Actualizado el 16 de diciembre de 2011

Margen, paratexto y vacío: destino del lector cubano

Por: . 11|12|2011

Confieso que primero busqué como se busca un mito.

Uno de esos tantos mitos bibliográficos que la industria del libro cubano no acaba de complacer y que en cualquier rincón del orbe es agua pasada: sus ensayos, tan mentados por casi todos los autores acá, reflejados en notas al pie de artículos o libros publicados en Cuba, daban a entender que ese autor era muy, pero muy leído y recurrido acá.

Un enigma, porque por mucho que indagué y busqué en anaqueles de surtidas bibliotecas, públicas y privadas, no lo encontré. Pero pronto descubrí una de las singulares artimañas de la ciudad letrada cubana, el recurso de fusilar: no importa que nunca se haya leído a un autor, no importa que apenas aprendamos a pronunciar el nombre en su idioma, no importa que no conozcamos ni un ápice de su pensamiento porque siempre podremos copiarlo de otros libros. A veces de libros que copian de otros libros, especie de uróboros textual.

Un vacío, porque ese recurso no es más que el desespero y pataleo del cuerpo letrado en llenar la osteoporosis que padece.

Quién censurará a un escribidor de un país como este que tome notas de un libro, que hurte esas frases ingeniosas que otro ya fijó e hizo relucir como epifanías textuales. Paratextos ingeniosos que de una forma u otra el escritor de acá, de no tener tantas limitantes para acceder a fondos bibliográficos pudiera conocer y manejar con sumo placer. Ya esgrimiremos muchos pretextos para justificar el robo del paratexto, lo cierto es que nunca podrá esta comunidad autoral sobreponerse a tantas limitantes bibliográficas, a tanta marginalidad.

Hasta cuándo tendremos que estar los autores y lectores cubanos al margen de lo producido allende a nuestras fronteras, hasta cuándo tendremos que contentarnos con referencias a pie de páginas, con reducidas selecciones de autores internacionales, que muchas veces ni representan el sector más consolidado de nuestra área: sirva de ejemplo la pasada Feria Internacional del Libro dedicada a Argentina, cuando revisamos los libros publicados en esa edición vemos tantos vacíos. Borges, la misma selección de los 80, Sábato, ni hablar, Piglia, que es sin duda figura cimera de las letras actuales en español no se tuvo en cuenta, creo que se re-presentó la valoración múltiple hecha sobre él por Casa de las Américas.

¿Y César Aira, Alan Pauls, Ana María Shua, Rodolfo Fogwill, Osvaldo Soriano, Alicia Steimberg, Rodrigo Fresán? Eso por mencionar algunos.

¿Tenemos lo más importante de sus obras publicadas acá?

Sé que se esgrimirá el consabido derecho de autor, que no estamos en condiciones de erogar tanto dinero para poder obtener esos derechos. ¿Pero será tan cierto que tenemos solo ese recurso?

¿No será posible utilizar el famoso decreto que permite publicar textos con fines educativos? Porque quién duda que las necesidades informativas pasan ya por ese eje. Ya creo que debemos rehacer aquella maravillosa campaña de alfabetización de los 60 y enfocarla a los escritores, debemos alfabetizar a un inmenso sector de la ciudad letrada cubana y mucho más al sector del interior del país, que sufre más esas carencias porque le es casi imposible desplazarse a las surtidas bibliotecas habaneras (La de Casa… o la Nacional).

Iniciativas como la fenecida Biblioteca Familiar (que tanto agradeció el lector común, a pesar de la pobreza de la factura utilizada, a pesar del precio un poco subido de aquella cajita con sus libros), se deben retomar, pero propongo que ahora con selecciones de autores que sean referentes actuales de calidad literaria, que no importe el lado político donde sueñen esos creadores. Propongo que se hagan varias de esas selecciones:

Literatura latinoamericana.

Literatura caribeña.

Literatura norteamericana.

Literatura europea.

Literatura asiática.

No creo necesario decir que esas publicaciones estarían amparadas en el recurso legal antes mencionado y que su distribución sería, además de gratuita, selectiva. Sé de casos que por dejadez y estolidez, se echaron a peder montones de aquellas Bibliotecas Familiares, que se humedecieron en oficinas y almacenes. Libros que nunca llegaron a ser leídos y fueron solo datos estadísticos, detritus de algún basurero.

No creo que sea sano para nuestra cultura seguir en este aislamiento bibliográfico, en el desfase en que estamos sumidos como lectores y como creadores, porque ambos universos se complementan y si aún creo posible la asunción de un escritor sin viajar, sin tener cosmovisión, sin entrar en el entramado y rejuego: obra-mercado-marketing, que dio fenómenos como el boom y sus adláteres conocidos, siempre veré imposible que se fortalezca la cultura nacional padeciendo semejante anacronismo informativo, condenada solo al paratexto. Al margen de la circulación cultural. Al vacío y sus desesperados recursos.

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