Actualizado el 21 de octubre de 2015

José Tadeo Tápanes Zerquera (Trinidad, Sancti Spíritus, Cuba, 1971).

Por: . 19|10|2015

En el presente conjunto de sonetos escritos por José Tadeo Tápanes Zerquera encontrará el lector el impacto de la legítima poesía.

 

 

LA DAMA OSCURA

A José Martí

 

Del fondo mustio de la noche al ruedo

de mi tapiada sombra agonizante,

pasa la muerte con su luz, delante

del infortunio, ungido en su denuedo.

 

Luz achicando de la vida el miedo

y por la dama oscura y su diamante

puro, del tibio mármol delirante,

cuelgo las armas y en su paz me hospedo.

 

¡Abismo de la vida que me espera,

abierto el pecho, y la arrogante daga

venga en el viento a penetrar certera!

 

Prefiero que la muerte satisfaga

con su delirio criminal de fiera

mi vocación de lirio que se apaga.

 

DUALISMO

 

Hay un trozo de Infierno en cada Cielo,

un diamante de sombra agazapado

en el centro del Bien, algún pecado

que los ángeles guardan con recelo.

 

También una ilusión en mi desvelo,

y en mi sueño más dulce conquistado

un pozo de dolor, un diablo amado,

un fuego inquisidor que da consuelo.

 

El Bien que huye del Mal, no es Bien del todo

porque el Amor cobarde, en su dualismo,

se pierde, y toda luz se vuelve lodo.

 

Es tal del Universo el mecanismo

que el Mal halla en la Gloria su acomodo

y hay dioses en el fondo del abismo.

 

YO SOY EL ÁRBOL

 

Como un ave tenaz y lisonjera

a la que imitas y en belleza igualas,

aquí en mi corazón abres las alas

pidiendo que te acune y que te quiera.

 

Ha llegado a mi piel la primavera

y el árbol que talaste y ya no talas,

se empeña en retoñar, si le regalas

la gracia del vivir que no tuviera.

 

Resguárdate del sol, del inclemente

verano que se acerca en mi follaje,

taladra las maderas de mi mente.

 

Más no repitas el terrible ultraje.

No vuelvas a privarme nuevamente

de este sitio pequeño en el paisaje.

 

SI QUIERES INTENTARLO

 

Si quieres intentarlo todavía,

que me lo diga el viento, o el cuchillo

de cortar ilusiones. Soy el brillo

del faro de los sueños, el vigía

 

que inventa en soledad su compañía,

el humo que sostiene al cigarrillo.

Si quieres intentarlo, sé martillo

del yunque forjador de la alegría.

 

Que yo vivo en el aire, suspendido

como el nido que fui, sin más halcones

que el ave sempiterna del olvido.

 

Si vienes y me dices: «Soy paloma,

no más halcón», de mis lamentaciones

el muro, piedra a piedra, se desploma.

 

CRUCIFIJO

 

Amante en su calvario te bendiga

aquel que al pecador cobijo diera;

te guarde, condenado a la madera,

el mismo que en tus pechos se prodiga.

 

La noche, no confesa, que mitiga

de nuestro amor el gozo en su carrera,

me lleva a eternizar en tu pradera

el beso que al silencio nos obliga.

 

Y yo, posicionado en mi albedrío,

borracho de placer, en mi provecho,

me puse a cuestionar el atavío.

 

Y preso del amor, insatisfecho,

poniendo al mismo Dios en desafío

sustraje el crucifijo de tu pecho.

 

CARICIAS

 

Mi mano se ha quedado medio loca

de tanto olor a ti, como suicida,

y hoy viene del abismo de tu herida

dejando tu perfume en lo que toca.

 

Mi mano en tus entrañas desemboca

y encuentra el manantial que da la vida:

mi mano es una gracia bendecida

y sabe del delirio que provoca.

 

Allí donde es tu cuerpo más villano

ensayan su divina travesura

los cinco que se escapan de mi mano.

 

Y de tanto jugar en tu espesura,

despierta en tu interior el fuego arcano

haciendo del placer una tortura.

 

MUCHACHA QUE TE VAS

 

Muchacha que te vas, que ya te has ido

del círculo del sol y estás ausente,

y mi nombre, cadáver maloliente,

lo arrancas de tu voz sin hacer ruido.

 

Por qué doblas tu piel y tu vestido

y en sueños te presentas penitente,

y quieres ser la esclava de mi mente

limpiando mi dolor como al descuido.

 

Muchacha que te apuntas al banquete

donde nada se bebe ni se fuma

y nada llega a ser lo que promete,

 

no intentes ser la dueña de esta bruma

ni abuses del perfume de mi pluma,

tan sólo dame un verso y luego vete.

 

TU DESNUDO

 

Pintor que sobre el lienzo la desnudas

y pintas su mirada y su sonrisa

hundiendo las arenas donde pisa

con sus piernas esbeltas y menudas.

 

Tus manos no son dos como estas rudas

con que rasgo su enagua y su camisa,

ni te mira tan tímida y sumisa

ni siembra en ti los celos y las dudas.

 

Pintor, que mis amores los congelas

en un delirio artístico supremo,

confírmame, por Dios, que no la anhelas,

 

que no existe el fantasma al que le temo,

que sólo son pinceles y acuarelas

llevando mi obsesión hasta el extremo.

 

MARIPOSA

 

Qué me viene a decir la mariposa

de las alas dormidas y el aliento

sutil, con su lunático tormento

cuando en los sueños junto a mí se posa.

 

Qué mensaje se esfuerza, caprichosa,

en decirme al oído, cuando siento

que vuelve condenada a un nuevo intento

tan lejos de la carne de la rosa.

 

Color en movimiento que me acosa

y susto del color en movimiento

allí donde es su sombra más dudosa.

 

Y luego al despertar, de amor, hambriento,

escapa de mis manos recelosa

como una hoja que se lleva el viento.

 

ESTA SED DE MORIR

 

Esta sed de morir con la que vivo

tan cierta, tan tenaz, tan persistente,

estas ganas de ver en la corriente

inmóvil a mi cuerpo fugitivo.

 

Estos versos azules que te escribo

sin destino final, sin remitente,

este gesto suicida sobre el puente,

esta sed de morir con la que vivo.

 

Este llanto que corre sin motivo

y que dejo correr indiferente,

estas ganas de ti que me prohíbo,

 

este beso de Judas de la gente,

esta sorda esperanza que derribo

cuando empieza tu luz a estar ausente.

 

AHORA QUE NO ESTÁS

 

Ahora que no estás, que de mi vista

te ausentas para siempre, que has cerrado

el libro de contarme tu pasado

jugando a ser la musa del artista.

 

Ahora que me llamas egoísta

por haber en tu cuerpo dibujado

un círculo de luz inesperado

con hambre y sed de sangre y de conquista.

 

Ahora que la muerte va conmigo

clavándome en la cruz del desespero

no mires por favor, no seas testigo

 

de este susto de amor del que me muero,

pues ya no sé quién soy ni lo que digo

y tiendo a destrozar lo que más quiero.

 

ENTONCES YO TENÍA

 

Entonces yo tenía un pensamiento,

del Cielo una visión distorsionada,

La Biblia, el mundo entero en retirada,

mi celda de clausura, mi aislamiento.

 

Entonces de Jesús andaba hambriento,

de esa vida metódica y sagrada,

y al mirarte a los ojos se hizo nada

mi credo, mi sermón, mi fe, mi aliento.

 

Un pacto yo tenía con el viento,

con su estirpe fugaz, con su callada

manera de endulzar el sentimiento.

 

Pero al darle a tu luz de amor la entrada

hoy sé que ni me engaño ni me miento

porque he encontrado a Dios en tu mirada.

 

José Tadeo Tápanes  Zerquera (Trinidad, Sancti Spíritus, Cuba, 1971). Licenciado en Historia por la Universidad de La Habana. Homologó sus estudios en la Universidad del País Vasco, España.  Se desempeñó como profesor de Filosofía e Historia en el Instituto Politécnico de Agronomía Enrique Villegas Martínez de su localidad natal, y como profesor de Filosofía en el Instituto Preuniversitario Renán Turiño también de su localidad. Obtuvo el Primer Premio de Poesía en el IV, V y X Concurso Literario  José María Portell, Barakaldo, Vizcaya, España en los años 2007, 2008 y 2013.  Poemas suyos aparecen en la compilación Un canto de mis ojos nace. 50 años de poesía trinitaria, Editorial Luminaria, Sancti Spíritus, Cuba, 2006, y en la Biblioteca del Soneto de la Enciclopedia Virtual Miguel de Cervantes. Tiene publicados además Mirar desde lo cierto la leyenda, Premio de Ensayo en «Las Romerías de Mayo», Holguín, 2000, Ediciones Luminaria, Sancti Spíritus, Cuba, 2007. Reside desde el año 2000 en el País Vasco, España.

En el presente conjunto de sonetos escritos por José Tadeo Tápanes Zerquera encontrará el lector el impacto de la legítima poesía. Captará, apenas haya consumido algunas de las piezas aquí reunidas, la velocidad y temperatura del lenguaje lírico genuino: sentirá cómo van las palabras avanzando portentosamente en la corriente silábica hasta que al término de las estructuras redondean su curso representativo y ofrecen imágenes de una brillantísima destreza, en las que parece que el lector entra directamente en el mundo interior del que habla. José Tadeo Tápanes Zerquera con este magistral catauro de sonetos sitúa para siempre, y a buena altura, en la fusión adecuada de lo culto y lo popular, su anillo de oro personal dentro del arca dinámica de la poesía cubana.

 

Roberto Manzano

Categoría: Poesía | Tags: | |

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