Actualizado el 26 de septiembre de 2013

Seamus Heaney

Por: . 3|9|2013

A la pregunta “¿qué es un poema?”, resulta que hemos tratado durante tanto tiempo de seguir el cómo se le define a través de tan variadas tradiciones que no vacilamos en transcribir (algunas) cada vez que vamos a su encuentro. Dije algunas, pero lo cierto es que ya va siendo una necesidad que casi las coleccionemos.

Las coleccionamos, sí, de Gustavo Adolfo Bécquer a Nicolás Guillén, de Paul Valery a Cesare Pavese, de Edgar Allan Poe a José Martí, de Jorge Luis Borges a José Lezama Lima1… Veremos que no todos, pero sí muchos, han tratado de resumir lo que a todas luces es, Dios mediante, o como Dios mismo, indefinible, siempre según las épocas, siempre según los movimientos. Según las tradiciones siempre. Así y todo, apreciemos:

Fernando Pessoa: “Un poema es la proyección de una idea en palabras a través de la emoción. La emoción no es la base de la poesía. Es tan solamente el medio de que la idea se sirve para reducir las palabras”.

¿De cómo ha de ser el poema? Arthur Lundkvist: “Un poema tiene que ser incoherente/ de lo contrario muere en su perfección”.

Octavio Paz: “Reducido a su expresión más estricta un poema es una canción”.

Y aquí, entonces, lo que dijera Marina Tsvetáieva con su manera muy particular de acometer la sintaxis:

“(En el arte no existen recetas que no sean individuales). Además – «lo que al ruso le hace bien para el alemán es la muerte».”

Pero en materia de poética, tal como se estila decir hoy, probablemente entre 1688 y 16942 acierta un japonés Matsuo Bashoo:

No sigo el camino de los antiguos.

Busco lo que buscaron.

Y si nos atreviéramos a traducir lo que en parte pensaba Marina, diríamos que lo que en la poesía inglesa puede que valuemos, mortal podría ser para la poesía hispana. En otras palabras: “Mal visto el uso del diminutivo en la poesía de habla hispana cuando en Holandés es bien ponderado”, según nos refirió el amigo mejor, poeta, ensayista y traductor Omar Pérez.

Había leído algún que otro poema suelto… ¿Dónde? Quién sabe. Había leído algún que otro diálogo con Derek Walcott y Joseph Brodsky, supe que había escrito ensayos y supe, gracias a otro amigo que me permitió escucharlo, todo el tiempo que pude y quise, en un casete en tiempos en que no parecía para nosotros muy cercana la tecnología digital.

Los suecos de 1995 dijeron que el Premio Nobel de Literatura era… ¿Quién? Seamus Heaney (nacido en el condado de Derry, Irlanda del Norte, 1939).

Confiemos en que el autor de Muerte de un naturalista, Norte, Campo abierto, entre otros (OJO: su bibliografía activa, como ya habíamos apuntado, incluye libros de ensayos), fue también el mismo que no ha vacilado nunca en aceptar todo lo que le debe a un escritor por dicha no menos irlandés, desconocido o mal conocido aun en nuestra lengua: Patrick Kavanagh.

Pero ya que hablábamos al principio de definiciones en materia de qué puede o no ser poesía, oigamos —como ya había dicho uno de los nuestros— el son tranquilo de las formas; en este caso, la voz del propio Heaney, la cual no parece complicarse (ni complicarnos mucho) cuando aventura su específico criterio:

“Un buen poema nos permite mantener los pies en la tierra y la cabeza en los aires simultáneamente.”

 

NOTAS

1. José Martí: “Definir es fundar”. Y otro José (en este caso nuestro Lezama Lima) consiguió:” Definir es cenizar”. Bien que lo sabía ya que pudo (o supo) distinguir la diferencia entre el poeta, la poesía, el poema.

2. ¿1688 y 1694? Pues sí: Tiempo en el cual estiman los estudiosos se produce lo mejor de este autor.

 

LOS ESTABLOS DE AUGÍAS

 

Mi bajorrelieve favorito: Atenea mostrando

A Hércules por donde romper la orilla del río

Con un movimiento del alto yelmo, la vara señalando

El lugar preciso, el Alfeo desbordándose

De su lecho hacia los estratos profundos de los excrementos

De los malolientes establos del rey Augías.

Delicadas mezclas de las aguas vertidas,

Puertas cerradas y suelos inundados como arroyos…

Allí fue, en Olimpia, entre verdes sauces,

El desbordar de las aguas purificadoras y poco profundas,

Donde oímos lo del asesinato de Sean Brown en

El Club GAA de Bellaghy. E imaginamos

La manguera a presión cayendo con fuerza sobre el asfalto

En el aparcamiento de automóviles donde se enfriaba su sangre de atleta.

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