Actualizado el 17 de julio de 2012

Bae Young-ok

Por: . 17|7|2012

Los rarosSabíamos ya de la presencia en Corea de poetas de la talla de Shin Kyong Rim o de la valía de Ko Un y, hasta donde se sabe, de ese su mejor aporte, Diez mil vidas. Ko Un, vale decirlo, es uno de los tantos poetas que ha sido varias veces nominado al Premio Nobel. Otros poetas como Kim Su Young, Yun Tong-ju y Kidong Kim, ya los habíamos leído, de manera fragmentaria algunos, algunos de manera imprecisa. “Oh, la barrera segura del idioma. Oh, las barreras inseguras que nos depara la poesía”, según nos había hecho comprender Charles Albert, en alguna que otra parte de su magnífico libro Cognoscibilidad del texto expansivo. Por tanto, apresurémonos a indicar que un país como Corea es un país de una muy rica, fértil y desconcertante tradición. Como en el Caribe, no hay entre culturas asiáticas dos que sean iguales, aun cuando pueden que hayan, como en el Caribe, pueblos que hayan mezclado sus sangres1; sus culturas, pueden que se hayan en algún que otro momento interrelacionado. Me explico: una con otra, unas y otras, pero como es obvio, no todas entre sí, no todas a su vez.

La visita a Cuba de la poeta Bae Young-ok trajo un aire fresco y, un respiro, sobre nuestros siempre escindidos y, precarios conocimientos, acerca del quehacer contemporáneo de la poesía coreana que va desde los géneros más tradicionales, hasta las formas más modernas, llámese poesía visual, experimental, etcétera.

La fuerza de su primer poemario debe su mérito a lo que quizás piensa un importante (¿crítico?) y periodista llamado Cho Du-jin:

“De principio a fin —escribió Cho— la poeta le canta a la tristeza que nace de la observación de la realidad o de la experiencia. Habla acerca del filo del cuchillo que se esconde dentro de la llana realidad, del calorcillo que se esconde dentro de un viento helado como un cuchillo. Sin embargo, la poeta reprime al máximo los juegos de palabras y la intromisión de los sentimientos, a los que tan frecuentemente acuden los poetas de estos tiempos.”

Ahora bien, digamos que cuanto hemos podido extraer de su biografía es poco y va como sigue: Nació en la ciudad de Daegu, Corea del Sur. Su graduación corrió a cargo de una maestría en Creación Literaria por la Universidad de Keimyung, con un trabajo investigativo llamado Poética de la brecha (2007), hasta ahora su proyecto más ambicioso. Es miembro del grupo poético Cheonmong (Mil sueños). En 1999, Bae Young-ok se dio a conocer al ganar el concurso literario del diario Maeil Sinmun por su poema “Alguien me está leyendo”. Ha publicado el poemario Refulgen las estrellas (2011), por la editorial Silcheon Munhak.

Eso, hasta aquí; pero oigamos nuevamente el razonamiento, nada menos que inquietante, de Cho Du-jin cuando se refiere a uno de sus poemas y, querámoslo o no, a la autora misma:

“La poeta dice lo siguiente: ‘Alguna vez he esperado ansiosamente a alguien sentada en una silla que nadie reparaba (…) He olvidado a quién y por qué esperaba, pero algún día (…) si la silla no desaparece y queda allí, yo volveré a sentarme en esa silla a esperar a alguien’”. Y cierra, al parecer algo desconcertado, el propio Cho Du- jin luego de haberse internado por tales versos: “¿Qué clase de persona será la poeta?”.

Y nosotros, si hemos de saberlo, bástenos con mostrar entonces una pequeñísima muestra de su poesía.

NOTA:

1. Tomo el subrayado de Jorge Luis Borges.

EL CAMINO AL TEMPLO MURYANGSA

La flecha debajo del cartel de Muryangsa señala un restaurante de sopa de
perro.
Conviven cordialmente en un cartel los nombres de un templo y un
restaurante.
Enfrente del templo hay un restaurante especializado en patos y otro en
costillas de ternera.
Bajo tácito acuerdo florece el negocio,
allí donde llegan los perros con la cola enrollada
y personas limpias de olor a incienso mastican la carne.
Cada vez que sin poder evitarlo camino siguiendo la flecha
o paso en automóvil,
en los cien metros que hay hasta el templo y el restaurante de sopa de
perro,
breve encrucijada entre la vida y la muerte,
los ladridos de los perros me roban el corazón antes que los salmos.
Ni las reverencias ofrecidas a Buda
ni el incienso encendido para atraer la felicidad
llegarán a la altura de la iluminación alcanzada por los canes
que hasta han arrojado gustosos su cuerpo al fuego del Purgatorio.
¿El lugar donde señala la flecha es el paraíso de los que se inmolan a sí
mismos?
Es lejísimo el camino al templo Muryangsa.

Categoría: Los raros | Tags: | | | |

El Caimán Barbudo © Todos los derechos reservados