Contar cuentos desde la escena
Por Evangelina Chió Vidal
Fotos: Pablo Massip
En la escena hay una artista que, con la magia de la voz, los gestos y otros secretos recursos, mantiene a los espectadores en vilo pendientes de cada palabra, en un silencio mágico. Está narrando algo…
Aunque el cuento pudiera provenir de Feijóo, de Onelio Jorge Cardoso o de su propia invención, no estamos ante la típica “cuentera” campesina, o de la abuela que narraba misterios en noches tormentosas u otras circunstancias, ¡no, no, no!, se trata de alguien capacitado para hacer sus relatos en cualquier contexto donde pueda establecer su prodigiosa comunicación.
Fuera del proscenio, Mayra Navarro se nos muestra conversadora amena, de vastos conocimientos sobre la oralidad que le permiten abordar el desarrollo de este arte durante los últimos decenios en Cuba. Emana de ella eso que llamamos “energía positiva” y tanto entusiasmo respecto a su trabajo que atrae a la gente. Por ello, al responder nuestras preguntas también resume su propio quehacer sin olvidar el de otros cultores de la narración oral.
—¿Cuáles han sido los resultados de todos estos años de ejercicio y promoción de la narración oral en Cuba?
—Me parece oportuno recordar que en la esencia primigenia de la narración de cuentos se encuentra la cuentería popular tradicional que, en nuestro país, está nutrida por vestigios de lo aborigen, lo hispánico y lo africano; diría que esos son sus antecedentes más lejanos y puros.
Entre los antecedentes históricos más cercanos, está la labor que la Dra. María Teresa Freyre de Andrade realizara a principios de la década del 50 del siglo pasado, en el Lyceum de La Habana, impartiendo seminarios para la formación de bibliotecarias narradoras, así como la creación de La Hora del Cuento en la biblioteca juvenil del Lyceum que, dicho sea de paso, fue la primera biblioteca de este tipo en Cuba.
—¿Alguna persona ejerció la narración oral en aquellos años?
—Bueno, sí. Un hecho inusitado para la época —enero de 1957— en que el cuento era “un género literario hecho para leer en la alta voz íntima de nuestra soledad”, Luis Carbonell presentara en la Sala Hubert de Blanck un espectáculo de cuentos para el público adulto y que repitiera en mayo de 1959, en la Sala Arlequín, hechos que lo sitúan también entre los antecedentes.
“Ya como Directora de la Biblioteca Nacional José Martí y de la Dirección de Bibliotecas Públicas, en los primeros años de la Revolución, la Dra. María Teresa Freyre de Andrade vuelve a la carga para impulsar y extender La Hora del Cuento a los departamentos juveniles de todas las bibliotecas, con la colaboración magistral del poeta Eliseo Diego, como jefe del Departamento de Literatura y Narraciones Infantiles, la Dra. María del Carmen Garcini y la Dra. Audry Mancebo, que era la jefa del Departamento Juvenil”.
—¿Cómo llegó usted a esta profesión?
—Por entonces, sin dejar de reconocer ante todo que se trataba de “un arte en sí mismo”, el objetivo central, entre otros, era acercar tempranamente a los niños a la biblioteca y, por ende, a la lectura. Es ahí donde yo comienzo como narradora, exactamente en septiembre de 1962, y voy aprendiendo la teoría y la técnica del arte de la palabra viva de la mano de estos maestros. Durante quince años estuve dedicada por completo a este quehacer, hasta que en 1979 pasé a trabajar a la Dirección de Teatro del Ministerio de Cultura; y fue la narradora Menchi Núñez quien dio continuidad a La Hora del Cuento.
—¿Qué papel tiene Eliseo Diego en esta historia?
—En aquel tiempo, ya Eliseo gustaba decir que, en los entonces llamados seminarios, estábamos formando “narradores artificiales”. Y esto no lo decía de una manera peyorativa, sino todo lo contrario; ello significaba que con los conocimientos de la teoría y la técnica del arte de contar cuentos podríamos hacer lo que los narradores populares lograban de manera natural e intuitiva, valiéndose de sus recursos expresivos propios y en la realidad de su entorno. En ese planteamiento de Eliseo Diego estaba resumida la necesidad de pasar al plano consciente la aplicación de los recursos expresivos del narrador oral y de todos los procesos que sirven para la apropiación oral de un texto de la literatura o de un cuento de la tradición, con objetivos muy bien definidos en relación con el público con el cual interactuamos, para ser más eficaces y desde nuestras características personales propias.
Mi entrevistada hace una pausa y entra al mundo de la evocación…
—Es en mi etapa de la Biblioteca Nacional cuando conozco a Haydée Arteaga, “La Señora de los Cuentos”,quien a sus más de noventa años se mantiene al frente del Grupo Haydée y los niños; alguien que desde 1935 venía desarrollando una importante labor en un espacio llamado Sábados Culturales, que me atrevería a considerar un referente importantísimo de lo que hoy conocemos como trabajo sociocultural comunitario, donde contaba de manera natural e inspirada en los cuentos que su abuela le hiciera en la infancia. Ella se sumó a uno de los seminarios que impartiera Eliseo en 1963 y finalizando la década de los sesenta, luego de fallecida en 1967 la Dra. María del Carmen Garcini, fundó una escuela para la formación de narradores orales, a la cual puso su nombre como un homenaje.
—No deja usted de recordar la huella de Garzón Céspedes en este quehacer...
—Resulta imprescindible mencionar los aportes de Francisco Garzón Céspedes en este campo a partir de la década del 70, cuando comenzó a investigar y a promover este arte, no solo para los niños sino rescatándolo para los adultos. Él lo calificó como la “renovación del antiguo arte de contar en el siglo XX”, reconociéndolo como un hecho artístico pero también comunicacional que podía ser presentado en cualquier espacio, asumiendo sus circunstancias, ya fuera desde la escena, en las aulas, en las bibliotecas y en espacios abiertos.
—Sí, todos recordamos aquellos domingos en el Parque Lenin junto a Teresita Fernández…
—En 1989 se realizó en Camagüey el lI Festival Nacional, con los auspicios de la Asociación Hermanos Saíz de la provincia, cuya presidenta era entonces Ana María García Pérez. En ese evento estrenamos espectáculos para un público adulto; todos dirigidos por Garzón Céspedes, María Magdalena González, Manolo Martínez (fallecido recientemente) y yo, porque el espectáculo de Jesús Lozada, también bajo su dirección, había sido estrenado en 1988. Otro dato de interés en este recorrido, es la existencia de La Peña del Brocal, a cargo de Jesús Lozada, la primera para público adulto con la narración oral como centro, fundada el 14 de marzo de 1987 en la Casa Natal del Mayor Ignacio Agramonte. Durante el Festival, en esta peña se entregó por primera vez el Premio Cuentería. A partir de 1990 y durante 15 años ininterrumpidos, colaboré con Garzón Céspedes como representante en Cuba de la Cátedra Iberoamericana Itinerante de Narración Oral Escénica (CIINOE), de la cual él es director y fundador.
—¿Y qué puede decirme de la contribución institucional?
—El Gran Teatro de La Habana ha sido y es, desde 1990, la institución cultural auspiciadora como sede permanente de un Proyecto Estable de Narración Oral, promovido por la CIINOE, donde tuve a mi cargo la Dirección Ejecutiva de los Festivales y Muestras (nacionales e internacionales), sus Encuentros Teóricos y como profesora de los Talleres para la iniciación de nuevos narradores, así como del Taller de Perfeccionamiento Permanente, hasta 2005. A partir de 2006, el festival asumió el nombre de Primavera de Cuentos. Cada vez, se le identifica con el año en curso y se celebra en torno al equinoccio de primavera (20 de marzo), por el Día Mundial de la Narración Oral, organizado y dirigido por mi Proyecto NarrArte, creado en 1995 y adscrito al Centro de Teatro de la Habana. En el de 2009 hubo una nutrida participación de narradores cubanos y extranjeros de Argentina, Burkina Faso, Canadá, Colombia, Ecuador, España y Perú.
—También hemos visto otros Proyectos de Narración Oral artística… ¿Se están multiplicando acaso?
—Para dar continuidad al trabajo que habíamos venido desarrollando en favor del desarrollo y la promoción de la narración oral en Cuba, en octubre de 2006, quedó constituido oficialmente el Foro de Narración Oral del Gran Teatro de La Habana, en el cual se unen las acciones de cuatro Proyectos de la capital: el dirigido por mí, NarrArte; TeCUENTO, director Octavio Pino; Para Contarte Mejor, director Ricardo Martínez; y Proyecto Guaicanamar, de la directora Tania González. El quehacer del Foro se proyecta en varias líneas de acción: la docente, para la formación y superación de narradores orales, con el Taller anual Aprendiendo a contar cuentos y el funcionamiento permanente de un taller de perfeccionamiento; las presentaciones de espectáculos de narración oral, para todos los públicos, con espacios habituales en la Sala Lecuona del GTH; la celebración de Festivales de Narración Oral, con participación nacional e internacional (Fiesta con Duendes y Primavera de Cuentos) y se ha previsto también, promover la participación de todos los narradores orales en ejercicio profesional que quieran sumarse a esta labor.
“Pueden mencionarse también las acciones de la Cátedra Cubana de Narración Oral María del Carmen Garcini, presidida por la Dra. Nisia Agüero y adscrita al Consejo Nacional de Casas de Cultura, cuya presidenta fundadora fue Haydee Arteaga Rojas; así como la existencia de otros proyectos en provincias del interior, como Matanzas, Holguín, Camagüey, Las Tunas…, que realizan también sus Festivales. Aquí mismo, en Ciudad de La Habana, se desarrollan: el Festival Afropalabra, auspiciado por la Casa de África de la Oficina del Historiador de la Ciudad; las Jornadas ContArte, a cargo del proyecto del mismo nombre; la Contada Lajera, por el Proyecto Tacón; y Barrio Cuento, del Grupo Cimarrón.
“En la Asociación de Artistas Escénicos de la UNEAC, contamos con la Sección de Narradores Orales. Gracias al trabajo de esta sección, existe desde hace alrededor de siete años el Premio Juglar (anual), para los narradores orales y sus espectáculos”.
—¿Qué trascendencia ha tenido NarrArte?
—Fue el primer Proyecto de Narración Oral aprobado de manera oficial por el Centro de Teatro de La Habana y su funcionamiento sirvió de guía para mostrar un camino y abrir la brecha para la aprobación de otros Proyectos, cada cual con sus características propias, como es lógico, pero sobre la base de lo que ya existía con determinada consistencia profesional, mantenido hasta hoy y en lo que se basaba su fundamentación: la economía de recursos. En mi caso, realizo sola el trabajo artístico y me apoyo en la labor de una promotora de la actividad cultural que se encarga de la divulgación y de los enlaces del trabajo con el Centro de Teatro y el Consejo de las Artes Escénicas.
—¿Se aprecia algún resultado concreto en el público cubano?
—Yo diría que sí. Primero que todo, se nos reconoce ya como artistas, tanto el público como las instituciones. Recuerdo que en mis comienzos, cuando alguien me preguntaba dónde trabajaba y decía que en la Biblioteca Nacional, acto seguido me decían que si era bibliotecaria. Pero cuando aclaraba que era narradora de cuentos, se asombraban muchísimo y me preguntaban: ¿Y eso es un trabajo? Ahora ya no ocurre así. Además, el público cubano es muy receptivo y no sólo disfruta los cuentos ligeros, humorísticos, sino que cuando contamos cuentos de fondo el silencio de la sala y los aplausos nos demuestran que los reciben muy bien.
—Hable del poder de convocatoria del Festival Primavera de Cuentos respecto a artistas de otros países.
—Aunque desde la primera vez tuvimos una buena participación internacional, este 2009 trascendimos las fronteras iberoamericanas y tuvimos la presencia de narradoras de habla inglesa y francesa, como la canadiense Gabriella Klein y una narradora africana, de Burkina Faso, Mariam Kone, directora de un importante festival de mujeres narradoras en la capital de su país.
—¿Ha crecido el número de aspirantes para la narración oral?
—Al taller Aprendiendo a Contar Cuentos,realizado anualmente, se acercan un promedio de 25 a 30 personas cada vez. De ellos, solo entre seis y ocho demuestran aptitudes y son seleccionados para el taller permanente. Luego algunos se quedan por el camino, y tres o cuatro quedan, a lo sumo, y de esos, no todos lo asumen como una posible profesión, sino que lo utilizan de alguna manera para apoyar su ocupación principal. No obstante, la mayoría de los narradores que ahora cuentan profesionalmente, han salido de estos talleres.
—¿Dónde se presentan los espectáculos?
—La Sala Lecuona del Gran Teatro de La Habana es el espacio habitual para las funciones del Foro. No obstante, los narradores orales estamos en cualquier lugar al que se nos convoque, habida cuenta de que no tenemos sedes propias, que somos itinerantes y dadas las características de este arte que solo requiere de material humano formado, que no necesita otros recursos materiales, como escenografía, vestuarios específicos ni música grabada, sino esencialmente de las herramientas expresivas propias del narrador: su palabra, su voz y sus gestos.
“Este 2009, por ejemplo, el Proyecto TeCUENTO estuvo a cargo del programa artístico en el Pabellón Infantil de la Feria del Libro; y habitualmente ellos realizan sus peñas en el Museo Hurón Azul, en la Librería La Moderna Poesía, en la Casa de África, etc. Abrapalabra-Tacón, trabaja cada semana en el Centro Cultural de ARTEX en el Boulevard de San Rafael. En mi caso, trabajo siempre con niñas y niños en la Biblioteca Nacional José Martí y en la Biblioteca Villena de La Habana Vieja, zona de la ciudad en la cual colaboro frecuentemente con las acciones culturales de la Oficina del Historiador. Otros momentos en los que está presente la narración oral, son los Festivales de La Huella de España, el Festival Internacional de Teatro de La Habana, las Jornadas de Teatro Villanueva y el Festival de Teatro de Camagüey.
—¿Han pensado ustedes presentar espectáculos en conjunto?
—Los hemos realizado cuando se conciben espectáculos entre dos o varios proyectos. Tal es el caso de ContArte, que ha trabajado bastante con Abrapalabra y con Tacón; la colaboración estable entre Tacón y Abrapalabra y, más recientemente, espectáculos como Un fogonazo para Virgilio, realizado entre NarrArte y Para Contarte Mejor, con Jesús Lozada, como narrador invitado; Bar del Infierno, entre TeCUENTO y NarrArte, y Cuentos de América, con los tres últimos proyectos mencionados…
—¿Incluyen alguna labor con las Escuelas de Instructores de Arte?
—Desde hace cuatro cursos se imparten talleres en la Escuela de Ciudad de La Habana. Comenzamos Octavio Pino y yo; luego se sumó Leyris Guerrero, una excelente narradora y docente. Algunos de los alumnos han seguido contando en las escuelas de sus municipios, en tanto que otros se han convertido en asiduos como público. También en varias de las escuelas del interior se imparten talleres de esta especialidad.
“Un dato interesante es que en la Escuela de Trabajadores Sociales de Cojímar, he ofrecido dos cursos de narración oral y técnicas participativas para la promoción de la lectura y la animación sociocultural, con resultados que han sido evaluados como buenos en el trabajo de la base”.
—¿No cree que los medios audiovisuales podrían dedicarle más espacio?
—Es posible que sí, que pudieran darle un poco más de espacio. Se han hecho intentos, algunos con más éxito que otros, pues verdaderamente se trata de lenguajes diferentes, que requieren ser conciliados con inteligencia para obtener los mejores resultados.
—Sus próximos proyectos y expectativas…
—Seguir trabajando para ganar más espacios y mayores reconocimientos para la narración oral y su desarrollo como arte. Continuar con mi labor docente sistemática para trasmitir las experiencias que he acumulado a través de más de cuatro décadas. Fortalecer y extender el alcance de Primavera de Cuentos, con espectáculos que destaquen las posibilidades expresivas de los recursos propios del narrador oral: la palabra, la voz y los gestos, como esencia del arte de la palabra viva. Y publicar una segunda edición de mi libro Aprendiendo a contar cuentos, que se encuentra en el plan editorial de Gente Nueva para el 2010, y que fue aumentado con otros textos míos publicados sobre el tema y aspectos de mi tesis de Maestría en Educación por el Arte.
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