Actualizado el 2 de mayo de 2011

John Ashbery

Por: . 2|4|2010

A Grillo, por su insistencia. Dios mío, también por su paciencia

¿Hay que “entender” verdaderamente cuando de poesía se trata? Por mi parte siempre he tratado de distinguir entre un tipo de obra sensitiva y otra de carácter intelectiva. Para el investigador Ben Helen hay algo en cierta zona de la poesía de José Lezama Lima que nos puede hacer creer que sí, que sí se entiende cuando realmente… Lo cual podría indicar que en una misma obra, o en un mismo poema (texto se dice por estos tiempos) puede encontrarse la conjunción de lo uno con lo otro. Momentos sensitivos e intelectivos a un mismo tiempo. Dánae teje el tiempo dorado por el Nilo, ¿verbigracia?

Que yo recuerde, he aquí al propio José: “Hay la poesía oscura y la poesía clara. Esto es un hecho que tenemos que aceptar con sencillez, como aceptamos la existencia del día y de la noche”. Y que “siempre se consideró el hermetismo, fue lo que dijo en un lugar otro, como un acompañante de la poesía”. Algo sabemos, y es que no todo lo figurativo es malo, ni todo aquello que provenga del abstraccionismo es bueno. Y me pregunto: ¿Dónde podríamos encontrar la claridad en un poema como de The Wasted Land si no a fuerza de mucho estudio? La historia reconoce la capacidad de algunos poetas para llenar estadios. ¿Podría leerse el ya citado poema de Eliot, con todo su aparato de notas incluido, en un estadio? Sin embargo, algo de la obra de T. S. Eliot hizo que Borges creyera encontrar en ella nada menos que una sabia oscuridad. Término este que tampoco yo vacilaría en aplicar, siempre que me fuera posible, a uno de los de hoy: John Ashbery (Rochester, Nueva York, 1927), de quien mucho antes que nosotros ya se había ocupado un diario de Virginia. He aquí la nota: “John Ashbery está surgiendo como un poeta muy importante; si bien no a partir de un consenso crítico unánime, al menos, con certeza, por la admiración y reverencia que inspira en los poetas más jóvenes. Lo raro es que nadie entiende a Ashbery”. 1

Lo raro es que nadie entiende al común de los poetas que tienen algo que decir no muy directamente que digamos. ¿Silvina Ocampo sobre Edmund Spenser?: “Los versos de Spenser fueron sin lugar a dudas fuente de inspiración. Sus poemas deleitan más a los poetas que a los lectores comunes; por eso Charles Lamb lo llama ‛el poeta de los poetas”.2

¿Era complejo un poeta como Juan Ramón Jiménez? Resabios y carácter a un lado, es posible que ya albergara sus sospechas. A la inmensa minoría fue la dedicatoria por él esgrimida a cierta recopilación de su propia obra.

¿Y Harold Bloom?: “El público de la poesía lírica de alto nivel es, por fuerza, reducido. Esto llena de pesar a nuestros mejores poetas, pero pueden consolarse pensando que entre sus precursores afectados por el mismo problema figuran Willian Blake y Walt Whitman, así como Emily Dickinson y Gerard Marley Hopkins. Whitman costeó la edición de sus libros, al igual que Blake, mientras las obras de Dickinson y Manley fueron publicadas póstumamente. Elizabeth Bishop encontró un público fiel, pero reducido, y en la misma situación se hallan unos cuantos de nuestros mejores contemporáneos”.3

¿Y más adelante?: “Tennyson, Browning, y Robert Frost han sido muy leídos, aunque quizás no lo necesitaban”.4

Pero de vuelta a Ashbery, es paradójico que él mismo ya se viera obligado a tener que aceptar: “A menudo me pregunto si no estoy sufriendo alguna disfunción mental, considerando lo rara y desconcertante que mi poesía parece ser para mucha gente, y a menudo también para mí”.5 Baste saber que hay quienes lo consideran uno de los poetas vivos más importante de la llamada escuela de Nueva York, conjuntamente con Frank O’Hara. Un Nobel sin Nobel. Lo que en palabras de García Márquez vendría a significar la inclusión dentro de la lista que él (García Márquez) llamaría Los grandes que nunca fueron. O si se quiere: que nunca lo obtuvieron.

De su amplia y bien dotada bibliografía, destaquemos tan solo Autorretrato en espejo convexo (1975)y Galeones de Abril (1984), ambos de poesía. Novela en colaboración: Un nido de bobos y también teatro.

NOTAS:

1. Confesiones de escritores. Poetas. Los reportajes del Paris Review,1ª. Ed., Buenos Aires: El Ateneo, 1997, pág. 17.

2. Clásicos Jackson. Vol. XXXIV. Poetas líricos ingleses,selección de Ricardo Baeza, Buenos Aires, Argentina, 1949, pág. XI.

3 Harold Bloom en Cómo leer y por qué, Ed. Anagrama, 2000, pág. 150. Ahora bien, ayudando a ensanchar el universo del travieso Harold… y sus lectores, claro, que en ocasiones no tienen por qué serlo menos, apuntemos: Pablo Neruda, de quien se ha dicho (o llegó a decirlo él mismo) vagaba con una carretilla voceando la venta de sus desesperados Veinte poemas de amor… César Vallejo, Eliseo Diego, Haroldo de Campos o José Lezama Lima, también se vieron en algún que otro momento obligados a costear la publicación de sus obras. ¡Dónde sino!

4. Harold Bloom, Op. Cit.

5. John Ashbery, Op. Cit.

Y JUGABAN UNOS A LAS CARTAS
Y OTROS JUGABAN A LOS DADOS

Y ahí lo tienes. No puedo excederme al elogiar tu respuesta,
aunque la puedo cronometrar por su brillo estrangulado
como un ruido nocturno que no tuviera explicación.

Y veo desde más distancia la situación tuya y mía
por el halo pálido que proyecta con insistencia.
Estoy aquí. Tú no existes, no hay tal persona.
Y sin embargo tienes gracia, haces tonterías, y hay en tu voz
meandros abruptos y cámaras tan desenfadadas que no puedo
ni pensar en seguirte escuchando. Con tu sordera entiendes demasiado
y en absoluto quieres este saber
aunque le parezca a la gente de este mundo un circo del cielo
y el tiempo que de él depende sea tema de conversación para varios días.

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