Actualizado el 26 de enero de 2011

¿Fantasía heroica en Cuba?

Armaduras refulgentes y capas de armiño a 34º c

Por: . 24|12|2010

Si por ventura perteneces ya a ese gozoso gremio de iluminados que a la simple vista de una espada babean y discuten sobre pasos de esgrima medieval, al tiempo que desprecian las armas de fuego como “tecnología para cobardes hábiles “, se enfrascan en largas sesiones de juegos de rol y veneran incondicionalmente toda historia donde brillen leales combates al arma blanca y magos, armaduras y conjuros, sobre todo si está ambientada en esa curiosa especie de Edad Media idealizada en la que a los siervos se les explota, pero con medida, y no hay plagas ni inquisidores ni nobles abusivos pero sí dragones y hechiceros y paladines… Entonces, ahórrate lo que sigue… hasta que veas reaparecer la palabra Cuba.

Pero si, en cambio, pretendes evaluar las credenciales de quien estas líneas redacta para hablar del género que amas; o sobre todo, si eres un forastero recién llegado a las landas de la fantasía, lamentablemente desinformado pero aún así interesado en conocer su ilustre prosapia literaria… di “amigo” y sigue adelante.

Si el británico J. R. R. Tolkien, gracias a El Señor de los Anillos (abreviado LOTR, de Lord Of The Rings), a El Hobbit y a El Silmarillion marca el norte de gloria y épico esplendor en la brújula fantástico literaria, también hay un sur, donde reina el tejano Robert Ervin Howard, presencia fantasmal por encima de sus muchos y grandes personajes repletos de joyas, polvo, drogas exóticas, razas misteriosas, sangre y pasiones intensísimas en las Eras Precataclísmica e Hyborea: Conan, el Cimerio de Bronce; Kull de Atlantis, bárbaro devenido rey de Valusia; la temeraria Sonya la Roja, enemiga del sultán; Brian Mac Morn, celta de raíces pictas; el adusto puritano Solomon Kane y otros más…

Muchos son los nombres que señorean los restantes puntos cardinales de la rosa de los vientos fantásticos. Lord Dunsany, con sus Relatos de un soñador y su metafísico Los dioses de Pegana, que inspiró al maestro del horror, H. P. Lovecraft; William Morris y su herético Vathek, de mil-y-una-nochesca inspiración oriental; el mucho más popular Edgar Rice Burroughs, con sus varias sagas de John Carter en Barsoom, de los Piratas de Venus, de la Tierra hueca en Pellucidar y hasta con tantas ciudades olvidadas en el África primigenia y misteriosa en su cardinal Tarzán de los Monos.

Cómo no señalar también a Michael Ende con La Historia Interminable; a Fritz Leiber y las andanzas por Lankhmar, de cuyo dúo inmortal del bárbaro Fafhrd y el Ratonero Gris debe el género uno de los apelativos que mejor lo describen: “sword and sorcery (“espada y brujería”). ¿Cómo dejar fuera a Tad Williams y su monumental Añoranzas y Pesares, comparada por algunos a La Guerra y la Paz? ¿A Mary Steward, revisitadora del ciclo artúrico desde la visión de Merlín, en Las cuevas de cristal, Las colinas huecas y El último hechizo?

La fantasía moderna no sería desde luego la misma sin J. K. Rowling y el fenómeno mediático de su Harry Potter, que tuvo seguidores como el Artemis Fowl de Eoin Colfer repitiendo la fórmula de niños con poderes que viven en un mundo donde la magia funciona, paralelo y a la vez insertado en el nuestro y por eso mismo más fascinante. Imposible no hablar del ¿fenómeno mediático? del adolescente Christopher Paolini alcanzando increíbles cotas de ventas pese a la clara mediocridad de su saga jinetes de dragones, Eragon; del boom de Ann Rice y sus Crónicas vampíricas, y a la que tanto deben no sólo Stéphanie Méyer y su exitosa saga vampírico-adolescente Crepúsculo, sino tantos otros como Charlaine Harris y sus vampiros sureños.

Muchas plumas de la CF han incursionado en la fantasy: Leigh Brackett con su cardinal La espada de Rhianon y su trilogía de Skaith; la gran Ursula K. LeGuin con su serie de Terramar; Marion Zimmer Bradley su reevaluadora feminista en Las nieblas de Avalon. Orson Scott Card tiene en su haber la gran novela La esperanza del venado, y la serie de Alvin Maker, sobre unos EUA alternativos donde funciona la magia. Y para concluir al día, basta citar la monumental Canción de hielo y fuego de George R. Martin, a decir de muchos el mejor culebrón de fantasía medievalista jamás escrito.

Recientemente los eslavos se han lanzado a conquistar con éxito las ciudadelas de este género tan anglosajón. Lo consiguió el ruso Serguei Lukionenko con su saga de los Guardianes de la Noche; Guardianes del Día y Guardianes del Crepúsculo) original recreación del viejo enfrentamiento entre Luz y Sombras, con los Otros, seres dotados de enormes poderes que viven disimulados entre los humanos.

Las historias de elfos y dragones, de vampiros y hombres lobos, de criaturas que trascienden la banal cotidianeidad sin verse por ellos sujetas a las reglas lógicas de la CF, cuentan cada día con más seguidores… y no sólo lectores: la prueba es la avalancha de versiones cinematográficas de Harry Potter (prácticamente toda la serie) y por supuesto, la versión de LOTR por Peter Jackson.

¿Y EN CUBA?

¿Tiene acaso sentido escribir fantasía heroica en un país donde los conquistadores españoles del siglo XV renunciaron pronto a sus armaduras metálicas por el calor? ¿Donde la tradición “hechiceril” no se enraiza en la wicca medieval ni en los cultos paganos grecolatinos, sino en la brujería afrocubana, la Regla de Ochá y la Regla Palo de Monte, con algo de Vudú? ¿Donde no hay leyendas de elfos ni enanos sino, como máximo, de güijes y luces de Yara? ¿Donde el mayor eco de gloriosos combates al arma blanca que nos llega es el de matanzas de indios inermes como la de Caonao, o el mucho más cercano de las cargas al machete mambisas… material, a decir de algunos, bastante poco épico de tan trillado y recalcado por la historia oficial?
Se diría que no.

Hasta hoy los fieles seguidores de toda la literatura arriba citada empeñados en encontrar cultivadores cubanos han tenido que conformarse con una cosecha más bien raquítica, cuyos exponentes pueden contarse con los dedos. Si bien los relatos “fantásticos” en el sentido más amplio (realismo mágico, sobre todo) han merecido varias notables antologías, como Cuentos cubanos de lo fantástico y lo extraordinario (1968) de Rogelio Llopis; y Cuentos fantásticos cubanos (1979) de José Martínez Matos. Pero en ninguna de estas selecciones aparece nada de “sword and sorcery”.

En 1986, Daína Chaviano incluyó en su volumen de relatos Historias de hadas para adultos dos de temática decididamente fantasy: La casa, rejuego casi ingenuo con los mitos artúricos, y La dama del ciervo, reescritura del cuento que ya figuraba en su libro Amoroso planeta (1983), versión romántico-fantástica del génesis y el pecado original. En 1988, en Aventuras Insólitas, compilada por Agenor Martí, figura el cuento de Arnoldo Águila Varita mágica, un “espada y brujería” con todas las de la ley, pese a algunos desafortunados guiños cómico-cienciaficcionescos que no demeritan en nada su clima épico.

Hay que esperar a 1995 para ver publicada la novela Obstáculo, fruto de la polifacética musa de Eduardo del Llano. Como toda su obra, es cómica, alegórica, sarcástica… pero además, esta vez decididamente fantástica, con ese Mundo de las Criaturas en el que los Hombres Lobos quieren tomar el control total, y ese Obstáculo creado por los gnomos para cada ser humano a la medida, y que debe superar en una especie de rito de iniciación.

En 1999, otra antología, Reino eterno, compilada por quien estas líneas subscribe, se iniciaba con varios relatos explícitamente catalogados como Fantasía Heroica. El primero de todos, Persistencia, de Michel Encinosa, sobre el compañerismo entre un guerrero y su cabalgadura, que llega a trascender la muerte, ya anuncia a un auténtico maestro del género; luego, Yailín Pérez Zamora demuestra en Réquiem que también lo hacía bastante bien con el teclado en este lamento por los tiempos de gloria ya idos. En el precio de los días, el que luego devendría todo un as de la CF, Juan Pablo Noroña, hoy el autor cubano más publicado en Internet fuera del país, apunta un talento que promete con una reflexión sobre los límites y diferencias entre el poder del guerrero y el del mago; su hermano Julio Noroña, en El Águila de Erkebrand, mezcla diferentes estilos, logrando un cuento con aliento clásico infantil, que es exégesis casi retozona y muy colateral del universo tolkineano; y en Fábula, Guillermo Tariche regala una fantástica reescritura de la leyenda de Tristán e Isolda.

Pero no terminaba ahí Reino eterno: en la segunda subdivisión del volumen, cajón de sastre titulado simplemente “La Otra Fantasía”, se incluyen al menos dos cuentos que pueden considerarse “sword and sorcery”: el metafísico Let, de Orlando Vila García, sobre la importancia relativa de los seres; y el sarcástico Sed, de Eduardo Del Llano, sobre la belleza y la magia de sus visiones.

El bienio siguiente fue crucial para la fantasy cubana. En el 2000 aparecieron El Druida de Gina Picart, que incluye la excelente narración fantástica homónima, auténtico homenaje a la cultura celta; y Los viajes de Nicanor, de Del Llano, hilarante revisitación contemporánea del concepto gulliveriano “por cada país visitado, un modo de vida más absurdo”. En el 2001, Michel Encinosa daba a conocer bajo el transparente seudónimo de “Yaly, Alto Cronista”, su libro Sol negro, relatos considerados unánimemente lo mejor hasta hoy publicado del género en el país.

En el 2006, en la antología Secretos del futuro, compilada por Juan Pablo Noroña y Ricardo Acevedo con textos de los escritores ligados al Taller Literario Espiral, aparecieron mezcladas CF y fantasía. A este segundo género pertenecen el sarcástico y magistral Siridi, la de los ojos grises, de Michel Encinosa; El Empalador, enésima recreación de la leyenda de Vlad Tepes, Drácula, por Víctor Hugo Pérez Gallo; Por contrato, una serie de divertidas aventuras de un mercenario cazador de criaturas fantásticas o míticas, por Abel Ballester Zuaznábar; y Tarot, de Eliete Lorenzo Vila, una inspirada visión feminista sobre las cartas y su relación con la vida real.

Luego, uno casi se siente tentado de añadir “y el resto es silencio”. Aunque no sea del todo cierto; hubo sus susurros. En 2006 Gina Picart reincluye el cuento El Druida, junto a Al final de la niebla, en Historias celtas, que completan dos cuentos sobre Elizabeth Siddal, la trágica y controvertida musa de los pintores prerrafaelistas. En el 2007 Sigrid Victoria Dueñas, vieja conocida de los fans por su asistencia a las sesiones quincenales del Taller Literario Espiral, publica esa joyita que es El inicio del cuento. Ilustrado por su esposo Carlos Acel Novoa Rivas, este delicioso relato ¿para niños? cuestiona audazmente varios lugares comunes del género: el valiente príncipe matadragones, la princesa tímida que espera ser salvada, el dragón feroz. Y con muy buenos resultados, por cierto.

También en el 2007 aparece La pared transparente, de Jorge Silverio Tejeda, por Gente Nueva, en la colección La Edad de Oro. Y algo raro resulta que se edite como premio de Literatura de Ciencia Ficción de la edición del 2006 de dicho concurso… cuando, que sepamos, esta categoría sólo se convocó en 2005, 2007 y 2009, todos años nones. Los detalles y porqués de esta incongruencia los sabrán F. Mond, Bruno Henríquez y Mirtha Gónzalez, jurados que lo premiaron. Por demás, no es en absoluto CF, sino una breve y clásica, aunque en verdad no muy imaginativa novela de fantasía, con monstruos, un grupo de niños de distintos países que intenta vencer al mal en un universo paralelo, entre los que el protagonista, Gordito, recuerda bastante al Bastián Baltasar Bux de La historia interminable de Ende.

Por desgracia, los otros dos exponentes que nos quedan por reseñar pecan de todo lo contrario, sin que ni siquiera su clasificación como libros para niños les sirva como excusa: tanto La leyenda de Ux, de Edgar Estaco Jardón, publicado por Extramuros-Gente Nueva en el 2008; como El reino embrujado, de Orlando Cardoso Villavicencio, están lastrados por personajes arquetípicos, argumentos manidos y en general falta de originalidad, visible sobre todo en los lamentables versos incluidos en el segundo, aunque las ilustraciones de Luis Bestard Cruz lo salvan algo… que no mucho.

Injusto en alto grado sería concluir este panorama necesariamente somero sin mencionar el valioso trabajo de promoción del arte y la literatura fantástica desarrollado en su momento por el grupo Onírica, que luego ha continuado Dialfa Hermes en sus periódicos encuentros, cada último sábado del mes a la 1 pm en la biblioteca Rubén Martínez Villena de la Plaza de Armas, auténticas fiestas para los fans en las que se imparten conferencias, se proyectan y comentan películas, se intercambian libros y se habla mucho, mucho de fantasía. También es de destacar el papel jugado por informativos digitales como Estronia, que preparan Yadira AlvárezBetancourt y Gonzalo Morán; y La voz de Alnader, del que es responsable Jeffrey López Dueñas, en la puesta al día de sus lectores sobre el dinámico mundo del fantasy.

Y al fin ¿existe o no la fantasía heroica cubana?

Los próximos años deberían marcar un viraje decisivo con la inminente aparición del muy esperado segundo volumen de relatos sobre Sotreum de Michel Encinosa, La guerra sin ti; así como de la cuentinovela Leyendas de los Cinco Reinos, del autor de este trabajo. También se aguardan con expectación dos antologías de relatos: Semillas de magia y acero, compilada por Elaine Vilar Madruga y Jeffrey López Dueñas, en Gente Nueva; y Viejos Magos, Jóvenes Guerreros, de Yoss y Javier De La Torre.

En estos volúmenes, junto a autores ya relativamente “rankeados” como Michel Encinosa, Juan Pablo Noroña y el mismo Yoss, se incluyen otros nombres que comienzan a hacerse familiares a los seguidores del fantástico nacional, como Erick Mota, Elaine Vilar, Haydeé Sardiñas, Gabriel Gil o Leonardo Gala. También publicarán de nuevo los no muy prolíficos Víctor Hugo Pérez Gallo, Julio Noroña y Orlando Vila García, y lo harán por primera vez jóvenes escritores como el dueto Eric Flores & Jesús Minsal, Jeffrey López Dueñas, Edel Nájera, Itsván Bent Valdespino, más conocido como ilustrador e historietista; y Yadira Alvárez Betancourt.

Y en cuanto a lo que se está escribiendo, también cabe concebir esperanzas… Yadira trabaja hace años en una novela fascinante, por ahora titulada Ojos de dragón, sobre los jinetes de los dragones ciegos que viven en la aldea secreta de Estronia; Michel sigue produciendo cuentos y más cuentos de Sotreun, y el responsable de este trabajo sigue avanzando en su primera novela del género, Lluvia en la Ciudad de Sal.

También hay voces nuevas que pugnan por irrumpir, como la de Enrique Rosales, hasta ahora inédito como escritor, excelente dibujante que aspira a publicar sus Crónicas de una isla viva ilustradas por él mismo… cuando la termine; lo mismo que sueña Eliete Lorenzo Vila, que hasta hoy sólo tiene editado el cuento Tarot, pero trabaja hace años en una ambiciosa novela sobre metalurgia fantástica: Los señores de la forja.

Y ¿quién sabe cuántos otros autores, hoy ignorados de todos, teclean laboriosos y tenaces en sus cuartos los cuentos y novelas destinados a convertirse en futuros hitos del género en nuestro país? Ansiosos por demostrar que, aunque el calor asfixiante de nuestro trópico impida a cualquiera en su sano juicio usar armaduras refulgentes o lujosas capas de armiño, la fantasía heroica es, más que una manera de escribir, de escapar de la banal cotidianeidad, una manera de vivir y un estado de la mente.

A todos ellos, de antemano, gracias. Y ánimo… que buena falta les va a hacer.

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