Actualizado el 21 de marzo de 2011

Auroria: La gran fuerza de la historieta joven cubana

Por: . 11|3|2011

La épica fantástica o fantasía heroica, género de indiscutible atractivo en el contexto literario, audiovisual, plástico, de la historieta y los juegos digitales, es reencarnación moderna (perpetuación) de la mitopoética, cuyos orígenes se pierden en la prehistoria, cuando el ser humano explicó por primera vez los fenómenos del cosmos, desde sus nulos o escasos referentes culturales.

A partir de esas edades primigenias, se establecieron sistemas de representaciones para poner algo de orden en un mundo desconocido, contraponiéndole un mundo conocido, seguro, a imagen y semejanza de sus pobladores. Las fuerzas y sucesos desconocidos adquirieron significados interrelacionados entre sí en un todo lógico, cada vez más complejo, hasta alcanzar altos grados de verosimilitud. Sobre estas raíces se estructuraron los cimientos de la Literatura y el Arte en general.

Amén la irrupción brusca de corrientes gnoseológicas racionalistas en la cosmovisión poética milenaria, pervive la necesidad ancestral de mitificar, idealizar, la Condición Humana, en su perenne lucha con el entorno hostil, y más encarnizadamente consigo misma. La realización, ya en el siglo XX, de filmes como Los Nibelungos (Fritz Lang, 1926), la publicación de volúmenes como El Señor de los Anillos de J.R.R. Tolkien, o las obras de Robert Ervin Howard y C. S. Lewis, relegitimó entre todos los públicos este género, en cuya esencia subyace el conflicto eterno e íntimo entre bien y mal, luz y sombra.

En Cuba, los aires mitopoéticos heroicos han pregnado mayormente en la historieta, alcanzando topes estético-discursivos en la variante conocida como space opera (épicas medievalistas que transcurren en otros planetas, al estilo de las novelas Dune y Difícil es ser Dios; y las películas Star Wars y Krull) con las inconclusas Alona, de Rafael Morante; y Jakro, de Orestes Suárez, publicadas respectivamente en las revistas Cómicos y Pablo; en el audiovisual con la excepcional serie Shiralad; y en la literatura con volúmenes como Historias de hadas para adultos (Letras Cubanas, 1986) y Fábulas de una abuela extraterrestre (Letras Cubanas, 1988), ambos de Daína Chaviano; y Sotreum. Crónicas del Sol Negro (Extramuros, 2000), de Michel Encinosa.

Bajo los irresistibles influjos del redivivo género, seductor por su emoción, ritmo, fantasía y espíritu aventurero, que habla cara a cara con la memoria genética más antigua de la especie humana, en Cuba se escribe y dibuja fantasía heroica, aún sin esperanza de publicación. Una de las afortunadas excepciones es la obra Auroria. La Gran Alianza, compuesta por Osvaldo Pestana (Montos) sobre un guión de Fermín Vega Boyce, traída por Reina del Mar Editores al panorama editorial cienfueguero y cubano en general, como tercer título de su colección dedicada a promocionar la casi subterránea gráfica joven nacional.

La historieta devela desde la primera página una impactante figuración, sostenida por el gran oficio gráfico; preciso sentido del encuadre, los planos, el ritmo narrativo; el esplendor visual, barroquista, pero mesurado; la dinámica espectacular, fruto del preciso empleo de los recursos visuales, elípticos y cinegéticos del género. La historia de aires fabulares y sencillez anecdótica (emparentada con las obras ya citadas de R. E. Howard), no exenta de valores universales como la unidad, la amistad, la paz, el respeto a la diferencia, sin llegar al rancio moralismo, es sin dudas desbordada por el impresionante dibujo de Montos, que, sin temor a pecar de excesos apologéticos, hace de Auroria… probablemente la mejor historieta publicada en Cuba en los últimos años, en medio de un panorama deprimido por completo, donde la redición de pasadas glorias, y la publicación de empobrecidas piezas didáctico-históricas, delata falsa decadencia, producida realmente por erradas o indiferentes políticas editoriales.

Esta historieta principal va acompañada por dos propuestas de breves páginas, dibujadas también por Montos, a partir de guiones propios: La Presa y El Fugitivo, dos piezas también de corte fantástico, inclinadas hacia el horror, en el caso de La Presa; y el surrealismo, en el caso de El Fugitivo. De más reciente factura, en estas pocas páginas Montos libera su figuración y acoge pautas estéticas marcadas por obras como Sin City de Frank Miller, o más lejanamente Breccia padre e hijo, donde se viola todo convencionalismo visual, y cada folio asciende hacia cumbres de gran valor plástico.

Auroria. La Gran Alianza, de Montos y Boyce, y los dos bonus track, resultan en una incursión verdaderamente osada en aguas densificadas por tanta página desfasada, por tanta página buena no publicada. Quizás su moraleja acerca de la necesaria unidad entre antagonistas ante la adversidad externa, sea asimilada…

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