Actualizado el 25 de febrero de 2011

Alba de ficciones

Por: . 11|2|2011

Estaban esperándome como cosa buena, con la sonrisa en el rostro y algunos volúmenes en mano, Lourdes González, directora de Arte y Literatura, y Miladys, la promotora, en la nueva sede del Instituto Cubano del Libro en la calle Obispo. Ya es mi hábito acercarme a esa casa editorial, la encargada de editar la mayor cantidad de novedades del mundo que circulan por las librerías cubanas, cuando se aproxima la Feria del Libro; pues tengo la impresión de que estas fechas disparan en los lectores de la Isla la avidez por empaparse de propuestas literarias llegadas de otras partes del planeta. Sobre todo porque febrero es una oportunidad excepcional, y tendrán todo el resto del año para estar al día sobre el talento nacional y lo que escriben y publican sus compatriotas.

Es amplio el nuevo catálogo que pondrá a la venta Arte y Literatura, distribuido a través de sus bien ideadas colecciones: Clásicos, Dragón, Huracán, Orbis, Lira, Argos y Alas de Colibrí. Mas, como por esta ocasión se adiciona un estímulo novedoso, la colección Alba-Bicentenario, que responde al afán de sumarse a la conmemoración de la efeméride y encima brindar espacio para la literatura del grupo de países invitados a la cita cumbre de 2011, dedicaré el breve espacio de la reseña a desplegar los libros publicados bajo ese rubro.

Autor en el alba del modernismo, Rubén Darío (1867-1916), escribió también historias de horror y misterio, con nombres tales como El caso de la señora Amelia y La muerte de Salomé. Nueve de esos textos que revelan una faceta menos divulgada del nicaragüense de Azul y Los raros, están agrupados en el volumen que verá la luz con el título Cuentos macabros.

Del Paraguay resuenan en los oídos del lector corriente las novelas Hijo de hombre y Yo el Supremo, del Premio Cervantes Augusto Roa Bastos (1917-2005), en el terreno de la narrativa; y puede que alguno haya oído hablar, por ejemplo, de la admiración de los Premios Nobel Miguel Ángel Asturias y Gabriela Mistral por el poeta Elvio Romero (1926-2004). Lamentablemente, no mucho más. Ahora, para reducir esta ignorancia, versos y relatos del país suramericano aparecen en un par de compilaciones: Poesía del Paraguay y Cuentos del Paraguay.

De la nación donde amaneció la gesta en el continente —en 1804, seis años antes del Acta de la Declaración de Independencia a que alude la celebración del Bicentenario—, es el escritor Jacques Stéphen Alexis (1922-1961). Conocido por Compadre General Sol, publicada en 1955 por la editorial Gallimard, es autor también de la novela En un abrir y cerrar de ojos, historia de amor cercada por la prostitución y la corrupción en el contexto del Haití de los cuarentas. Mientras, Amores y cosas sin importancia nos introduce a Michèle Voltaire Marcelin (1955- ), multifacética figura de la creación haitiana contemporánea (es poeta, actriz y pintora), en un tomo que aúna poesía y prosa, amor y erotismo.

Directamente alegórico al espíritu de Alba-Bicentenario es Laurel de libres, una antología de poesía por la independencia de Nuestra América preparada por el poeta e investigador literario cubano Virgilio López Lemus con la convicción de que “La poesía es también identidad” y es una “expresión del alma de los acontecimientos”.

La baza faltante en este recuento de ofertas de la colección especial es El océano en un pez. La dejé para el final pensando en el interés mayor que podía despertar esta propuesta y dedicarle entonces mayor espacio. Cuarenta cuentos, veinte autores y cinco países, los hispanohablantes del ALBA; es decir: Bolivia, Venezuela, Ecuador, Nicaragua y Cuba. El compilador es Emmanuel Tornés Reyes, crítico e investigador cubano que una vez más (ya lo hizo en Contar es un placer, Casa Editora Abril, 2007) opta por un criterio de “selección” y no de “antología”; visión quizá más arriesgada porque se orienta hacia la producción literaria más actual, la todavía no validada por academias y análisis historiográficos; y también más abierta, porque no se adscribe a las demarcaciones usuales, ya sea generacionales, temáticas o de movimientos y corrientes.

Tomemos como ejemplo piloto la muestra de Cuba. El muy recientemente galardonado con el Premio Carpentier en Cuento, Ernesto Pérez Chang, nacido en La Habana, 1971, cuya narrativa es un turbio afluente donde lo real se contamina de surrealismos y trazas de lo fantástico.Lorenzo Lunar (Santa Clara, 1958), acaso “realista duro” de los 90 o explorador de la “poesía de lo marginal”, que marcó nuevos rumbos del policial con novelas como La vida de un tango. Otra dueña de un Carpentier de Cuento, Gina Picart (La Habana, 1956), autora ella de Historias celtas y El druida, una que se apropia y recontextualiza leyendas y los hitos del fantasy o la ciencia ficción. Y aquel que tanto en los relatos de Blasfemia del escriba como en la novela La soledad del tiempo se revela como un realista a toda prueba, Alberto Guerra Naranjo (La Habana, 1963).

En el prólogo de la compilación, el mismo Tornés advierte que su nómina de escritores latinoamericanos abarca desde nacidos por los años cuarenta hasta el decenio del ochenta del siglo pasado, y que “corresponden a diferentes orientaciones literarias, pero los acerca aquí el valor de sus textos, la amistad, la voluntad de dar una visión de lo que se escribe en sus patrias, además de presentar algunas aristas ideoestéticas compartidas”.

A Ecuador lo representan: Santiago Páez (Quito, 1958), un raro en las letras de su país porque cultiva los géneros del policial y la ciencia ficción; Raúl Vallejo (Manta, 1959), conocido en Cuba luego que la Editora Abril publicara su Acoso textual, una novela que asimila el universo de Internet y las nuevas tecnologías; y dos narradoras Lucrecia Maldonado (Quito, 1962) y Carolina Andrade (Guayaquil, 1962), que testimonian el impacto del discurso de género.

La importancia del núcleo de Cochabamba, aglutinado alrededor de Escritores Unidos, se echa a ver en la elección de César Verduguez Gómez, René Rivera Miranda, Gonzalo Montero Lara y Norma Mayorga como personificación de las letras de Bolivia.

Sobresale la juventud en la selección de Nicaragua. Excepto Alejandro Bravo (1953), los otros son nacidos luego de 1970. Sin embargo, sobre ellos hay depositadas grandes expectativas. Ya Arquímedes González (1972) es autor de una novela muy sugerente: La muerte de Acuario; de María del Carmen Pérez Cuadra se introdujo una narración en El futuro no es nuestro, la antología de Diego Trelles; y Ulises Juárez Polanco (1984) fue el que representó al país centroamericano en el Festival Internacional de Narradores Jóvenes de La Habana.

La lista de Venezuela la conforma Ángel Gustavo Infante (1959), autor celebrado por el libro de cuentos deCerrícolas, junto a otros que vienen obteniendo lauros en los últimos años: Salvador Fleján (1966), Carolina Lozada (1974) y Roberto Martínez Bachrich (1977).

A tenor con lo que hoy viene siendo la norma en las letras del continente, y hasta del mundo, no encontraremos aquí ficciones con ambiciones totalizadoras ni teleológicas. Sí sarcasmo y descreimiento, intertextualidad, extrañeza, falta de sentimentalismo, el Neocriollismo y lo Urbano… Cuando el compilador Emmanuel Tornés tomó para título del libro la definición de cuento que dio el chileno Antonio Skármeta, lo tenía claro: ¿El océano en un pez? Bueno, no cabrá entero, más no por ello se renuncia a hacer el cuento.

Categoría: Literatura | Tags: | |

El Caimán Barbudo © Todos los derechos reservados