Actualizado el 19 de marzo de 2013

César Gutiérrez

Por: . 19|3|2013

BombarderoInvitado al Taller de Jóvenes Escritores de América Latina y el Caribe, el peruano César Gutiérrez se paseó por La Habana durante la Feria Internacional de Libro de 2012. Llevaba un brazo amarrado en cabestrillo por causa de una caída; en cambio, su lengua iba bien desatada y en un panel sobre “Lo local y lo global en la narrativa latinoamericana y caribeña del siglo XXI”, explayó una serie de pronunciamientos cortantes y atrevidos:

1) “Los escritores peruanos están aplastados por Vargas Llosa, como si tuvieran encima las moles de Machu Picchu”.

2) “Basta de balbuceo folklórico, la literatura es apátrida”.

3) “Ya no se lee, se navega en una pantalla… Respiro un clima digital, la literatura será una forma de arte total, que incluirá imágenes estáticas y dinámicas”.

Este autor nacido en Arequipa, 1966, no arengaba por gusto, puesto que su obra literaria es un reflejo fiel de los presupuestos que enarbola. Entre 2001 y 2003, y entre Lima y Nueva York había escrito Bombardero (o 80M84RD3R0). Rechazada la novela en editoriales de Madrid por demasiado “vanguardista y experimental”, no fue hasta 2006 que la prestigiosa revista Hueso Húmero, publicó un adelanto. Ya en 2008, este libro-objeto o “artefacto”, singular collage de imágenes visuales, juegos tipográficos, narración lírica y exploración del lenguaje ve la luz de forma íntegra por la Editorial Norma, siendo la primera vez que la presentación de un libro es transmitida en directo por Internet.

Ahora en Perú se le considera la más importante obra literaria del nuevo siglo; y en 2009 la calificaron en España como “uno de los 5 libros más importantes de Latinoamérica”. Una sinopsis podría resumir la novela así: “La mañana del 11/S, el protagonista mira cómo televisión le transmite, en vivo y en directo, la muerte de una ex novia llamada Rachel. Este acontecimiento genera un tumultuoso tránsito sentimental que lo lleva a rememorar viejas heridas de amor sobre el telón de fondo de la Primera Guerra del Golfo, el Graal atómico y las conflagraciones de fin de siglo que desembocan en la actual guerra de Irak, para terminar proyectando su última relación el año 2018 —diez años después— en un piso del nuevo World Trade Center”.

Antes, César Gutiérrez había publicado el poemario La caída del equilibrista (Editorial El Santo Oficio, 1997) y fundado una plaquette de poesía —Paria/Poesía & Alevosía— y una revista de literatura y ensayo —Revólver—. También fue discjockey de Nevada Radio (1984-1989), videojockey en Continental Televisión de Arequipa (1989-1992) y columnista de rock en el diario El Pueblo. Encima, ha desarrollado una carrera periodística que lo vincula a destacadas publicaciones como semanario Caretas y diario Página 12 (en Argentina), y otras como El Comercio, Esquina, Phanthom, Viajeros, El Dorado.

LA-CAÍDA-DE-LA-EQUILIBRISTA

UN CANTO EN 11 TIEMPOS

1.- Su cuerpo ha estado dos segundos en el satélite pero la memoria vertical de los teleobjetivos y de los grandes angulares congelan la luz para que esa sea La Luz Que Flota Para Siempre En El Mar Del Tiempo: ella es una brizna de estática, una pestaña digital del satélite, un milímetro saturado de éter en la soledad del cosmos.

2.- Ahora ella es una chispa cargada de electricidad volando en paralelo contra las intermitentes barras de acero que dibujan su perspectiva: cabellos atizados por el humo, labios laminándose en cenizas, conos de magneto que entran y salen a través de su cuerpo de traductora del señor Cantor Fitzgerald y show room model del señor Salvatore Ferragamo que ahora cae como la luz de una estrella que ha viajado millones de años para agruparse en este cono —en este cono donde se afila un relámpago—.

3.- Son las 9:38 a.m. hora del este en WTC2/Hora 0 en los bordes del Planeta Infierno: bañada en física pura, Rachel corta las cortinas de aire mientras Battery Park se desdibuja en el fuera de foco de un obturador drenando por nubes de gas y vahos de petróleo y brújulas sin norte:

3.1.- hacia abajo la profundidad del desgarro en su corto viaje de ventanas rápidas,

3.2.- hacia arriba la espantosa presión de un cráneo que se aprieta demasiado entre las tenazas de sus sienes y

3.3.- hacia adentro, oh, hacia adentro: las arterias conectadas a la órbita celeste, hacia la estela ya invisible de un avión empotrado, hacia el ruido muerto de un motor y el sonido blanco de mi grito:

—el amor es la piel de un planeta en expansión —pienso.

—el amor es una lenta ruptura de simetrías —digo.

—el amor es el dramático vértice de una estrella que colapsa —escribo.

4.- El amor es la vertical que me rasga mientras caes (así viviré).

5.- Flashes de cielo filtrándose por o acaso atravesando su piel (que se abre): se abre o se desnuda invirtiéndose como las praderas rojas de Arizona contra los cielos de fiebre de Hiroshima.

6.- ¿Mis ojos o se cierran o se ensombrecen o se llenan de vidrio?

7.- Será una brizna de estática, una pestaña digital del satélite, un milímetro saturado de éter en la soledad del cosmos, pero una descarga de sus labios es el rastro luminoso que dibuja la anaranjada curvatura del espacio.

8.- Cae profunda, infinita como una lluvia silenciosa: sus pechos arqueados para romper las olas, los brazos abiertos midiendo la longitud del vacío, midiendo la atracción de la onda, la boca abierta hacia el firmamento, la boca helada buscando un beso incandescente, la boca helada viajando en busca de un beso largo y prodigioso, en busca de un beso que cubra el mundo, en busca un beso enorme y prodigioso, la boca helada buscando un Beso Azul.

9.- La pared oeste encuentra su base: un puño de cemento:

9.1.- el crujido del árbol de sus venas al doblarse,

9.2.- el brillo de su cerebro, silencio contra abismo y un rosario de latidos que nace y que crece y se eleva,

9.3.- un rosario de latidos constelando el oleaje espacial para que —entre auras y claroscuros— mansamente el Ser repose.

10.- Quiero tejer una red con mis huesos pero termino convertido en un casquete polar deforme, en un poema cubierto de musgo, aplastado en sus bordes, quemado en su centro, bañado por la lluvia silenciosa y espectral y catódica de un televisor sin clima que, así como me alimenta, me convierte en plasma.

11S.- Para siempre.

Categoría: Los raros | Tags: | | | | | |

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