Actualizado el 13 de mayo de 2011

Pablo Méndez

Por: . 21|4|2010

PROBLEMAS ECONÓMICOS

A Lázara Lisbet R. Ramírez
Niña eternamente conocida (12 años)
Mujer futura, imprescindiblemente adorable.
(3000 años)
……………………………………………
Yo amanezco sin mí todos los días.
Frank Abel Dopico

La sepultaron con su nombre
como cúspide y semilla.

Al garete y sin espacio,
ha de quedar por siempre el amuleto
de los hombres que pudieron amarla,
como futuros cómplices del propio siglo XXI.

La sepultaron… Sí, la sepultaron
para cumplir el plan de aquella historia,
de aquella tarde que volaba tragándose los pájaros
entre el ruido de una tierra semidesnuda por el viento,
y la metástasis del reloj (in)definible al universo
de ese otoño con vientre,
sin saber que la madre sostenía un pedazo de vida,
un tropiezo de amor o de esperanza;
cuando a esa misma hora desde MEXICO, BENEDETTI
desenterró “A LA IZQUIERDA DEL ROBLE”
extraditando así, todo lo parecido al concepto de la muerte
(o a la muerte sin concepto).

Pero definitivamente estaba allí:
como un cuerpo sin mapa,
como sombra que se escurre hacia el vacío
levantando la memoria de los ángeles,
la costumbre estéril de esa casa tatuada por la lluvia.

Entonces:
Dejamos de pintar lo inexistente.
La imitación del cisne en su estatura.
La estrategia de no parirnos nunca con los huesos
(como doble costumbre)
en el teatro medieval de lo que un día fuimos,
con esa infértil palabra cubierta de equipajes.
Huérfanos de olvidos.
Distantes con urgencia en la memoria,
cuando todas tus muñecas despedían el duelo,
tecleando tu corazón con espaciosas nubes de epitafios.

****

Para mi hija Daimelys

Desde la fugitiva mueca de esta habitación
mutilada por el silbido de los escarabajos,
que pretenden dormir sobre la aberración de un mar
con sus poemas,

día a día deambula como apacible escombro de vacío
la sangre miel
la sangre blúmer
y el olor a ticket por los desgarramientos de un cuadro
que gotea imperdonablemente
su poco de vergüenza en mi pared.
Una pared silvestre por el siglo de otros,
que no llegaron nunca.
Por el aborto de un animal doble.
—A decir verdad, y con frecuencia necesaria—
una mujer doble aborto y lubricante.

Ahora confiscarnos, ya es parte del asunto,
los huesos no se repiten, no se amaneran,
para un gobierno que alquila por ratitos cementerios,
en busca de algún supuesto pasaporte.

Estallar:
es obsesión,
un puente,
una abertura de brindis con banderas,
transitando por la “buena salud”
de éste (mi) cuadro y la pared,
por donde el ripio de esos árboles fabrican testamentos,
sobre sus hojas huérfanas de olvido,
espacios que celebran con su herencia
En el reinado practicante y civil de Mario Benedetti. 

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