Actualizado el 14 de mayo de 2013

Poesía de Yanier H. Palao

Por: . 14|5|2013

Foto: Julio LarramendiEscucho los cincs del techo
que me protegen,
y sigo en paz.

Quiero el gesto, el momento. Quiero por primera vez lo identificable, lo que se ve, lo que se puede tocar, busco lo físico. Aquellas manchas borrosas en el granito, presentes en mí, me hablaban desde lo mudo.
Quiero que mis palabras no se oigan, que no sean memorizadas. Las moscas se alimentan de la sangre del joven asesinado sin saber nada de él. Los ciclones despreñan a los árboles, las araucarias se ven como si lloraran, tardan en crecer las nuevas ramas. Se elevan las rejas frente a mi cabeza. No puedo ver como se abren a las diez de la mañana las pequeñas flores que se dan rente a la tierra. Y mi madre en un gesto de compasión las riega todas las noches. Lo recuerdo, caminaba al lado de un muchacho que arrastra un ladrillo por un largo sendero, lo arrastra de espaldas, llevaba una cuerda de su boca iba camino a dios. En los laterales había crecido el apio y el namú, yerbas que habían nacido porque sí. Avanzo solo, pienso que alguien va a golpearme. Llego a la casa alquilada, a las paredes ajenas que habito con temor, el mismo que tengo ante la felicidad.

Nada ha sucedido,
a no ser la sensación de muerte que me rodea,
nada ha cambiado,
nada debió cambiar.
Sólo que trato de engañarme.
El olor de las letrinas me da la bienvenida,
aquí la gente anda con pulóveres con rostros de cantantes en sus pechos,
esa es la felicidad para ellos.

Al fondo las colinas en manchas superpuestas
como en un cuadro impresionista,
esta es una ciudad donde sus calles terminan en las montañas.

Cómo llegar,
alcanzar,
cómo contener la fuerza de los dedos de mi madre
al exprimir la ropa tantas veces lavada,
aún cuando ya ella no esté
quiero sentir la presión de sus dedos.
Ahora entiendo mi búsqueda,
palabras que pronuncio en silencio,
frases que trazo en las vitrinas de las calles.
No más poemas de contemplación,
quiero por fin llegar.
El agua da vueltas,
es una agua viva que elimina lo muerto,
la vida ya pasada,
el sudor de los días vencidos.
Es el tiempo en que las mujeres arrancan las plantas de los maceteros
y las cambian por arbustos plásticos,
es el tiempo de lo artificial,
lo sintético,
lo hermoso para siempre.

las flores que hace una semana eran flores de regalo,
ahora secas,
muestra de algún festejo.
Esa es la quebradura de la existencia,
basura,
muestra de la paciencia que es andar.
Vivir debe ser más hondo que ir dejando señales.

Amanezco envuelto en sábanas mojadas de sudor, al lado de la cama un cubo con agua para refrescar varias veces en la noche y así poder dormir unas pocas horas. Estoy cumpliendo treinta y veo un documental donde unos jóvenes naufragan. La embarcación flota, se tambalea bruscamente permitiendo que el agua invada esa zona de poca protección, esa zona en que reconozco, en que busco el eje, el mástil del problema. Yo quería que tú fueras el mar, el agua que lo ahoga todo, yo quería que tú indagaras en mi interior y dieras orden al caos. Yo buscaba, busco la luz que pasa por las hendijas, por entre las tablas, las paredes de mi infancia. Sigo creyendo en esas criaturas que viajan a través de la luz. No sé si hubiera querido irme, no sé si en realidad me alejo. Son casi treinta años, hace calor y cada vez estoy más frío, sudo, me rodea el olor de la ropa de los extraños, busco de ellos, quiero que hagan túneles en mí, que escondan lo que les avergüence, que evacuen lo que pueda perderse. Ellos vienen, siguen con ese propósito, no reconocen lo poco estable que soy, lo deteriorada que puede estar la embarcación. En realidad no llegan, solo pasan por mí. Yo tampoco llego, por mucho que viaje, por mucho que me aleje el sitio sigue siendo el mismo. Mi madre envejece sola, y yo una vez al mes le doy un beso, y ella me dice desde la puerta, hijo, cuídate.

Categoría: Poesía | Tags: | | | |

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