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POESIA

Eddy Naranjo León

APROXIMACIÓN A UNA ELEGÍA URGENTE

Era un arcángel con espada de lirio.
Raúl Roa

 

                                                I

La llanura se desprende de los hilos del horizonte
Convirtiéndose la llanura en laberintos que conducen unos al paraíso
Y otros a una carne consumada y terca en la crepitación de los fuegos
Llanura hecha ciudad
Pequeños anunciadores de la paz cuelgan de las flechas
Avanzan desde los cielos      inundan la ciudad hecha llanura
Grandes aposentos en el amurallamiento de los siglos
Voces perdurables en infinitas plazas tropelosas
Sueños pegados al adoquín
Ciudad llanura     Alma Mater de versos poderosos como palmares
Y sutiles y tiernos como las profundas corales catedralicias
Llanura ciudad       su orgullo desconoce el nuevo alumbramiento
Ángeles arropan su destino.

                                                 II

Se mece en el Júbilo          Recibimiento de la vida
La llanura levanta el horizonte y corretean corceles mansos que ascienden
Por sus hilos
Río Fuente Agua     desprendido    serpentea entre los mullidos
                     bosques    Serviciales
Versos crecen en tonos asombrosos         golpea las reverberantes paredes
De sus años
Fuga
Hacia todos los límites de su tacto
Entrega      ¿Qué más hacer?

III

“¿Qué ladrido te mordió el vértice del pulmón?”
Partir de la ciudad llanura hacia la ciudad montaña esgrimiendo un cascabel
De finos lazos
Encontrar la turbia madrugada sacudida por los espasmos de caderas
Ensoberbecidas
Encontrarla allí viajando sobre las flores desasidas del cielo
Sonar la rumba feroz desprendimiento de la sangre
Tenue soldado prendido a su cruz y a sus resabios
El tambor permanente aún te espera..

                                           IV

“El negro sonríe y mira
El negro calla y medita”

El último calesero hace sonar su aviso y abandona presuroso el tórrido
Ambiente citadino       Las treguas han finalizado
Negritudes inmensas como el arcoiris  recién fundan un país
Todo no concluido      Apenas comienza
La ciudad llanura convulsa y corre a los orígenes

Todo no ha cambiado
El poeta en regocijo dibuja un soneto cumbre a lo nocturno
Descubre que la sangre herida no requiere altavoces
Está el verbo
El poeta apenas ha comenzado.

                                   V

“Es el látigo de los centrales
Convertido en vestido.”
Avanza el paso industrioso del tiempo que corta limpiamente
La honorable cervical del trabajo
Poeta aquí estamos
Y múltiples manchas de aceite se escurren sobre remendados casi
Inexistentes overoles que vienen al encuentro convocados por limpia
Estrofa
Poeta ¿y tú?
Una cadenciosa seda recorre los músculos ennegrecidos
Poeta entonces canta tu canción
Detén los látigos en el ruidoso trapiche del central.

                                    VI

“Señor, mi voz agradecida tiembla”
El poeta se prepara para el camino y un rastro de curtidas huellas
Se abre hasta él
Tiembla la voz del poeta acogida en puentes y umbrales de altos
pespuntes
Donde la ciudad llanura lo ve partir
Alta yerba en lontananza       vértigo de pastos
Dorándose bajo el sol
La llanura se confunde con el horizonte
Habitan sus oquedades octosílabos ramajes arbustos relampagueantes
Como plantíos de luz
Llega hasta aquí el poeta
Trae el sonido antiguo de las palabras
Se descubre con ellas
Cubre su voz inconfundible sin opacidad ni denuestos.
Toca a la puerta de un cedro limpio que levita en el olvido.

                                    VII

Cántico de Dos Ríos
Espada compartida sobre las ruindades
Espejo anchuroso cubierto de todas las posibles glorias
Y posibles desmemorias.
Tiempo avanzado
El poeta no sabe cabalgar las antiguas sofocadas del destino
Perenne búsqueda      conflicto
Ciudad donde naciste       equidistante centro de la vida y la muerte
Ciudad donde moriste
Metrópoli cuajada de los policromos parches de las noches
Calles caminadas       Versos tejidos en las ríspidas zonas de tu carne.
Hombre     ¡Bienvenido seas tú       caballero en tu poema.

(Premio de Poesía Emilio Ballagas 2008, 2do. Accésit)

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