Actualizado el 3 de junio de 2012

Turn off/ turn on the light

Por: . 30|5|2012

Para Luly siempre, por supuesto, y a todos mis hermanos de intentos.
A Alberto Guerra, hermano y maestro.
A Rafael Grillo por la espontaneidad de la luz.
A Fred Danilo, colega del difícil empeño.

Ilustración: Orlando BarrosoLa palabra “omnímodo”, puaf, no me importaba en absoluto antes de conocer a la inglesa; solía más bien ignorarla sin angustia. Incluso no tenía en cuenta el nombre de algunos artistas, de manera que vine a saber de Strudwick gracias a ella. La inglesa, además de los poderes paranormales, resultaba una erudita. Así que dijo en angloSangrón español: “observa”, y quedé extático ante los trazos de Strudwick. Porque resulta que hubo un tal J.M. Strudwick, pintor. Yo, desdichadamente, no lo soy. Él lo fue y le debemos el cuadro donde aparecen las parcas tejiendo la existencia: Cloto sujetando la rueca; Láquesis entregada a la tarea de enrollar el hilo en el huso; y Átropos por supuesto, lista a cortar sin piedad la vida de cada uno de los mortales.

Si fuera continuador del arte de Da Vinci, hubiera reflejado la vida y la muerte de otra manera. Lógico, la belleza eternizada en el cuadro de Strudwick, en el mío quedaría estropeada, incomprensible. Un asco.

La cuestión es que ni él, ni Júpiter, han vivido mis experiencias. Júpiter, como buen dios, sonríe mientras me dispongo a fingir que soy otro mortal más y madrugo, ya sin cepillarme los dientes, sin desayuno. Habrá notado que escribí: fingir que soy otro mortal. No lo soy.

Desobedecer la rutina me sitúa en puesto de elegidos. Estoy llamado a infringir el ciclo, a intercalar lo insólito a partir de que el mío ha sido: despertar-fumar, pensar-fumar, almorzar-fumar, pensar-fumar, dormir-fumar. Aceptará que para una persona común no es ritmo normal. Reitero: NO LO SOY.

Confiado en que ha captado la particularidad, me sumergiré en una fase recordatoria. Memorizar es eficaz forma de adiestramiento, y gracias al divino mi memoria cuenta con el prodigio de la nitidez. Si evoco una playa, por ejemplo, inmediatamente veo como en pantalla de cine el color verdeazul del agua, el plateado brilloso de algunos peces, la transparencia de las medusas. Toda imagen con exactitud.

Ahora asómbrese cuando lea que antes de la Era Cristiana hice construir la primera pirámide existente en Dahsur. Yo era el gran faraón Snefru, primer soberano de la IV Dinastía y primer rey guerrero egipcio. Dirigí, incluso, campañas militares en Nubia, Libia y el Sinaí.

Mi hobby por aquel tiempo eran las pirámides sin escalones, también el gran disgusto. Viejo asunto familiar del que no daré muchos detalles. No los daré debido a que en él esta implicado mi hijo Keops. Basta decir que en el instante en que el barco fúnebre conducía mi alma siguiendo al dios Sol, una intensa rabia se apoderó de ella al vislumbrar los planes de mi amadísimo. A los meses tuve prueba: Mi hijo había ordenado la construcción de la Gran Pirámide, que llegaría a medir 160 metros de altura, edificio que pasó a ser una de las siete maravillas, genial obra de nuestra arquitectura. Luego los comentarios: que el gran Keops sólo se propuso continuar la empresa, que lo hizo a mi memoria ¡Tonterías! Bien, se llama pirámides de Keops, no de Snefru. La verdad es que de mi hijo se habla aún en todos los bares de El Cairo, burdeles y universidades. Mi nombre en cambio, empotrado al olvido.

Apartando el comentario… Mi vida ha estado ligada ab initio con la muerte, sea provocándola, o ambicionando un lugar favorecedor para el reposo de huesos. Sin embargo, los hechos más sangrientos datan de cuando era emperador en China, misma época en la cual tuve en la corte al veneciano Marco Polo. Yo, Kublai Kan, nieto del conquistador Gengis Kan y su sucesor más conocido, completé la ocupación de China empezada por él, no sin antes hacer rodar varias cabezas, inteligencias frente a las cuales Buda admite que no tuve otras opciones. ¿Podría expulsar a los tártaros Kin del norte pasando la delgada mano por sus asiáticos cabellos? Para pasar mano Marco Polo, miembro de mi cuerpo diplomático, y al que además designé gobernador de la ciudad de Yangchow.

Transcurrían finales del siglo XIII cuando me aburrí de ser monarca. Así que opté por un largo descanso, tras el cual sometí a crítico análisis las continuas y funestas etapas. No puede reducirse la vida a bóvedas y combates, me dije, y más que decir hice, apoyado por la buena voluntad de quien dirige los perpetuos retornos.

Así me convertí en Christiaan Huygens, astrónomo, matemático y físico nacido en La Haya, Holanda. Cerca del año 1655 alcancé fama, aunque antes mi nombre era mencionado en el aburrido ambiente de los científicos. Envidias, chismes y “mal de ojos”. Momentos existieron en que las fiebres retardaron mis pesquisas. No la fiebre de la ciencia, sino la producida por la fuerza infernal que algunos señores inyectaban en mi cuerpo a través de sus vistas.

Perseveré y perseveré, hasta ganar inspiración para descubrir el principio bautizado con mi apellido. Principio siguiente: Todo punto de un frente de ondas que avanza, actúa como fuente de nuevas ondas, ni más ni menos. A partir de ahí logré desarrollar la Teoría Ondulatoria de la Luz.

Sentía dicha. Anuladas las guerras, obviadas tumbas sin escalones o escalonadas, se situaba ante mi existencia la posibilidad de revelar arcanos del planeta. Justo decir que después de encontrar un nuevo método pulidor de lentes, obtuve imágenes de mayor nitidez. Así conseguí descubrir un satélite de Saturno y ofrecer la primera descripción de sus anillos.

Cuando la alegría y el orgullo formaban parte de mi vigilia y sueño (había plasmado las enseñanzas en el texto Horologium oscillatorium), Átropos dijo “ha sido suficiente Huygens” o, dicho de otra manera, me cortaron el aire. Quedé en blanco. Tieso, frío y el alma flotando a la intemperie, desilusionada en medio del ansia de descubrimiento.

La rebeldía se rebajó a persistentes anatemas hacia Átropos, Dios, y los obesos ángeles. Al punto de la resignación, y a minutos de reaparecer, comprendí que el Divino es lo impredecible en persona. Sin dar tiempo a adaptaciones, me dejó caer dos veces en la misma isla: lugar increíble, de tanta belleza que pongo en dudas que luego de observarlo, no termine uno concluyendo que es la tierra más hermosa que ojos humanos hayan visto.

La primera vez, se respiraba en San Cristóbal el aire insano de la tercera epidemia del cólera. Transcurría el año 1867. Ya desde el 50 la Villa confrontaba problemas con los enterramientos, pues el único cementerio, el de Espada, no podía asimilar incrementos en los niveles de mortalidad. Así que fácil fue conjeturar por qué la mano divina me puso en tal sitio.

Aproveché la experiencia obtenida en el Egipto, y cuando en diciembre del siguiente año el obispado convocó al concurso de proyectos arquitectónicos, YO, Calixto Loira, luego de reñida competencia resulté ganador.

Recibí como premio 2000 escudos, además de ser nombrado director de obras. Dejé entonces implantado dentro de la necrópolis que lleva el nombre Cristóbal Colón, el estilo de corte románico-bizantino. Salía otra vez victorioso el talento en medio de la trasmigración.

2000 escudos en los bolsillos y juventud. Los derroché, aunque la historia se empeñe en otra imagen. Se espabiló en el alma la adicción al vino, el tabaco, las tertulias y, aunque ha permanecido oculto, fui admirador de negras y mulatas. Hasta quedar embelesado con XH (siglas para el despiste), inefable mulata nacida en Jamaica y maestra de inglés.

Mientras crecía la devoción hacia cara, cintura, muslos y nalgas, me iba incitando el enamoramiento curiosidad científica. Había decidido investigar por qué desordenaba mi persona. ¿Por qué yo sin fuerzas para rezar el Ave María? ¡Ave María! ¡Nunca en la existencia tan estupendos coitos! ¡Tetas, qué par, presentes en toda la rectitud reflejada en mi rostro!

Al cabo deduje que, doctamente hablando, el olor de XH era singular: rico en una energía provechosa para la evolución y el buen funcionamiento de la psiquis masculina. Ni egipcias, ni geishas poseían la fuerza de mi Cecilia XH.

En ello ahondaba cuando, sin ver concluido el propósito, joven aún, con algunos escudos y más apasionado que nunca de XH: CADÁVER, difunto difunto en medio de las voces de los pregoneros y el rodar de carruajes. Como es de suponer, fui hacia el lugar de corte románico-bizantino.

Una vez colocado en el ataúd, el alma se dirigió endiabladamente hacia la mismísima tijera de Átropos. No hubo respuesta sino un silencio tras el cual retorné a la patria de XH. Como si vivir y morir fuera, según dijera tiempo después la inglesa, constante apagar y encender luces.

Ahora soy Silvano H en esta misma isla, en esta misma ciudad, en la que siendo individuo de características inusuales paso ante los otros como uno más. Nadie cree en mis extravagancias, asunto por el que apenas tengo amigos y mi padre, el micro brigadista Roberto H, vive lamentándose de tener un hijo tan descarado y loco. Lo de descarado viene por la parte económica, que no aporto un centavo y la paso detrás de mujeres. Papá no entiende de teorías e indagaciones.

Me pongo a recordar (ya expliqué la claridad con que memorizo), y aún siento el dolor de la vez que me abofeteó por persistir en la cuestión del diseño del cementerio.

Genético mal del nuevo siglo. Las mujeres tampoco hacen mucho caso. Algunas se conforman con pensar que soy tipo simpático, jodedor e imaginativo. Otras han osado tildarme de maniático, no sin antes especificar a qué clase pertenezco. Sin embargo, he aquí la cúspide de las precedentes transformaciones, el sello a la Teosofía de Madame Blavatsky. Momento crucial para la autorrealización.

Yo, ánima arrojada al “valle de lágrimas”, en merced de demostrar el descubrimiento de mayor importancia para la especie.

Seguro de la hora cumbre, di curso al plan. Comencé dirigiendo los pasos hacia una parada de ómnibus con el objetivo de tomar al azar la primera ruta que detuviera su marcha. Lo de “primera ruta” se convertía en frase simbólica, condicionada por la suerte, pues estaba en dependencia del largo de la cola; dependencia que me haría abordar el cuarto, quinto o sexto ómnibus; incluso no subir a ninguno, desistir.

Una vez dentro, el viaje adquiriría importancia incalculable. Partamos del hecho de que cada guagua es espacio cerrado donde se concentran sudores, voces, estados de ánimo, ventosidades, entiéndase pedos. La intención era medir la potencia de lo que había convenido llamar: E. E. L. (Energía Evolutiva Lúbrica) Tal energía se concentra exclusivamente en cuerpos femeninos, razón que me impulsó a indagar en glúteos y senos.

Como diligencia científica no estuvo exenta de riesgos. Me eché audaz a escoger las nalgas apropiadas. Calculé temperaturas. Microtermómetro de invención propia. Dicho procedimiento daría la medida de la fuerza de atracción. Posteriormente quedé observando cómo la fuerza dominaba la psiquis masculina, fenómeno que ningún ojo humano pudo captar. Lo que sí captaron oídos y ojos fue cuando el público lanzó las frases JAMONERO RUINO HIJO DE PUTA.

No me amedrenté. Proseguí de guagua en guagua auscultando nalgas, y de vez en cuando anos de fácil manipulación (en cualquier caso con sumo cuidado). No era tarea sencilla, como tampoco hubo de serlo para el perfumista narrado por Süskind. Süskind, el perfumista y su época. En esta, alguna que otra muchacha se manifestó inalterable cuando pegué el microaparato medidor, acción recompensada luego con resultados positivos. Muestra haber podido sentenciar: El desarrollo de la humanidad obedece a la E.E.L.

Ilustremos: La filosofía hinduista sostiene que la diosa Devi es la primera que propone el movimiento, trabajo, liderando el grupo de dioses masculinos para que realicen creación & hecatombe. También existió una Josefina imperante en decisiones de Napoleón I.

Tomemos como ejemplo este siglo (de las luces en ahorro). Imagine: mitad de mes, no ha cobrado. Usted Silvano A se dirige a casa del queridísimo Silvano Y. Silvano Y convive con Silvana J. Hace cuatro días J no hace el amor con Y, luego están de MALAMOR. Llega usted y le pide cien pesos prestados a Y. Y quiere prestárselos, pero desde el cuarto Silvana hace una seña. Entra al mismo Silvano Y. Discuten. Al rato Y sale cabizbajo Y le dice qué lastima que no vino ayer. Hoy no tiene un medio. Medio incrédulo, usted se marcha incomodado por la E. E. L. que doblegó el subconsciente del socio. Realidad que resume en la soez frase Dos tetas halan más que una yunta de bueyes.

Bueyes es lo que menos observaba, si acaso grupo de vacas famélicas. Iba para tres semanas tomando las mismas rutas. Los chóferes inquietándose a veces con esta presencia que viajaba de primera parada a final, y de final a principio. Persistí disfrutando la estrechez e incomodidad de los ómnibus, notando el halo de los diversos lugares. No tenían igual encanto Miramar que el Cerro, ni se respira en Guanabo el mismo aire de Centro Habana. Bahía perpetuaba la sublimidad del incienso y La Lisa se resumía en Comala (de Rulfo), mientras El Vedado descollaba, sublime, como la Novena de Beethoven. En fin, toda sensación la comparé con su potencia al cuadrado, cuya suma daría la dimensión exacta de personalidad / magnetismo.

El inconveniente se hallaba en que cuánto podía proporcionar la guagua, era la insuficiencia del roce. Previa predisposición de los agentes de orden público, padres y esposos de la materia elegida. Conoces tu nivel profesional pero los de la miliciascotlandyardguardiamontadapolicía no. Así que el vigilante de la tranquilidad ciudadana bien podría conducirte, o con suerte darte unas patadas (diríamos que medidas a perfección) en el justo medio del culo.

¿Qué hacer? ¿Lamentarte de la fastuosidad y manera de derrocharse stress? Gente que no se detiene a admirar las maravillas, zambullidos en minucias, gas que se acaba, cola del pan:

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Con vistas a no caer en tan viciado círculo, te concentras, debías tener solución a mano. Bombillo rojo. La más aceptada estuvo en relación con la casa del desatendido abuelo. Dos cuartos. El abuelo hace tiempo rompió relaciones con mi padre Roberto H. Roberto es una persona difícil, no hijo del abuelo. Mi madre sí, aunque es otro ser complicado. Mamá se llamará Armida y será una mujer hermosa en el lejano siglo XXIII. En este no, en este envejece día tras día dentro del Hospital Psiquiátrico. Instantes hay que no me reconoce. Para ella continúo siendo Snefru.

El abuelo puso condiciones, lo cual significó aceptación. Rostro mío estupefacto. Insistí en dar detalles de los experimentos. Comprensión total del viejo y acto seguido me precipité a la calle. Manager que improvisa castings de muchachas jóvenes, buena figura, nalgas prominentes, senos llamativos. Pago en moneda convertible del abuelo y buen trato, además de casa donde pasar la noche con desayuno, almuerzo & comida.

El anciano (insisto) aceptó sin chistar. Condiciones de por medio, eso sí. ¿Cuáles? Ver: Avatares en la vida del abuelo, capítulo VI.

En esta vida, de igual manera escribe sus memorias. En 1768 también lo hizo. Se llamó Donatien Alphonse François, conocido en cualquier rincón como el Marqués de Sade. Escritor versátil: obras de teatro, novelas, tratados filosóficos, pero lo que lo aupó y lo sabemos todos fue su literatura erótica. Antes de morir en el viejo hospital de Cherenton el viejo nos legó Justine o los infortunios de la virtud, Los ciento veinte días de Sodoma, La filosofía del tocador… Abuelo albergaba la esperanza de poner en marcha dos o tres de sus perversiones. Algo comprensible teniendo en cuenta su doctrina.

El abuelo y yo nos entendíamos. Propuesta cerrada en la que él rememora, yo investigo, responsabilizado con la conducta de mis experimentales chicas. Por tanto se convirtió en un abuelo tutor de tesis.

A las horas el viejo abrió la puerta. Entré con tres muchachas procedentes del extremo más oriental de la isla. Brindé café. Curiosa mirada de una hacia cuadro en pared. Tras mirar la obra pregunta: “¿Qué e’ eso niño?”. Impresionismo con influencia del cubismo. Ecuyére aux colombes, dije y añadí es el viejo Marc. ¿Anthony? Chagall, muchacha, Marc Chagall. Gracias a alguna asociación, las apodé parafraseando la gran novela de Cabrera Infante: Tres tristes tigresas.

Se desnudaron al pie de la cama. Examiné vulvas. Desperté la libido campesina de aquellas hembras. Media hora y una se viene, y otra, o al menos eso dijeron en sesión de orgasmos mal actuados. Debió ser verdad porque había agua corriendo a través de los improvisados caminitos de la sábana, y se sentían relinchos y trinos de pájaros en esa momentánea puesta de sol.

Estuve a punto de gritar EUREKA, patentar el descubrimiento. Siglo de la Energía Evolutiva Lúbrica: Con buen uso mejora las relaciones entre las etnias del planeta. Fin del ausentismo, las violaciones en toda variante, el stress, las guerras.

Posterior a succionar distintos labios mayores y menores, obtuve muestras. Hubo señales de los diversos periodos del mundo desde el Paleozoico. La exudación de la triste tigresa número 2 dejó ver con claridad la etapa de rizópodo. Ahí, en el líquido, los pseudópodos con forma lobulada, y los actinópodos con pseudópodos a modo de radios. La muestra tres era de mayor relevancia. Mezclé flujos y los sometí al microscopio. En el cuarto, intenso calor y decaimiento parecido al desmayo.

Al rato, cuestioné lo contradictorio de que Dios fuera hombre; entre tanto, el abuelo seguía observando por la oquedad de la cerradura. Me mantuve abstraído para deducir luego que el sexo masculino (pese a la creencia) no posee la capacidad omnipotente y creadora que acababa de constatar. De modo que especulé acerca de la palabra NATURALEZA. ¿El huevo o la gallina? ¿La Virgen o Dios?

SADE en su cuarto-Bastilla bajo los efluvios de la E. E. L. dispersa por la casa. Le advertí al viejo el peligro a que se exponía y la tigresa número 1 pidió que dejara tranquilo al anciano, sin saber que el abuelo también podía ser peligro potencial.

En Vincennes estuvo seis años encarcelado el viejo Sade. Acá llevaba igualmente seis de retiro social, atrapado en la rutina: venta de cigarros al menudeo, cola del periódico, visita al consultorio = una tos. MIEDO. Temía haber malgastado la vida. Quién como yo haya andado mundo comprende. En cambio, única y exclusivamente recordaba de cuando era Donatien Alphonse François de Sade, las constantes fugas de la prisión, las condenas a muerte y el repudio. De esta vida en la que apenas SALE de casa poco tiene en memoria. Jamás ha podido ir a Massachussets y visitar el área vacacional de Cabo Cod o las islas Nantucket. Jamás ver Pensilvania y la ciudad de Pittsburg. En la anterior tuvo la fatalidad de haber muerto en 1814, en ignorancia de que mucho después, el ingeniero Alexandre Gustave Eiffel proyectara para la Exposición Universal de París su famosísima torre. No, abuelo no conoce la Ciénaga de Zapata, ni Cayo Largo, ni las Cuevas de Bellamar, y cuanto lo entretiene es hacer lo que hizo, mientras me sentí Anaxágoras con similar teoría del Nous (Razón.)

Propuse a las muchachas continuar en la mañana y salí a incrustarme el aire de la ciudad, convencido de que no solamente las ideas debían refrescar.

Exclusivamente en ese minuto es que aparece la inglesa.

No aparece, se muestra sentada en un banco del parque. Me hace señas, plano de ciudad en mano, please. La pregunta en boca. Presumimos su dialecto.

No conocía la manera más rápida de llegar al cementerio. Digo muriendo y sonríe. A continuación lo indecible: ¿Casualidad o causalidad de los hechos? El pasmo. Láquesis y el destino.

El pasmo: Ella Not querer ir a cementerio como turista. Not visit religiosa. Con tranquilidad sorprendente da santo y seña de mi Cecilia XH, diserta, luego exterioriza la necesidad de visitar los restos.

Espontáneo, le suelto “fui Calixto Loira”. Lo cree. Digo “diseñé el cementerio”. Afirma excitada yes yes. Concluyo algo dramático “ahora investigo”. Dice saberlo, corazonada. El Karma y lo paranormal. Así que al rato apruebo cuando asegura haber sido XH. En calles modernas, Susan Cray.

Considera la vida incesante apaga enciende. Desactiva/ Vuelve la luz. Turn off/ turn on the light. Lo explica a tres horas del encuentro. Es también cuando en su habitación de casa en renta, abre el libro en la página donde aparecen las parcas y la firma de J.M. Strudwick. Pide que observe y me exhorta a la meditación. Según Susan Cray, las mitológicas Parcas y las líneas de la mano, estoy en el último ciclo de existencias. Aprovecho para explicarle el proyecto, la inminente revelación de la E.E.L.

Susan se acuesta sobre el ancho y largo de la cama. Me acuesto. It finishes existence Silvano, murmura, dejando ver la desnudez británica. Susan XH ejecuta striptease y comprendo que su E.E.L empieza a subyugar mi albedrío. Caigo en trance bajo lluvia de caricias. Sí, hay lluvia y relámpagos en medio del nublado de la vista. Áurea alquímica que me hace descender a la etapa de Kublai Kan. Mi hermano Mangu Kan y yo conquistando el sur de China, luego brindis por el éxito al tomar el Tíbet y Tonkín. Soy un Calixto Loira sin fuerzas.

Susan Cray pura E.E.L., y como prueba irrefutable de que Kafka nunca estuvo equivocado, comienzo a tornarme etéreo. Yo energía absoluta, desmintiendo sobre el cuerpo de la inglesa el raciocinio del mundo, en histórico momento de lo inverosímil y lo creíble. Era la cortazariana posibilidad de reducirme a axolotl. Sin embargo trasmuté en lo omnímodo. Fui a la vez panadero somnoliento, la agonía antes de difunto y luego difunto, un bebé tras el parto, el Aleph de Borges, Jorge Luis Borges, Pascal, María Antonieta e Isabel reina, Madonna, uno de los hermanos Jackson, Benny Moré y otro Benny cualquiera, Susan Cray, José Saramago, fui travesti, bombero, enemigo del amigo, el amigo, fui perro en medio del desamparo, gorrión, crítico, chofer, borracho recostado al árbol, ministro, sacerdote orinando en el baño, una anciana en la silla. Fui E.E.L. en el universo. Desde luego, muy bien podría adoptar el rostro de Dios y permanecer estupefacto al ver la maestría del milagro frente al escepticismo.

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