Corona no tiene gasolina
Por Bladimir Zamora Céspedes
Otra vez en las estribaciones de enero ha vuelto a celebrarse el Festival Longina, consagrando su decimotercera edición a rendir homenaje al 25 Aniversario de El Mejunje, ese pulmón atento a lo mejor de la cultura cubana que nos inventó Silverio con gracia y dedicación, y donde los jóvenes cantautores nuestros se sienten como en casa, porque realmente lo es.
Volvimos a llegar a Santa Clara el miércoles 7, queriendo saber de inmediato quiénes lo habían hecho antes, cuáles sorteaban los caminos de la Isla con el propósito de integrar una de las más grandes canturías entre cuantas se arman en la mayor de las Antillas. Hecha la noche, aun con la incertidumbre por la ausencia de varios juglares anunciados, ya esa ciudad del centro del país era sin dudas la capital de la trova cubana.
El concierto inaugural en el Museo de Artes Decorativas, a cargo de Yaima Orozco, Yordán Romero y Michel Portela, volvió a poner de manifiesto la cautivadora solidez del quehacer del proyecto La Trovuntivitis, que nació precisamente en El Mejunje.
El Caimán agradeció la invitación para presentar en ese preciso foro sus más recientes ediciones y, en su carácter de cómplice de la criatura, poner en mano de los presentes el CD La voz de El Diablo Ilustrado. Era miércoles, pasadas las tres de la tarde, y no esperábamos el lleno del foro. Sin embargo, se colmó el lugar. A ello sin dudas contribuyó la presencia de Ariel Barreiros, el entrañable cantor de Aguada de Pasajeros, junto a sus cercanos Yaima Orozco, Raúl Marchena, Michel Portela y el capitalino Fernando Bécquer.
El viernes 9 fue un día de grandescontrastes en el pasado Longina. La fecha en que ocurrió un suceso lamentable con relación a la fuente inspiradora de este festival, y en la cual también se celebró un concierto de la mayor altura...
A las tres de la tarde de ese día, trovadores y trovadictos del Longina debíamos estar en Caibarién para concurrir, como es tradición, a la tumba de ese gran trovador cubano autor de la canción, que también compuso “Santa Cecilia”, “Aurora” y “Doble inconsciencia”. Los dispuestos esperamos con paciencia la guagua que nos debía llevar a La Villa Blanca. Primero se nos dijo que el chofer andaba buscando la tarjeta para echar gasolina y, pasado otro largo rato, nos cayó encima el proverbial jarro de agua fría: no hay gasolina para ir a la peregrinación.
Sería injusto valorar el saldo global del Longina por ese grueso percance, pero en modo alguno hay que restarle importancia. Es verdad que el intenso intercambio entre cantores de gran parte de la isla que se establece allí y el despliegue de conciertos muy bien logrados, protagonizados por creadores de muy variados puntos del país, es de la mayor relevancia; pero no priorizar el homenaje a Manuel Corona da la impresión, aun cuando no sea así, de que importa poco preservar la memoria de los mayores, de aquellos hombres fundadores que son los cimientos nutricios de cualquier canción de trova posterior.
A pesar de suceder este hecho penoso, el periodista Freddy Pérez Cabrera escribió en la capital de Villaclara el artículo “Jóvenes juglares cantaron en Santa Clara”, que, según Cubarte, se publicó en Granma Digital el 10 de enero. En ese trabajo escribe: “Como es costumbre, la concluida edición del Longina rindió tributo a Manuel Corona, en Caibarién, la tierra natal del excelso creador de la trova tradicional cubana, con una peregrinación a su tumba y un concierto homenaje, en el que se fundieron cantores del patio y argentinos que asistieron al festival”. Este mismo periodista atribuye actuación a Roly Berrío, que no pudo actuar por limitaciones de salud, y declaró la presencia del pianista Roberto Carcassés, que no asistió. Todo indica que Pérez Cabrera obtuvo el programa impreso de la XIII edición del Longina y, sin asistir a sus acciones culturales, dio por sentado que todo lo anunciado se cumpliría. Su proceder desinformador es muestra de la más flagrante irresponsabilidad.
Como para curar las amarguras vespertinas del miércoles 9 de enero, pasadas las diez de la noche salió al ruedo de El Mejunje Santiago Feliú, secundado por Yusa y Elmer Ferrer. A pesar de la ausencia de Carcassés, estos tres virtuosos de nuestra música hicieron un concierto que mantuvo gozosos y atentos a los asistentes, tal como ya había sucedido en Buenos Aires y La Habana.
En esta oportunidad también los trovadores participantes del Longina fueron centros donde se concentran muchos jóvenes, como la Escuela de Instructores de Arte. Y participaron en la peña que conduce el poeta Yamil Díaz en el Café Literario, espacio que resultó pequeño por el gran número de interesados en participar.
Entre los conciertos más destacados en las jornadas finales del pasado Longina, que gozaron de un justo reconocimiento del público, estuvieron el de Raúl Torres el sábado 10 en el Museo de Artes Decorativas, y el de Diego Gutiérrez y su grupo en el repleto Cine Cubanacán. Allí el colmo de la emoción fue asistir a la interpretación de “Sabor salado” por la inmensa mayoría del público, casi sin dejar abrir la boca a Dieguito.
A pesar de las limitaciones y carencias que tuvo el más reciente Longina, y que, por cierto, no se deben pasar por alto; concurrieron allí entre el 7 y el 11 de enero muy logrados espectáculos de la más joven canción de la Isla, y lamentando algunos ausentes (Yordis Toledo, Toni Ávila y Rubén Léster, por ejemplo), se verificó de nuevo el encuentro entre cómplices. Hagamos votos porque la Asociación Hermanos Saíz, auspiciadora principal de este festival, encuentre cada vez más el apoyo necesario, para mantener la principal cita de los jóvenes trovadores cubanos y brindarle mejores condiciones materiales para su realización.
Ningún espacio allí en Santa Clara es menor cuando se trata del jubileo perenne del Longina, pero es honrado reconocer lo bueno que se pone el parque Leoncio Vidal. Allí, sin sujeción a programas previstos ni horarios, la madrugada es una enorme carpa donde caben todos los que ahora mismo defienden la auténtica bohemia de la trova cubana. Cualquier banco puede ser el escenario para que una cantidad de personas, que muchas veces pasan de cien, se rieguen a disfrutar por el piso. Allí se pudo escuchar juntos y por separado a los dúos espirituanos Cofradía y Aire y Madera, al cienfueguero Nelson Valdés, al habanero Fidel Díaz, al villaclareño residente en Alamar, Ray Fernández, al trovador de los relojes, el querido Ariel Barreiros, y a Santiago Feliú, quien después de brindar el concierto de lujo en lo de Silverio, se quedó con picazón y pidió la guitarra para cantar de todo y de todos. Mientras se está al amparo de ese montón de canciones, impulsadas por las más disímiles y auténticas voces, se cobra la certidumbre de que sigue creciendo el mejor espejo de la espiritualidad cubana. |