Actualizado el 1 de mayo de 2015

Heriberto Machado Galiana

Por: . 1|5|2015

Heriberto Machado Galiana en el recibimiento de su Premio Calendarrio de Poesía 2015

INICIO DE TODO LO QUE TERMINA

 Hoy retorno a la espera de los castrados,

al vacío de los que mueren sin temor a morir

apelmazados y solos.

El estanque de mi infancia me invita

a recordar gestos plácidos,

caminos a lo impenetrable.

Hay un recodo en los días hambrientos

donde mi padre vuelve a morir.

Y tenso la cuerda,

el filo de todo lo que es filoso.

 Descubrí que tras las puertas

se esconden

silenciosas voces,

que en los sarcófagos hay más vida que en los vientres,

que los domingos son más tristes.

 Me rompo en trozos de disparidad,

me digo, me contradigo, me culpo.

 Crecí solo, sin más dolor que todo el dolor de lo perdido,

días de carencias,

de retruécanos y falsedades.

Crecí sin más cielo

que el que muere en el límite del horizonte.

Sin más Dios que las blasfemias de mi madre.

 Estoy convencido de que muero

de que retorno a la espera de los inocentes

—esa tercera inocencia de volver a creer—,

al vacío de las nueces que no he visto,

que no se rompen.

 

QUIERO ESCRIBIR MI MUERTE

 Quiero escribir mi muerte,

el mundo en el que muero.

 ¿Hacia qué presencia me aventuro al respirar?

 Todo lo que hago a diario es morir.

 Vivir, sobrevivir,

vacuas ilusiones,

espejismos de la nada y la complacencia.

 Mi ser quedó anclado

en los mutismos de Dios,

en la desesperanza de no hallar lo dicho,

de sacudir el cuerpo como un manojo de dudas.

 Yo discrepo de mí y de mi temor,

me salto las páginas,

recuento los cuerpos que se decapitan en la noche,

cuando el mundo termina para todos;

me aventajo en la nada,

me digo adiós desde cualquier distancia sobre tiempo.

 Me interrogo:

¿Qué soy más allá de esta incordancia de huesos?

Caigo en las trampas.

Circularidad de los días.

¿Quién vive la vida Dios?

 Soy la continuación de una larga cadena de fracasos.

 Sé cual es mi destino:

soy justo con él.

 

NACIDO MUERTO

Grato es morir: horrible, vivir muerto.

José Martí

 Oh vengan, madres de la muerte, esperen

y beban de mis manos el buen vino

de la desdicha —acritud del destino—;

cuán rápido se olvidan los que mueren.

 Y qué pronto se olvidan los que nacen

si llevan el estigma de la muerte.

Ah, soledad que logras imponerte,

tus fierros tan agudos me deshacen.

 Mejor no renacer si mi cansado

cuerpo desde antes yace amordazado.

 Ya todos mis recuerdos son cavernas

como toda sentencia es desistir.

Oh madres, ya es la hora de parir,

que el negro aborto salga entre sus piernas.

 

DECIR

 Será mejor no decir nada

porque decir a veces me confunde,

¿qué me hago mañana si no creo

las razonables cosas que hoy he dicho?

 Hay abrojos en el camino de la lengua.

Hay zarzales en las palabras de mi boca.

 Todo es impuro, nada es acertado.

Qué limpidez en las voces tan muertas.

 (Si quieres matar de qué vale fingir.

Si quieres morir de qué sirve engañar.)

 Si la vida es todo cuanto tengo,

por qué estos puñales hirientes en mi boca.

 Hay mil razones para callar.

 La nada es como esa palabra inútil

 

 TODO EL PASADO

 Todo el pasado está a mi puerta

como un terco animal que no comprende.

 Puñal anclado en la memoria.

 Dolor del zafio golpe,

de la pálida ausencia.

 Oh, pasado, palabras que no dije,

muchachas que no amé.

 El pasado es mi falta de destino,

el miedo de los niños a morir,

ese viejo dolor que nunca llega.

 

SOLEDADES

 Quédate en mí, soy pobre y soy poeta.

Soy sabio como la piedra obstruida en sí misma.

Soy como las distancias que nada separan.

Soy inmortal como los locos,

falso como los cuerdos

y triste como todas las cosas.

 

SOLEDADES

 Me gusta contemplar la vida

a través de las ventanas:

los autos que se mueven presurosos,

los merolicos con su manto de voces.

 Cuando viajo siempre me siento

a la ventana del ómnibus,

así mi mirada se desplaza por el paisaje;

contemplo vacas, nubes, techos,

postes que se repiten insaciables.

 La placidez está en mirar las cosas sin el afán de poseerlas.

 También mi sobrevivencia es una ventana;

desde ese tragaluz

he visto sucederse montones de fracasos,

he visto un ave morir

y he pensado que la misma suerte me aguarda.

También he besado a una muchacha temblorosa

y me ilusioné en otros besos que no tuve.

 La nada puede ser una ventana ciega.

 

FIN DEL MUNDO

 ¿Qué existe después de Dios,

del vacío de Dios? 

Simulacros, trampas,

alambradas del ir y venir,

muerte de despertar cada mañana,

sombra sin descanso,

murmullo de lo jamás dicho,

tiempo perdido en el tiempo de amar.

 ¿Qué hay de la indolencia,

de la abulia que vuelve a gobernar estos días?

¿Qué hay de la invención del tiempo,

de su escurrida entre relojes que matan,

entre labios que niegan,

entre sexos que se abren?

 Voy de lo sabido a lo sabido,

de lo mucho a lo poco,

de reiteración en reiteración.

Voy trunco por las calles,

fingiendo cada saludo,

cada oración.

 

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