Actualizado el 26 de septiembre de 2014

Alberto Marrero

Por: . 23|9|2014

Alberto MarreroCAFÉ MATINAL

¿Qué habré de contestar?

Eugenio Florit

 Sin querer, he derramado mi café sobre la mesa.

Pido otra taza pero me anuncian que hay cambio de turno.

El acto de retrasar el café matinal me intranquiliza.

¿Cómo voy a afrontar el día? ¿Qué habré de contestar

cuando perciba las claras preguntas del aire?

El líquido ha formado una enorme mancha

que se extiende a otras mesas, a otras caras.

Las camareras se dan cuenta y me piden a gritos

que acabe de pagar y me aleje sin decir una palabra.

 

AMIGOS

Nunca pensé que sobreviviría a mis amigos

(eran tan vitales que parecían eternos).

 

He comprado vegetales para la sopa de la noche:

una sopa ligera me librará de empachos asesinos.

 

Mis amigos tenían la costumbre de comer hasta el aturdimiento.

 

Ahora intuyo que su voracidad era como los cantos de una época

que se apagaba en los estanques dormidos,

o entre las patas de una caballería sofocada.

 

Las madres de mis amigos insisten

en regalarme sus mejores camisas y varias cajas con libros.

 

LOS MUCHACHOS OYEN CANCIONES DURAS

Los muchachos oyen canciones duras,

a veces despiadadas, a veces absurdas.

 

Veo un continuo trasiego de ladrillos,

más allá un enjambre de triciclos sonoros,

luego carpas, improvisadas marquesinas

de donde escapan olores desafiantes.

 

Los muchachos canturrean estrofas tan crudas

como negocios y oscuros trueques, como calles hundidas

y soportales apuntalados, techos de barras desnudas.

 

CUBA Y EMPEDRADO

Ella me dice que suba y yo miro las cabillas desnudas,

los fragmentos de techo que aún yacen sobre los escalones,

mezclados con colillas de cigarro y latas de cerveza.

 

Al tercer o cuarto peldaño el olor a orine de perro me detiene.

También hay mierda de gatos nocturnos en los descansos,

sobre un mármol empercudido, con hondas rajaduras.

 

Ella me invita a subir y yo la sigo temeroso de que se pierda

detrás de infinitas cortinas que sustituyen puertas,

y no la vea más, y al final termine como un idiota

burlado por una mujer que ascendía al cielo de las ruinas.

 

DEL  AUTOR:

Alberto Marrero Fernández (Ciudad de La Habana, 1956). Poeta y narrador. Máster en Historia en 1989 y miembro de la UNEAC.

En el año 1986 publicó su primer poemario con el título Inclinación de balanza bajo el sello editorial Extramuros. Autor del poemario El pozo y el péndulo, publicado en la primera edición de la colección Pinos Nuevos, Editorial Letras Cubanas, en 1994. En 2001 obtuvo el Primer Premio del concurso de poesía Regino Pedroso, del periódico Trabajadores. En 2003 conquistó el Premio Nacional de Narrativa Hermanos Loynaz con el libro Último viento de marzo, posteriormente publicado bajo el sello de Ediciones Loynaz en el 2005 y reeditado en el 2010. Su libro Los ahogados del Tíber mereció en 2004 el premio de cuento del concurso Luís Rogelio Nogueras, del Centro Provincial del Libro y la Literatura de La Habana, publicado por Ediciones Extramuros en el 2005.  Ese propio año Ediciones Unión dio a conocer su poemario La cercanía infinita. En 2007 publicó el libro de cuentos Efecto Babel por la Editorial Letras Cubanas.  Premio de poesía Julián del Casal de la UNEAC 2009 con el libro El límite del tiempo abolido y premio de cuento de La Gaceta de Cuba también en el 2009. Poemas y cuentos suyos aparecen en las siguientes antologías: Poesía de hoy en Cuba, Editorial Zero, 1991, España; Cuentos con aroma de tabaco, Editorial Popular, 2008, España; Entre los poros y las estrellas, Casa Editora Abril, 2009; Caminos de humo, Editorial Oriente, 2009.

 

Categoría: Poesía | Tags: | | |

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