en Territorio Libre, a propósito del I Festival Caimán Rock. Han realizado varios demos y me acaba de llegar Blasphemy and evil, producido este año.
Escape fue fundado en La Habana en el año 2000. Ellos se autodefinen como “una banda de metal hardcore industrial con elementos góticos”. Su formato incluye, además de la sección rítmica a cargo de dos Alejandros (el percusionista Padrón y el bajista De la Torre), guitarras y teclados, con los que alcanzan una estimable plenitud sonora. Entraron también a Territorio Libre con el tema “Fadin’ away”, compuesto por Ewar Acosta, que ya no está en la banda. Con “Cuba rebelión”, extraído de su demo Breaking the silence, participan en el soundtrack de la película Habana Blues, del realizador español Benito Sambrano.

LA TRIBUNA (REPRISE)

—Si llueve se jode, aquí no hay techo…
—No se jode. ¿Has visto a Rice and Beans en vivo?
—No, pero tengo grabaciones. “Nothingness” está entre lo mejor del rock alternativo en Cuba…
—Bueno, ya no suenan tan “alternativo”. Eso que están haciendo es nu–metal. Consíguete Vegetational protein...
—¿Y los panameños?
—No sé. La banda se llama Factor VIII, pero no los he visto. Me han dicho que cantan en español, en la onda del punk, pero bien fuerte. Y que tienen un guitarrista formidable.
—Aquí falta Tendencia...
—Tendencia está en España, para el Derrame Rock. Han tenido conciertos en varios lugares. Pero, ¿por qué no están Combat Noise, Agonizer o C-Men?
—No me quedo, va a llover…
—Que no llueve te digo. Vas a perderte a Zeus.
—Es que los dejaron para el final…
—¿Y quién va a cerrar esto? Si son la banda–historia…

CODA

Cuando rompió a llover fui a guarecerme en la gasolinera de enfrente. En cuanto pude agarré un almendrón en Línea. Ya lo advertí al principio: estoy viejo para estas cosas. Pero el diluvio no ahogó los riffs de Tutín Armenteros, el lead guitar de Factor VIII, ni detuvo el “Violento metrobus” de Zeus, con toda seguridad la banda de rock que más ha perdurado en la escena nacional; de inclasificable estilo, pero abocada siempre a las corrientes metaleras de vanguardia.
Me escurrí de la Tribuna bajo el aguacero, para encontrar que no cayó ni gota en Centro Habana. El trópico está lleno de contrastes. También el rock que por acá se hace. Unos exaltan; otros denigran. Unos prefieren el inglés, las voces guturales. Otros reclaman entender el texto, paladear las melodías. Caimán Rock podría diversificar su propuesta en el futuro, ampliar el diapasón. Pero ha sido mucho más que un buen intento de mostrar el rock que hacemos, mejor o peor. El rock nuestro de cada día, como la Isla, caimán solitario, rodeado de mar…

 

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