Actualizado el 3 de julio de 2016

Pedro Péglez

Por: . 29|6|2016

Pedro Péglez, durante una lectura de sus décimas en la UNEAC, en el recién finalizado Festival Internacional de Poesía de La Habana.HANSEL SOLO EN EL BOSQUE

Gretel Gretel ¿en qué nudo de luz te me

has extraviado? En balde busca mi mano tu miga

Si Dios nos puso juntos al bosque del mundo

¿por qué nos tiende el azar esta cortina? Ya el

pan se me pierde sin tu boca sin tu “bueno”

sin tu rosa sin tus ojos de cristal tengo

frío  Estoy llorando de no llorar más contigo

Tengo gris  Estoy perdido si no me pierdo en

tu abrazo  Te espero  Espero que el pájaro

no se haya comido el sol  Te espero  Iremos

los dos a la casita de azúcar donde una incestuosa

bruja nos condene a hervir de amor

 

El poema anterior es una décima, hecha en Cuba. El indio Naborí, ícono indiscutible de este género, la hubiera leído con un sabor dulce en las sílabas. Tradición, creatividad, imaginación, ruptura,  intertextualidad asentada más en la inteligencia que en el juego, belleza formal y un regusto inmoderado por conectar con las vibraciones más razonables de la emoción… De eso están formados los sutiles poemas de Pedro Péglez, uno de los principales renovadores de la décima escrita cubana, y uno de esos poetas que, desde la altura de su misterio y la labor de su talento, se trasforma en un “raro”; o sea, en un escritor valioso que nos aporta a través de sus obsesiones y sus ideas (siempre diferentes) de lo que es, fue, o pudiera ser el mundo. Como todos los raros, no es un poeta de multitudes, por lo que, si tenemos suerte, aún podremos encontrar alguno de sus títulos: La ciudad como testigo (Ed.Valle, 1986), Viril mariposa dura (Ed Unicornio, 2001), (In)vocación por el paria (Ed. Sanlope, 2001), Tribulaciones del arca (Ed Luminaria, 2002), Panflagonia de noche según el condenado (Ed. El mar y la Montaña, 2003), Cántaro inverso ( Ed. Sanlope, 2004), Donde dice primavera y es otoño (Ed. Matanzas, 2008).

Si alguien quiere ver el horizonte de la décima actual, tiene en Pedro Péglez una muestra exquisita, no solo porque deshace los límites sino porque crea una poesía que, en realidad, no es otra cosa que Poesía, algo difícil de encontrar, sobre todo en los poetas. Porque, de hecho, no es un decimista, ni siquiera un decimista raro, este es un tipo de poeta del que se aprende más sintiendo que leyendo. Sus poemas son como globos rellenos del aire azul de las ilusiones, globos que ascienden lentamente y estallan después que han cruzado la atmósfera. Uno puede inferir (no solo porque él nos invita a inferir) que recibe emails de tipos escrupulosos y geniales como Rimbaud, François Villon, José Martí, Vallejo, y que en su buzón se amontonan mensajes para Nicolás Guillén, Alonso Quijano, Dios, Juan Cristóbal Nápoles Fajardo y un largo etcétera. Puedo hasta imaginar que ahora mismo le envía este mensaje al indio Naborí:

Papá:

Ya sé. No hay vencejo que exorcice la

tormenta. De esta lluvia truculenta ya el cuento

se ha puesto viejo y no queda animalejo que se

aventure al conjuro. Falta hace el ave (lo juro)

siquiera para el rescate.

Papá, adiós.

(El barco late como un corazón impuro)

Categoría: Los raros | Tags: | | |

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