Actualizado el 3 de mayo de 2011

Nuevo Aire y el Arbolito de la América nuestra

Por: . 3|5|2011

Un jolgorio de almas delirantes resultó la Caverna de los Trovadictos en este sábado 30 de abril que no había reseñado, pues la post trova nos arrastró de un abrazo a otro, hasta terminar (o reempezar) amaneciendo con las mismas banderas musicales de un mundo nuevo en la Plaza de la Revolución. No hubo transición entre nuestra Utopía y el desfile por el 1º de Mayo; de ahí que al fin de la batalla estaba (casi) “muerto” este combatiente y la nota tuvo que esperar. Pero como diría el propio Vallejo —de quien tomo la idea—, cuando todos los hombres de la tierra le rodean, un buen cadáver no puede sino echarse a andar. Y aquí estoy musitando unas líneas “para vos”.

La banda argentina Arbolito nos regaló un gran acontecimiento no solo musical sino también humano. Para organizar un poco estas ideas, vayamos al inicio. Arrancamos el sábado a las 5 en punto, con la tanda de videos, y tras bambalinas aquellos fantasmas de nuestra cultura fueron amasando una sabrosa charla.

Se afinaban instrumentos, alguien entraba al “camerino” (dígase nuestro pintor-hermano José Luis Fariñas, o los trovadores Frank Delgado y Raúl Torres), espesando una atmósfera de sintonía utópica. Nuestra Irina por un rincón de la escalera hacía un dueto de flautas andinas con alguno de los músicos de Arbolito, otro de ellos fraseaba con el charango mientras Yassel “moñeaba” con su guitarra, y el resto (y ellos) conversábamos lo mismo de los circuitos musicales, que de las lucha indigenistas, la hijaputada guerrerista de los poderosos en el Medio Oriente (en el oriente completo, y en el occidente) la cantidad de músicos que da Cuba (según 48 horas de ellos en La Habana), la integración del Sur, la canción de autor, lo rico que les fue la descarga en el Centro Pablo o el conciertazo que la noche anterior ese mismo Arbolito nos diera en la Casa del ALBA. Se atropellaban a la par esbozos de grandes y de los más íntimos o cercanos (no por ellos más pequeños).

Acontecía ese enamorado mediofilosofar entre acotaciones a los videos, de Mercedes Sosa con Milton Nacimento, Malpaís, Leo García, León Gieco con Santiago Feliú, Elis Regina o Silvio Rodríguez (por mentar solo algunos santos). Con esa carga a las 6 pm. Cogí la guitarra y mi primera “oración” fue para Violeta Parra, el Ihosva Bernal hizo homenaje a la Habana, y sus encantos y dolores arquitectónicos y sociales. A esas alturas (demos un toque de crónica social —no amarrilla) en una mesa estaban Augusto Enríquez, Frank Delgado y ese hermano mayor de la trova cubana que es Pedro Luís Ferrer. Más allá, Ray Fernández con sus músicos Ulises y David, y los trovadores Charly Salgado (con nuestra Yenni) Reinier Aldana…y en eso llegó el nuevo Aire y madera.

Como dije en mi nota anterior, se podía suponer un trovar diferente, que a alguien le gustara más o menos, pero no se podía esperar de la fusión de Irina González y Yassel López arte menor. El encantamiento fue absoluto, el equilibro de sus voces, más la excelencia ejecutiva en los instrumentos —a veces a dos guitarras, o guitarra y flauta—, le dan nuevos giros a la canción que hacen de Aire y Madera un apartado muy peculiar de intenso vuelo poético. A las canciones de Yassel se suman las de Irina que están cercanas en su espíritu, no suelen ir a temas tremendos, tocan la vida, los sentimientos más personales, con esa mirada humana, fresca, que entra a los detalles cotidianos con la finura de la sencillez poética. Equilibrio y virtuosismo no ruidoso, sino fluyente de esos que se adentran en uno como verso bien tallado, resultó este Aire y madera.

Lo de Arbolito, sencillamente alucinante; mi amigo Joaquín Borges Triana (que no pudo llegar porque el P5 no se lo permitió) hubiera gozado mucho lo que él ha llamado el neofoklore o folklore urbano, en su más alta expresión. A mí, que soy un poco más… no sé si decir tradicionalista o buscador de continuidades en lo que otros ven rupturas, me parece sencillamente la nueva canción de hoy; aquel mismo fenómeno que en los 60 nos trajeron cantautores como Bob Dylan, Serrat, Chico Buarque, Pete Seeger, Violeta Parra, Charly García, Silvio, Pablo, León Gieco… en fin todo un movimiento (a su vez heredero de otras tradiciones) convocado por una necesidad de transformaciones sociales.

Fue llamado de diversas maneras, Canción Protesta en los Estados Unidos, la Nueva Trova Cubana, la Nueva Canción Latinoamericana, y así mismo en España, Canadá, un movimiento universal parido por las convulsiones de la época: impacto de la Revolución cubana, las guerrillas en América, las protestas contra la Guerra en Vietnam, los conflictos de la guerra fría, la necesidad de virar esta tierra de una vez. Pienso que esa canción de autor, poética, enraizada en el folklore, ha ido transformándose, lógicamente, nutriéndose cada vez más de otras sonoridades, pues ahora fluye más la música alternativa.

No estoy alejándome, por laberintos conceptualistas, es que escuchando o viviendo a los hermanos de Arbolito, veía no a una agrupación de la Argentina, o no solo a una agrupación de la Argentina, sino a un símbolo de la globalización de la otredad. El mundo nos acerca con la alta tecnología, y si bien siguen siendo los poderosos imperiales los que controlan los grandes circuitos en todas la esferas, se ha ido filtrando también el abrazo de los más; en la periferia de esa misma tecnología tejen sus redes de comunicación los movimientos anticapitalistas, ambientalistas, indigenistas, humanistas.

De ahí que se globaliza la solidaridad libertaria, a la par, o por debajo, de la globalización de la esclavitud mental, cada vez más agresiva (llegando a límites como el último chiste de Obama: “capturamos a Bin Laden”; inexplicablemente lo tiraron al mar y, casualmente, en el momento en que rueda un gran escándalo por el asesinato de un hijo y nietos del líder libio Moammar Al-Ghaddafi. Escándalo no por asesinato múltiple, lo cual las tropas yanquis y aliadas otaneras hacen todos los días, en todas partes —hasta con naturalidad—, sino porque al tratarse de la familia de un mandatario, el asunto cobra carácter de magnicidio.

Pero bien, junto a toda esta gran hijaputada a la que insisten en acostumbrarnos, nuevos ideales alternativos se interconectan, entre ellos la música. Los grandes medios masivos, los grandes circuitos del disco, pierden hegemonía, y la música auténtica con el poder de la poesía emerge de ese rincón donde han tratado de extinguirla.

La Internet, esa que nos vende a primera vista por doquier, como notición, que la princesa Risatonta, se enamoró del futbolista Sietegoles Puro Caritas, o que se le extravió la perrita Cosita a la actriz Madunnia, y que se operó un lunar la estrella Pasarela Nalga Dulce… pues junto a esa melcocha para descerebrados (por el efecto de esas mismas pastillas anormalizantes), desde ese mismo ciberespacio, empezamos a bajar discos de Atahualpa Yupanqui, Víctor Jara, Chico Buarque, Paco Ibáñez, Luis Alberto Spinetta, Pedro Guerra… y descubrimos que la vida no es la cáscara que nos daban, hay fruta, abundante y sabrosa ¡Mira tú!

Están surgiendo nuevos tiempos, digamos que otra vuelta de aquel espíritu de los años 60, ahora protagonizado por grande movimientos populares y esto trae consigo otra nueva canción, que —como aquella—, acude a sus raíces, las repoetiza tejiéndose en el nuevo panorama sonoro, ahora con la ventaja de que la tecnología nos acerca mucho más pues tenemos más información del otro.

Todo esto lo vi, claramente, en el grupo Arbolito. Es hora de decir: ¡al fin! Piensa el amigo lector que ha llegado hasta aquí) que son músicos realmente virtuosos, que le echan mano a instrumentos de diversas culturas. Lo que hacen no es un rock folkloreado sino un neofolklore roqueado. Con una energía escénica que arrastra al baile, con canciones que acuden a las más nobles tradiciones de nuestros pueblos, y nos llaman al abrazo, sin hegemonías, ni discriminaciones, ni predominios a salvar, a salvarnos, de la única manera posible: extinguiendo el egoísmo, extendiendo la mano de dar. Los músicos de Arbolito son expresión genuina de los nuevos tiempos que crecen en el continente latinoamericano; nos dieron un conciertazo que honra a nuestra Utopía, desde la más auténtica y cálida sencillez.

Estoy pasado, me queda decir que Lo que viene, es breve receso de un sábado, ya que un hermano trovador José Luís Barba hará la presentación de su CD-DVD Cubanos en un encuentro con la prensa y amigos y trovadores invitados. Ya hablé de esta obra, de gran importancia cultural, y un hecho creo que inédito en la trova cubana,

Diecisiete canciones que integran un disco, pero además cada una con un video clip, y en la que intervienen grandes trovadores junto a nuestro hermano José Luís Barba, que ya estuvo en La Utopía, hace unos cuantos sábados entregándonos sus canciones en descarga.

Te abrazo, y nos vemos en el ideal.

Fidelito

Categoría: La Utopía | Tags: | |

El Caimán Barbudo © Todos los derechos reservados