Actualizado el 13 de mayo de 2011

La décima se renueva

Por: . 7|5|2011

En un lugar de La Mancha/ de cuyo nombre no quiero/ acordarme un caballero/ traté de ser Mi avalancha/ justiciera fue la ancha/ tristeza de unos gigantes / que huyeron hacia distantes/ leyendas Hoy mi destino/ es desandar los caminos/ pensando en los rocinantes/ que no tendré Peregrino/ de tristísimos aciertos/ sigo desfaciendo entuertos/ por doquier El desatino/ siempre cambia de molino/ (siempre cambia) Agonizantes/ somos cuerdos los andantes/ (somos cuerdos) y al final/ todo es un sucio ritual/ que nunca escribió Cervantes.

Lo anterior son unas décimas pertenecientes al libro El mundo tiene la razón, de los holguineros Ronel González y José Luis Serrano, dos de los jóvenes poetas que en Cuba le han aportado a esta estrofa de diez versos un nuevo aliento en los últimos veinte años. Ello es parte de la movida que se ha dado en nuestro país por las nuevas generaciones de artistas e intelectuales, en cuanto al rescate de valores pertenecientes a la tradición de la cultura nacional, pero asumidos desde una renovadora visión ideoestética.

En buena medida a partir de la obra de noveles escritores, una estructura como la décima ha experimentado lo que puede catalogarse como un auténtico renacer. Porque no es sólo el libro anteriormente citado y que ha de recordarse fue el que ganó en 1995 el Premio Cucalambé, sin la menor discusión el concurso más importante de la décima escrita en nuestro país. Gracias a las convocatorias de ese propio certamen, han visto la luz otros decimarios de gran valía, como Sueños sobre la piedra, del santiaguero Alberto Garrido, y del que reproduzco a continuación “Días de la quimera”, el texto de dicho libro que en lo personal más me impacta: Cuánto salva tu pirueta/ mis días hambre salobre/ Si tú sales el más pobre/ pan sonríe/Alguna treta/ de basto y bombines reta/ al cielo contra el tarot/ Cuánto te sabe su argot/ cabeza abajo la vida/ Muere el cine en tu partida/ Regresa pronto Charlot.

Entre los importantes decimarios publicados a partir del Premio Cucalambé habría que mencionar Perros ladrándole a Dios, del tunero Carlos Esquivel Guerra; Con esta leve oscilación del péndulo y Examen de fe, de los holguineros Yunior Felipe Figueroa y José Luis Serrano, respectivamente, o por poner un último ejemplo, Otra vez la nave de los locos, original de la capitalina María de las Nieves Morales y al que pertenecen las décimas “Resumen para un inventario de siluetas”, de las que copio un fragmento: Ya no hay ciudad/ Sólo un mapa/ sin Das Kapital ni Cristo/ Cierro los ojos y embisto/ la luz Su oscura solapa/ juega al silencio destapa/ otro erial para profetas/ No falsifico piruetas/ de suicida ni enarbolo/ vedadas cruces Yo sólo/ estoy contando siluetas.

Mas no ha de hablarse únicamente del concurso Cucalambé como motor impulsor de la décima en Cuba en el pasado reciente. Un análisis del asunto, por somero que sea, no puede soslayar la existencia en el territorio nacional de otros eventos literarios que han coadyuvado al florecimiento de la espinela. Entre tales certámenes, cabe resaltar en el decenio de los noventa la Bienal de la Décima, un premio otorgado al fomento de esta forma poética y en el que fueron laureados los libros Otro nombre de mar, de Jorge Luis Mederos (1993), y Alucinaciones en el jardín de Ana, escrito por Alpidio Alonso Grau (1995). Un concurso muy destacado es el que lleva por nombre Fundación de Santa Clara, que entre otros libros ha premiado Aneurisma, del ya citado José Luis Serrano; Soldado desconocido, del villaclareño Yamil Díaz Gómez, y El libro del cruel fervor, del camagüeyano Jesús David Curbelo.

Así las cosas, otras voces han ido surgiendo y ya sorprenden a la crítica y a los lectores por la madurez que registran, a pesar de poseer —en su inmensa mayoría— una corta edad. Son los casos de Omar Raúl Díaz Ávila, Ana Rosa Díaz Naranjo, Diusmel Machado, Rafael de Jesús Valdivia, José Antonio Guerra, Libán H. Izquierdo y el un tanto menos joven Arístides Valdés Guillermo y del que son las décimas “Advenimiento del pequeño príncipe” y de las que ofrezco una muestra:

Por ti, los cuchillos ciegos/ de la muerte se demoran/ y, al sol que alimentas, doran/ su soledad los labriegos./ Por ti, retorno a los juegos/ de la infancia que se fuera/ con su luz, con su manera/ de iluminármelo todo./ Por ti, aprendo que hay un modo/ de soñar la primavera.

De singular valía en el proceso de renovación vivido por la décima en nuestro país en las dos últimas décadas es el rol desempeñado por muchachas decimistas. Junto a las ya mencionadas María de las Nieves Morales y Ana Rosa Díaz Naranjo, habría que aludir también entre otros nombres a los de María Liliana Celorrio, Elizabeth Álvarez, Odalis Leyva, Alexa Beiro y Nuvia Estévez, hacedoras de un discurso de clara orientación feminista, pues ocurre que a estas alturas del siglo XXI hay tantas razones para enarbolar tales banderas, como reclamar que hombres y mujeres seamos iguales en dignidad y derechos, pedir por el fin de la violencia del sistema machista y que desprecia a los seres diferentes, o luchar porque verdaderamente algún día se haga realidad el ideal republicano de libertad, igualdad, fraternidad, un sueño todavía pendiente.

A tenor con lo anterior, los versos de estas autoras nos invitan a identificarnos con esa mitad de la humanidad, ex moradora de la antigua ciudad de Delfos y donde estaba el templo de Afroditas. Y es que, pensando en una frase de Víctor Hugo en la que expresaba: “la utopía de hoy es la realidad de mañana”, podemos captar el supramensaje de un texto como “Yo soy la peor”, original de Nuvia Estévez:

la única/ Pola Negri su boquilla/ humeando contra la astilla/ del Hades (…)/ Soy Pola Negri /Mastican/ este verde que destilo/ Soy la araña Soy el hilo/Son ellos quienes claudican.

Un criterio valorativo de la producción en conjunto de jóvenes decimistas lo ofrece el investigador y también cultor de la décima Carlos Esquivel Guerra, autor de libros como Perros ladrándole a Dios (1999), Los animales del cuerpo (2001), Los epigramas malditos (2001) y El boulevard de los Capuchinos (2003), que en el excelente artículo “Décima y cine: lenguaje de confluencias. Acoplamientos”, afirma:

“La búsqueda de nuevas formas comunicativas ha permitido a la última generación decimística del país un ajuste contemporáneo en su visión perceptora respecto al arte y a su compromiso dialéctico. La absorción de moldes o referencias del teatro (‘’imitando’’ los esbozos internos de los personajes, adquiriendo un estilo en la libertad de imponer acotaciones, cortes o giros a un diálogo en específico o en la trama en general), de la música clásica y popular (como citas a Vivaldi, Lennon, The Beatles, Benny Moré…) en las artes plásticas (sobre la base pictórica del verso como unidad de un paisaje, como intuición metafórica en el acercamiento a la luz, al contraste entre el color y la línea, también como glosas o dibujos verbales de las obras de Milo, Goya, Bernini, Picasso…) enriquecen la inclusión de la espinela en el lenguaje estilístico actual.”

De tal suerte, lo importante es saber que entre los actuales decimistas cubanos, en los que abundan representantes de las nuevas generaciones, hay una enorme variedad de temas y de diversidad en los enfoques, con lo cual la que un día fue llamada estrofa nacional se revitaliza, para bien de sus cultores y admiradores.

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