Actualizado el 2 de septiembre de 2015

Poesía cubana de ultramar

Por: . 26|8|2015

Poesía cubana de costa a costa, escrita desde ese  impulso límpido del Ser que, en la distancia fractal de la reminiscencia, siente como la distancia se le crece de entre los versos que cada uno hilvana en la memoria, en el espacio siempre fiel de la memoria que se vislumbra desde la isla inconmensurable que se lleva dentro. A toda costa.

 

El Graznido. El Gran Nido

Seremos nosotros, los animales moldeados a la intemperie,

cuando canto a la raíz y estoy cantando al árbol,

salterio de lo que se me escurre entre los labios;

lo que escribí en la casa obscura,

la que se levanta tétrica sobre el acantilado,

donde se rompen las olas y los pájaros.

 

Pasan premoniciones, rastros que revelan.

Soy el hacedor, el de la brizna en el pico.

Mi nido es heredado, escamoteado, no es mío.

He dejado que los demás hagan de mí un escudo,

sigo paseante bajo los flamboyanes,

las sombras que talaron en días aciagos.

No pienso en lo que fue ni vivo en el presente,

el presente será siempre lo que vamos perdiendo,

un gesto y un gesto es el signo que antecede.

 

El primer acto del hombre fue nombrar,

luego destruir lo nombrado.

Por eso la palabra fue siempre un encierro,

una construcción para echar a rodar las tauromaquias

con sus caminos pielagosos y los convidados de piedra.

La palabra creó mundos que habrían de venir,

roturando estos mundos, partiendo, resanando,

dejó de ser espíritu convirtiéndose en ritual,

para incinerar los caballos agrestes,

las tierras meridianas, los mares,

las heladas regiones donde las bestias lívidas

esconden el verano bajo sus ojos;

creó trampas y encierros y súbditos.

 

Sigo andando por estas calles.

Cuando entré deslumbrado a la vagina serpentaria,

herido de hormigón y vidrio todo estaba.

Mis manos no han parido ni una mueca

algo que en el gran nido muestre que he pasado.

 

Estoy puede ser otro tatuaje,

un canto del hacedor a las moliendas;

estoy es la razón de no haber sido

más que algo impersonal e imaginario.

Las manos de un letrado de Tonkín

(autocromo de la colección Albert Kahn, por León Busy)

Las manos de un letrado de Tonkín

recuerdan las manos delicadas de una hilandera real.

Teje, hilvana, zurce, el hilo mágico de los imperios.

Reconstruye el oficio mártir de las arañas, esta tarde

hará caer en la tela de arroz una víctima, un victimario,

que no podrá deslumbrado separar los ojos de la urdimbre.

Entre los rasgos del hilo, la tinta martillea,

crea espejismos, alucinaciones.

Las manos de un letrado,

las afiladas uñas de la fiera afeminada,

firmarán una muerte, subvertirán la historia,

deteniendo el tiempo con el raspado del metal sobre los pliegos.

Habrá que temerle a los ojillos enterrados

en las bolsas de bilis, las manos que son lengua

y oído (y odio), las tintas mercenarias.

Las manos son puñales,

alcurnias de una clase que vende y compra su corazón.

Habrá que temerle.

Las manos de un letrado de Tonkín

no son sólo las manos.

 

Joaquín Badajoz. Pinar del Río, Cuba 1972.

Joaquín Badajoz.

 

The times they are a changing

El viento del 1984 trajo consigo mi primer cassette de Bod Dylan, acordes que ilustraban las páginas del Grito y el mito como la hipocresía en los pasillos de la secundaria: Combate deBacunagua, o en los surcos de tabaco de Chivirico, donde tuve que arañar la tierra. Sí, eso fue en el 1984, cuando mi tía en el sanctasanctórum de la misericordia, aún trajinaba al compás de Led Zeppelin. Como un pájaro que rompe la barrera del sonido, el viento cambió todo de lugar, hasta los muertos abandonaron su morada de lápidas sin nombres, e incluso mis amigos que por tocar las puertas del cielo se inyectaron el virus del SIDA, me dicen que en el paraíso hace un calor infernal y que Dios es un niño con complejo de Edipo. Sin embargo no son las épocas las que cambian en sí, somos nosotros que derramamos amargos credos sobre nuestros cuerpos.

Ah, esta vida frégoliana, estos teatros mal ventilados: -Hijo no abandones tu casa, suplicó mi madre y sé que debí haber advertido, pero fue una tarde de otoño y el viento se llevó las palabras, antes que yo pudiera alcanzarlas.

 

Epílogo

a Heriberto Hernández Medina

 

He ahí donde la mente se estanca y crea una mucosidad en la córnea del lenguaje. Llega abril con su hedor a Eliot, tose equinoccio con neologismo

escribo
desde lo oscuro
desde lo oscuro hacia mis vísceras

la escritura es eso:
BÚSqueda . El interior de
1 mismo. Parásito que se nutre de asideros,

aunquehay quien la reduce a ignominia. Me pregunto, ¿adónde creemos llegar con esa mecánica? ¿al cielo de la mediocridad, o al infierno del lenguaje?

-¡Qué más da!-,
hay que lidiar con eso,
Elohim los cría y Lucifer los…

ahora que abril con su hedor a muerto ensaliva la página, los dedos se atascan en el teclado.

He ahí donde me despojo desse arrastre ascético para volverme 1 lugar común, alguien que precisa ir al retrete en este instante, después al banco, (o) a la librería,

¡quién sabe
a qué truculenta
COTIDIANIDAD!

Jesús Alberto Díaz Hernández «Tinito». Pinar del Río, Cuba, 1971.

Jesús Alberto Díaz Hernández -Tinito Díaz-

 

 

Viajero. Yo

 

El barco zarpa y soy aquel viajero

que de pronto me mira desde el barco.

Más que el viajero, soy su mano alzándose

en la luz de la tarde y contra el cielo.

 

Huésped de lo innombrable, su silencio

es una cuerda ardiendo entre mis manos.

El barco zarpa y soy el miedo entrando

como el agua violenta en el naufragio.

 

Qué posesión, qué rapto su delirio

hará crecer en mí flores de espanto.

 

El barco zarpa y soy aquel viajero

o su memoria entrando por los puertos.

 

De Stalker o nostalgia a otras mitologías de Reina María Rodríguez

                                               Ni siquiera eres capaz de pensar en abstracciones.

                                                                                  AndreiTarkovsky

 

Cuando entraba en el sueño alguien tocaba para mí una canción de amor.

La balalaika olía a pino o abedul. Todo es posible en el sueño menos el olor de las maderas. Recordé tus “Otras mitologías” y aquel poema donde  mencionas el instrumento ruso. Cuando la canción termina soy un personaje de Tarkovsky.

En Stalker un niño susurra: “hubo un terremoto” y no sé si soy el hombre en el suelo o la hierba verde gris que resiste, inconmovible, bajo el brazo del hombre.

Cuando entraba, alguien tocaba para mí una canción de amor. La balalaika olía a pino o abedul.Pronto seré el hombre que lleva, al final de Nostalgia, el cirio encendido hasta el muro, y el niño de rubios cabellos que busca, en un instante, los ojos de la mujer, y seré también la casa y los árboles oscuros y el perro y el charco sumidos en esa inmovilidad que duele. Sé que no soy capaz de pensar en abstracciones, repetiré antes que la nieve caiga y me despierte.

Carlos Pintado. Pinar del Río, Cuba, 1974.

Carlos Pintado

 

 

Placenta colectiva

Este estúpido asunto de nacer mañana, jugarse el silencio con las sombras. Y gritar. Gritar entre los hijos que no saben cómo ha sido nuestro parto. Nacer mañana cuando los muertos escapan tardíamente a nuestro rostro, cuando ha sido perdonado el instrumento, la barbarie del nombre. Simple colocación de signos bajo el brazo, papelillos de carne imaginados, volutas de miedo, de miedo.

Y tú, enciendes el ordenador, no ordenas nada, te diluyes en una placenta colectiva que no avanza, una especie de círculo vital donde los ojos nada pueden.

Enciendes la ventana, te buscas, algo tendrá que suceder. Otra bala, otra máscara que salve a los muchachos del odio, de la impaciencia viral, de los idiotas.

Este estúpido asunto de violar los días, agitarle la cabeza como a un perro. Encender, apagar la luz, mostrar otra cadencia que no duerma sobre el link. Documentar, comentar, abrirse las piernas en busca de los pobres, abrigarlos vagina adentro, no decir o decir i like para que todos sean felices más allá de las balas, más allá del hambre.

Apretar, descender, curarse de este nacimiento que nos tienta como esponja de luz, como fruta seca.

Write a comment, decir que la felicidad es este pájaro naciendo, molécula viva bajo los semáforos. Escribir, diagnosticarse a oscuras cuando todos sueñan una pantalla, consonantes, ilegítimas sombras y sonrisas.

Y tú, tú enciendes el ordenador buscándome, yo, apago mis dedos, cansada ya del infinito asunto, harta de compartir  mi nombre, de parirme entre las redes para que otros como tú puedan encender el ordenador y me encuentren.

Este estúpido arte de nacer mañana y el día después. Jugar en silencio con las sombras. Jugar, encenderse, apagarse, como el ordenador, como los días.

 

La bestia nos expulsa

Desperté a la bestia.

Puse un ojal

entre sus dientes.

Aun así

seguía mi hoja

en blanco

y la bestia allí

entre mi pelo

saltando

de silencio

en silencio.

Desperté a la bestia.

Quién

me habrá mandado.

Lleny Díaz Valdivia. Placetas, Cuba, 1975.

Lleny Diaz Valdivia

 

 

Tan cerca

 

Está pasando todo y nada queda

tan lejos como para ignorarlo.

Las bocas que nos rozan también sobreviven.

Han puesto en subasta los andamios,

las urnas de cristal donde revolotearan

las certezas.

Han erigido nuevos monumentos.

La lluvia no consigue borrar los caminos

por los que hemos andado.

El polvo desconoce las fronteras.

Está pasando todo, tan cerca.

 

Viejas Usanzas

Nada ha cambiado en el jardín.

La voz de la infancia se alza entre los árboles.

Las viejas usanzas cuelgan al aire en los alambres.

El domingo es delirante.

Los sillones se agitan al ritmo de abanicos

que no logran desnudar la tarde.

La erudición de la familia rebota en el cristal de baccarat

y el ron baja aprisa, quema la palabra que aún no ha sido,

que nunca será.

Como quema el fuego el sueño de una casa.

Lizette Espinosa. La Habana, Cuba, 1969.

Lizette Expinoza

 

 

teví llegar País como un ser sin nombre.

la escuela me inundó

volver a casa y hasta verme niño

en algunos lugares

mamá colgaba fotos que aún me hieren.

hija única luciendo traje de novia

no era una hija solamente

sino eran generaciones de pájaros malditos

dura aún el viaje pero es pasado

y según los que ya pasaron

estamos viviendo en el futuro

de tal forma que presiento que ya lo dije todo

y he dicho la verdad.

de todos los países del mundo

escogí este

no por estar cerca

no por la buena intención

de ciertas leyes

no porque en su himno cantaban

palabras exactas en cada verso.

sé que otros escogieron algo mejor

por ejemplo: las cosas y sus ecos.

extrañar alguna tarde desde la imitación

en otra ciudad

donde el frío justifica la falta

de amigos y de prosperidad

de vida.

le agradeces a tus padres la suerte

de haber venido tan joven

pero yo no poseo la gracia de los que se encaminan

con un solo fin:

corro dentro de mí

me encuentro con nadie

el héroe todo en su loco delirio

tiene miedo de llorar.

aquí también lloran las cloacas

y ruge la plaza con la humedad y sus hormigas.

hay de todo

incluso espejos difíciles de mirar.

 

Tú isla nunca me mirarás

de la misma forma en que te miro

puedo inventarte en la memoria

y repartir aun así tu padecer

ensayando los clavos sin dar explicación

verte aun así dentro de lo divino

que está tan cerca

cuando es común olvidar.

quién dice lo que dice

y cómo lo dice

y cuándo lo dice.

algunas noches te veo venir

y desde la otra calle

tierra que no se queda quieta

animal que busca vida entre la culpa

estrella del cielo ya muerta.

tú isla -escribes lo que escribes

en el terror y el desconcierto-

si me dieras a elegir

a lo que he sido otra vez

sé que terminaré por mirarte

como se mira a alguien cuando se está a oscuras.

tú isla nunca me mirarás

de la misma forma en que te miro

y no quieras tanta muerte y confusión

que ellos creen que mi ciudad es de mentira

la poca luz los barrios apartados

donde hablamos en voz baja

no para no despertar a los niños

no para preguntarnos por qué morir

tan hermosamente

dónde estás con qué intención

te hundes sin un cuchillo

por qué todo lo quemas sin ser fuego

y si vas a morir no dejes nada.

esto que ves no podrá la muerte

pronunciarlo sin palabras.

en el amor que doy

sentirás un desamor agradable

lo ha dicho mi madre en el bostezo

y tú isla nunca me mirarás

de la misma forma en que te miro

porque tú desangras como los gatos enfermos

y si digo ya no te miro

soy un cadáver prudente que mal muere

pero resisto

estos versos que tengo para tan poco

estas llaves que sabiendo que no abren nada

esta claridad de otra estación

este granizo golpeando tan fuerte.

Yosie Crespo –Pinar del Río, Cuba, 1979. 

Yosie Crespo

 

 

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