Actualizado el 8 de abril de 2015

Natural

Por: . 1|4|2015

  “Aquella teoría que no encuentre aplicación práctica en la vida, 

es una acrobacia del pensamiento”

Mario Vargas Llosa

   

Hicimos una triangulación entre el asesinato de Lennon, la fecha de la muerte de Elvis Presley y el suicidio de Kurt Cobain, encontramos el número preciso, nos paramos frente a la puerta, ella ajustó la voz y dio tres toques leves sobre la madera.Afuera había dejado de llover, nos sentamos en los marcos de la ventana, esperamos la puesta de sol, a sabiendas de que sería un acto vulgar, una mera acción cotidiana. Desde los marcos se veía todo el barrio: las casas hacinadas; las tendederas; los perros que ladran cada vez que un auto atraviesa el puente; los viejos apostados en los bancos del parque, esperando a que pases para preguntarte la hora, decirte que es probable que llueva otra vez, o que el juego de fútbol terminó tres a cero, como si aún no lo supieras, como si fuera una noticia promisoria.

Yo estaba casi seguro, como suelo estar siempre que me detengo a ver la puesta de sol, que perderíamos la consagrada imagen del atardecer, en cuanto entráramos a las cavilaciones y los pensamientos recurrentes.

No pasó un cuarto de hora antes de que ella dijera:

-Hoy desperté contando begonias azules. No me podía sacar la frase de la mente. Era una imagen bella, begonias azules. A partir de ese momento supe que no me podría ir mal. Por eso caminé un montón de cuadras bajo el sol, recogí las cartas, visité a mi madre, incluso escribí un poema. Si hubiera despertado pensando en nubes con formas de animales, en edificios de doce plantas o en un parque de diversiones, me hubiera quedado todo el día en casa, pero contar begonias azules, así, sin esforzarme, como un regalo del pensamiento, no se puede desperdiciar, es una clara señal de que las cosas, invariablemente, deben salir bien. Hoy es un día especial, hoy debemos hacer algo realmente auténtico.

Le propuse conformar una lista de acciones auténticas, pero se negó:

-No hay nada menos auténtico que hacer listas. La acción debe ser espontánea, precisa y sobre todo, natural.

Cuando retornamos la vista al frente ya el sol había desaparecido, aún los viejos permanecían en el parque y los perros no dejaban de ladrar.

-Esta noche llega Jimmy -le dije- tenemos que recibirlo en el aeropuerto. Esa quizás pueda ser una acción auténtica.

-Sigue siendo un acto común.

Jimmy no se alegró al vernos. Nosotros tampoco. Lo ayudamos con las maletas y conseguimos un taxi. Contó anécdotas durante el trayecto. Ella le dijo:

-Hoy queremos hacer algo auténtico- él nos invitó a un par de cervezas y aceptamos, aunque estábamos seguros que no era la acción que queríamos conseguir. Tampoco fueron auténticas las fotos que nos tiramos desnudos y mucho menos el sexo entre los tres. Al filo de la madrugada aún sentía el vacío y apenas hice el intento por dormir. Puse el disco de Red Hot Chili Peppers que trajo Jimmy de regalo, hojeé algunas de las revistas porno y leí las indicaciones de todas las cremas, pomadas y píldoras que Jimmy en medio de una escena triunfal, había regado por el suelo.

Ella estaba tirada sobre el sofá, hice las últimas fotos y eché la cámara a un lado. Comencé a revisar los papeles de Jimmy; el pasaporte fue una suerte de revelación. Tracé un plan, un plan realmente auténtico y cuando ella despertó, le dije:

-Tengo una idea genial. Vamos a convertirnos en extranjeros, vamos a hacernos pasar por yumas.

Ella me miró, dijo que no podía pensar sin antes darse una ducha, esa mañana había despertado con una imagen horrenda y debía borrarla a fuerza de agua sobre la cabeza.

-Edificios de doce plantas- dijo- montones de edificios de doce plantas.

Mientras caía el agua en la bañera calenté una jarra de leche, corté el pan, sostuve varias teorías y decidí entrelazarlas para fortalecer mi estrategia y armarme de buenos argumentos.

Salió envuelta en una toalla y aunque aún persistía la imagen, decidió sentarse en la mesa del desayuno y prestar atención.

-¿Te gustaría caminar por la ciudad como si la vieras por primera vez?- le pregunté-      ¿detallar las columnas, los rostros de la gente, el sol sobre el asfalto, sacar fotos y más fotos que luego puedas mostrar como si fueran escenas irrepetibles de un sitio ajeno, distante, diferente?

Ella le daba mordidas al pan, no objetaba y un brillo en sus ojos me indicó que estábamos colocados en el camino correcto hacia la autenticidad.   

-Yo podría hacer de argentino- le dije- el acento no me será complicado.

Ella sonrió, terminó de tomar la leche y llevó la jarra hasta el fregadero.

-Con tu piel blanca- le dije señalando sus hombros desnudos- podrás hacer de rusa.

-Pero no sé hablar ruso.

-No importa. Puedes hacerte pasar por una rusa que no sabe hablar ruso.

-¿Y yo por quién me hago pasar?- preguntó Jimmy.

-Por nadie- le dije -ya tú eres extranjero. No encajas.

Él no se molestó, al contrario, dijo que eso de hacernos pasar por yumas iba a salir mal, que se nos ve por encima de la piel que somos cubanos y que íbamos a terminar presos. Recogió sus cosas y salió a pedir un taxi.

-Lo que debemos hacer es usar ropa de yuma, tomar portes de yuma y entrar a un hotel- le dije.

Ella revolvió el armario, sacó algunas piezas y comenzamos a disfrazarnos.

Luego de varios ensayos frente al espejo, decidimos pasar a la primera prueba: caminamos hasta las ferias de artesanía, miramos con falsa atención los productos y cuando comenzaron a decirnos: my friend, good Price, nos dimos cuenta que estábamos realmente preparados.

No tuvimos inconvenientes en el living del hotel, tampoco en la piscina, en los jardines, ni siquiera en el elevador o en los pasillos de la quinta planta, pero no teníamos llaves para una habitación, ni toallas limpias, ni manillas para entrar al restaurante. Era el momento de pensar en algo auténtico, un paso que nos convirtiera en verdaderos yumas. Puse todos mis sentidos a funcionar:

-Quizás si fuéramos a la carpeta y dijéramos que nuestras llaves se extraviaron por el jardín, se cayeron al fondo de la piscina o se fueron por el tragante de la ducha, si dijéramos que la habitación está llena de cucarachas, hormigas, luciérnagas, grillos, ratas, gorriones, si exigiéramos como clientes del Hotel, como yumas de verdad, que nos dieran otra habitación, que nos compensaran con una botella de vino y una caja de bombones…

Pero ella dijo:

-Ya lo tengo- afinó la voz y ensayó varias veces: servicio de habitación; room service.

Cuando estuvo lista preparamos el asalto.

Mi tarea consistía en derribar a los ocupantes de la habitación, atarlos a una mesa, a una columna o quizás a una silla, depende de la estructura interna de los cuartos. Luego nos pondríamos sus manillas, tomaríamos un baño de agua caliente y bajaríamos a la mesa buffet del restaurante. Para la noche teníamos dos opciones, ver la televisión por cable o emborracharnos en el jardín.

Discutimos durante un rato cuál habitación debíamos asaltar, para que fuera un hecho auténtico debía estar justamente concebido, escoger una al azar sería una acción trillada. Yo aposté por una habitación que coincidiera con el último año en que Argentina ganó el mundial de Fútbol, pero ella dijo que sería más auténtico asaltar una que coincidiera con la  muerte de Lennon. Al final tuvo razón, ninguna coincidía con el mundial de Fútbol

Hicimos una triangulación entre el asesinato de Lennon, la fecha de la muerte de Elvis Presley y el suicidio de Kurt Cobain, encontramos el número preciso, nos paramos frente a la puerta, ella ajustó la voz y dio tres toques leves sobre la madera.

Derribar al yuma no fue tarea difícil. A la jinetera tampoco. Todo transcurría según lo planeado, pero ella decidió buscar otros elementos que convirtieran nuestra acción en algo realmente auténtico.

-La vida está llena de cosas comunes- me dijo- dos delincuentes mediocres podrían haber hecho todo esto- y señaló al extranjero atado a la silla y a la jinetera sobre la cama. -Debemos marcar la diferencia.

Yo pensé que podríamos violar a uno de los dos, robarnos el dinero, torturar un poco a la jinetera, como hacen en las películas, o simular un secuestro para pedir un rescate

Ella rebatía cada una de mis ideas. Pensó que debíamos hablar con nuestras víctimas, explicarles las razones por las cuales los teníamos atados y pedirles consejo:

-Un yuma debe conocer muchas acciones auténticas- me dijo –una jinetera también.

Lo primero que hicimos fue sentarnos en el borde de la cama y quitarle la mordaza a la jinetera.

La chica dijo que haría lo que nosotros quisiéramos, que estaba acostumbrada, pero como no supo darnos ningún consejo y todas las acciones que nos recomendó eran puras tonterías, le colocamos de nuevo la mordaza y la arrastramos hasta el baño.

Ella me dijo que le diera unos minutos para pensar:

-La estructura de interrogación de un yuma debe ser diferente.

Asentí y aproveché el descanso para tener sexo con la jinetera.

El primer cuarto de hora fue un desastre, el tipo solo sabía injuriar y defender su posición de yuma. Respondía a nuestras preguntas con agravios, ofensas y groserías. Le pegué un par de veces, incluso rompí la lamparita de noche contra sus rodillas para que supiera que íbamos en serio, pero fue en vano. Ella le dijo:

-Te vamos a dejar un rato para que se te ocurran acciones auténticas. Cuando regresemos debes estar preparado.

Yo le mostré los puños. A la jinetera la dejamos encerrada en el baño, aunque ya habíamos llegado a un acuerdo: si le permitíamos sacar todo el dinero de las tarjetas de crédito del yuma, ella nos compensaría con diez tandas de sexo oral la semana entrante.

Bajamos a la mesa buffet y como un par de auténticos extranjeros, comimos a reventar. Desde un teléfono cerca del jardín llamamos a Jimmy y le pedimos que nos recogiera a la mañana siguiente en la puerta del hotel. Pasaríamos el día dando vueltas por el casco histórico y llevando a cabo puras acciones auténticas. Después de unas cervezas y un paseíto alrededor de las fuentes y la piscina, regresamos a la habitación.

El tipo se había tornado precavido y dejó de maldecir. Dijo que nos daría una lista de acciones auténticas, pero cada una era peor que la anterior, al filo de la medianoche, después de tomarnos dos litros de vino, le pegué con una botella vacía y perdió el conocimiento.

Jimmy alquiló un taxi, invitamos a la jinetera y nos pasamos el día de un lado a otro. Lo despedimos luego en el aeropuerto. Él no parecía contento. Nosotros tampoco.

Justo cuando comenzaba a caer la tarde nos sentamos en los marcos de la ventana. La jinetera se quitaba la ropa despacio, colgaba la saya en el espaldar de una silla y doblaba la blusa sobre una esquina de la cama. Desde los marcos se podía ver todo el barrio: las casas hacinadas, las tendederas, los perros que le ladran a las patrullas cuando cruzan el puente y recorren toda la zona en busca de dos extranjeros que mataron a un yuma. Los viejos estaban apostados en los bancos, esperaban con paciencia que los policías se bajaran de las patrullas para preguntarles la hora, decirles que es probable que llueva otra vez, o que el partido de fútbol terminó tres a cero.

La jinetera nos pidió que entráramos a la cama, pero ella dijo que iría más tarde, tenía clavada en la mente una imagen que debía disfrutar a plenitud:

-No todos los días una cuenta begonias azules- y se quedó apostada al pie de la ventana, hasta que los focos blancos de las patrullas rompieron el equilibrio del atardecer, e irremediablemente sus begonias azules se trastocaron por edificios de doce plantas.

Yonnier Torres Rodríguez (Placetas, 1981). Sociólogo y Narrador. Egresado del Centro Nacional de Formación Literaria “Onelio Jorge Cardoso”. Ha recibido numerosos premios. Entre sus últimos títulos publicados se encuentran los libros de cuentos: “La oscura superficie” (Ediciones Ávila, 2012), “El juego perfecto” (Editorial Sed de Belleza, 2013) y las novelas “Clavar los ojos al cielo” (Editorial Mecenas, 2012) y “Azul pálido” (Editorial Marlex, 2014). Es miembro de la AHS y de la UNEAC. Cuentos suyos aparecen publicados en revistas, antologías y selecciones de España, Argentina, Bolivia, Colombia y Cuba.

Categoría: Narrativa | Tags: | | | |

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