Actualizado el 11 de febrero de 2017

Émile Nelligan

Por: . 7|2|2017

Émile Nelligan: ¡Estoy alegre! ¡Estoy alegre! En el cristal que canta, Sirve. ¡Sirve el vino! ¡Sirve aún más y por siempre, Para que pueda olvidar la tristeza de los días, Dentro del odio que tengo de la muchedumbre mala!“Cabellera negra, abundante y descuidada, y las mechas ligeramente onduladas, grandes ojos con unos reflejos de acero cuya niña se dilata a veces y brilla como un fuego extraño. Su boca, sobre la cuál se dibuja una sonrisa suavemente triste, parece solo estar formada para recitar los versos. Marcha a largos pasos, el cuerpo encorvado y la cabeza ligeramente inclinada hacia atrás, como si su mirada tuviera que elevarse sobre el mundo real para ir a perderse en los infinitos azulados, al país azul del sueño. Su voz es grave y arrastrada, con un ligero acento inglés, que no es carente de encanto”. Tal es la descripción física que, en 1900, hace de él su mentor Boulanger. Nacido el 24 de diciembre de 1879, es considerado un “Rimbaud canadiense” (Paul Wycszynski en la biografía Émile Nelligan, BQ, Montreal, 1989) porque escribió la totalidad de su obra lírica en sólo tres años y emula con el francés en su condición de fugaz estrella del firmamento poético. Todavía sin cumplir los veinte fue internado por su propio padre en el asilo psiquiátrico de Saint-Benoît Joseph Labre. Para los patrones de su época era un “degenerado mental”; pero su cabal retrato psicológico y avatares de vida quedan mejor entendidos si se lee el diagnóstico que Paul Verlaine trazó de sí mismo y de un puñado de sus contemporáneos (Corbière, Rimbaud, Mallarmé, Desbordes-Valmore y Villiers de L’Isle-Adam) en el célebre ensayo Les Poètes Maudits, de 1884. Hermético y provocador en su arte, bohemio y sin aptitud para el éxito, enajenado de las convenciones sociales, acaso autodestructivo como efecto de la distancia entre sus ideales y la vida verdadera, abocado a un destino trágico: más que “perturbado”, Nelligan fue un “maldito” de purasangre. Desde el infausto 9 de agosto de 1899 y hasta el fin de sus días vivió recluido; y nunca pudo terminar ese cuaderno iniciático que ansiaba titular Le Récital des Anges. Hacia 1904 vio la luz una primera recopilación de sus versos; poco a poco “el loco” se iría convirtiendo en figura mítica. Desde 1979 se concede anualmente el Premio Émile Nelligan a un poeta canadiense; y en 1991, a cincuenta años de su fallecimiento, la Universidad de Ottawa organizó todo un Congreso en su nombre. Hoy en día existe una Fundación Nelligan, muchos lo consideran el Poeta Nacional de Quebec, y sus Poésies complètes pueden leerse en la Biblioteca Electrónica de su región natal. Tampoco faltan los lirios y quien recuerde su “Romanza del vino”, libando al pie de la tumba del bardo incomprendido en el cementerio Côte-des-Neiges.

 

LA ROMANZA DEL VINO

 

Todo se mezcla en un vivo resplandor de alegría verde.

¡Oh! ¡La hermosa tarde de mayo! Todos los pájaros en coro,

Así como las esperanzas pasadas de mi corazón,

Modulando su preludio a mi encrucijada abierta.

 

¡Oh! ¡La hermosa tarde de mayo! ¡La alegre tarde de mayo!

Un órgano a lo lejos estalla en frías melodías;

Y los rayos, así como púrpuras espadas,

Punzan el corazón del día que se muere perfumado.

 

¡Estoy alegre! ¡Estoy alegre! En el cristal que canta,

Sirve. ¡Sirve el vino! ¡Sirve aún más y por siempre,

Para que pueda olvidar la tristeza de los días,

Dentro del odio que tengo de la muchedumbre mala!

 

¡Estoy alegre! ¡Estoy alegre! ¡Viva el vino y el Arte!

Tengo el sueño de hacer también unos versos célebres,

Versos que gimen las músicas fúnebres

De los vientos de otoño que pasan lejos en la niebla.

 

Es el reino de la risa y la rabia

De saberse poeta y el objeto del menosprecio,

¡De saberse un corazón y ser comprendido solamente

Por el claro de la luna y las grandes tardes de tormenta!

 

¡Mujeres! Bebo por ustedes que se ríen del camino

Donde el Ideal me llama abriendo sus brazos rosados;

¡Bebo por ustedes sobre todo, hombres de frentes sombrías

Que desprecian mi vida y rechazan mi mano!

 

¡Mientras que todo el azul se estrella en la gloria,

Y que un himno se entona al renacimiento dorado,

Sobre el día que expira, yo no lloro,

Yo que voy avanzando a tientas dentro de mi juventud negra!

 

¡Estoy alegre! ¡Estoy alegre! ¡Viva la tarde de mayo!

Estoy locamente alegre, sin estar ebrio!

Será que estoy al fin feliz de vivir;

¿Finalmente mi corazón se habrá curado de gustar?

 

Las campanas cantaron; el viento de la tarde exhala…

Y mientras que el vino fluye a alegres mares,

Estoy tan alegre, sí, alegre en mi risa sonora,

¡Oh, tan alegre que tengo miedo de estallar en sollozos!

 

EL TALISMÁN

 

Por la lucha que se abre en los límites de los malos días

Mi madre me hizo un pequeño retrato de ella,

Una ofrenda a la cual desde ahora yo permanezco fiel

Y que a mi cuello se suspende con un cordón de terciopelo.

 

Sobre el altar de tu corazón (puesto que la muerte me llama),

Niño, te protegeré, me dice ella, siempre.

Esto que echa lejos a los funestos amores,

Como un candil de oro, guardián de una capilla.

 

¡Ah! ¡Quédate tranquilo en las oscuridades del féretro!

Este talismán consagrado de mi juventud en luto

Preservará a tu hijo de los brazos de la Lujuria,

 

Mientras tenga miedo de ver un día, sobre tu retrato,

Correr de tus ojos suaves los llantos de una herida,

¡Madre! Yo me moriría, lleno de eterno pesar.

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